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Concierto en el Velódromo Municipal de Montevideo 7 de Diciembre de 2005
Texto de Juan Insúa (Montevideo)
LAS HUELLAS DEL SEMBRADOR
Nos cuenta una antiquísima leyenda que un humilde campesino, abría el surco y luego derramaba las semillas, esenciales para la subsistencia de su familia. Pero a medida que avanzaba una fila de pajaros se robaban el fruto de su trabajo. El tiempo me ha borrado de la memoria, el desarrollo de este cuento, pero sé que al final, de alguna manera, las semillas volvían a la tierra para completar ese maravilloso ciclo de continuidad de la naturaleza. Pues bien, en este caso en lugar de semillas tenemos canciones. Que al igual que las semillas, se hunden en nuestros corazones, para echar raíces y crecer con nosotros, en ese hermoso ciclo de continuidad de que esta constituida la vida.
Perdonen el prologo, pero no puedo quitarme de la mente la imagen del sembrador, del sembrador de canciones y cómo esas canciones nos habitan y se tornan en recuerdos, en sentimientos, en tantas cosas que nos evocan, en la infancia y en la madurez, en lo cotidiano y en lo sublime, en lo afortunado y en lo doloroso, en fin son ya 35 años de canciones, de aplausos, de reencuentro.
Despues del Solís, un escenario distinto, opuesto diria yo, abierto, y en la noche cómplice el olor a mar, a Él que tanto nos ha hablado del mar. Ese mar que compartimos con los hermanos argentinos, con quienes competimos a veces, en el afecto a este hijo pródigo.
Y aparece Serrat, y cuando nombramos los uruguayos a Serrat, tambien mencionamos a Galeano, a Benedetti, a Viglietti, y por qué no, nos convocamos, nos reconocemos, porque DETRAS ESTA LA GENTE, esa multitud fiel como el gato de la Tieta, calvos y barrigones,de cuarenta y sesenta y tantos, pero ojo, también los adolescentes, los veinteañeros, que uno cree más proclives al ritmo contagioso del rock, que quizás algun sesudo psicólogo de masas nos pueda explicar su presencia allí.
El repertorio. Comienza rasgando la guitarra a solas con “Menos tu vientre”, un homenaje a la mujer siempre presente en cu cancionero, y a la vez un tema grave, profundo como todos los de Miguel Hernández. Luego el piano de Ricard Miralles y se suelta toda la magia, “Mediterráneo” y otras. Y me detengo a pensar que un tiempo atrás, a uno que es seguidor constante le preguntaban por las clásicas de Serrat, tenía a mano diez o doce, pero hoy las nuevas se estan volviendo clásicas también, y ni que hablar de “Romance de Curro el Palmo, Una de Piratas”, y “Esos locos bajitos”, en donde en cuatro versos describe como nadie la neurosis de los padres en la época actual. En Romance de Curro, hay una hondura pareja en el texto y la musicalidad, que la convierte en excepcional.
Se ausentó en tres canciones, “Disculpe el señor”, “Me gusta todo de ti”, y “No hago otra cosa que pensar en ti”, porque con oficio nos soltó a su alter ego, el desenfadado, bohemio y cachafaz de Tarrés, quien le dio pulso y tono a esas canciones. Serrat en tanto disfrutaba detras del decorado las ocurrencias de su duende.
Y siguen, más canciones, más semillas, más conejos de la galera: “Señora”, “Cantares”, “Penélope” (que contiene el milagro de que el banco de pino siga siendo verde apesar de los años).
Quizas este confundido, ya que no soy un crítico musical, tengo la sensacion de que Serrat y Miralles, han sido definitivamente influidos por la música de estas regiones. Si bien hay elementos de la jota, presente en "Romance de Curro", o de la rumba catalana, también parecen sonar el son, el bolero, la galara, etc., todo muy sutilmente, y no estoy hablando de fusión, sino de arreglos instrumentales.
Dijo alguna vez Antonio Muñoz Molina (que mucho sabe del tema): "...una buena canción requiere una forma breve en la que ha de caber comprimida la complejidad de un relato y la inmediatez de un estado de ánimo, y también el talento de intuir la naturaleza del tiempo en que uno vive, la de expresarlo y atraparlo en su fugacidad, como se fija un aroma en un frasco de perfume". Esta es la escencia de las canciones que disfrutamos anoche.
La pantalla gigante amplificada la imagen y cuando el Maestro atacó en solitario Sinceramente Tuyo y Vangabundear, mirando esas manos mágicas pensé: ¿de quien son?, ¿son las de Tete Montoliu o las de Miralles?. Porque el formidable guionista que fue Montoliu hizo una versión instrumental de las canciones de Serrat realmente insuperable. Y encima me vengo a enterar que fue este personaje entrañable quien presentó Miralles a Serrat.
En los bises: “Aquellas pequeñas cosas”, “Fiesta”, “Tarrés”, “La Saeta” y cumpliendo, porque es un hombre de palabra: “Lucía”. Siempre se la pido, pero en el fondo le hago chantaje porque menciono a mi hija que así se llama.
Para finalizar y mientras nos delizabamos a la salida, en medio de ese torrente humano compacto, multiétnico y multetario me quedó flotando una duda: ¿que somos?, ¿tordos o caracoles?
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