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Concierto en el Velódromo de Montevideo (Uruguay) 18 de Marzo de 2004
Texto de Alicia Oschendorf (Montevideo)
INCRUENTO HARAKIRI SINFÓNICO
La prensa no se puso de acuerdo sobre si hubo 8.000 u 11.000 espectadores, pero en el Velódromo no cabía un alfiler y faltaba cerveza. El espectáculo comenzó prolijamente con su calculada media hora de retraso. Es que esos diez minutos de tolerancia previstos en todos los cronogramas, en Uruguay son treinta.
Una vez que fueron entrando los músicos, empezaron a afinar. Una obertura que evocaba algo de Exodus dejaba entrever la frase musical de “se equivocó la paloma...se equivocaba”. Y yo pensaba que el equivocado era Serrat con este intento de ornamentar con abigarrado sinfonismo la sutil sencillez que es su mejor virtud musical. Seguíamos en eso que iba de Exodus a Fantasía de Walt Disney, hasta que no apareció ni Paul Newman en aquella saga sobre la fundación de Israel, ni el ratón Mickey dirigiendo con las manos como en Fantasía; apareció Serrat en el escenario, y me quedó claro que la equivocada no era la paloma ni era Serrat, la equivocada era yo. Al encantador de serpientes que vende cosas que no existen le bastaron cinco o seis palabras y una sonrisa para asegurar que todo el mundo se llevaría de allí lo que había ido a buscar.
A nadie le importó que su voz no estuviera en su mejor momento ni la sucesión de furcios que acometió: “Tenía diez años y un gato / fonámbulo y nicio...”
Los pasajes conversados estaba claro que eran los más esperados. La gente va a oirle cantar y lo disfruta, pero lo que hace especial a la cosa, lo más sabroso y esperado, son sus finísimos comentarios. Uno de los mejores pasajes fue el que rodeó a “Cancó de matinada”: ... "Esta canción, Canción del Amanecer, es una canción escrita y cantada en catalán. Porque no creo que engañe a nadie si al fin les cuento que yo soy catalán. Y los catalanes somos gente normal vamos, como todo el mundo, pero un poco curiosos, un poco especiales, nos da por hablar en catalán, sí nos da por hablar en catalán, bautizar a nuestros hijos en catalán, enterrar a nuestros muertos en catalán. Hacer el amor... bueno, como todo el mundo, es decir, hacemos lo que podemos en este, en este enfrentamiento vital, ¿no?, y por eso no extrañe a nadie que un catalán escriba canciones en catalán. Diga lo que diga Aznar, es lo más normal".
Y siguió: "Bueno el argumento de la canción que acaban de escuchar es muy sencillo, cuenta un amanecer como su título lo indica: 'Cançó de matinada', y el por qué se encuentra en este trabajo, es porque para mí es una canción muy especial. Fue la primera que podríamos considerar aquello... un gran éxito, ¿no?. Fue mi primer gran éxito. Fue la primera canción escrita en catalán que fue número uno en las listas de ventas y de popularidad del Estado Español, lo cual tratándose de una canción en catalán realmente era algo extraordinario. Bueno sigue siéndolo todavía, algo extraordinario pero, en aquellos tiempos... en los tiempos del ilustre General, todavía, la cosa era más..."
Justificó largamente que cantaría la versión traducida al castellano de “Paraules de amor”. Obviamente el hombre estaba dispuesto a jugar fuerte y someterse a los riesgos, nada de concesiones: "En cierta ocasión, ayer lo comentaba con mi querido amigo Daniel Viglietti. En cierta ocasión estaba con nuestro amigo Pete Seeger que no está aquí pero lo pueden aplaudir igual si quieren. Y Pete Seeger, como buen americano curioso y despistado, sabiendo que yo escribía y cantaba canciones en catalán y en castellano, me preguntaba que si yo habitualmente traducía las canciones de un idioma al otro, ¿no? Y le dije que lo intentaba a veces, pero que por lo general los resultados no eran nada satisfactorios, por lo cual yo no acostumbraba prácticamente, a cantar canciones escritas en un idioma traducidas a otro. Y me dijo él: Haces bien porque en esto de las traducciones, lo que suele ocurrir, es que en el camino se queda la poesía. Y yo estoy bastante de acuerdo de esto. Exceptuando algunos casos, exceptuando casos excepcionales en los que el resultado son magníficas obras poéticas, o intentos como es este caso. En esta canción, escrita originariamente en catalán, la adapté para que la cantara una espléndida mujer que se llama Amaya. La canción se llama “Palabras de amor”. Y esta es la versión que hice yo mismo en castellano, y la cual me atrevo a cantar porque no diría que la poesía se ha quedado o se perdiera, diría que esencialmente que la misma que había, esta en una versión o en otra, gracias".
Y tal vez el subconsciente lo traicionó porque al segundo verso se pasó al catalán. Cuando se dio cuenta retomó el castellano, claro, y la complicidad del público hizo que no hicieran falta las disculpas.
Al terminar “La saeta” fue evidente que el contrato con los músicos llegaba hasta ahí porque enfundaron sus instrumentos violentamente y sin anestesia. Se fueron dando un portazo que no sonó como un signo de interrogación, como aquel de Sabina. Lo poco que quedaba tenía la garantía de que no sería atravesado por la ilustre Filarmónica de Montevideo. Vinieron “Lucía” y una “No hago otra cosa que pensar en ti” final y sublime tocada por Miralles y García Caffi a cuatro manos. “Es duro... años de conservatorio ¿ehh? ... clases de armonía, de dirección orquestal, de contrapunto... y acabar tocando una canción a cuatro manos. Pero en fin. El cariño nos lleva a estas situaciones ... Respetable público, ambos maestros dos interpretarán a cuatro manos No hago otra cosa que pensar en ti”, dijo cerrando la última despedida.
Por el camino hubo algunos lujos como “Benito”, cada vez mejor actuada, o una entrañable “Balada de otoño” sólo con el piano de Miralles confirmando donde está el mejor Serrat.
Este harakiri sinfónico del Maestro no es más que una prueba de resistencia para su mejor obra, una prueba que demuestra lo que ya se sabe: Que a “Mi niñez”, a “Pueblo blanco” o a “Barquito de papel” no las destruye ni Al Qaeda ni ninguna orquesta sinfónica. Esperemos que no le de ahora por el Unplugged. Pero si le da... ahí estaremos.
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