Concierto en el Teatro Auditorio de Roquetas de Mar (Almería)
13 de Febrero de 2004

Texto de Roberto García Sánchez y Gabriel Flores Morales (Mojácar, Almería)




COMPAÑERO DE VIAJE


Golpean rayos de luna
en la frente de tu tarde.

Un árbol viejo se abriga
con palabras de cantares.

Si tú vinieras a verme
por los senderos del aire
me encontrarías soñando
bajo los álamos grandes.


   ... y no se equivocaba la paloma. A las diez en punto volvió a surgir la magia. De la oscuridad brotaron sonidos sinfónicos y Serrat estaba allí.

   A las ocho de la tarde ya se palpaba en el ambiente que el azar no era caprichoso.

   El nuevo Teatro Auditorio de Roquetas de Mar, con su vanguardista diseño, se hizo cómplice de la noche serratiana.

   Estaba anunciado el concierto a las diez de la noche y la orquesta puntual arrancó con los primeros acordes de “La Paloma” para, a continuación, retrotraernos a nuestra infancia con “Mi niñez”; siguió con “La bella y el metro” y “Princesa”.

   Los acordes de “Penélope” hicieron que el público rompiese su frialdad inicial y se volcara de una manera entregada y sin posibilidad de retorno al noi del Poble Sec.

   A continuación Serrat nos explica que la siguiente canción sobre un tema de Lorca la compuso para Ana Belén, incluida en su disco Lorquiana. El trinomio Lorca – Serrat – Orquesta Manuel de Falla, logra que el público resulte “Herido de amor”. Sin solución de continuidad nos encontramos inmersos en el lírico mundo de “Benito”.

   Luego, explica la obviedad de tener que demostrar que es catalán pues como todo el mundo sabe, él nació en ese país "donde la gente habla en catalán, entierra sus muertos en catalán y hacen el amor.... como todo el mundo..." Traduce a continuación la letra de una de sus más bellas canciones, “Pare” y consigue uno de los aplausos más espectaculares de la noche.

   Prosiguió con “Barquito de papel” (por cierto, aquí se sentó por primera vez) para llegar al descanso con “De cartón piedra”.

   Comenzó la segunda parte con la canción que todo el mundo espera siempre, sobre todo si has nacido en el “Mediterráneo”.

   “Bendita Música” supuso otro momento culminante de esta “bendita” noche pues el juego de la voz de Serrat con el sonido del concertino creó momentos vibrantes.

   Por primera vez en la noche nos dimos cuenta que Serrat “hace veinte años afirmó que hacia veinte años que tenía veinte años” porque si no difícilmente se hubiese dado cuenta alguien.

   “Es caprichoso el azar” sirvió para darnos cuenta de tres cosas: que es una de las canciones más bellas que existen, que Serrat la canta de manera espléndida, pero que.... faltaba Noa.

   “Pueblo blanco” hace lucirse a la orquesta. A continuación el concierto se viste de un aire intimista para que Ricard Miralles pueda lucir su genialidad con “Balada de Otoño” y “Disculpe el señor”.

   El momento más vibrante, pero a la vez más triste, surge con “El carrusel del Furo”, pues se prevé la llegada del final, como así es; Serrat bromea y nos anuncia que el final llega y que está seguro que ningún amigo le dirá: “vente a comer a casa y tráete a los músicos”.

   Consigue ponernos tiernos con “Aquellas pequeñas cosas”. Y melancólicos con “Cantares”. El público se pone en pie y los brazos duelen de aplaudir, la gente pide canciones y él sale para comunicar que en este concierto no se pueden hacer peticiones, pero conseguimos oir por primera vez “Palabras de amor” en castellano.

   En Andalucía no podía faltar “La saeta”. Las palmas echaban humo consiguiendo que Serrat volviese a salir para culminar con el momento más íntimo de la noche: Miralles y el director a cuatro manos en el piano y Serrat cantando al oído “No hago otra cosa que pensar en ti” y.... eso es lo que seguimos haciendo desde ese momento.


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