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Concierto en el Parque de Almansa de San Javier (Murcia) 11 de Agosto de 2005
Texto de Antonio Marín Albalate (Cartagena - Murcia)
POR CELESTIALES
Como en el Teatre Grec de Barcelona pero a la inversa y más que a la inversa quiero decir con el sólo regalo de la “La cançó del lladre” pasó Serrat por San Javier envuelto en el vuelo permanente de su voz poniendo puntual y precisa el hondo y cálido acento que le caracteriza en cada canción que iba desgranando bajo el peso de lo alado que viene a ser la música de un piano -su marfil- cuando muestran su magisterio los dedos del maestro Miralles. Ricard Miralles Grande entre Grandes.
De Joan Manuel Serrat esa noche lo que ya se sabe y se celebra. “Mediterráneo”, “Cantares”, “Es caprichoso el azar”, “Romance de Curro el Palmo”, “Fiesta”, “Hoy puede ser un gran día” o “Tu nombre me sabe a yerba” -¿qué importan el orden y el número de canciones?- fueron algunas de las que como siempre prepara y dispone para hacer inolvidable cualquier noche de nuestra existencia cuando decidimos compartirla con él.
Y en momento determinado del concierto el recuerdo emocionado para el albañil Viñols que tenía que estar hoy aquí -dijo y que desaparecía el lunes de esa misma semana. El albañil Viñols al que la familia Serrat recuerda con cariño. De la misma manera que en San Pedro del Pinatar -pueblo vecino de San Javier- moría el miércoles -un día antes del recital- otro obrero de la construcción por un golpe de calor. Otro albañil que probablemente hubiera podido estar esa noche allí con todos nosotros.
Serrat y los obreros. Serrat obrero. Serrat y el pueblo del que nunca ha dejado de sentirse parte.
Luego vendrían el bis de “Lucía” o el de “La saeta”. Y algunos más que 2000 personas pedían con insistencia.
Otra cosa es Carmen Manzano -una de las más jóvenes y fervientes seguidoras de Serrat- queriendo darle su fruto del árbol. Carmen con su rubia belleza tratando imposible de alcanzar la voz de Joan que ya se cambiaba en el camerino.
Y otra cosa también es Paniagua Manzano Ángel el poeta y amigo que tuvo el privilegio de compartir conmigo los entresijos del antes y el después gracias a la tolerancia de Berry. José Navarro Berry -que merece un capítulo aparte- alguien difícil de olvidar alguien que va más allá de lo que viene a ser un manager al uso.
Gracias Berry por todo siempre. Gracias por avisar y perdón por el involuntario abuso.
Y gracias -siempre gracias- a la vida violeta parra por la uvas y el vino que supone el milagro Perinet de Joan Manuel Serrat.
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