Concierto en el Teatro Calderón de Valladolid
6 de Mayo de 2005

Texto de Alfonso Calderón (Valladolid)




CANTABA PARA TODOS... PERO ME CANTÓ A MÍ


   No estábamos todos pero el lleno era total. Contar la emoción del concierto; o mejor dicho, de un corto rato con varios amigos, es difícil de hacer. Quisiera ser un contador de sentimientos vitales, como el amigo con quien pasé la tarde de ayer, y poder decir: "Bona nit, amics veig que ja hi som tots, per fer la xerrada i cantar cançons". ("Buenas noches, amigos veo que ya estamos todos, para charlar un poco y cantar canciones".); pero como no sé, utilizo las frases que el maestro de la sencillez, la poesía y las canciones me ha enseñado estas últimas décadas.

   Con un fundido abierto desde negro él y su guitarra nos engancha con “Menos tu Vientre” de Miguel Hernández.

   Así, en el rincón de un bar de pueblo de pescadores o agricultores ahora en el taburete alto o sentado en la silla con el codo apoyado en la mesa de mármol con su vaso de vino o agua, (él puede tomar de todo) disfrutamos este momento de vida compartida.

   En el rincón iluminado; con diferentes luces sugerentes; él, su guitarra, fiel acompañante que nunca le ha engañado ("un company que mai no enganya") y su amigo Ricard al piano, nos llegan a todos nosotros con un “Mediterráneo” plagado de luces con un fondo de intenso azul matinal encadenado a un rojo fuerte de atardecer. En este momento de la tarde todos estamos entregados al evento y somos uno ante el amigo artista que como uno más, con camisa blanca de algodón, vaqueros clásicos y zapatos cómodos de ante marrón nos contaba su situación y el privilegio de empezar en Valladolid su nueva etapa de trabajo.

   Nos recordaba cantando lo que supone “Una mujer desnuda y en lo oscuro” (aunque el maduro público que allí estábamos ya lo sabíamos) y con “Tu nombre me sabe a yerba” dio paso a uno de los mejores comentarios hablados de la "xerrada". Haciendo una visión de su complicidad con los piratas que de los libros de Stevenson y Salgari salían a surcar mares y luchar con él en su niñez eterna, nos contó/cantó “Una de piratas”.

   Con los gestos cómicos de mayordomo servil hizo un, más actual que nunca, “Disculpe el señor”. A estas alturas de la tarde todos estábamos inmersos en un clima de complicidad y deleite disfrutando del momento irrepetible.

   Sigue con una canción de amor incomprendido por los demás “Por dignidad” y otra sin amor, pero con sexo: “Me gusta todo de ti (pero tú no)”.

   El homenaje al poeta lo hizo con el clásico “Cantares”. Echamos de menos más "perlas" en catalán, solamente “La cançó del lladre” que antes nos explicó minuciosamente al público castellano.

   Un pequeño descanso del maestro que Ricard Miralles instrumentalizó con “Sinceramente tuyo” y “Vagabundear” al piano… por supuesto. Momento que aprovecha Joan Manuel Serrat para hacer la biografía de su compañero de tantos años con el que se lleva "tan mal".

   Con una suave “Es caprichoso el azar”, otra alegre “Fiesta” y otra tierna “Esos locos bajitos” nos vuelve a deleitar y llenar de recuerdos y vivencias.

   La locura de la “Muñeca rusa” y el amor no correspondido del “Romance de Curro El Palmo” terminan sacando de armario a “Señora” y nos explica cómicamente como ve, en los amigos de sus hijas, aquel (él) protagonista de la canción.

   Se despide, en primera instancia, con dos canciones preciosas y de las que hay que tomar notas de vida: “Dondequiera que estés” y “Hoy puede ser un gran día”.

   Aplausos sinceros, de un público vallisoletano fiel y entregado con un catalán querido y admirado, hacen que, fuera de programa (o no) nos cuente y cante las andanzas de "su doble" en las antípodas cercanas “Tarrés”. Se sienta en la silla baja del rincón del bar y apoyado en la mesa de mármol, al estilo de los cantaores nos hace “La saeta” con el sentimiento en la garganta y el corazón.

   ¿Cómo rematar la noche? Pues como no podía ser de otra forma, dedicando a todas las que, alguna vez, se sintieron “Lucía” es decir… a todas.


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