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Concierto en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México 18 de Febrero de 2006
Texto de Sonia Pérez Pérez (México D.F.)
SERRAT SINFÓNICO Y SIN CÁNCER
Empecé con un capuchino en el Café París de la Colonia Del Valle, buen preámbulo para una gran noche. Y al llegar a nuestro lugar en el Auditorio Nacional: la Orquesta Sinfónica Nacional y al centro, el grande, Joan Manuel Serrat…
Con sesenta y pocos años a cuestas, con el dejo del cáncer que lo mantuvo alejado de la vida pública desde hace algún, pero también con el entusiasmo de una juventud de espíritu, con la belleza de su voz, con el ánimo inquebrantable, y con la permanente solidaridad que lo ha caracterizado, pues esta vez cantó para recaudar fondos para los niños de un orfanato.
Y cantó de la manera más bella, como sólo Serrat lo puede hacer, pues como dice Ortega y Gasset, "yo soy yo y mis circunstancias", Serrat, es todo lo que ha vivido, las veces que ha levantado su voz como protesta, siempre que se ha negado a hacer lo que se debe, a cantar lo que se debe, con la única finalidad de vivir como piensa, que finalmente es la única forma de vivir plenamente.
Y nos llenó de felicidad y alegría a los "jóvenes de edad" que tenemos poco de conocerlo, y al menos yo, estaba muy cerca de esos jóvenes, que a pesar de todo conocían bien al Nano. Pero a los "jóvenes de espíritu", creo que los llenó de nostalgia, y los hizo recordar los tiempos bellos, donde seguramente ahorraron algunas semanas, para adquirir el último disco de Serrar, hace muchos años.
Por supuesto, la orquesta sinfónica y la voz de Serrat fueron la combinación perfecta, porque nos deleitamos con las clásicas canciones, pero las frases sonaron distintas, y aunque faltó escucharle " ¿Qué va a ser de ti lejos de casa?" , nos deleitó con Lucía y Princesa.
Lo escribo para conservar un reflejo, un destello de la emoción de ver a Don Juan Manuel Serrat, de pie, con su talento y su entusiasmo, mismo que al menos a mí, me contagió, haciéndome aún más feliz y reconciliándome un poquito con la vida.
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