Concierto en el Teatro Cervantes de Málaga
24 de Julio de 2004

Poema de Rosa Ranea (Málaga)




ROSAS SINFÓNICAS



Señoras engalanadas
pero olvidadas, tal vez,
buscaban ayer la pócima
que las volviera mujer.

Sus maridos les seguían
concediéndoles dos horas
para sentirse una dama,
tras haber vivido el sueño,
la carroza: calabaza. 

La luna me lanzó un halo
que me mostraba a la chica
que fuí sólo hace unos años: 
el pelo largo, sandalias,
carita recién lavá...,
fumamos un cigarrito
y ya no nos vimos más. 

Trajiste primaveras de palomas
y baladas de otoño largo y triste.
Mayordomos más descaraos que nunca
que invitaban a su señor a irse. 

No te pedíamos tanto...
ni un barquito de papel,
ni la más bendita música,
ni tu princesa de hiel. 

Sí ser tu bella en el metro,
pero eso no podía ser.
El amor te lo hirió otra
(sabe Dios si dos o tres). 

Hago otras cosas que pensar en tí,
pero cuelan al filtro de tu amparo.
Benito nunca habló, más siempre mira
recostado en el ala de su cuerpo,
lo bién que lo interpretas y lo imitas. 

Has orquestado este día
(y te has molestado tanto)
tu canÇó de matinada 
salió del horno temprano. 

Y más de 40 músicos
se vistieron con tus galas:
pajarita en el retrato,
que en el cuello te atraganta. 

Y el fantasma de Miralles
desde detrás del piano...:
"como te olvides la letra hoy
la llevas clara, Nano". 

Lucía vibró en mi cuerpo de mujer
y mis senos sólo hacia tí apuntaron,
y las lágrimas puras y muy putas
esquivaban al foco descarado. 

Aquellas pequeñas cosas 
me encontraron otra vez
llorando por ese pare
y triste por mi niñez. 

Y "Cantares"... que te gusta
escucharnos de cantar
(o más bien dar alaridos
golpe a golpe y marcha atrás). 

Si te crecen las patillas...
"Pueblo Blanco".
buscas la guitarra en vano...
"Mediterráneo". 

De madera los bancos de Penélope
y las escalinatas pa subirse
a descolgar a Dios que una vez más
descuidaba a las causas más humildes. 

Pero yo no pedía tanto...
Detrás de este escaparate
no pedí ser tu locura
ni ser capricho de azares. 

Sólo dos cosas pedía
en aquella poesía
de nuestra última vez:
que cantaras los 60 y
compartir tu carrusel. 

Pensaba lanzarte rosas,
buscarte tras el concierto,
pero Málaga es asi,
te atrapa cualquier bareto
y en el "Antonio Martín"
ya recogía el camarero.


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