Concierto en el Teatre Grec de Barcelona
7 de julio de 2005

Texto de Francesc Gómez Abaya (Barcelona)




PERO PRENDIÓ EL AZAR...


semáforos carmín
detuvo el autobús
y el aguacero hasta
que me miraste tú.

   Siguió siendo caprichoso el azar y además de llover, Londres aún humeaba por los hechos de la mañana, de ahí el minuto de silencio contra la intolerancia, que es de todos los puntos negros con los que convivimos, el que menos soporta Joan Manuel.

   "La lluna", que no estaba sino unas nubes rojizas, que entonces sólo amenazaban, y el primer grito de una argentina, "— ¡Eres único...!", "— Usted también..." ¿Por qué siempre hay una argentina que le mete un piropazo al principio de un concierto? ¿Será siempre la misma? Alguien me dice que una española nunca haría eso, que aquí esos requiebros son patrimonio masculino, y que no sería el caso...

   La voz del Nano, a veces parecía algo así como matutina y da la impresión que está pagando ya algún tributo por lo avanzado de la gira, pero su entusiasmo puede con todo.

   — Parece que cuanto más llueva, cante con más poder.

   Pues sí, a uno le da por pensar que saliendo de lo que sale Serrat, no se va a amedrentar ahora con un chaparrón, por el que ya han colocado a Miralles, a su piano de cola mejor dicho, bajo palio.

   — "Sabía que este tío era bueno... pero para cubrirlo como al Papa..." bromeaba Joan Manuel.

   “Señora”, qué montón de años y parece que fue ayer, cuando ví estrenarla con el aquel de terciopelo color burdeos, el taburete de Bocaccio y en el Tívoli, y me acuerdo que aquel día aún alguien le pegó un grito para que no cantara tanto en catalán. Parece que fue ayer, pero para algunos parece que no haya sido nunca, porque ese tipo de recuerdos si no se han vivido son imposibles de transmitir.

   "Ese ladrón que os desvalija de su amor soy yo, señora...", pues ahí nos contaba en un monólogo lo de los soñadores de pelo largo que a veces poblaban los pasillos de su casa, y arrasaban con sus berberechos, su jamón y ...sus hijas, y en los que descubría una chispa luminosa en sus miradas, la misma que el veía al mirarse al espejo hace ya mucho tiempo.

   “De mica en mica”, “Es caprichoso...” ahí mirando alrededor ya ibas descubriendo rostros con lágrimas furtivas y algún pucherito inevitable, los kleenex ya empezaban a pasar de mano en mano y las miradas de complicidad, esas que se cruzan como diciéndose "— Anda tú también lloras..." ya iban convirtiendo El Grec en un microcosmos de sensaciones, de intimidad, de desear que siguiera, que no terminara nunca.

   “Disculpe el señor” pero alguna vez hemos de recordar que estamos a las duras y a las maduras y que además de sentir cosas muy dulces también vivimos la realidad y que eso no se le debe olvidar a nadie.

   Llovía muy fuerte hacia el final, pero nadie se fue. — "En el fútbol la gente no aguanta tanto y se esconde..." pero daba igual mojarse, esa noche no estábamos asistiendo a un concierto más porque hacía muchos años que Joan Manuel quería tocar otra vez el sólo con su guitarra y un piano como si estuviera en su casa una tarde de un domingo y unos amigos estuviéramos ahí de visita, con Miralles que es como un amigo de la familia de siempre.

   “La saeta”, cosas de Salvat que parecen cada vez más frecuentes en directo, “Fa vint anys, que fa vint anys...”, “Helena” más fresca que nunca y cómo no, la canción que casi se ha convertido en la nana que nos envía al país de Nunca Jamás con cada despedida, pero ayer con la lluvia, las velitas para “Paraules d'amor” tenían que ser menos, pero el coro, ese estaba ahí, como siempre...

   — "No voy a olvidar esta noche en toda mi vida..." oí a otra argentina en la calle, ya bajando la cuesta de la montaña mágica. ¿Volvería a ser la misma del principio?


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