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Concierto en el Teatro del Centro Cultural de Tijuana, México 11 de Febrero de 2006
Texto de Manuel F. Flores Arce (Tijuana, México)
GRACIAS, SERRAT
Sólo debo repetir lo ya dicho en anteriores ocasiones: Serrat es uno
de los genios de la literatura Española que aun vive. No es la
literatura rebuscada o erudita, de esa que nadie entiende y todos
dicen admirar. Es la literatura que describe la vida que da, quita,
hiere, sana, nace, muere, goza, llora.
En su concierto de anoche se
acompañó sólo de su guitarra y Ricard Mirelles, su pianista de toda
la vida. Pantalón de mezclilla, camisa blanca de algodón, zapatos
como unos cafés que yo tengo. Ni siquiera le untaron maquillaje y se
le notan ya los 62 años que trae detrás. Sin la parafernalia de los
conciertos lo único que lo soporta es su música y lo que dice en sus
canciones puede apreciarse letra por letra. Cuando larga la guitarra
y se sienta o se para por ahí a decir cosas, cosas ordinarias que a
cualquiera le ocurren, hace que todos los asistentes rían, o
recuerden, o reflexionen...
Nada fácil, remover las emociones de más
de un millar de cínicos, acelerados fronterizos. Su “No hago otra
cosa que pensar en ti” hace hasta reir, su “Penélope con su bolso de
piel marrón” hasta hace llorar. Su “Me gusta todo de ti” es tan
sensual que hace algunos años la habrían censurado. Sus “Piratas...”
ah, sus piratas y los míos y los tuyos y los de todos los que tenemos
algo de soñador. De esos que para hincarles de rodillas han de
cortarles las piernas... ¿Qué más se podría decir?
Creo intuir porqué
me identifico tanto con Joan Manuel Serrat. Somos tocayos de nombre.
Somos casi de la misma edad. Como dije antes, hasta tenemos el mismo
gusto en zapatos. Somos sobrevivientes de un cáncer, casi del mismo
sitio. Empecé a oír sus canciones cuando yo tenía unos 20 años y sin
conocernos hemos envejecido juntos. Cuando él cantaba al futuro yo
miraba hacia adelante; ahora que canta a lo pasado, me hace volver a
vivir instantes que me llenaron de placer o de tristeza. Siempre me
ha ayudado a entender el presente. ¿Qué más puedo decir sin ser
redundante? Nada más. Simplemente: Gracias, Serrat.
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