Concierto en el Teatro Auditorio de Roquetas de Mar (Almería)
13 de Febrero de 2004

Texto de Eduardo del Pino (Almería)




SERRAT, ETERNAMENTE SERRAT


   Cuando llegue el día de hacer inventario de recuerdos meteré en mi equipaje su imagen de contador de historias dibujando gestos sobre un escenario, su voz cansada temblando de emoción, arropada por el piano de Ricard Miralles, y los primeros acordes de "Aquellas Pequeñas Cosas", mientras las luces del teatro llenaban el ambiente de una suave niebla rojiza que invitaba a escuchar.

   Serrat ha pasado por Roquetas y nos ha dejado dos hermosos conciertos. Ha sido el de siempre, el gran comunicador que no tarda en conectar con la gente, pero esta vez, sus viejos temas de toda la vida han sonado distintos en las partituras de la orquesta "Manuel de Falla" de Cádiz. Serrat Sinfónico nos ha mostrado una nueva dimensión de las canciones de siempre, que volvieron a sonar ante un público entregado.

   Esta aventura la ha definido el cantante catalán como un proceso de minucioso trabajo, consistente en ir desnudando uno a uno cada tema para ir haciéndole un vestido nuevo, sin alejarse demasiado de su estilo natural. En esta transformación unas canciones han salido fortalecidas, así como ha habido otras que han perdido bastante con el cambio, aunque Serrat consigue en directo que sigan emocionando como siempre.

   El concierto se abrió con “La Paloma”, con letra de Rafael Alberti, una hermosa historia que desató la segunda gran ovación de la noche en el auditorio roquetero. La primera llegó unos instantes antes, cuando elegantemente vestido con chaqueta y pantalón negro, y camisa blanca, Joan Manuel Serrat salía al escenario.

   El recital continuó con una canción de 1970, “Mi niñez”, la más autobiográfica que ha hecho en su carrera, donde hace un recorrido en tono poético por su infancia, mezclando los recuerdos dulces con los amargos: "Tenía diez años y un gato peludo, funámbulo y necio,que me esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio. Tenía un balcón con albahaca y un ejército de botones y un tren con vagones de lata roto entre dos estaciones".

   A continuación interpretó dos canciones de su última etapa: “La Bella y el Metro” y “Princesa”, antes de levantar al público de sus asientos con la que junto a Mediterráneo y La Saeta es su canción más popular: “Penélope”. Después de interpretar “Herido de Amor” y contarnos la historia de “Benito”, hizo un paréntesis para introducir uno de sus grandes éxitos en catalán, “Pare”. Previamente alertó al respetable de su origen: "Nosotros, en mi tierra, pensamos en catalán, enterramos a nuestros muertos en catalán y hacemos el amor en catalán", para pasar después a traducir la letra de la canción.

   La primera parte del concierto finalizó con “Barquito de Papel”, canción que nunca le había escuchado interpretar en directo, y “De Cartón Piedra”. La segunda parte la abrió con “Mediterráneo”, uno de los temas que a mi juicio no han salido beneficiados con los nuevos arreglos, pero que fue muy aplaudido por la gente. Le siguieron “Bendita Música”, una adaptación de “Fa vint anys que tinc vint anys”, “Es caprichoso el azar” y “Pueblo blanco”

   El momento más emocionante de la velada llegaría con una de sus grandes obras maestras: “Balada de otoño”. Los músicos dejaron de tocar para asistir como espectadores a una antológica interpretación llena de intimismo en la que Serrat sólo contó con el piano de Ricard Miralles. La noche continuó con “Disculpe el Señor”, también con el acompamiento de Miralles, y “El Carrusel del Furo”.

   Después de volver a levantar al público de las butacas con “Aquellas Pequeñas Cosas” y “Cantares”, llegó el momento de la despedida. Antes, premió la complicidad de los serratianos con tres canciones más, entre ellas su mítica “Paraules d'amor”, aunque en la versión castellana que compuso para Amaya, la cantante del grupo Mocedades. La noché terminó con “La Saeta”, que también ha perdido mucho con la versión sinfónica, y con los maestros: Ricard Miralles y Juan José García, tocando el piano a cuatro manos, acompañando “No hago otra cosa que pensar en ti”.


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