Concierto en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México
17 de Febrero de 2006

Texto de Carlos Rodrigo González Ruiz (México D.F.)




SERRAT SINFÓNICO, EN EL AUDITORIO NACIONAL


   Este viernes 17 de febrero, el cantautor catalán, Joan Manuel Serrat, presentó en el Auditorio Nacional su más reciente producción discográfica: Serrat Sinfónico (2003), con canciones que abarcan desde 1966 hasta 2002. Este disco lo grabó junto a La Orquesta Sinfónica de Barcelona, pero en esta ocasión lo acompañó en el escenario la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida oficialmente por Enrique Arturo Diemecke.

   Antes de presentarse en el recinto de Reforma, Serrat declaró "que la selección de las canciones no responde a lo que podría entenderse como una antología... Las canciones se han escogido en función de su vigencia de que no hubieran quedado atrapadas en ninguna burbuja temporal... y sobre todo, de que soportan, con éxito la prueba de este complejo tratamiento orquestal... pensando siempre que todo fuera construido y entrelazado para construir un bello espectáculo musical..."

   Eran las 8:30 de la noche y al lugar le restaba una cuarta parte para un lleno esperado. No pasaron ni diez minutos para que Serrat saliera al escenario y sintiera la calidez de un Auditorio repleto de almas dispuestas a entregarse durante el evento. Cabe mencionar que a finales del 2004 fue sometido a una operación quirúrgica por problemas de Cáncer. Afortunadamente libró la batalla, y como en Cada Loco con su tema: "Antes que nada, soy partidario de vivir".

   El cantautor arribó el escenario en punto de las 8:40 p.m. portando un smoking negro, camisa blanca y zapatos relucientes, como recién salidos del aparador. Junto a él, el director Joan Albert Amargós, y su inseparable amigo y director musical, Ricardo Miralles.

   Como primer tema “La Paloma”, poema del último de la "generación del 27", Rafael Alberti. Al concluir, la ovación y la gratificación del público no se hizo esperar; por lo que aún se recuerda su primera visita a tierra azteca en el año de 1969, con su disco Dedicado a Antonio Machado, donde musicalizó poemas del quien formara parte de la "generación del 98".

   La Orquesta Sinfónica Nacional respetó la esencia de cada canción. Los 105 músicos de aspecto impecable confiaron en su instrumento esa noche. Cada nota interpretada con alma y corazón engalanaron el escenario de clase, calidez y sentimiento, hasta arrancar algunas lágrimas de los espectadores por la experimentada carga de emociones.

   Después siguieron “Mi niñez”, “Canción de Matinada” y “Herido de Amor”, éste último, poema de Federico García Lorca, que Serrat musicalizó para la cantante española, Ana Belén, en su disco "Lorquiana". Y con "La Puerta de Alcalá" consolidó su popularidad en México a finales de los años ochenta.

   Llegaría el momento de “La bella y el metro, Princesa” y la legendaria y una de las más aplaudidas de la noche: “Penélope”, que escribió en colaboración con Augusto Algueró. Aquella Penélope que meneaba el abanico en espera de su amor reavivó la esperanza de su regreso por el calido canto del auditorio; ante esto, el rostro de Serrat se mostraba emocionado y agradecido por la respuesta del público.

   Después entonaría “De cartón piedra” y “Bendita música”; en la primera narra la historia de un hombre enamorado de una maniquí que adornaba un escaparate, y en los sueños de aquel personaje pedía ser liberada; y en la segunda, apoyándose de las notas musicales recrea la satisfacción de encontrar esa bendita música que todo artista anhela.

   Tras un breve intermedio de diez minutos regresó con una de sus canciones más emblemáticas y autobiográficas: “Mediterráneo”, que con alma de marinero recordó su niñez jugando en la playa, que nos transmitió el sonido de las olas y el vuelo de las gaviotas durante la interpretación. Para ese momento, las diez mil personas en tremenda algarabía, gritaban: ¡Qué guapo estás! o ¡Serrat, eres el mejor!

   Nadie negó las pruebas de cariño que se experimentaron; por fortuna, no hubo desmayados ante la adrenalina expuesta, pero sí muchos aplausos con duración de dos y tres minutos.

   No cabe duda que el buen humor acarició el oído de cada asistente, como ejemplo de esto, la canción en catalán “Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” (Hace veinte años que digo que hace veinte años digo que tengo veinte años) que por cuestiones de la edad tuvo que reutilizarla en dos ocasiones. Aquí es en donde los años no pasan inadvertidos, y menos para él, pero con agrado y picardía relató su experiencia a los espectadores.

   Conforme pasaron los minutos, cuarenta años se vinieron encima, canciones de juventud, amor y lucha incesante por la censura durante el franquismo no dejaban de envolver al público de emociones y sentimientos. Con “Disculpe el señor” interpretada a piano por Ricardo Miralles, se intensificó el reclamo al señor por la cantidad de pobres que siguen llegando al cielo; "pero si tienen en regla sus papeles de pobre", reclamó Serrat.

   A punto de dar las 11:00 p.m. aquellos jóvenes soñadores de pelo largo que vivieron los inicios del cantautor, esa noche se encontraron nuevamente con unos kilitos de más y con canas o con poco cabello, unos de traje gris o negro y portando corbatas de tonos oscuros, y otros de mezclilla y chamarra. Era un reencuentro entre el artista y los incondicionales, que con seguridad, en cada gira no pierden la oportunidad de asistir a oírlo.

   Como una de las consentidas del público, no podía faltar “Cantares”, poema de Antonio Machado musicalizado por Serrat, que hizo su aparición en 1969 en tierras mexicanas, y que en el 2006 es ejemplo de un "caminante que se hace camino al andar", y que seguirá haciéndose por más de cuarenta años de carrera artística y los que vendrán. El coro de diez mil gargantas entonó la canción junto al artista: "golpe a golpe y verso a verso".

   Vísperas del final y como sorpresa de muchos, cantó “Paraules d'amor” (Palabras de amor) que originalmente fue escrita en catalán, pero a petición de un amigo suyo interpretó en castellano: "Yo no acostumbro a cantarla en castellano, pero trataré de hacer un esfuerzo, si en algún momento escuchan que la canto en catalán es porque no la tengo ensayada en el idioma pedido", dijo el cantautor ante los gritos de los presentes.

   Ya son las 11:15 de la noche, y ante la salida de la Orquesta Sinfónica y del cantante, la gente no cede y permanece de pie entre gritos y aplausos para hacer regresar al catalán. Pasan cinco minutos y regresa con Joan Albert y Ricardo Miralles, pero esta vez, y por única ocasión tocaron el piano a cuatro manos la canción “No hago otra cosa que pensar en ti”. Después, y como último tema “Lucía”, la cual reivindicó su trabajo como uno de los mejores conciertos que ha dado el cantautor en México.


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