Concierto en el Teatre Grec de Barcelona
9 de julio de 2005

Texto de Carlos Hidalgo (Madrid)




MIRADAS DE ADOQUÍN


   Era la tercera de las cuatro noches que Serrat se presentaba en el Grec barcelonés durante esta gira, después de más de 20 años de ausencia. El ambiente era especial, incluso, desde antes de entrar al teatro propiamente dicho. Media hora antes de que arrancara el recital, nos recibían en el jardín del recinto con una copa de Martini y al son de una agrupación de jazz. El público también tenía que "entonar" antes de la orgía de sensaciones que poco después habría de protagonizar.

   Las butacas, hasta los topes cuando, puntualmente, salió el Nano al escenario, acompañado de Miralles y envuelto en un resonar de aplausos. Jugaba en casa. Y se notaba. Era la séptima vez que asistía a un concierto de Serrat, y la segunda que lo hacía a uno de la gira 100 X 100, después del "inesperado" en el campus madrileño de la Complutense. Para mí era un momento muy especial por dos cosas: por un lado, porque hacía mucho tiempo que tenía la ilusión de verle cantar en Barcelona (siempre lo había hecho en Madrid y Sevilla); por otro, porque, más o menos, conocía el repertorio tan insólito que iba a hacer esa noche. Pero, casi al final, hubo una sorpresa con nombre de mujer.

   La velada arrancó con “La lluna”, una canción que he de reconocer que no se encuentra entre mis predilectas. Me gustó más cuando abrió en Madrid con "Cançó de bressol", y estoy deseando escucharle la desgarradora "Menos tu vientre". Como ya imaginábamos, dio trato preferente al repertorio catalán, lo cual fue muy celebrado incluso por quienes no somos de esas tierras. De los 23 temas de la noche, 13 los hizo en esa lengua. El primer vuelco del corazón me llegó con “Es quan dormo que hi veig clar”. Yo bromeaba diciendo que parecía que el repertorio de la noche lo había elegido yo, porque sonaron mis tres canciones favoritas en catalán. El hermosísimo poema surrealista sonó de maravilla, respetando los magistrales arreglos de Bardagí (el mejor arreglista que, para mi gusto, ha tenido Serrat), que elevan a la canción a una pequeña obra de arte en poco más de dos minutos de duración.

   He de reconocer que se me humedecieron los ojos en el momento en que Joan Manuel entonó "En aquell petit café…". Llegaba mi canción en catalán favorita, y creo que la de mucha gente más, porque gran parte del público dejó escapar en ese mismo momento una exclamación de satisfacción. “De mica en mica” es una canción de la que, a mi manera, me siento un poco protagonista, por lo que el corazón se me ató en la boca del estómago, aun sabiendo de antemano que iba a interpretarla.

   Otro de los temas que más celebré fue “Res no es mesquí”. Curiosamente, esa misma mañana, paseando por el puerto de Barcelona, me topé con la estatua a Salvat-Pappasseit que jalona el paseo. La cantó con mucha intensidad, como todo su repertorio catalán. Quiero resaltar con ello una cosa que me llamó mucho la atención: las interpretaciones menos lucidas del Nano se correspondieron a canciones en español. Me refiero, concretamente, a “Señora”, una canción que, aunque dijera que hacía 25 años que no cantaba, hemos de recordar que la incluyó en los repertorios de "A vuelo de pájaro" y "El gusto es nuestro". Creo que volver a recuperarla, al menos, de la manera en que lo está haciendo en esta gira, no es lo más adecuado. Hay temas en ese disco, como "Los debutantes", que le sentarían mejor en esta etapa profesional.

   Durante la primera parte del recital apareció la que creo que debe de ser la canción predilecta de Serrat, “Me´n vaig a peu”, en la que tuvo un pequeño percance con la guitarra y hubo de comenzarla de nuevo nada más empezar. Cuando el público comenzó a oír la característica melodía que introduce la canción, arrancó en aplausos incluso antes de que el catalán comenzara a cantarla.

   Durante el intermedio, Miralles (estuvo espléndido en su faceta de pianista, mucho mejor que la de arreglista) interpretó dos piezas instrumentales: “Els vells amants” y otra que ya había cantado Serrat unos minutos antes, “Com ho fa el vent”.

   Ya en la segunda mitad llegó la maravillosa “Cançó de matinada”, “Mala mar”, “Sería fantastic” y otra que casi nunca falta: “Pare”. También hay que destacar la interpretación que está haciendo durante esta gira de “Romance de Curro el Palmo”, una canción en la que Serrat hace un derroche de voz impresionante. Sencillamente, la borda.

   Tras el falso final (“Hoy puede ser un gran día”), llegó (Paco, si no has estado allí, de verdad que lo siento) el momento de los bises: al volver a salir al escenario, el público empezó a pedirles canciones. Serrat, en un gesto cómico, hacía como que las apuntaba en la mano. Las peticiones eran de todo tipo, pero el cantautor se acercó al piano y le pidió a Miralles: “Helena”. Y sí, apareció la chica más buscada de los últimos 30 años. Os confieso que llegué a verla sobre el escenario. Es rubia, pero tiene la tez morena. Y huele a mar. Sí, hasta el empedrado del teatro levantó la vista para bucear entre su falda. Os lo aseguro. Pero tan pronto como sonó la última nota del piano, desapareció. Quién sabe hasta cuándo.

   Serrat quiso cerrar con “La saeta”, pero no le dejaron. No podía irse sin recordar el amor adolescente de “Paraules d'amor”, a la luz de los mecheros y acompañado por la voz del público. Sin embargo, y cuando ya se había marchado alguna gente del teatro, volvió a salir a las tablas y, esta vez sí, cerró con “Aquellas pequeñas cosas”.

   El repertorio de la noche lo completaron “Mediterráneo”, “Esos locos bajitos”, “Fa 20 anys que dic que fa 20 anys que tinc 20 anys”, “Disculpe el señor”, “Es caprichoso el azar” y “Cantares”.


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