Concierto en el Auditorio Centro Cívico de Hermosillo, México
8 de Febrero de 2006

Texto de Ricardo León (Hermosillo, México)




...DE VEZ EN CUANDO LA VIDA


   ...mucho antes de disponerme a escribir estas líneas yo ya intuía lo vano y vanidoso que resultaría tratar de poner en palabras un suceso como este 100 x 100 que nos ocupa. Y digo vano y vanidoso porque cada uno ha obtenido sus propias intensidades, alegrías y añoranzas, de modo que poco pueden importar las mías propias ante las miles otras que ido dejando Juan Manuel tras su paso. Sólo me atreveré a decir que este concierto hay que andarlo de puntillas por no romper el hechizo, punto.

   Claro que el cuento que se despliega más allá de lo que la audiencia escucha y ve es otro cantar, aunque no de menos valía.

   Tras telones también se torea y elegantemente.

   Comandando el barco escénico tuvimos la firme ternura de Andrés Seco: es quien teje la red que le da seguridad a cada otro del resto; en él se confía y mucho, y con razón. Manuel Cervera da cuenta de que la comunicación entre voz e instrumentos fluya de manera que Juan y Ricard vayan de la mano y del corazón: los monitores esenciales. Óscar Gallardo pintó el aire de la escena y movió luces como con partitura a la memoria y acompañó los movimientos de Juan y Miralles con puntualidad y generosidad. Víctor Masián se echó a cuestas la consola de audio, y miren que hacerse cargo de la voz de Serrat y el piano de Ricard... Por sus manos y talento pasaron cada nota y palabra de esa noche. Javier Ramírez se la ha pasado apuntalando la situación con el jefe y no lo deja ni a sol ni a sombra para nuestro beneficio.

   Brindo por ellos, porque esta banda no es ni de catálogo ni de casualidad: Serrat sabe de qué gente se hace acompañar y no tiene mal tino, y ellos le dan la razón a cada paso y momento de esta gira. Si lo dudan, pregúntenle a Berry que exhibe -aunque alerta- su confianza en el personal.

   Da la casualidad de que me ha tocado verlos trabajar de muy cerca en Hermosillo y en León y eso me ha dejado tan enriquecido y renovado como el concierto mismo.

   Mi tocayo Miralles suena a Serrat, y Serrat suena a Miralles. ¿Qué más se puede decir de él, y de este par? Buena la hora en que se encontraron y reencontraron. No me imagino las cosas de otra manera. No sé quién se las pueda imaginar de otra manera.

   A plena luz del día de hoy, en que la amistad y la complicidad fraterna es rara y cara; hoy día en que la belleza y la nobleza no son objeto de atención; hoy, este 100 x 100 ha logrado enmudecer la estupidez y la banalidad a golpe de lo que, un día, Marx mencionó como el arte por venir de las ciudades: las canciones y la poesía. No se me escandalicen que, hablando de Serrat, podemos y debemos llamar las cosas por su nombre. El futuro tiene ya escritos nombres propios y el que no los sepa o recuerde no pasará ni de largo, y eso ya es mucho decir en un mundo donde todo pasa.

   Paco, mi hermano, gracias por poner al alcance de todos y cada uno un trocito de ese gran mapa del futuro que Serrat nos guiña. Te quiero de verdad.


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