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Concierto en el Teatro Bustelo de Mendoza 23 de Noviembre de 2005
Texto de Eduardo José Hernández (Mendoza)
UNA ANSIEDAD SATISFECHA
Con profunda ansiedad… ya desde la tarde de este miércoles 23 de noviembre. Aquí en Mendoza la tierra del buen sol y del buen vino. Volvía la vida. Volvía el reencuentro con uno mismo y la historia sentimental de pasiones y afectos. De satisfacciones… de llantos y alegrías… de tremendas emociones ligada a los amores entonados en las hermosas canciones incrustadas en la piel hasta los huesos.
Era el regreso tan esperado del maestro, del que vengo siguiendo y acompañando desde hace 37 años. El maestro que acompañó los grandes momentos de mi vida en este país tan complejo y accidentado. El que nos acompañó en lo político, en lo social, en el paso individual de los años. Juntos luchando contra las tremendas injusticias, cantándole a todo lo que nos rodea… al amor, al agua, a los hijos. A los viejos y al dolor. Al gran día… a los amigos… a la luna… a la fiesta y al mar. A Lucía y a Helena. A la princesa y a la tía. A las disculpas del Señor y la Señora.
Al azar… a los piratas y al en ti pensar. Al vientre…. A la mujer desnuda y al nombre que sabe a hierbas. En fin a todas las pequeñas y grandes cosas. Aquel que con su canto fue capaz de cambiar nuestros ánimos vapuleados por las crueles circunstancias que vivimos. El que sacó de la galera el aliento que nos levantó en más de una caída.
El que me regaló el mejor sonido y los mejores versos al momento de conquistar.
El que movilizó nuestra conciencia y corazones para plantearnos que en la vida podemos ser mejores y enfrentar la adversidad más allá de lo que nos toque. El que más predicó el respeto y la generosidad.
Así, así esperaba al maestro en este nuevo auditorio (no de lo mejor para la ocasión). Evidentemente su presencia es mucho más que las canciones, era el reencuentro con todo eso y mucho más. El mucho más… es la vibración espiritual indescriptible, es la sintonía del alma en un mismo espacio y tiempo…transportado al unísono por canciones incrustadas. Es la gratitud del sentir simultaneo. Es el aquí y ahora con el maestro en la misma experiencia existencial.
No quiero contar aquí la cronología de la "película"… sólo lo general y algunas apreciaciones, dejando que cada uno descubra su sensibilidad y sea sorprendido. Es verdad que las canciones fueron desnudadas y vueltas a vestir. Con una mayor humildad sonora que invitan a estar muy atentos… a extremar la percepción de los sentidos. Difícil para algunas canciones. Todas con un ritmo que nos metía lentamente en un ambiente agradable de tranquilidad y paz, sin estridencias.
En esa intimidad brillantemente lograda y favorecida por el genial Ricard Miralles, apareció con más fuerza la poesía y el valor de la genialidad de sus versos. Así nos acarició el alma durante dos horas con 25 canciones y espectaculares relatos.
Sus mejores canciones interpretadas fueron “Romance de Curro el Palmo” y “La saeta” que fue la última canción después de hacerlo regresar 3 veces al escenario, fue sorprendente la calidad de interpretación muy a pesar de lo que uno pudo llegar a suponer dado lo difícil que es cantarla y más después de 2 horas de escenario.
Será como siempre una noche inolvidable… un regalo de la vida… con un agregado de especial significado para mi, que fue llevar con mi esposa por primera vez a mi primer hijo Claudio (20 años), quien entendió el por qué desde que nació, se escucha en casa esta bendita música y su poética voz.
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