Concierto en el Centro Cultural de la Estación Mapocho de Santiago (Chile)
2 de Abril de 2004

Texto de Jorge Fernández (Santiago)




POR SUERTE


   Me sorprendió bastante una crónica venida desde Montevideo, que hablaba de que el concierto presenciado aquella noche del 18 de Marzo había sido una suerte de harakiri sinfónico. Pensaba entonces que lo que allí ocurrió y, sin descartar la posibilidad de alguna metáfora, había sido un desastre. En fin, a cada quien lo suyo. Lo cierto es que esta noche de otoño varios miles de personas nos reunimos en la vieja estación Mapocho del centro de Santiago. Una estación de trenes hoy remodelada y transformada en centro cultural. Un sitio del que había alguna duda respecto de la calidad del sonido. Lo cual, por suerte, no ocurrió.

   Con algo de retraso aparecieron los diversos actores y al fin de todos, Serrat, que fue recibido con una ovación. El programa es similar al que hemos leído en las diversas crónicas de los conciertos ofrecidos en el cono sur.

   Abrió con “La Paloma”, de inmediato quedó claro que la calidad interpretativa del artista goza de buena salud. Luego vino “Mi Niñez”, la que nos llevó al pasado de modo instantáneo, algo así como la vuelta a los cotidianos y lejanos recuerdos. Con la “Cancó de Matinada” Serrat se desplegó sobre el escenario con fuerza y con una gran capacidad histriónica. De allí el asunto tomó su vuelo propio. Una muy aplaudida “La Bella y el Metro” y un muy bien actuado “Benito” fueron los más destacados trozos de esta primera parte que culminó con “De Cartón Piedra”. Luego una pausa que se rompió con “Mediterráneo” y una soberbia “Bendita Música”. Desde entonces se nos acercó el final; antes, “Pueblo Blanco”, la muy apropiada “Balada de Otoño” y un “Carrusel del Furo” lleno de guiños y hasta alucinaciones.

   De vez en cuando el artista entabló esos diálogos divertidos y llenos de historias que a ratos hacen reír a carcajadas. Por ejemplo, a propósito de la reivindicación del catalán, Serrat mencionó el ostracismo de aquella lengua en la época de la dictadura franquista. Entonces recordó a García Lorca, para introducir “Herido de Amor” y mencionó que el general tampoco lo leía, así como tampoco le gustaba el catalán. Es que para gente como aquella (con perdón de la gente) la poesía y las letras son una especie de mariconada. Si lo sabremos nosotros acá en Chile...

   Al final vino “La Saeta”, “Palabras de Amor” y la ya anunciada interpretación a cuatro manos, las de Miralles y Amargós, de “No hago otra cosa que pensar en ti”. Hay que rescatar a estos dos personajes por su excelente trabajo. De igual modo, la orquesta de la ciudad de Santiago estuvo a alto nivel. Daba la impresión de que habían tocado muchas veces con Serrat, pero en realidad era el segundo concierto, apenas el segundo de los tres que se han programado en esta ciudad.

   El proyecto sinfónico ha sido un acierto. No como un cultivo a la nostalgia o el comienzo de las antologías o recopilaciones que algunos artistas hacen cuando ya no se les ocurre nada. En este caso se trata de un trabajo lleno de vitalidad y riesgoso por aquello de ir de sitio en sitio con músicos distintos. El asumir este riesgo no es otra cosa que una gran pasión por el trabajo y un compromiso con el presente y de alguna forma también con lo que viene en el futuro.

   Lo que hemos visto y oído se parece más a la reafirmación de una opción vital que a un harakiri. Por suerte.


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