Concierto en el Polideportivo de la Universidad Católica de León
20 de Mayo de 2004

Texto de Hugo Salazar (Lima)




SERRAT, SEÑOR DEL ESCENARIO


   Todo un manojo de sueños se echó al vuelo en la noche limeña, de la mano de un Serrat espléndido y en complicidad directa con una orquesta que cumplió a cabalidad su cometido, que es el mismo de todas las noches en esta gira "sinfónica" y que no es otro que volver a vestir la humanidad de unas canciones intem-porales, como el mar y la tierra.

   UN COMIENZO CÁLIDO Y SORPRENDENTE.

   "Gracias por abrirnos las puertas de esta su casa, gracias por estar con nosotros esta noche, y sobre todo, gracias por compartir nuestra música" dijo nuestro Nano, a modo de saludo. Y es que,gracias a Serrat,no pudo ser más lujosa la inauguración de éste recinto, de éste Polideportivo colmado (aunque no lleno del todo) por un público que, tal vez algo tímido al principio (las orquestas sinfónicas a veces resultan intimidatorias) terminó por entregarle todo su cariño a un artista al que sabe amigo y que nunca lo ha defraudado, más allá de que sean siempre las canciones más antiguas las que cosechen los aplausos más generosos, aunque eso no es nada extraño ni raro, como lo podrían corroborar los Stones, Dylan o McCartney.

   Si bien ya sabíamos que no todas las canciones a interpretar en directo figuraban en el CD, no me dejó de sorprender el inicio con una versión de "La Paloma", que desde el primer instante nos mostraba a un Serrat muy recuperado de voz, que hasta se atrevió con algunas florituras. Porque por muy 'sinfónica' que fuera la cosa, cualquier otro cantor no se podría dar el lujo de comenzar con un tema tan delicado, pero Serrat no necesita de golpes de efecto. No buscó algo "fuerte" o "más movidito" -como decimos aquí- para arrancar ovaciones.

   Al término del tema, Serrat no sólo agradeció los aplausos sino que había en su expresión un aire de alivio, ya que al parecer -eso escuché en los alrrededores- el hecho de cambiar tantas veces de orquesta, de ciudad en ciudad, lo ponía un tanto en nerviosa expectativa de lo que pudiera ocurrir. Sabiéndose en buenas manos con la orquesta limeña, cualquier temor se esfumó para dar paso a la noche inolvidable.

   GEMAS INMORTALES EN CASTELLANO Y CATALÁN.

   Una de las cosas más bellas fue poder escucharle, por fín, interpretar más canciones en su lengua paterna. Claro está, el Nano no dejó de hacer sus clásicos comentarios -llenos de su fino sentido del humor- para introducir o explicar sus temas en catalán y lo que significa para él poder expresarse en su lengua y cultura. Orgulloso de su bilingüismo, cantó sus emblemáticos "Pare", "Cancó de Matinada" y el re-encauchadísimo "Fa vint Anys..." en catalán, (en propias palabras "la canción que más ha amortizado al autor, un servidor").

   Y evocando su colaboración con Amaya en 1986 nos regaló (¡por fín,Dios mío!) una soberbia versión de "Paraules d'amor" alternando los dos idiomas. El entusiasmo que despertó esta canción demuestra cómo sus fans peruanos anhelábamos escucharla desde hace mucho (todavía nos "debe" el tango "Cambalache", pero eso es otra historia).

   Como decíamos líneas arriba, suelen ser las canciones antiguas las más queridas, y en esa perspectiva se escucharon grandes aplausos para "Mediterráneo", "Pueblo Blanco", "Mi Niñéz" y "De Cartón Piedra", así como "La Saeta", que si bien no figura en la edición regular del CD es una pieza inamovible -o casi- de su repertorio en vivo.

   DUEÑO Y SEÑOR DEL ESCENARIO.

   Entregado al completo, por momentos verdaderamente sublimado, Serrat se 'contagiaba' de la sana fastuosidad sonora que lo rodeaba y se desplazaba en el escenario con una movilidad mayor de lo acostumbrado y haciéndo gala de su sentido histriónico en las ya clásicas "Benito", la ya mencionada "De Cartón Piedra" e inclusive "Disculpe el Señor", aún siendo ésta pieza acompañada solo por el piano -siempre brillante- de Horacio Icasto, que reemplaza a Ricard Miralles, que no pudo ser de la partida por motivos de salud.

   Tanto en "Aquellas Pequeñas Cosas" como en "Bendita Música" procede destacar el inmaculado trabajo del Sr. Hugo Arias, violín solista de la orquesta en Lima. Y ya que también hablamos de Horacio Icasto y su estupendo trabajo al piano, resultó un momento de especial emoción escucharle a Serrat su "Balada de Otoño", una de sus piezas más logradas de los primeros tiempos. Ese Serrat auroral que se resiste a dejar de asomar -y que nunca falte- con más que relativa frecuencia.

   Entre sus temas más recientes, Serrat nos ofreció estupendas entregas de "Es Caprichoso el Azar", "Princesa", "La Bella y el Metro" sumado a su "propia" versión de "Herido de Amor", poema de García Lorca musicalizado por Serrat para un disco anterior de Ana Belén.

   No podía faltar "Cantares", la incombustible "Penélope" y el gran cierre con "La Saeta". Ante el reclamo de un público que se le había entregado ya totalmente, Serrat retornó al escenario, nuevamente a solas con el maestro Icasto, para una sentida versión de "Lucía".

   Al comenzar el recital, Serrat había prometido una noche irrepetible. Dos horas después, la promesa se había cumplido.

   "Serrat Sinfónico", escuchado y mejor apreciado en vivo, gana mucho respecto a la versión de estudio (aunque en realidad se grabó en un teatro) que como sabemos, generó una pequeña polémica entre sus seguidores.

   Queda desear que pronto se edite el DVD de esta gira y por qué no, tal vez, un disco en vivo. Los viejos y nuevos seguidores del "Noi del Poble Sec" estaríamos eternamente agradecidos.

   En resumen, una ocasión inolvidable e irrepetible. Grandioso, sencillamente. Gracias Nano.



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