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Concierto en el Teatro Jovellanos de Gijón 24 de Mayo de 2005
Texto de Daniel Ferreiro (Piedras Blancas - Asturias)
INTIMISTA DE NUEVO
Yo pecador me confieso; reconozco que le tenía ganas. Ganas de verle y reencontrarme con él. Ganas de saciar esta querencia al vicio que desde hace tiempo me venía corroyendo el alma. Vicios confesables e impetuosos desenfrenos como el de escuchar un repertorio de éxitos (el suyo) que resume cuarenta años de la historia (sentimental) de un país (el nuestro.) Júbilos como el de corroborar la plena recuperación después de un sustillo propio de los chavales de su edad. Satisfacciones al comprobar que ningún susto puede asustarle.
24 de Mayo de 2005; a diferencia de otras ocasiones, única de abono en Gijón; como siempre, Gijón, única parada en Asturias. Tarde soleada y calurosa, 22º C, leve brisa con componente sur. 20:00 horas, Paseo de Begoña, bulliciosa y veraniega donde las haya. Me cito en el Teatro Jovellanos, imponente y majestuoso. Aquí todos nos conocemos ya. Tiempo el justo para una rápida caña y calentar motores previo a un derroche de intimismo y sensibilidad, a un Serrat 100x100, muy lejos y distante de experimentos sinfónicos. Con Miralles, una guitarra y un piano, suficiente.
En el escenario, sencillo sencillo, constato la fiel presencia del taburete traído, años ha, desde Bocaccio, punto de encuentro de la gauche divine barcelonesa y punto de partida para el encierro en Montserrat tras el polémico Proceso de Burgos de 1970. El Teatro, lleno llenísimo, recibe a Joan Manuel pasados diez minutos de las 20:30 horas. Calurosa ovación. Sport, pantalón tejano y ceñido, camisa blanca (como la España de mi esperanza) con t-shirt al cuello. Piernas arqueadas, hombros caídos, leve reverencia al respetable, por cierto, más dinámico y expresivo de lo habitual. Se echa la guitarra al hombro y acto seguido empieza a deleitarme con los pentasílabos asonantados de “Menos tu Vientre”, de Miguel Hernández. Desde el primer momento constato que Serrat ha perdido amplitud de voz, pero ha ganado en matices.
Tras el primer regalo, se hace el silencio porque, como recién traído del Jamboree Jazz Club de Barcelona, entra otro viejo zorro en escena; merecidos aplausos para el sinfónico Ricard Miralles, sobre el que luego el Nano nos resumirá la relación de amor-odio que han tenido desde que se conocieron en un servicio militar de 1968, Quico Pi de la Serra por medio; dos verdaderos conocedores de la Nova Cançó catalana. Joan Manuel nos advierte de sus encuentros y desencuentros a lo largo de la trayectoria musical de ambos, para terminar con un "Ricard, coño, no te mueras nunca."
Continuamos con “Mediterráneo”, máxima descripción de un mar de la que jamás se haya escrito, himno, que por cierto, los españoles han votado recientemente como la mejor canción de los últimos cincuenta años. Recordamos a Mario Benedetti con “Una Mujer Desnuda y en lo Oscuro”, tema que aun a pesar de las numerosas críticas del sector feminista del momento, no deja de ser una descripción sugerente y sensual. Andando el concierto, Serrat comparte con nosotros "la felicidad de volver a Gijón" tildando a los asturianos como gente hospitalaria. “Tu Nombre me Sabe a Yerba” me sugiere una perfecta conjunción entre Ricard y Joan Manuel, entre piano y guitarra. Retornamos con “Una de Piratas” a su interés infantil por la lectura gracias a "los libros de Stevenson y Salgari guardados en una estantería de una habitación, la cual su familia -con ciertas pretensiones- se refería a ella como la biblioteca." Es la primera vez que se la escucho en directo.
Serrat me confirma con síntomas inequívocos que está como nunca: tiembla su garganta y desde hace ratos se echa su mano derecha a los ojos. Con Ricard al piano nos canta e interpreta “Disculpe el Señor”, una radiografía del estigma del poder, de la insolidaridad y del fin de las ideologías. Continuamos con un cambio de roles con “Por Dignidad”, donde el hombre aparece en una posición claramente inferior a la mujer. Con “Me Gusta Todo de ti” nos muestra una magnífica e irónica descripción de una fémina de cuerpo 10 encerrada en una inteligencia 0 mientras que la machadiana “Cantares” no consigue arrancar ni un golpe a golpe del público. Quizás sea el más claro ejemplo de la socialización que este cantautor ha conseguido: el disco "Homenaje a Machado Poeta" ha sido el más vendido de la música española.
Se me vuelve a poner, una vez más, la carne de gallina cuando nos advierte de la “Cançó del Lladre”. Recordando el viejo cancionero tradicional catalán este diablo me dice que, como buen ladrón, después de haber sisado prou diners, ha robado ahora a una mujercita con falsas promesas de matrimonio; la justicia lo ha apresado y se lo hará pagar con la vida... menudo villano!!! Se toma un brevísimo descanso, oportunidad que aprovecha Miralles para marcarse un solo de piano con “Sinceramente Tuyo”. Alguno de los entendidos en temas al piano (no es el caso de este que escribe) recompensan a Miralles con una generosa ovación. “Es Caprichoso el Azar” y la republicana “Fiesta” (su padre fue combatiente republicano) muestran a un Juan más rítmico que otras veces. Llega el turno de dos homenajes; uno a los niños con “Esos Locos Bajitos”; y otro a ese misterio que es la mujer con “Muñeca Rusa”, un misterio que nunca se llega a conocer completamente. Lucimiento de Serrat con la interpretación de este tema. Juanito se sosiega; se sienta, y nos cuenta el “Romance de Curro el Palmo” mientras que con “Señora” se reconforta con la vida reflejada en los ojos de sus yernos; "la vida, ese milagro que nunca se detiene". Con “Dondequiera que Estés” me encuentro con un Juanito melancólico, evocativo y pletórico de sinceridad.
El concierto llega a su fin; pero antes me pongo el traje de optimista para escuchar “Hoy Puede ser un Gran Día”, mientras (ahora que no le ven los médicos) nos brinda una copa de cava y nos canta, cuasi esquizofrénico, las aventuras que tiene con un tal “Tarrés”, ese doble que debido al alcohol olvidó pagar las deudas de la noche anterior. “La Saeta”, uno de los temas más aplaudidos, calienta a la gente para la apoteosis final: “Lucía”. Mantengo mi opinión: una y otra vez corroboro que esta canción al amor perdido es la más aplaudida de todo su repertorio, aunque no la más conocida. Más que Mediterráneo y bastante más que Penélope. Machadianamente, Serrat canta a lo que se pierde, a una situación personal de dolor, a un abandono. Vestida para la ocasión, la voz nostálgica del catalán me llega triste y melancólica. Sentado en su taburete, grave y profundo, Serrat se despide; entre las damas del respetable se derrama la emoción.
Al término del concierto me doy cuenta que estoy delante de un cantautor menos polémico y más empático aún que años atrás, más hablador pero menos encorsetado que el Serrat Sinfónico. Sociable, este premio extraordinario en su carrera, sabe dejarse querer por su público, un público que se identifica con este arte como es el decir mucho en muy pocas palabras; ese bien escaso de hoy en día como es la capacidad de comunicación. Solo así se gana en complicidad. "Algo" que algunos tienen totalmente en desuso: la apertura al diálogo, la empatía y la comunicación. Porque os puedo asegurar que experimentar uno de sus conciertos es vestirse de jovialidad, de optimismo, de ironía y de humor. Verlo es como reflejarte en el espejo. Como en un espejo de canción protesta, de discurso colectivo, de desconcierto social o de autobiografía íntima... muy íntima... Al fin y al cabo, un verdadero vicio. Salud. Y amén.
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