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Concierto en el Poliedro de Caracas (Venezuela) 27 de Junio de 2003
Texto de Yadira de Cuttin (Caracas)
VELADA SERRATIANA
Llegamos al recinto del concierto. Hacía bastante tiempo que no iba a ese lugar. La última vez había sido para un concierto de Shakira al que tuvimos que asistir porque era presentado por la empresa donde trabajaba mi esposo. Se podrán imaginar la edad y condición de la mayoría de los asistentes de entonces. Anoche la cosa era totalmente distinta. Llegamos al estacionamiento y todo estaba muy tranquilito y ordenado, sin conductores buscando colearse, sin jovencitos alborotados gritando por doquier. Mientras hacíamos la fila para entrar al recinto, el amigo con quien estábamos miró a su alrededor y dijo "esto está lleno de pavosaurios". Pues sí, les digo que yo a mis 35 estaba en el segmento joven de los asistentes.
Empezó a llenarse el lugar y de repente hubo una algarabía en las butacas inferiores. Alguien había reconocido entre los asistentes a un diputado del partido de gobierno. La "pita" (pitada) se fue haciendo cada vez más general y sonora, acompañada de gritos de "fuera", "vete ya" y otras consignas políticas de actualidad. El estruendo era impresionante. Apagaron las luces del lugar brevemente para tratar de apaciguarnos. No funcionó. Supongo que todos los que gritábamos lo hacíamos porque la presencia del diputadillo nos revivía la indignación que nos había causado el atentado que había sufrido esa misma mañana una periodista aguerrida y opositora al gobierno. Hubo un conato de trifulca cuando unas mujeres trataron de acercarse a darle una muestra de 'afecto' al tipo. Intervino seguridad a tiempo, pero el griterío seguía. Otra vez apagan un ratito las luces. En medio de los gritos yo pensaba "carrizo, ojalá que por esto no cancelen el concierto; me muero."
La única forma que encontraron de calmarnos fue dando inicio al concierto. Entraron los músicos rápidamente al escenario, comenzaron a tocar y sin preámbulo alguno salió el Juanito. Ahí sí nos callamos, aunque cuando se acercó al micrófono, todavía se oyó uno que otro grito de insulto aislado.
El escenario era hermosísimo: fondo negro con unos pilares luminosos que iban cambiando de color. Todos vestían de negro. Deleite tras otro con cada canción; las primeras eran de su último disco. Después de unas cinco canciones, JMS presenta a sus músicos. Otra ronda de canciones y vuelve a hablarle al público; cuenta con carisma pícaro cómo ha sucumbido a la tentación de convertir poemas en canciones y cómo algunos poetas "han sufrido en sus carnes literarias" su osadía. Anuncia que para la velada han escogido dos piezas: “Llanto y coplas”, de Machado y “Para la libertad”, de Miguel Hernández. El aplauso casi tumba el techo. Esa canción es uno de los himnos utilizados por la oposición. ¿Casualidad? Difícilmente. Canta la de Machado y cuando canta “Para la libertad” todo el público lo acompaña a pleno gañote. Al terminar la canción, el público aplaude y grita "libertad”, "libertad" sin parar. Serrat dice: "algunas canciones son para cantarlas a coro" [el público delira] y agrega: "otras son para cantarlas a dos voces". Allí presenta a una cantante venezolana llamada María Rivas y cantan a dúo de su último disco, “Es caprichoso el azar”, una canción para enamorar hasta las estatuas.
Continúa el éxtasis. Se me pone la piel de gallina al escuchar por enésima vez “Penélope” y veo de reojo cómo mi esposo traga grueso, muy grueso, con “Cantares”. Juanito canta “Fiesta” y hace amagos de despedirse. Tras unos pocos gritos de "otra, otra", no se hace de rogar y vuelve para cantar “Sabana”, una canción venezolana incluida en el disco “Cansiones” y cuya música compuso Simón Díaz, el cantante y compositor más insigne de música venezolana. A mitad de la pieza sale a acompañarlo el mismo Simón y el público enloquece de emoción.
JMS vuelve a hablarle al público, con jocosidad, sobre el catalán y anuncia que va a cantar “La cançó del lladre” en catalán y agrega que en español significa "la canción del ladrón". Alguien en el público grita: "Eso es contigo, Calixto" [así se llama el diputadillo en cuestión]. Serrat relata la historia de la canción y hace algunas afirmaciones sobre la libertad, la tolerancia, el respeto por el derecho que tiene el otro de disentir. Los vítores del público ahogaban a ratos la voz de Serrat.
Otras canciones más y viene “Disculpe el señor”. Como conozco yo muy bien la letra de la canción, sé lo que se avecinaba y preparo mis palmas y mi garganta para hacer lo que corresponde. Cuando Juanito llega al verso final de la canción "que esos no se han enterado, que Carlos Marx está muerto y enterrado" el público revienta de euforia. Si el diputadillo no se había marchado aún, probablemente lo hizo en ese momento. Instinto de supervivencia, le dicen algunos; para salvar el pellejo, dicen otros.
Un par de canciones más; se acerca público al escenario y le entregan papelitos, una camiseta con la bandera de Venezuela, una rosa roja y no sé cuántas cosas más. Las agradece y se acerca al piano para cantar como cierre otra de mis favoritas, “Lucía”. Se despide y sale del escenario. Coreamos "otra, otra", pero sin mucha esperanza. Encienden todas las luces del lugar -señal inequívoca de que el concierto llegó a su fin- y se oye un suspiro de lamento colectivo. Empezamos a movernos para irnos, con el corazón algo triste porque se acabó, pero rehenchido porque tan siquiera comenzó y nosotros lo vivimos.
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