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Concierto en el palacio de deportes José María Martín Carpena de Málaga 26 de Julio de 2004
Texto de Paco Ranea (Málaga)
LA BREVE HISTORIA DE UNA “SAETA” SINFÓNICA
No es precisamente un palacio de deportes el lugar más idóneo para el evento que nos ocupa, y de hecho, tuve mis reticencias ante la imposibilidad de conseguir una buena localidad en el Teatro Cervantes. Solo un razonamiento me llevó a adquirir las entradas el mismo día que se iniciaba su venta: «la profesionalidad de Joan Manuel Serrat le impediría llevar a cabo una actuación en un lugar cuyas condiciones acústicas no fuesen dignas de su público», y así fue. Salió satisfecho de la cancha del Unicaja hasta mi amigo Chris (Cristóbal en español), que el castellano lo entiende a medias, de catalán ni papa, aunque sí es experto en tulipanes, ciclismo y pintura impresionista, y no le importaría que Serrat se prodigara más por Holanda.
La verdad es que después de leer los cientos de miles (soy andaluz) de crónicas, es francamente difícil enfrentarse al teclado sin caer en los tópicos ni ser reiterativo, plomo o coñazo. Yo voy a intentar, esta vez, no tratar de hacer el reportaje del concierto, sino la experiencia de mi concierto, lo que yo viví, sentí y capté durante las casi cuatro horas que duró el espectáculo.
La entrada, a pesar del gran aforo del palacio, fue fluida, rápida y perfectamente organizada por los muchos acomodadores que te recibían.
"¡cantará La Saeta!", decía convencida a sus acompañantes, una mujer que me precedía en la cola.
En los aledaños del escenario iban agrupándose señoras y señoritas de negro, caballeros ataviados con sus pajaritas.
"¡esa gente son capaces de ser los músicos!, murmuraba dos filas atrás la de la saeta.
"¿habrán aprendido a tocar La Saeta? Carmela, yo no me voy de aquí esta noche sin escucharla." La amiga de Carmela estaba firmemente decidida a lograr su propósito.
Como es costumbre, puntualmente hacía su aparición en escena nuestro admirado artista tras la invasión de pajaritas y vestidos negros de la Orquesta Filarmónica Ciudad de Málaga, entre vítores, aplausos y muestras de afecto.
"Está rejuvenecido", le comentaba a mi mujer que también se percató del asunto.
"¿Se habrá hecho algo?", decía Pilar (la mujer de mi amigo holandés).
Da gusto verlo tan bien y tan cerquita. Estábamos en segunda fila, pero ella usaba sin pudor sus prismáticos.
El primer aluvión de notas que esbozan cuerdas, vientos y percusiones eran para una “Paloma” de Alberti, aunque muchos (incluido el propio Joan Manuel) echásemos en falta, en estos tiempos que corren, el vuelo de la picassiana. Su gratitud, de rigor, hacia todos y cada uno de los presentes por dedicar una noche más a compartir con él y su música, este rato irrepetible y continua diciéndonos que «tenía diez años y un gato...».
La “Cançó de matinada” tiene un significado algo especial para Serrat siendo el primer tema en catalán que sería número uno en ventas del estado español y precisamente en una época en que mandaba en España «un señor bajito, con bigote y cara de mala leche». Alguien, seguramente bastante joven, grita ¡Aznar! «no, ese concretamente no, era otro parecido, que tampoco era demasiado amigo de la pluralidad cultural ni lingüística de la periferia, aunque él era periférico».
"¡¡La saeta!!," resopla de nuevo tras un cuarto de hora callada.
Tampoco a García Lorca, autor del poema que seguía, le trató demasiado bien el susodicho personaje, le dejó mucho más que “Herido de amor”, le asesinó a sangre fría escribiendo uno de los capítulos más vergonzosos de nuestra historia contemporánea.
De los versos en la boca suenan seguidamente los acordes de “La bella y el Metro”, y uno de los mejores temas de sus últimos trabajos: “Princesa”.
"¡¡La Saeta!!", nos recuerda nuestra amiga y la de Carmela.
Aparece “Penélope” filarmónica y un “Pare” previamente traducido y agradecido sobremanera por Chris y todos sus paisanos de los países bajos. Con este tema ya empiezan muchos ojos a brillar más de la cuenta, pero las lágrimas aparecen masivamente con la extraordinaria interpretación del sueño de “Benito” y su cruda realidad. Con “Aquellas pequeñas cosas” que han cumplido ya más de treinta años y continúan erizándonos la piel. Con ese “loco” y su maniquí, para el que «mañana era sólo un adverbio de tiempo».
"¡¡Este se va sin cantar La Saeta!!"
"¡niña, que es el descanso!", le dice Carmela. Y no se quedó demasiado convencida viendo a tanto músico bajando del escenario.
"¿tú estas segura, Carmela?."
Da comienzo la segunda parte con otro caluroso aplauso a toda la orquesta filarmónica que va acomodándose sobre la tarima y responde a los primeros movimientos de la batuta de su director con una renovada melodía de nuestro “Mediterráneo”, para enmudecer casi al completo en la interpretación del siguiente tema: “Bendita música”, con un solo de violín antológico.
“Hace veinte años que dije que hace veinte años tenía veinte años”. «Esta es la canción más amortizada de todo mi repertorio. Tenía veinte años (cuando la escribí), tuvo bastante éxito y me fue acompañando hasta que llegó un momento en que necesitaba un apaño. La grabé con el título de 'Fa vint anys que tinc vint anys', a los cuarenta. Ahora de nuevo la he tenido que rebautizar adaptándola a esta nueva y cruda realidad». Aplausos masivos. «No sé si estos aplausos van dirigidos al éxito de la canción o a la longevidad del artista, en cualquier caso gracias, aplaudan y, por favor, no se repriman lo mas mínimo en este asunto».
Homenaje a Eduardo Galeano con esos “caprichos del azar”, hermosa melodía para un poema magistral. La orquesta hace uso de toda la artillería pesada para conducirnos hacia las callejas de aquel legendario “Pueblo blanco” que olvidó el llanto a fuerza de no ver nunca el mar, y el estruendo deja paso a una “Balada de otoño” rejuvenecida. El señor sigue amontonando pobres y más pobres que no paran de llegar y yo echando de menos a la Carmela y al Cristo de los Gitanos. Parece que se ha animado con “El carrusel del Furo” y vuelve a la carga.
"¡La Saeta!
«Se me olvida lo que les quería decir...»
"¡La Saeta!
"«Ah sí, les quería decir que la dificultad que entraña este tipo de concierto...»
"¡La Saeta!
«...aparte de La Saeta, les decía, que no es de origen técnico ni musical, sino más bien de tipo social».
"¡La Saeta!
«Señora se tendrá en cuenta su petición, ímpetu y persistencia. Les quería decir que ese inconveniente surge cuando se llega a una ciudad donde tienes amigos y te llaman o yo les llamo. Te invitan a cenar a casa y siempre te dicen 'trae a los músicos', y es aquí precisamente donde nos encontramos con la encrucijada más problemática de resolver. Presentarlos uno a uno sería un auténtico coñazo, no porque no se lo merezcan todos, sino porque se haría interminable, y es por lo que les pido un fuerte aplauso resumido para toda la Orquesta Sinfónica de Málaga».
Yo hubiera dado algo por oír la percusión de los tambores de Semana Santa, pero no, le toca al “Barquito de papel” y luego llega Machado, pero con “Cantares”.
«Esta canción fue originariamente escrita»
"¡La Saetaaaa!
"«no señora, no se trata de La Saeta, tranquila. Les decía que en principio fue grabada en catalán y Amaya hizo la versión en castellano. Yo voy a tratar de hacerlo en castellano pero no les extrañe que salgan algunas palabras en catalán. Les aseguro que se trata de un acto puramente reflejo, no piensen nada raro que tenga que ver con mi longevidad, lo advierto porque me ha pasado»: “Palabras de amor”.
«Dice una voz popular....» Poooooooooor fiiiiiiiiiiiiiiiiin.
Hace unos años acudí a un concierto de Jarabe de Palo en Frigiliana (un pueblecito malagueño). Esto fue aún peor. Se apalanca a nuestro lado un nativo de la zona que pensaría ya que estaba el pueblo en fiestas, que aquello era la caseta municipal. Se percibía un olor en diez metros a la redonda. Una mezcla entre Ron Bacardí y Varón Dandy. Estuvo todo el concierto pidiéndole a Pau Donés que cantara el “Corazón partío”.
Al menos La saeta es de Serrat, pero imaginen por un instante que alguien toma al Nano por un grupo de feria y le piden "Bulería".
Bromas aparte. Entiendo lógicas las peticiones, todos las hemos hecho alguna que otra vez. Pero moderadamente y respetando un repertorio al que el artista lógicamente debe ceñirse. ¡Cómo me encantaría oírle alguna vez la "Cançó per a la meva mestra" o "La montonera", pero es ilógico pensar que pueda alguien interpretar en cualquier momento un repertorio de más de cuatrocientos temas, y menos acompañado de toda una Orquesta Sinfónica con la que ha ensayado unas pocas horas para dar dos conciertos.
Ya en los bises, que empezaron antes de “La saeta”, se queda sólo con la compañía de Horacio Icasto, el pianista de la filarmónica, y canta “No hago otra cosa que pensar en ti”.
Y yo francamente no sé qué hubiese escrito sin la ayuda de la señora de La saeta y su amiga Carmela, pero en pleno mes de julio y con estos calores que nos invaden, hay muchísimas musas que están de vacaciones.
Mi más sincera gratitud hacia los que hayan llegado a esta altura de la crónica y un saludo a todos los asiduos de ésta que es la mejor página web del mejor artista que ha parío madre. Ánimo Paco, te queremos y hasta siempre.
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