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Concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona 3 de Diciembre de 2003
Texto de Víctor Esteban (Ciudad Rodrigo, Salamanca)
SERRAT RENACE EN BARCELONA
Había una expectación especial en una cita que prometía ser especial. Particularmente partía de ciertas dudas sobre la solvencia y viabilidad de un proyecto complicado, para las alturas en las que se encuentra la carrera de un cantautor que ha dado más de lo que en un principio podíamos imaginar.
¿Podría una voz, menguada por los años, hacerse valer delante de toda una orquesta? ¿Los nuevos arreglos conseguirían que nos olvidáramos de unas versiones originales que nos han acompañado durante toda una vida?
La desapacible noche de Barcelona, a escasos metros del hogar que acogió la infancia del Nano, acabaría por disipar las incógnitas. El cantautor, crecido por el hecho de “jugar en casa”, abrigado por los suyos, y por la magnífica orquesta que tenía a su espaldas, supo estar a la altura de las circunstancias.
Un escenario sobrio y elegante y en ocasiones espectacular, ayudaban para crear el ambiente necesario para que el “encantador de serpientes” hiciera su trabajo y embrujara a las más de 15.000 almas que se allí se congregaban. El maestro sacó de su chistera su repertorio más longevo alternado con algunos de los temas más recientes, para que la “Bendita Música” que es capaz de crear e interpretar produjera su efecto mágico y magnético.
Son varios los conciertos de Serrat que he tenido la suerte de poder disfrutar, algunos resultaban especiales por la cercanía conseguida, por la familiaridad de los pequeños espacios donde se desarrollaban, y por el calor de una pequeña orquesta compuesta por no más de seis músicos entre los que se podían vislumbrar unos lazos de complicidad contagiosa. En esta ocasión todo fue distinto adquiriendo unos matices de grandeza que lejos de empequeñecer la figura del mito, la aumentó, pasando a formar parte de una las principales páginas de la vida profesional del maestro.
Si hace casi sesenta años el “noi del Poble Sec”, daba sus primeros pasos en la capital catalana, y hace unos cuarenta iniciaba una de las carreras más importantes del mundo de la canción, Serrat volvió a subirse a su “Barquito de papel” para renacer y reinventarse vestido de etiqueta y con sus mejores galas. El repertorio parecía repasar toda una vida cargada de sentimientos y de experiencias, pasando por una niñez (“Mi Niñez”), que tenía por escenario la calle de un barrio (“El meu carrer”) cercano a donde discurría la noche; una calle donde Serrat tuvo su momento de emoción y se veía obligado a contener las lágrimas para más tarde; para cuando nadie lo viera.
El contenido del concierto no dio margen para que decayera en ningún momento, salvo el que coincidió con el descanso intermedio, y alcanzó su punto más álgido con temas como “Cançó de Matinada”, “Mediterráneo”, “Aquellas pequeñas cosas”, “Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” que emocionaron especialmente al, para mi gusto, demasiado educado público que se daba cita.
Con Machado y sus “Cantares” se pretendía cerrar una noche, que sólo pudo alargarse con los escasos bises que estaban ensayados, entre los que destacaron “La Saeta” y un “Paraules d'amor” cantado por todo un Palau Sant Jordi que se convirtió en un mar de bengalas, para finalmente concluir repitiendo el tema que abrió la fiesta; un “Barcelona i jo”, con el que Serrat homenajeaba a la ciudad que le ha visto nacer, crecer, y aquella noche de diciembre, reinventarse y renacer.
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