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Concierto en el Teatro Pemán de Cádiz 17 de Agosto de 2005
Texto de Toñy Soto O'fferrall (Cádiz)
CRÓNICA DEL CONCIERTO MAS ESPERADO
Eran las 10,30 y no veíamos desde el cielo de Cádiz, en ésta noche mágica, ni una sola estrella, cuando habitualmente se suelen ver muchas, sobre todo desde el incomparable marco en el que está situado el Teatro Pemán, pero a mi parecer, era muy lógico, en ésta noche de verano solo había sitio para una: "Él".
Y apareció en el escenario, él solo, sin luces, ni músicos, nada que le acompañara, pantalón vaquero y camisa blanca, puede parecer absurdo, pero el teatro se iluminó y el aplauso que recibió fue muy caluroso, con el le dijimos que nos alegrábamos que estuviera de vuelta y que dispusiera de dos horas para entregarnos un manojo de canciones, las de siempre, pero con el piano de Ricard Miralles y su guitarra. No hizo falta más.
He asistido a muchos conciertos del maestro, pero éste era especial. Más cercano que nunca, comenzó con un poema de Miguel Hernández, “Menos tu vientre”, espléndido comienzo, a ésta le siguió su “Mediterráneo”, ésta vez su guitarra y el piano de Miralles le dieron un sabor de antaño, lleno de recuerdos para casi todos los que estábamos allí, de años pasados. “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, sublime.
Y ésta vez, nos sorprendió con “Señora”, nos explicó porque dejó de cantarla en los conciertos y también el porqué la había recuperado. “Una de Piratas”, cómo prologo la historia de su niñez, rodeado de libros y cuentos, genial, como siempre.
“Tu nombre me sabe a hierba”, “Hoy puede ser un gran día”, su “Penélope” de siempre, fabulosa, “Me gusta todo de ti”, “Disculpe el señor”, con su habitual sentido del humor, “Cançó del Lladre”, nos explicó la historia del ladrón, haciendo mención especial, a que éste era un ladrón de los de antes, sonó dulce, como todas sus canciones interpretadas en catalán. “Es caprichoso el azar”, “Esos locos bajitos” y “Romance de Curro el Palmo”, que la cantó sentado, junto a la mesita en la que había una botella de cava y dos copas, con las que Ricard Miralles y él habían brindado por nosotros y por su vuelta.
Cuando sonaron los acordes de “Fiesta”, creo que el teatro entero pensó: "Se acabó", pero no, continuó ofreciéndonos lo mejor de él, “Aquellas pequeñas cosas”.
Aceptó con humildad, todos los piropos que le brindamos, todos merecidos, y los interminables aplausos.
Pero aún antes de marchar nos ofreció una "joya", como yo nunca se la había escuchado, fue el momento mas mágico de la noche, creo que con la interpretación de “La Saeta” nos dijo que seguía estando ahí, pero para nosotros, durante todo el concierto, lo había demostrado con creces.
Gracias Joan Manuel, por ser como eres, por componer como lo haces, por entender la vida como la entiendes, con sencillez, por estar esa noche tan cercano y por ofrecernos un concierto sublime.
Vuelve pronto.
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