|
|
Concierto en el Court Central de Tenis de Santiago de Chile 12 de Noviembre de 2005
Texto de Roberto Orellana (Santiago)
COMPARTIENDO SUS CANCIONES… Y UN VINITO
Quien ha tenido el privilegio de escuchar a Serrat en vivo, además de sus canciones ha disfrutado de sus historias, su irónico humor y la cálida intimidad que establece con el público. Los que llevamos un buen tiempo asistiendo a sus conciertos (para mí ya son 15 años) sabemos que sus recitales no se presencian, sino que se comparten. Por eso, cuando leí que en esta nueva gira “Serrat propone un recital que busca la conexión con el público” pensé: “esto será bueno, ahora vamos a sentarnos con él en el escenario”. No imaginaba como lograría “más conexión” con el público, hasta que escuché sus canciones sólo con su guitarra y el piano de Ricard Miralles. Ya nos habíamos maravillado con el trabajo de “desnudar las canciones y volverlas a vestir con el ropaje sinfónico”, pero ahora las disfrutamos sin ningún ropaje.
Así comenzamos con los hermosos versos de Miguel Hernández “Menos tu vientre”, para continuar con un “Mediterráneo” que interpretada de cualquier forma siempre es soberbia, antológica. Como ya es habitual, Serrat siempre agradece por invitarlo a “nuestra fiesta, a nuestra casa” para luego interpretarnos “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, con la inconfundible poesía de Mario Benedetti. “Tu nombre me sabe a hierba” acompañada del incontenible coro del público precede a “Esos locos bajitos”, y luego la sorpresa con “Señora”. Aquí nos detenemos a escuchar la primera anécdota de la noche, en la que Serrat nos cuenta que dejó de interpretar esta canción hace muchos años, cuando dejó de sentirse protagonista de la historia que relata. Pero ahora, cuando por su casa han empezado a rondar unos cabizbajos y aterrados “soñadores de pelo largo que sólo les han dado un soplo de Cupido” a sus propias hijas, ha encontrado una buena justificación para volver a cantarla. Y el público estalla en carcajadas.
Ahora escuchamos la desgarradora “Por dignidad”, y luego “Me gusta todo de ti (pero tú no)”, donde percibo algo que retrata la grandeza de la humildad de Serrat, porque siento que esta versión tomó la fuerza y energía de la interpretación con que Pío Leyva homenajea al catalán, junto a muchos otros artistas, en aquella extraordinaria placa doble titulada “Cuba le canta a Serrat”. “Cantares” es la canción que continúa, pero como casi siempre, es más bien el público quien le canta a Serrat.
Antes de continuar con “La cançó del lladre”, tema popular catalán, nos introduce en el relato ironizando con la desvergonzada actitud con que muestran su enorme sonrisa los ladrones contemporáneos por los diarios, afiches y televisión, en contraste con aquellos del siglo 19 que escondían su cara detrás de un pañuelo. Es imposible no advertir la irónica y socarrona sonrisa con que hace referencia a Pinochet y sus millonarias cuentas en el Banco Riggs. Después nos regocija con “Penélope” para luego retirarse y dejarnos escuchar un soberbio solo de piano y la melodía de “Sinceramente tuyo”, finalizada con algunos acordes de “Vagabundear”. De regreso al escenario, Serrat comparte algo de su estrecha historia común con Ricard Miralles, al que conoció a través del maestro común, Tete Montoliu, aquel “visionario” pianista ciego que en 1996 lo homenajeara con el disco “Tete Montoliu interpreta a Serrat”. Después de esta apología al pianista que lo acompaña en el escenario, lo abraza y lo besa sin dejar de aclarar que sólo lo hace porque es mejor que subirle el sueldo.
“Es caprichoso el azar”, la hermosa canción de “Versos en la boca” que en las tres ocasiones que he escuchado en vivo siempre me ha parecido que falta la compañía femenina local para interpretar la parte de Noa de la versión original. “Disculpe el señor”, otro de mis temas favoritos, me recuerda con sus gesticulaciones aquella gira de “Nadie es perfecto” en 1994 en la que, justo antes de interpretar este tema, Serrat desaparece del escenario para volver vestido de mayordomo. Y, al igual que en aquel emocionante reencuentro con el público chileno de 1990, Serrat nos relata la hermosa historia que inspira su canción “Una de piratas”, cuando buscaba en la “biblioteca” de su hogar aquellos libros que narraban las historias de Drake, Morgan o Raley. “Muñeca rusa” da paso a “Romance de Curro el Palmo”, y luego “No hago otra cosa que pensar en ti”, canción que, como tantos enamorados, mi gran amigo Felipe —más fanático que yo— dedicó en la adolescencia a su novia Fernanda, truco que le valió conseguir que años más tarde ella le diera el sí en el altar.
La efusividad de “Hoy puede ser un gran día”, con el estilo de interpretación que dejó la gira “El gusto es nuestro” junto a Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos contrasta con la inefable “Aquellas pequeñas cosas”, más gigante que pequeña. Y como ya sabemos, con la alegre melodía e intenso ritmo de “vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la... “Fiesta” tenemos que ponernos de pie para ovacionar los últimos temas de nuestro anfitrión, la hermosa versión de “El cigarrito” de Víctor Jara y “Lucía” con que cierra el cuarto bis de la noche.
Durante poco más de dos horas nos hemos regocijado escuchando y cantando muchas de las canciones que nos han acompañado toda la vida y que cada vez que asistimos a un concierto de Joan Manuel Serrat sabemos que no las vamos a escuchar sino a compartir. Y en esta oportunidad especial para mi, en la que pude compartir la pasión que tenemos por el vino, regalándole antes que desapareciera del escenario un gran Cabernet Sauvignon y que, con mucho orgullo puedo decir que es algo de lo mejor que tiene esta tierra. Imagino que Serrat afirmará lo mismo de su Perinet, producción de sus propios viñedos del sur de Barcelona y que según leí, dicen que está extraordinario. Espero tener pronto la oportunidad de probarlo, lo mismo que aguardo con especial impaciencia la canción que prometió dedicarle al vino.
|