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Concierto en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires 16 de Noviembre de 2005
Texto de Cristina Negri (Buenos Aires)
ESA ETERNA COMPLICIDAD
Primero, el encuentro con los amigos del foro en la entrada del teatro. Con ansiedad, llamo por celular a Claudia, que está a tres metros de distancia y no la veo, luego va cayendo el resto. Ya adentro del teatro, estoy sola, en mi preciado asiento de fila dos al centro, justo frente al micrófono. En los momentos previos al comienzo del recital, que se hacen larguísimos, charlo con mi vecina de asiento, que está con la hija (muchas madres con sus hijas), y saludo a los compañeros: Nico, Marcela, Ana, Loli, Mirthi, la otra
Claudia, Silvia, Gladys. El foro de Paco, presente.
Se apagan las luces, y en el instante en que aparece Joan Manuel en el escenario, el terremoto de emoción que sacude al teatro, con epicentro en el corazón de cada uno, es impresionante. Desborda todo lo imaginable y por un instante el público, nosotros, somos los protagonistas. Que quede claro que no sólo asistimos a un recital, sino que venimos a festejar juntos la vida.
El Nano sale al escenario como quien no quiere la cosa, listo para enfundarse su guitarra y comenzar. Y parece que lo sorprende la ovación. Bueno, es un decir, porque estamos hablando de Serrat, hombre, pero esta vez... pareciera llegar dispuesto a cantar enseguida y que no lo dejan, no lo dejamos, y entonces se resigna, (yo estoy aplaudiendo de pie, por supuesto, junto con muchos otros) y con humildad, con una profunda reverencia, agradece el aplauso. Cosa que no hace más que aumentar la ovación y el derroche de amor colectivo.
Comienza con “Menos tu vientre”, solito con su guitarra. Y si no fuera el Nano, yo diría que está nervioso. Porque pareciera que duda, que se va a olvidar la letra, que no le va a salir la voz, ni las notas. Siento que el deseo de protegerlo debe abrumar a casi todo el teatro. Pero por suerte, luego de la primera canción toma confianza y se muestra a sus anchas. Llega
Miralles, recibido con grandes aplausos, y sigue con “Mediterráneo”, ya más cómodo y suelto. Los "¡Bravo!" no se hacen esperar, y él parece regocijarse con cada uno. Y su mirada busca a Miralles, como diciendo: "¿Viste? Les gustamos". Aclaro que estoy muy cerca y veo en detalle cada gesto y cada guiño, es un lujo.
Este formato de "entrecasa", "despojado", como lo ha definido, le queda bien y resalta sus dotes histriónicas, que no sabía eran tantas. Hace reír al público, cuenta historias, anécdotas, hace bromas con un irónico y punzante sentido del humor, nos hace reír a carcajadas. Brinda con champagne. Hasta se hace el payaso con Miralles, cuenta su historia con él y avisa que le va a dar un gran abrazo, porque es mejor que aumentarle el sueldo. Y luego va hacia el piano y se desploma casi delante de su amigo. En fin, que si no
canta, es igual, es hermoso estar ahí y disfrutarlo.
Pero por suerte, además, canta, y nos va dejando las joyas de sus canciones como regalos. Es imposible no emocionarse ante cada canción y pensar: qué gigante este hombre.
Ya de sobra sabemos las canciones que componen el repertorio de la Gira 100 x 100, no voy a detallarlas todas. Sólo que, por ir a una, “Romance de Curro el Palmo” es una maravilla. Y que me gusta muchísimo como canta “Señora”, y su jocosa narración de por qué ha dejado de cantarla, por sentir que ya no puede representar más al "personaje", que ya no da el "physique du rôle". Sus comentarios son de un sentido del humor del mejor y más fino del mundo, pero no sólo por el contenido, sino y sobre todo, por la forma.
“Una mujer desnuda y en lo oscuro”, “Es caprichoso el azar”, “La canción del ladrón” (en catalán), “Muñeca rusa”, “"Esos locos bajitos”, “Una de piratas”, entre mis preferidas. Le tiran cartas al escenario y él, con una elegancia y una delicadeza infinitas, se inclina a levantarlas, y se las lleva abrazadas, para delicia de las autoras de las mismas, junto con las flores que le han regalado, cuando ya comienza a despedirse. Pero no lo deja el público, claro que no. Exigimos que vuelva, esta separación es dolorosa, qué tanto. Y así, varios bises. Uno de ellos incluye un homenaje a Atahualpa Yupanqui: “Vendedor de yuyos”, dedicado a Daniel Rabinovich (de Les Luthiers) que está en la platea. También está Víctor Heredia. Y siguen los bises. Hasta el final con la hermosísima “Lucía”.
Pero todo esto que cuento, finalmente, es anecdótico. Lo imposible de contar es la vibrante e infinita emoción. La intimidad que logra con 3.000 personas al mismo tiempo, quienes estoy segura han sentido que Serrat le ha cantado a cada uno de ellos en particular. Y es el mérito de un artista que no sólo tiene un arte musical y poético excelso, sino que sabe transmitir, entre otras cosas, un amor inmenso. Es imposible contar la complicidad, la comunión, como todas las veces anteriores por supuesto, pero con algo distinto. Es como si esta vez, por uno de esos milagros que hasta el más racional añora, el tiempo nos engañase y dejara de correr y entonces, este
momento con el Nano, esta vez fuera a ser para siempre.
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