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Concierto en el Centro Cultural de la Estación Mapocho de Santiago (Chile) 3 de Abril de 2004
Texto de Nélida Avilés (Santiago)
HASTA PRONTO... HASTA SIEMPRE, SERRAT
Después de un par de días de su último concierto de Santiago de Chile, todavía albergo el calorcito de la íntima alegría por haber asistido a uno más de esos grandes momentos vividos a lo largo de mi existencia... A pesar de los años transcurridos, escuchar de vez en cuando la voz del Maestro "en vivo y en directo" es casi una experiencia mística.
Nadie entendió que esperara la última presentación en Chile… ya saben mi afición, por no hablar de fanatismos, (una palabra tan justamente repudiada por estos días)… pero preferí asistir a su última función y quedarme con el sabor de la despedida (reconozco que tengo algo de masoquismo) pero con la certeza de decirle adiós y nos veremos luego.
Ya saben que su tercer y último concierto se desarrolló en la vieja estación de trenes de Santiago al borde del Río Mapocho (nuestro pretencioso Sena).
Casi una hora antes del concierto, ya no cabía un automóvil en el estacionamiento oficial y sus alrededores. Después de una larga espera para deshacernos del vehículo, caminamos de prisa a nuestros asientos, especialmente escogidos y negociados para estar muy cerca de él. En medio de un frío y viento incipiente anunciando la proximidad del otoño nos cruzamos con la complicidad de los amantes de cosas verdaderamente bellas. Los amigos que conocimos alguna vez y que siempre nos encontramos en determinados eventos, revelando -sin conocernos en profundidad- sentimientos completamente afines.
Entre una majestuosidad desconocida para ese recinto, Serrat se abrió paso e iluminó ese escenario entre una buena cantidad de músicos de la Orquesta Sinfónica de Santiago de Chile. Siguiendo el orden de sus dos presentaciones anteriores abrió con “La Paloma”, seguida por la nostálgicas historias de “Mi Niñez”, y luego de “Cançó de Matinada” inició sus diálogos irónicos y graciosos con el público, que siempre nos hacen sentir en casa. Recordó al General que no gustaba del catalán en medio de las pifias de un público que tampoco gusta de generales y agradeció a la canción que se convirtió en su primer éxito masivo. Siguió con “La Bella y el Metro” , “Princesa” y luego retornó la conversación con “Herido de amor”, explicando sus orígenes. Los aplausos estallaron más fuertes al escucharse los primeros acordes de “Penélope” y mi emoción casi estalló con “Pare”, y su recitado previo en español. Dos canciones más, también hermosas, también muy queridas, “Aquellas pequeñas cosas” y... al intermedio.
Un café para el frio y el inevitable “puchito” (cigarro para nosotros) mientras le dábamos rienda suelta a los suspiros, a las exclamaciones por tanta maravilla y volviendo a saludar a los conocidos que habían pasado inadvertidos.
Un acorde musical de llamada como del flautista de Hamelín y todos volvimos a nuestros asientos, muy ordenados, muy disciplinados, para escuchar “Mediterráneo” y “Bendita Música” y otra explicación del “Nano” para su “Fa vint que dic que fa vint anys que tinc vint anys”. El ambiente comienza a calentarse y surgen las primeras exclamaciones de euforia a viva voz ¡Ídolo!, ¡Maestro!, ¡Mijito Rico!… esta vez, curiosamente, no se dio por enterado y sólo recibió algunos regalos de los presentes y estrechó algunas manos que se acercaron al escenario.
Siguió sonando magistralmente “Es caprichoso el azar” y se escuchó un suspiro masivo y profundo de la audiencia, acompañando los inicios de “Pueblo Blanco” y luego las interpretaciones de “Balada de otoño” y “Disculpe el Señor” acompañadas solo por el piano del maestro Miralles.
A partir de entonces felicitó a la orquesta... que sonó de maravilla, casi mejor que el CD (espero que no sea una trampa chouvinista) y se excusó de no presentar a todos los músicos como lo hace habitualmente También se lamentó de las inconveniencias de tocar con semejante grupo… especialmente porque varios de sus amigos en Chile siempre lo invitaban a cenar con sus músicos y en esta oportunidad solo hubo “cafecitos”… por razones obvias. Entre risa y risa sabíamos que comenzaba a despedirse y que el momento de la partida se acercaba inexorablemente.
No obstante se las arregló para dejar la sensación de haber satisfecho todos los requerimientos de la audiencia, volviendo a salir unas tres veces e interpretar las canciones que faltaban. Siguió con “El Carrusel del Furo”, “Barquito de papel”, “La Saeta” y “Cantares”… y el público de Santiago estalló en alaridos y aplausos, se puso de pie y rompió -aunque moderadamente- la solemnidad del encuentro. Entonamos suavemente la última melodía sentida casi nuestra y el gran vínculo de identificación entre Serrat y nuestro país, porque fue una de las primeras que “pegó” por estas tierras. Y desde entonces, ya no volvimos a sentarnos hasta el último tema.
Después vino el milagro… Serrat recordó su antigua canción “Paraules d'amor” que adaptó en español para Amaya. Por primera vez (espero no equivocarme y me corrigen si así es) interpretó la versión en castellano… Desde ese momento falta una pieza del Maestro en mi colección y tengo que ver la forma de conseguirla… Si ya cuento hasta con el "Himno del Barça", “La Montonera”, “Las coplas para la defensa de Madrid”, “Ay pena, penita, pena”, “Yo pisaré las calles nuevamente” y unas cuantas rarezas más que he logrado reunir gracias a mis amigos cibernéticos serratianos… ¡No puedo permitir que esa nómina quede inconclusa!
Al momento de despedirse, cedió nuevamente ante la presión y junto a Miralles y Amargós, entregó su última interpretación: “No hago otra cosa que pensar en ti”… y ya no fuimos capaces de seguir exigiéndole nada más. Por suerte ya estábamos provistas de varios CD, incluyendo el sinfónico para matar el “gusto a poco” que siempre dejan estos instantes… y volvimos a escuchar atentamente sus canciones en la radio del auto de regreso a casa, esforzándonos para guardar cada detalle de la experiencia vivida y guardarlos hasta el próximo encuentro.
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