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Concierto en el Instituto María Enríquez de Gandía 30 de Septiembre de 2005
Texto de Vicente Parreño (Sagunto - Valencia)
SERRAT... DE CERCA
El patio del Instituto María Enríquez de Gandia creaba un ambiente inédito, pero muy cálido. La noche acompañaba y Serrat comenzaba acercándonos “La Lluna”. Para muchos era como tocarla. Siempre habían soñado con este momento: Serrat en directo... y de cerca. Un regalo para el alma que no olvidaran personas como Rosetta, que cumplía por fin su sueño y recordará siempre quien le ayudo a hacerlo posible, ni Cristina y Armando con su hijo, ni Laura que no se olvidaba de Uruguay. Cuánto agradecimiento de todos.
Primeras filas sin ningún protocolo, con personas que guardaban su entrada para el recuerdo, algunos incluso se sentaban en la complicidad del suelo. Lo espontáneo elevado a la categoría de extraordinario. Valía la pena escuchar al Maestro de cerca. Él continuaba al lado del “Mediterráneo”, para que todos nos fuésemos pensando en volver sobre lo que de verdad se añora y se quiere.
Serrrat nos fue comentando el paso del tiempo y de la vida como algo natural, sobre todo cuando nos miramos, de cerca, en el espejo de “Esos locos bajitos”, para seguir siendo parte de la historia, aunque no podamos impedir que cambie la fotografía, como explicaba en “Señora” o en “Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys”. Nos emocionábamos con “Me´n vaig a peu”, “De mica en mica” y con “Penélope”.
Tanto tiempo esperándote pensábamos cuando él entonaba “Es caprichoso el azar”, y en ese instante queríamos parar el tiempo. Porqué como él decía en “Seria fantàstic”, que pudieramos estar en todas partes tan cerca, como en casa.
Después Serrat nos contaba la actualidad, pero con un enfoque diferente, más cercano, más humano, y nos hablaba de los que no tienen papeles de pobre; “Disculpe el señor” pero es que no tienen nada de nada, es que no tienen nada que perder. Por eso vienen todos hacia aqui. Ayudarles a mejorar no es ponerles alambradas más altas sólo por no haber nacido en la latitud de la abundancia, sino tratar de ayudarles de cerca para sacarlos de la latitud de la miseria.
Ricard Miralles nos ofrecía el acompañamiento único del piano... “Com ho fa el vent”. Y Serrat recordaba “Cançó de matinada” y el siempre difícil camino de la vida en “Cantares”. La lucha siempre es necesaria para mirar y ver al amor de cerca. Este es el secreto por el cual “Hoy puede ser un gran día”, aprovecharlo depende de ti. Aunque a veces, como en “Helena”, cuesta dar el paso para vernos de cerca a nosotros mismos.
Se acercaba el final con la tristeza de “Curro el Palmo” y de “Pare”, y con la alegría de “Fiesta” como sucede en la dualidad de la vida. Bises entonando “Paraules d´amor”. Todos se levantaban y querían acercarse al escenario para ver a Serrat. Gandía y La Safor pedía: "una cançoneta més i mon anem". Y allí estaba “Lucía”, como Serrat... de cerca, a mi lado. GRACIAS.
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