Concierto en el Auditorio Centro Cívico de Hermosillo, México
8 de Febrero de 2006

Texto de Eugenio Briceno Salido (Hermosillo, México)




SERÍA FANTÁSTICO QUE NO ACABARA NUNCA…


   Desde que desperté el día hoy, 8 de febrero del 2006, sabía que el día que se venía venir sería algo especial y la verdad no me dije a mi mismo: "hoy puede ser un gran día", sino que me dije, "hoy será un gran día".

   Mi papel en tan engalanada noche era la de recibir a los inquietos asistentes que formaban grandes "tripas" y en los cuales se notaban miradas de expectación, de emoción, de euforia y de miles de sentimientos que solo en noches como esta se citan mutuamente.

   Me inquietaba hasta cansar el hecho de que por mi deber, no pudiera estar en el inicio, mientras recordaba aquel dicho que dice "tan cerca y tan lejos", pero tenía que esperar quince minutos más. En eso mi hora llegó, corrí a la entrada derecha de la sala, subí la escalinata que a manera de horizonte poco a poco me dejó ver las luces que se movían a la melodía de "esos locos bajitos", y entonces los dos maestros, Serrat y Miralles.

   Una y otra canción pasaba, una y otra historia nos contaba. Los aplausos jamás se agotaban, lo mismo pasaba con el silencio y los murmullos cantores de la gente que se sentía tocada por cada canción. Serrat nos contaba de sus aventuras con piratas, o del cuidado que los chicos deberían tener con sus hijas y hasta una larga historia dice que se inventó para tener el pretexto de tomarse una copa de champagne.

   Hizo de una noche para él, una noche para todos poniendo la vida en cada canción, mientras Miralles hacía música la fantasía misma. Me sentía en otro mundo, en un mundo de "utopía" tal vez, en el que era la música lo que lo hacía perfecto, y me decía también, "sería fantástico" que esto no acabara nunca.

   Viví por segunda vez lo que es Serrat. Sin duda alguna sobra decir más ya que ustedes probablemente también lo han vivido pero quise aprovechar para compartir en pocas palabras lo increíble que fue. Seguro me he quedado corto con estas letras, es imposible contar lo que sucede cuando Serrat se atreve a compartir su obra y encima de todo lo hace con Miralles, pero ustedes saben lo grande que es desde siempre, y para siempre…


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