Concierto en el Pavelló Municipal de Girona
4 de Noviembre de 2004

Texto de Francisco Hidalgo Guerrero (Barcelona)




UN ALTO EN EL CAMINO


   No citaré en esta crónica la relación exhaustiva de los temas que interpretó, es lo de menos, todos y cada uno de ellos son válidos y preciosos por sí mismos. Hoy deseo hablar de sentimientos. No tenia previsto asistir a este concierto; de hecho he asistido a cuatro de ellos en estos últimos dos años. Lo que ocurre, es que a veces suceden cosas que te crean la necesidad de estar presente en un lugar y en un momento concreto que no tenias planeado. Y este es el caso, hoy quiero ir a Girona a verlo, a escucharlo y, con los aplausos de todos, a infundirle apoyo y cariño en este “alto en el camino”, que no es otra cosa, ya que dentro de pocos meses le veremos de nuevo en carretera llevando su carga de música y sentimientos compartidos a cualquier lugar donde quieran escucharlo, que sospecho -sé- que es en todos los sitios donde hayan oído hablar de él.

   Llegada a la preciosa ciudad de Girona, con su impresionante Catedral, Barrio Judio, Baños árabes, museos y más maravillas que bajo ningún concepto deben dejarse de visitar. Coincidiendo con las fiestas de Sant Narcis, patrón de la ciudad, este concierto viene a ser el broche -quizá sería más apropiado decir “pajarita”- de oro de estas celebraciones.

   Serrat está insuperable en esta noche: muy bien de voz, arropado por la magnífica Orquestra Simfònica del Vallès (OSV) , sabiamente dirigida por Joan Albert Amargós y acompañado, como casi siempre del Maestro Ricard Miralles, cuya complicidad mutua rebasa el escenario.

   Los 21 temas que interpreta, siguen fielmente el orden establecido en el folleto que nos han entregado. Suenan bien las canciones vestidas de gala. En “La bella y el metro” la orquesta adquiere un protagonismo singular al recordarnos con sus cadencias, el traqueteo del tren, y que en mi opinión, supera con creces la versión grabada en “Versos en la boca”. No ocurre así con “Mediterráneo”; francamente creo que pierde frescura y queda algo encorsetada. Sonaba mejor en sus directos con sólo cuatro músicos. En fin, es cuestión de gustos.

   Me ha emocionado especialmente la reacción del público en un pasaje de la canción “Fa vint anys que dic que fa vint anys...” que normalmente no produce este efecto: cuando canta la estrofa “vull i vull i vull cantar, avui que encara tinc veu, qui sap si podré demà” (quiero, quiero, quiero cantar, hoy cuando aún tengo voz, quien sabe si mañana podré hacerlo), provoca un aplauso espontáneo y duradero, señal inequívoca de apoyo moral y cariño de un público entregado desde el primer acorde de la primera canción, cosa habitual por cierto. Podría pensarse que son las ventajas de jugar en casa, pero esto en su caso no es así: se le recibe con idéntico fervor en cualquier escenario donde se presente, doy fe de ello.

   Después de tres bises, se despide y le despedimos con una larga ovación de más de cinco minutos. Suerte, cuídate y fins aviat, Mestre.


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