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Antología de la "nova cançó" catalana

Manuel Vázquez Montalbán

Colección Papeles Sociales Ilustrados
Ediciones de Cultura Popular, Barcelona 1968


    Confesar que a uno le gustan las canciones de Joan Manuel Serrat, ya está permitido entre la élite cultural de la Barcelona de 1969. Semanas antes del lío de la Eurovisión, no faltaban acusaciones de populismo. Vaya esta confesión por delante, para desvirtuar cualquier interpretación equívoca de esta no entrevista con Joan Manuel Serrat. Todos los restantes entrevistados se me pusieron a tiro con más o menos dificultades. Con Serrat, la historia de mi persecución audiovisual podría llenar las páginas de "La vuelta al mundo de dos pilletes".

"HABLAR CON SERRAT"

    Estas tres palabras forman una unidad expresiva cargada de significaciones. Yo lo había visto en las películas. Un cantante agobiado, por las fans, por los parientes, por los recuerdos, por los sablistas, por otros cantantes, por más sablistas, por partenaires erótico-sexuales, por críticos, por periodistas, por locutores, por redactores de diccionarios enciclopédicos, por los vecinos, por los snobs, por realizadores cinematográficos, por embajadores malayos, por lanzadores de peso, por editorialistas del New York Times, por Elsa Maxwell (q.e.p.d.), por Onassis, por Jacqueline Kennedy, por H.H.H., por Kosyguin, por… Pero no me lo había creído. Pertenezco al cincuenta por ciento del país que se muestra reacio ante la persuasión de los medios informativos.

    Serrat y Raimon, han sido de hecho los protagonistas personales y polarizadores de esta corta zambullida de un extraño en el mar, que se ha revelado proceloso, de la Nova Cançó. La división del público entre "serratistas" y "raimonistas", todavía no es real; pero todo induce a creer que lo será. La gente cuando combate a Serrat, defiende a Raimon. Objetivamente se escoge entre dos opciones culturales, que no son las únicas: o enfrentarse al sistema con el instrumento de la canción como material bélico convencional o pretender que la canción está más allá del bien y del mal cívico.

    En un principio tenía, pues, una gran curiosidad por conocer a Serrat. Después, poco a poco, he ido comprendiendo que quizá no haya mejor visión de Serrat que no verle. Así queda entre esa bruma abigarrada de personajes complementarios, que rodea a todo personaje en olor de multitud. A medida que buscaba un encuentro con él, medía cuán largas distancias separan a Joan Manuel Serrat de cualquier punto de referencia.

    El número de su teléfono está lejos. Cuesta llegar a él.

    Cuando consigues el número de teléfono y le llamas, nunca escuchas su voz directamente. Siempre hay algún intermediario. Cuesta llegar a él.

    Si pierdes ese costoso número de teléfono (cosa que me ocurrió) y recurres a la editora de discos para que lo vuelvan a facilitar, has de dar un santo y seña. No hay duda, cuesta llegar a él.

    Y si por fin se pone al teléfono y consigues oír su voz, un tanto lijosa, como contrastando con la ductilidad con que la modula al cantar, repito, si consigues oír su voz por teléfono, puede ocurrirle al más pintado lo siguiente:

¿Joan Manuel Serrat?

— Sí

No sé si sabrás por qué te llamo. ¿Te ha dicho algo Barbat? Se trata de un libro sobre la Nova Cançó…

— Sí, sí… me ha dicho algo.

¿Cuando puedo verte?

— No sé. No sé como estoy de tiempo. Oye tú… (su voz se aleja, consultiva, y habla con alguien). Pues no sé. Hoy no puedo. Mañana tampoco. No sé. Llámame el lunes de la próxima semana. Entonces te diré algo. Tendrá que ser entre lunes y jueves… Después me voy a Mallorca.

Te llamo el lunes. ¿A esta hora?

— A esta hora.

    El lunes, a la misma hora, nueva llamada a Joan Manuel Serrat. La voz aun llega más alejada porque un tocadiscos funciona a toda potencia.

¿Joan Manuel Serrat?

— ¿De parte de quién?

Es por el asunto del libro. Me llamo Vázquez.

— Dime.

Oye, es otra vez por el asunto del libro. ¿Cuándo podemos vernos?

— No sé. Oye, tú… (Su voz se aleja, consultiva, y habla con alguien: ¿Cuándo se rueda? ¿Se rueda mañana?)… Mira, no lo sé. Es que estoy haciendo una película, sabes, y no puedo disponer de un tiempo determinado. Según el trabajo, a lo mejor me hacen rodar mañana por la mañana.

¿Y por la tarde?

— No lo sé.

¿Por la noche?

— No, no puedo, canto en… Oye, tú… (Su voz se aleja consultiva y habla con alguien.) Canto fuera. Oye. Llámame por la mañana y te diré si puede ser por la mañana. Llámame por el mediodía y te diré si puede ser por la tarde.

    Llamé por la mañana y no contestó nadie. Por el mediodía y…

— Chico, me sabe muy mal.

No te preocupes.

— Es que mira, no quisiera que esto pareciera lo del ratón y el gato.

No, no.

— No sé, es que a lo mejor ruedo. Esta tarde no puedo.

Sólo queda mañana.

— Si, es verdad, después me voy a Mallorca… Vázquez… ¿Te llamas Vázquez, no?

Sí, sí. Puedo… ¿Puedo pasar por tu piso en un momento determinado?

— No. (El tocadiscos suena fuertísimo). ¡A ver si bajáis eso, que no se entiende uno…! Es que no sé de qué tiempo dispondré. Llama mañana.

    Mañana.

— No puedo. Después de comer he de salir porque me harán unas fotografías. Ruedo fuera de Barcelona. Llama hacia las siete.

    A las siete nadie estaba en el piso de Serrat.

    En las horas que mediaron hasta mi última llamada, pensé en qué podría decirme Serrat que no me hubiera dicho ya. No dudo que sería interesante conocer su opinión sobre la Nova Cançó, sobre la gente, sobre su vida y la vida colectiva. No dudo que Serrat tendrá respuestas interesantes, porque sus canciones lo son y en su trayectoria vital hay signos externos de la pasión de una persona ambiciosa. Y, en general, los ambiciosos son inteligentes. Pero en el contexto de la Nova Cançó, que es lo que atañe estrictamente al libro, el escaso lenguaje cruzado con Serrat, el mucho silencio que nos ha unido durante las horas de búsqueda… ¿No es más explicativo que páginas y páginas de entrevista?

    Este muchacho que se fue a pie, por un camino cuesta arriba como dice una de sus canciones, es, yo creo, el único cantante rigurosamente comercial que hasta la fecha ha aportado la Nova Cançó; y esta conclusión, prescinde, ya sé que injustamente, de los factores extras que la han condicionado. Es una voz popular y lejana, tiene un rostro amorfo que sus fans le construyen a la medida de sus propios deseos, tiene una vida subordinada a la mecánica del movimiento continuamente acelerado… Como en las películas.

    Mi última llamada la contestó una mujer de voz acuarentada. No. Joan Manuel Serrat no estaba. Sus maletas tampoco. Mallorca. No volverá hasta fin de mes.

    Creo que un entrevistador, realmente profesional, hubiera conseguido esta entrevista. Quizá lanzándose en paracaídas sobre los exteriores donde Serrat rodaba la película, o deslizándose por el desagüe de su lavabo. Creo que si hubiera vuelto a una clase de Del Arco con esta "no entrevista" hubiera sufrido un revolcón. La intuición profesional de Del Arco es formidable. Pero creo, sigo creyendo, que la mejor entrevista de Joan Manuel Serrat es no hacérsela.




100 españoles y Dios

José María Gironella

Plaza y Janés, Madrid 1984
Primera edición en 1969


¿Cree usted en Dios?

— No. Me interesa mucho más creer en el hombre como ente espiritual. En cuánto a la creación, muchas de las teorías científicas son válidas. El tiempo y los trabajos que se realizan al respecto cuidarán de aclararlo. Soy agnóstico y no me siento por ello un hombre castrado. En cambio, no estoy totalmente seguro de ser un hombre liberado por el hecho de no sentir temor de Dios. Quiero decir con esto, que seguramente, si nuestro país, sus características, sus tradiciones, sus atavismos no fueran la carga que son, el creer o no creer en Dios no tendría más importancia que la de ser un hecho personal e individual. No sé cómo, quizá gracias a una cultura y, sobre todo, a observar mucho, he encontrado formas de espiritualidad que no me dejan ningún vacío. No siento la necesidad de un Todopoderoso para poder vivir cada día, trabajar y darme cuenta de que mi existencia puede tener un sentido, a pesar de saber perfectamente que soy un individuo condicionado a un tiempo.

¿Cree usted que hay algo en nosotros que sobrevive a la muerte corporal?

— Naturalmente. Nos sobreviven nuestras obras, grandes o pequeñas. Un maestro en mi infancia me dijo algo que se me quedó muy dentro: que un hombre, en su vida, tenía tres actos importantes a realizar y que podían sobrevivirle: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Yo grabo discos y de vez en cuando escribo cuentos cortos. He plantado bastantes árboles, porque soy perito agrícola y puedo tener muchos hijos o algunos. Tal vez alguien al leer esto piense maliciosamente en una posible esterilidad del abajo firmante. Por el momento puedo garantizar una cierta fecundidad. Con todo esto sólo pretendo decir que los actos suelen estar por encima del propio individuo que los realiza, siempre con independencia de un premio o de un castigo. La existencia de una eternidad con su premio y su castigo me parece algo tan enrevesado que no puedo asociarla a un Dios infinitamente misericordioso; más bien me parecería digno del Marques de Sade.

¿Cree usted que Cristo era Dios?

— Puesto que no creo en Dios no puedo creer en la divinidad de Cristo. Su figura humana nos ha llegado siempre muy mitificada, desde el catecismo del Padre Astete hasta las encíclicas de Leon XIII. A pesar de esto siempre me ha caído muy simpático - y no uso esta expresión con intención irreverente- porque a menudo se nos presenta como un adelantado del marxismo. Creo que fue un revolucionario, pero que las armas de que se sirvió fueron las más adecuadas para el pueblo palestino en aquel momento. Nunca han quedado demasiado claros sus actos y, sobre todo, y ello es lo más importante, la intención de sus palabras.

¿Cree usted que el Concilio Vaticano II ha sido eficaz?

— Eficaz, ¿Para quién? Quizá han intentado abrir unas puertas que ellos mismos cerraron en Trento. La posible evolución que se intuía aún no se ha hecho notar en absoluto, de lo que podemos darnos cuenta claramente sobre todo en los ambientes rurales, en los que el clero sigue ejerciendo una total influencia y hablando el mismo idioma que ha hablado siempre.

¿A qué atribuye usted el hecho de que la iglesia española se vea periódicamente perseguida por el pueblo de forma cruenta?

— Desgraciadamente, el pueblo es el que paga siempre los platos rotos. Se ha visto siempre oprimido por el fuerte, por el poderoso. Entonces, si la iglesia española se ha aliado con el poderoso, es decir, ha apoyado a la opresión es lógico que cuando se produce una reacción popular contra dicha opresión, reciba el clero. No obstante, el poder de éste es tan fuerte que a la larga siempre vuelve a dominar la situación, y cada persecución que ha sufrido le ha seguido una represión.

¿En qué sentido cree usted que la Ciencia, la Técnica y la Intercomunicación de los pueblos influirán sobre el tradicional sentimiento religioso español?

— Todo está condicionado a una base cultural. Hablarle a un analfabeto de Ciencia, de Técnica, de Intercomunicación de los pueblos no es válido. Cuando todo el mundo sepa leer, escribir y tenga una capacidad de discriminación que supere a la propia mentalidad, no hay duda de que el tradicional sentimiento religioso de los españoles sufrirá una evolución de seguro positiva.

¿Ha influido usted alguna vivencia que haya influido sobre su actual actitud religiosa?

— Ningún trauma ha influido en mi actual postura. De los tres a los once años fui todos los días a misa, por obligación. Era un alumno becado en un colegio religioso. Pero ello, si bien me humillaba frente al resto de los alumnos, no me dejó tara alguna, ni tampoco me benefició. Como dije, era una obligación que tenía que cumplir, como tenía que asistir a clase de matemáticas. Por tanto mi actitud actual es el resultado de una serie de vivencias, ninguna de las cuales ha sido determinante, ni mucho menos definitiva.

¿Podría usted establecer una posible relación entre la religión y su actitud profesional?

— Es indiscutible la influencia de la religión en la música, sobre todo en determinadas épocas de predominio místico. Para aquellos artistas, la religión era un vinculo a través del cual se realizaban a sí mismos. Seguramente un músico dodecafónico actual se realiza mejor a través de la astronáutica y le interesa más, como sujeto inspirador, el proyecto Apolo que San Luis Gonzaga.




Cataluña hoy

José Carlos Clemente

Magisterio Español, 1970


ENTREVISTA A JOAN MANUEL SERRAT

¿Cómo se llega al campo de la poesía? ¿Qué es un poeta popular?

— Sobre todo, te voy a contar una cosa. Cuando yo trabajé en el Pirineo, tenía un amigo, que cuando hablábamos de esto, decía lo siguiente: "poeta es aquel a quien entiende todo el mundo y que es capaz de sensibilizarlo todo". Estoy de acuerdo con él.

Dime, ¿qué poetas te interesan o te gustan?

— En lengua castellana, Machado, Hernández y Juan Ramón Jiménez. Como novelista me gusta mucho Delibes. En catalán sigo admirando a Salvat Papasseit, el poeta de mi juventud, y como novelista, a Manuel de Pedrolo.

¿Qué idiomas dominas? Yo considero que esto es importante para leer a otros autores.

— Puedo leer en francés, en italiano, portugués y otras lenguas latinas. Ahora estoy aprendiendo inglés para leer a Walt Whitman y Poe. Creo que tienen cosas interesantísimas. Pero me he dejado un capítulo importante. Me refiero a los escritores hispanoamericanos. Asturias y Cortazar son sensacionales.

Veo que estás interesado en conocer las nuevas tendencias literarias. ¿Qué es lo que estás leyendo ahora?

— La literatura de vanguardia siempre me ha interesado. Gracias a las indicaciones de un amigo empecé a interesarme por la nueva literatura hispanoaméricana. Principié con Vargas Llosa y luego seguí con Gabriel García Márquez. De la literatura iberoamericana sólo conocí a Miguel Angel Asturias y a Julio Cortazar. Estos nombres, por sí solos, dan una base literaria tremenda. En el fondo nos deberíamos de avergonzar todos, porque nos estamos dando cuenta que estos hombres están realizando la evolución que nosotros no somos capaces de hacer y poner en marcha. Van a ochocientos por hora mientras aquí nosotros continuamos todavía con el "seiscientos".

¿Tú crees, entonces, que la renovación de las letras españolas puede venir en esa dirección?

— Sería curioso que realmente fuera así. Además no sería nada extraño, ya que nosotros les dimos lengua, cultura y religión.

¿Cual es tu juicio sobre "Cien años de soledad" de García Márquez?

— Es lo mejor que he leido en toda mi vida. Es un hito importantísimo en la literatura hispanoamericana. Precisamente un amigo mío se encontró en París con García Márquez, y el buen hombre estaba asustado con el éxito que estaba obteniendo su novela. Le dijo a mi amigo: "¿Y ahora qué diablos escribo?".

¿Ves algo nuevo en la literatura española?

— Lo veo todo igual. Está estancada. No he leido nada importante en estos cuatro años en los que también se está realizando mi evolución.




45 Revoluciones en España (1960-1970)

Ángel Casas

Editorial Dopesa. Barcelona, 1972


"LA, LA, LA, EL EUROPASTEL" (extracto)

    Joan Manuel Serrat como el resto de cantantes nacidos a la sombra de la “Nova Cancó” había tenido más bien pocas oportunidades en Televisión Española. La verdad es que para TVE, Serrat prácticamente no existía. Debía ser una más de los que cantaban en catalán o, en el peor de los casos, uno de esos cantantes que “hacen política”.
    Sin embargo ya en 1967, Joan Manuel Serrat y sus canciones habían traspasado el ámbito de lo estrictamente catalán y sus discos comenzaban a asomar la cabeza en algunos establecimientos de Madrid.
    El Gran Musical, el programa “pop” de la Cadena Ser, se había apuntado un tanto incluso en Cataluña – donde jamás llegó jamás tal emisión a obtener el éxito rotundo vivido en el resto de la península- al ofrecer su hora de emisión a la voz, la guitarra y las “pequeñas cosas” de Joan Manuel Serrat después de haber estado pinchando durante muchas semanas el disco que contenía la Cancó de matinada. El clima era eufórico y el éxito fue arrollador. Serrat, en catalán, se convertía en el nuevo ídolo de toda España.

    ¿Un triunfo de la Nova Cancó o una muestra de la sutil habilidad madrileña para integrar a los de “provincias”?
    Serrat era lanzado sin contemplaciones por una cadena radiofónica al tiempo que la revista Tele-Guía, precedente de la que después fue Mundo Joven, publicaba sus fotografías en plan ídolo a lo Salut les compains, con el “noi” en la bañera, enseñando un poco de desnudez. Naturalmente en technicolor.
    Inmediatamente comenzaron a surgir los rumores – tanta amabilidad nos confunde- sobre un posible cambio de idioma en la producción del catalán. Y si no cambio, al menos un equilibrado alternamiento. De todas maneras el truncamiento de la carrera padecido por Nuria Feliu, a causa de una decisión parecida obligaba a meditar el asunto. Claro que la Feliu se encontró sola en Cataluña con su bilingüismo, sin haber obtenido previamente el total apoyo de una cadena radiofónica fuerte y sin haberse fotografiado un poco “sexy” en la bañera.
    Joan Manuel Serrat ya había cantado en castellano un fragmento de una de sus canciones de aquel entonces. Con aire de jota y en castellano iniciaba los versos de su Cancó de bressol, dedicada a su madre aragonesa. Precisamente al cantar esa canción en Madrid a través de los micrófonos de El Gran Musical, el público sorprendido por el incipiente bilingüismo, manifestó su sorpresa con un pequeño abucheamiento, que Serrat cortó el instante parando la canción y explicándose: “Que me ocurra esto en Barcelona tiene un pase, pero aquí, en Madrid...”. La gente se calló y Serrat siguió cantando: "... Por la mañana rocío, al mediodía calor, por la tarde los mosquitos, no quiero ser labrador..."
    Con los rumores de un posible pase al bilingüismo catalán- castellano se comenzaron a soliviantar las relaciones entre Serrat y los “puros” de la canción catalana. Había quien lo atribuía a envidias porque Serrat estaba consiguiendo una proyección profesional que los otros con su regionalismo y su politiquería no conseguirían nunca. Había también, aunque pocos, algunos intentos de análisis de la situación mucho más ecuánimes. Lo cierto es que Serrat iba a ser cazado – o a dejarse cazar- a cambio realmente de un futuro profesional inimaginable por un intérprete surgido en el amateurismo politizado de la “nova cancó”. Lo cierto también es que, por envidias o por posiciones ideológicas, el conflicto Serrat – que más adelante alcanzaría complicaciones imprevisibles y curiosas- señaló el principio del fin de la “nova cancó” como movimiento al radicalizarse mucho más las posturas de sus protagonistas y obligar, sin opciones, a la profesionalización de los pioneros.
    Salvador Escamilla era por aquel entonces “el primer showman de la radiodifusión española” según rezaban los anuncios y las tarjetas de Radioscope, el programa radiofónico bilingüe que presentaba diariamente desde los micrófonos de EAJ-1 Radio Barcelona. El programa había dado cobijo, de forma pionera e indiscriminada, a los hombres que surgieron con la “nova cancó” en los primeros años. Serrat, Raimon, Pi de la Serra, Guillermina Motta, Enric Barbat, Nuria Feliu etc. posaron junto a Escamilla y junto al pastel en las fotos que todavía se conservan de las celebraciones de los primeros aniversarios de la emisión. Con los rumores, las radicalizaciones y las tiranteces, Salvador Escamilla, en nombre de la fidelidad al amigo y haciendo gala de una habilidad profesional sin limites, se puso de parte de Serrat. Le defendió con vehemencia más que con argumentos, con el instinto de la fidelidad más que con la razón, lanzando furibundos ataques – privilegiados ataques, esa es la verdad- contra los que no formaban parte en las filas serratistas.
    Y en el pequeño despacho que Escamilla tenía en Radio Barcelona -fui testigo de excepción puesto que colaboraba con él en algunas programas de la emisora- se cocieron muchas de las decisiones claves que iban a perfilar el asunto más espectacular de la década pop, pero española. José María Lasso de la Vega, promotor y manager conocido que llevaba los asuntos del Duo Dinámico y de Antonio Molina, frecuentaba también el despachito de Escamilla. Lasso, Escamilla y Serrat se encerraban a menudo o se citaban fuera de la emisora.
    De aquellas conversaciones nació el contrato entre Lasso de la Vega y Joan Manuel Serrat firmado a principios de otoño de 1967. No está muy preciso, pero parece ser que de todos los ingresos de Serrat como intérprete, tanto discográficos como cinematográficos o por actuaciones, Lasso iba a percibir un veinte por ciento. De este contrato y de esas conversaciones iba a salir, en primer e inmediato lugar, un espectáculo paseado por muchos locales de Cataluña en el que Serrat constituiría la estrella y en el que cantarían Nuria Feliu, Gloria, su hermana María Pilar, las hermanas Ros, una orquesta con vocalista al frente y Salvador Escamilla como presentador.

    El show resultaba un tanto feriante pero servía para el rodaje tanto de Lasso como de Serrat
    La compañía discográfica Zafiro- Novola, la que inició el boom madrileño en eso de la música pop, la que parió a Brincos, Massiel, Voces Amigas, Micky y los Tonis, Marisol, Juan & Junior, etc. estaba interesada en contratar a Serrat para poner en el mercado su producción castellana. Los primeros tanteos debieron efectuarse a raíz de las actuaciones en El Gran Musical, puesto que a García Morencos, director de la casa de discos, y a Tomás Martín Blanco les unía una gran amistad concretada ya comercialmente con la creación del sello discográfico Acción, propiedad de la Cadena Ser, impulsado por Martín Blanco y distribuido comercialmente por Zafiro.
    Por otro lado y después del verano, Zafiro- Novola había ya iniciado contactos a través de su delegación en Barcelona con el propósito de hablar seriamente con Joan Manuel sobre su futuro bilingüe. Zafiro era la distribuidora de los discos Edigsa para el resto de España. No fueron necesarias muchas gestiones. Lasso de la Vega haciéndose eco de la decisión tomada, se presentó en las oficinas de Zafiro con el contrato que le unía con Joan Manuel.
    Es importante señalar y prestar atención al desarrollo feliz de estas negociaciones en las que el tema de Eurovisión no se omite, ya que los hombres de Edigsa debieron juzgar una baza importante. Y es que Edigsa en todos los contratos, excepto en el de Nuria Feliu, de la que cuentan que se ofendió ante la duda, establecía una curiosa cláusula a través de la cual se reservaba los derechos de las grabaciones que el cantante efectuase tanto en catalán como en castellano No hay que ser demasiado suspicaz para darse cuenta de que dicha cláusula sorprendente - ¿para qué quería las grabaciones en castellano Edigsa con una línea tan absolutamente catalana como llevaba?- era a todas luces preventiva para evitar deslices bilingüistas en los fichajes.
    También esto había sido firmado por Serrat y, evidentemente, “algo” debió suceder para que a pesar de ello, no surgieran problemas con Zafiro ni con el cantante cuando éste cediera a aquella sus derechos para los discos en castellano, derechos que de todas todas pertenecían a Edigsa. Evidentemente, con Zafiro y la posibilidad de Eurovisión, Serrat alcanzaría una presencia televisiva que a duras penas le había podido ofrecer Edigsa en una sola ocasión. Presencia televisiva de la que también saldría beneficiada –en cuanto a la venta posterior de discos- la editora catalana, lógicamente. Desde un punto de vista comercial - ¿cómo más se puede mirar?- el asunto eurovisivo interesa a las tres partes: Zafiro, Serrat- Lasso y Edigsa.
    Y aunque en la prensa barcelonesa por regla general, se le prodigan palabras de aliento de cara a su nueva aventura profesional o, en el peor de los casos, se le felicita cortésmente por la designación, en ciertos sectores la noticia ha sentado fatal, provocándose algunas reacciones hostiles inmediatas en forma de cartas duras e insultantes que llegan, según propia confesión del cantante, a la amenaza sobre él y sobre su familia. Una de las formas que más se emplearon para demostrar la disconformidad en su decisión fue la de remitirle a su casa o, en su desconocimiento, al despacho de su público defensor Escamilla, sus discos rotos en mil pedazos. Serrat había declarado en el Diario de Barcelona “Canto en castellano porque soy bilingüe” y, según personas muy allegadas a él por aquellos tiempos, seguía muy firme en su decisión. Sin embargo en un recital dado en Valencia recibió públicamente muestras de desagrado por parte de algunos sectores del público que, juntamente con la rotura de discos y las cartas y amenazas acumuladas en su domicilio, debieron comenzar a hacer mella en su ánimo.
    Pero el baile promocional del La, La, La, seguía su ritmo y había que seguir bailando, por lo que una vez grabado el disco y salido a la venta se trabajó la promoción a nivel internacional. Se hicieron programas de televisión en varios países europeos con el fin de familiarizar al público y a los jurados con la canción española, con el soniquete del La, La, La. La editora discográfica pudo hacerse, pagando de su bolsillo, en el capítulo de inversiones, con los servicios de Bert Kaempfert, el que fuera arreglista de Strangers in the night para Sinatra, lo cual no dejaba de ser una noticia a la que poder sacarle jugo. A las órdenes del músico se reunió en Alemania una orquesta y un coro para grabar, coincidiendo con la realización de unos programas para la televisión alemana, las versiones de La, La, La en distintos idiomas. Aprovechando el aparatoso playback orquestal se pensó también realizar una versión en catalán cuya letra escribió el propio Joan Manuel sobre la marcha...Quizás le bailaba a Lasso una idea en la cabeza. Quizás se trataba de aprovechar una orquesta ya contratada y pagada.
    A pesar de que Zafiro corrió con todos los gastos de la operación alemana, parece ser que el manager del cantante vendió la versión catalana del La, La, La a Edigsa, versión que nunca llegó a tener forma discográfica, aunque se anunció en la prensa su próxima y esperada salida pero de la cual existen en circulación algunas cintas- la he radiado en distintas ocasiones- que se distribuyeron entre los realizadores radiofónicos de programas en catalán. En cambio Los Stop sí que sacaron al mercado una versión en catalán del La, La, La. De Alemania, el equipo eurovisivo , acompañado por Arthur Kaps – realizador de TVE y jefe de contratación- salta a Francia, para continuar en Paris las grabaciones promocionales en televisión.
    En Barcelona se vive, más que en ninguna otra parte, el juego subterráneo de la decisión y de una posible contradecisión. El sí y el no de “Serrat a Eurovisión” está en la calle, aunque no tenga la lógica plasmación en la prensa cotidiana, que resulta en aquella ocasión especialmente impermeable a tales rumores. Pero las presiones siguen moviéndose, y con gente de Edigsa se organiza una importante reunión de fuerzas vivas de la cultura y la economía catalanas cuyo tema central es el de la participación del noi en el festival de Londres. Como consecuencia de esta reunión se hablará con Lasso de la Vega, a quien, quizás, se le acabará convenciendo...
    A Lasso de la Vega le interesa como manager salvar la imagen de su pupilo y la continuidad del negocio que ha emprendido y a él se le ocurre la idea que quizás podría reconciliar las posturas radicalizadas: que Serrat cante en Londres una estrofa en catalán. Se trata de un golpe de efecto que entra dentro de la posible negociación. Para TVE resultaría una muestra de buena voluntad y sana intención, y para los catalanes radioescopistas más beligerantes les podría producir la sensación de que se ha puesto una pica en la Europa eurovisiva. Una vez concluidos los asuntos promocionales, Serrat se queda en París como parte del plan de Lasso al tiempo que éste viaja a Barcelona para convocar una rueda de prensa con los informadores catalanes, en la que hace pública la nueva postura adoptada por el intérprete (...)
    Lasso de la Vega viaja a Barcelona sin avisar a nadie, sin poner sobreaviso ni a los hombres de la compañía discográfica, que serán quienes habrán de dar la cara y quienes hasta el momento han invertido los ‘cuartos’ en el empeño. Al parecer el plan consiste en radicalizar al máximo la postura de su pupilo para pasar después al terreno de la negociación hasta conseguir la meta psicológica propuesta: que una de las estrofas del La, La, La que se canten en Londres lo sea en catalán... Cuenta Lasso, en su teórico planteo, con la premura del tiempo con que hará pública su decisión, que incapacitará a Televisión para buscar un sustituto, y con las simpatías que piensa granjearse entre los catalanes.

    Hará estallar la bomba periodística en Barcelona, la mañana del 25 de marzo y acto seguido se trasladará a Madrid a negociar la decisión.
    Y así lo hace. Por la mañana del 25 de marzo reúne a los periodistas de Barcelona para notificarles que Joan Manuel Serrat no cantará el dichoso La, La, La en Londres si no es en catalán. Todo un desafío contenido en la “Carta abierta” de Serrat a la prensa catalana. “Serrat no cantará. Para actuar en Londres puso como condición poder cantar en catalán” publica Tele-Expres aquella misma tarde. Y El Noticiero Universal: “Joan Manuel Serrat renuncia a Eurovisión si no canta en catalán”. Una vez hubo dialogado con los periodistas y, naturalmente, horas antes que éstos pusieran la noticia en la calle, Lasso de la Vega telefonea desde Barcelona a García Morencos, director de Zafiro, confiándole su plan de conseguir la dichosa “estrofa en catalán” y anunciándose que urgentemente vuela hasta Madrid para poder ir juntos a Eurovisión y negociar.
    Sin embargo, la de Lasso no es la primera noticia que llega a Zafiro. Por la mañana diversas llamadas han ido creando en la compañía la sensación de que Serrat no irá a Eurovisión. Llamadas confusas y nerviosas de gente de Barcelona que todavía no había dirigido la boutade. Llamadas a Zafiro y a Prado del Rey. García Morencos envía a su gente al aeropuerto para esperar a Lasso de la Vega y llevarle rápidamente a las oficinas de Televisión. Pero Lasso no tomará el vuelo para Madrid y la segunda parte del plan, la de la negociación, no tendrá lugar, hundiéndose el invento. El coche de Zafiro esperará inútilmente en el aeropuerto y, a su regreso de Barajas, al final de la autopista, a causa de la lluvia, las prisas y los nervios, se pegará el gran tortazo. Lasso estará en Paris al día siguiente.
    Rossón, de TVE, telefonea alarmado a García Morencos, el cual le informa de los planes de Lasso y de su inmediata llegada. Llamadas telefónicas y más llamadas alargando inútilmente los instantes previos de la negociación., intentando retrasar lo que ya se está precipitando... Lo que ya no tiene remedio. Cuando Morencos llega a Prado del Rey – naturalmente sin Lasso- se ha producido ya la llamada temida en la que irrevocablemente se descarta toda posibilidad de diálogo y se decide que Serrat no vaya a Londres.
    En el telediario de las tres de la tarde se dará respuesta oficial, rotunda y “política” al desafío del cantante catalán. Se arremeterá de forma contundente contra su postura, que se considerará incorrecta e inadmisible por pretender dar un sentido político a la participación de Televisión Española, en el festival de Eurovisión.

    ¿Quién politiza a quien? ¿Quién puede tirar la primera piedra de la despolitización en este juego?
    Salvador Escamilla, fiel amigo de Serrat, que ha levantado bandera en todos estos meses, defendiendo su participación en el festival de Eurovisión me sonríe y me dice: ¿Ho veus? (“¿Lo ves?”. Y se pone con ahínco, de nuevo, a defender al amigo importante que ahora ha tomado una senda opuesta. Lo defiende de cierta prensa que lo tacha poco menos de traidor y de anti- español ( ya se sabe) y lo defiende de quienes perplejos, no acaban de entender lo que ha ocurrido ni por qué ha ocurrido, ni si en el trasfondo de todo esto no se estará preparando una nueva jugada.
    En Paris, Serrat está nervioso y preocupado. Con él están ya sus padres y algunos amigos catalanes. También Arthur Kaps de Televisión. Comienza a temer las consecuencias oficiales de la decisión adoptada. Particularmente gráfica es la entrevista que Carlos Marimón, entonces comentarista de discos en El Noticiero Universal, sostuvo por teléfono con Serrat acto seguido. Eran las primeras explicaciones directamente en boca de su protagonista. Éstas:
    Joan Manuel Serrat es la noticia del día. Desde ayer a las once de la mañana en que nos fue entregada su carta abierta hasta ahora, todo ha corrido como un reguero de pólvora. Las llamadas de Paris para localizarle fueron numerosas, ya que se había mudado de hotel para eludir precisamente estas llamadas. Serrat, en una palabra, se había ocultado.
    La nota de TV era esperada con verdadera impaciencia con los relacionados con el mundo de la canción, y, evidentemente, por la opinión pública. Y no se hizo esperar. Censura tajante para el intérprete y...en fin, ustedes ya lo conocen Esta mañana nos hemos puesto al habla telefónicamente con Joan Manuel Serrat, en el hotel de Paris donde se hospeda. Una charla inicial con Don José Maria Lasso nos pone en antecedentes de varios puntos. Le comunicamos que deseamos hablar con Joan Manuel. Acaba de despertarse. Responde, posiblemente, desde la cama.

Buenos días, Joan Manuel.
— Hola Carlos; voy a responder, pero ten en cuenta que estoy medio dormido todavía...
Lo haré constar...¿No te arrepientes de lo que se publicó ayer en toda España?
— No, en absoluto. Lo analicé muy bien y llegué a redactar una carta abierta, cosa que no había pensado nunca. No he buscado la oportunidad de hacer un “petardo” publicitario. Está muy meditado.
Se ha publicado entre muchas y muchas cosas que en el periódico Baleares declaraste recientemente: “Cantaré en castellano como homenaje a mi madre. La canción que presento en Eurovisión la deseo cantar en castellano como homenaje a mi madre...”
— Bueno, sabes muy bien que a menudo las informaciones no responden exactamente a la verdad. Te ponen cosas en boca que no has dicho. Si quiero cantar en homenaje a mi madre le canto a ella sola.
Se dice entre los medios relacionados con la canción que dos personas importantes marcharon a Paris para influirte a tomar esta decisión.
— ¿Para influirme a mí?

— No, en absoluto. Ha sido una decisión tomada libremente y desde muy dentro de mí mismo.
Entre todo el ambiente popular e incluso entre personas no adictas a la canción catalana se piensa que es un poco estúpido el que esta decisión haya surgido a tan escaso tiempo de la celebración del festival...
— Sí, evidentemente ha sido un poco tarde, pero más vale hacerlo tarde que no hacerlo, ¿no? No obstante te repito que ahora estoy muy tranquilo. Piensa que el único que pierde una gran oportunidad soy yo. Esta actuación en Londres era una plataforma magnífica.
Tanto el señor Lasso como tú ¿no teníais bastante creído que TV accedería a que cantases en catalán?
— Pues, no. Teníamos, eso sí, confianza pero no completa.
¿Sabes que las emisoras de radio no pasarán tus discos?
— Sí. Lo sé. Sé que no seré programado en las emisoras y sé también que no podré hacer nunca más TV.
¿Sabes que TV puede exigirte el dinero que se ha gastado en tu promoción?
— Sobre este asunto se debe hablar más despacio. Es cuestión legal. Lo que me molesta es que se me achaque el que yo haya querido politizar con mi posición. En la nota de TV se intenta achacar a la política de mi postura.
¿Cuándo regresas a Barcelona?
— No lo sé.
¿Por qué no comunicaste a Manolo y Ramón, tan amigos y autores de la canción, este paso tan grave?
— Bueno es que yo quería... en fin, es que Lasso tenía que ir a hablar con ellos. La única pega, lo único malo que encontraba precisamente en mi decisión era el daño que podía hacerles a Manolo y Ramón.

    De momento veda absoluta radiofónica y -¡cómo no!- televisiva a todo lo que huela a Serrat. A su nombre, a sus canciones. Escamilla, en sus programas, habla de ‘aquel’, del ‘amigo’, del ‘ausente’ fintando la situación. Pone discos orquestales de sus canciones. Esta situación en radio durará varios meses También se le negarán permisos para actuar hasta que las aguas vuelvan a sus cauces. En Televisión no volverá jamás a salir. En momentos menos desfavorables, Marisol y Miguel Ríos cantarán canciones suyas, pero su nombre y su voz serán piadosamente olvidados. Un lapsus lo tiene cualquiera y Televisión Española más. En Madrid los hombres de Televisión y los hombres del Ministerio se ponen juntos a resolver la papeleta planteada. Comienzan a barajarse los nombres de los sustitutos ‘lalalaleros’ y otra vez las presiones. Lo primero que se desecha es quizás una posible solución que, de negociar, hubiera aportado Lasso: que el Dúo Dinámico, autores del La, La, La, lo canten en Londres.
    Sin embargo, quien ha hecho el mayor desembolso económico hasta el momento es la editora Zafiro, y es ella la encargada de plantear las soluciones más viables Zafiro se pone incondicionalmente al servicio de Televisión Española. Le ofrece los votos de Francia e Italia, que, hasta el momento y por amistad con los jurados de estos países, tenía ya apalabrados y presenta la candidatura de Marisol, en Madrid, y de Massiel de gira por México. Marisol, aunque esté tan cerca no parece de fácil convencer aunque no conoce todavía a Serrat. Massiel, en México, se ofrece incondicionalmente. El Ministerio decide: Massiel de España.
    Y recomienda el pre-eurovisivo show. Contra el tiempo que se viene encima y con la ineludible obligación de ganar como sea, consigna la que se han empeñado TVE y el Ministerio, se diseña el vestido rosa, cortito, se ensaya de nuevo, se graba el disco. Hasta el momento Serrat llevaba sesenta mil copias vendidas del La, La, La. Massiel, con la posterior euforia del triunfo, y el bombo y el platillo, y el incienso recibido, alcanzará la venta de un cuarto de millón de discos Con los últimos detalles, con las últimas televisiones internacionales, con los últimos gritos de ánimo de la pequeña pantalla, se apalabran nuevos puntos con distintos jurados. No es que el resto de las televisiones europeas participantes sean poco listas, sino que lisa y llanamente, al resto de las televisiones y editoras, desde un punto de vista competitivo, les importa un pepino el certamen eurovisivo, les deja bastante indiferentes. Solamente a TVE le importa de forma exagerada el triunfo; sus compensaciones son jugosas y las amistades puestas en juego decisivas.
    No está todo bien atado, sin embargo. Parece, empero, que un programa ofrecido a la televisión alemana el mismo sábado del festival resultará decisivo para el resultado final. Cliff Richard es contricante difícil con su Congratulations, dado que el hombre goza de una popularidad mundial insalvable y de un oficio televisivo sin parangón. Todo ello servirá para hacer más valioso el espectacular triunfo de una tontería musical llamada La, La, La por unos meses himno casi oficial de la ortodoxia, el españolismo y el comportamiento como Dios manda Federico Gallo, detrás de las imágenes eurovisivas, gritará el triunfo de Massiel a los cuatro vientos carpetovetónicos la noche del 6 de abril de 1968. Otro gol de Zarra para nuestra galería de picas en Flandes. Para nuestra sub-cultura oficialista (...)
    La prohibición sobre Serrat sigue vigente. Sin embargo no es óbice para que las canciones del catalán, una vez serenando y reincorporado poco a poco, vayan colándose, para que se convierta en el nuevo e indiscutible número 1 del show-business.”




Gente importante

Darcia Moretti

Editorial Plus Ultra, USA 1973


    Joan Manuel Serrat no rechaza ninguna entrevista. Con su aspecto humilde y su sonrisa triste y sutil, como la sonrisa de un poeta, caminó hasta la terraza del hotel, oliendo a cigarrillos negros, sin afeitar, vestido con turtle neck roja, pantalones y jacket de color seco y triste, entre el gris opaco y el verde sin vida. Es muy delgado y al caminar parece cojear ligeramente de la pierna derecha.
    Joan Manuel Serrat se expresa bien en cuatro idiomas, ha estado muchas veces en París, pero hace un mohín de disgusto recordando la descortesía de los parisinos. Al sentarse y pedir un café con leche, le dijeron que el servicio estaba cerrado, pero él insistió: “¿No hay leche? ¿Un vaso de leche?”. El camarero volvió un rato después con un servicio de café con leche y Joan Manuel encendió un cigarrillo rubio porque se le terminaron los suyos.
    Comenté que la terraza del Jacket Club era muy hermosa y él asintió, medio que sonrió. Su sonrisa es de gran encanto y puede confundir como un dechado de dulzura. Sin embargo, Joan Manuel Serrat, sin una pizca de vanidad desdeña cualquier acto de diplomacia y resulta fuerte y brusco con la palabra. Su sencillez es sublime y su forma de expresarse es poética, árida, dulce y amarga, todo eso envuelto en una actitud pausada como si la roca y la flor, a su lado, se alternaran para tomar posiciones y actuar en momento inesperado. Da machetazos con el lenguaje, interrumpe, desconcierta y dice: “No me interesa”, “No me importa”, “No me gusta definir”, “No me gustan las clasificaciones”. Todo eso en tono brusco, terminante, del que no pierde el tiempo con lo que está fuera de la órbita de sus preocupaciones intelectuales. Candor y acero. Eso.
    Al principio hubo un frío cortante en la conversación. Él estaba cortés en la sumisión de la entrevista, aburrido ante la perspectiva de lo inútil, de un tedio que no pretendía disimular. Miré bien su rostro joven, largo, con dos lunares pálidos y disparejos en la mejilla izquierda¹ y su nariz perfilada que en la punta se hunde otorgándole una gracia especial. Un corto y sutil juego de palabras entre ambos amenazó con una antipatía mutua.

— No creo en las entrevistas. Creo que son momentáneas, que no se dicen nada, no se va hondo y…

De acuerdo. Pero tú tienes una imagen pública. Se te entrevista porque el público quiere conocerte.

— Creo que la imagen se hace con el trabajo, con lo que uno se exprime trabajando. Una entrevista no da a conocer a una persona, siempre las mismas preguntas, lo mismo, con variantes más o menos. Creo que el principal problema de las entrevistas es el hecho de que es una especie de biopsia a la que te sometes, que no va a ninguna parte ni da nada al público, ni a mí, ni al que entrevista y además del artista está el ser humano.

Pues vamos a hablar del ser humano.

— Del ser humano no se puede hablar así… de alguna parte del ser humano.

    Y prosiguió hablando sin burla ni desdén, pero empleando palabras musicales que sonaban deliciosas y eran duras, duras.

Usas la dialéctica para el rechazo –le dije, imitando su musicalidad–. Tus ojos son dulces, pero eres duro.

— Me parece que estás a la defensiva, que en el fondo es ofensiva.

Puede ser. Me causa muy mala impresión tu actitud. ¿De qué se puede hablar entonces?

— Pero yo no creo que sea mala impresión. Yo sí acepto un tema de conversación del cual se pueda aprender. Considero que la dialéctica se convierte en un juego. Me interesan las cosas puras y lisamente humanas.

¿Qué son esas cosas puras y lisamente humanas?

— No me gusta definir y clasificar cosas.

T.S. Elliot exigía que cuando publicaran sus ensayos les pusieran las fechas en que los escribió, pues con el tiempo, decía, sus ideas y sus conceptos cambiaban. ¿Qué ha cambiado en tu mundo de hombre joven que va con su guitarra al hombro cantando, conociendo pueblos diferentes, gente diferente? ¿Cómo era para tí el mundo antes de recorrerlo?

— Los seres humanos tienen la obligación de cambiar, somos dinámicos. Me parece bien lo que dijo Elliot. Me parece bien que a cada actitud estática de la pintura, el ensayo, se le ponga fecha, y eso no tiene nada que ver con que se cambie de una idea a otra sin renegar de la idea que antes se tuvo. He encontrado las diferencias según los pueblos, pero en el fondo es una desgracia que existan grandes diferencias de castas culturales y económicas y con cultura me refiero al acceso a medios de cultura.

¿Tienes un mundo íntimo que defiendes mucho?

— Este mundo íntimo tengo que defenderlo no sólo porque me obliga a pensar, escribir y crear y es un mundo al cual amo por las cosas simples que me sensibilizan. Mi tipo de defensa no es para convertir las cosas mías en egoísmo, sino para que no me las manoseen.

¿Cuáles son esas cosas simples?

— Una de las cosas que menos me gusta es definir. Las cosas simples… me lo planteé escribiendo aquella pequeña composición: "...que hacen que lloremos cuando nadie nos ve".

Tú que representas la juventud del momento, ¿cómo ves el futuro?

— Muy triste. Hay que preguntarle a los biólogos qué está ocurriendo en los mares, por qué se debilitan, por qué las aves migratorias están cambiando de rumbo. De las especies depende todo. Lo que más temo es que los gobiernos están informados y saben estas cosas que están conduciendo al caos.

Tengo entendido que grabaste tu último disco en Italia.

— Grabo siempre en Italia. Primero porque hay un ingeniero de sonido, antiguo compañero mío y nos entendemos muy bien y como grabar es duro, pesado y cansa, pues necesitas a alguien muy bueno. Grabo en Milán porque las cuerdas son maravillosas, verdaderas maravillas. Luego porque el estudio (hay varios estudios) donde yo grabo es de características adecuadas para mí. Italia es un país al cual amo.

Leí que hasta hace poco habías estado bajo una gran depresión.

— Eso es tremendamente vulgar porque estoy deprimido a menudo. ¿No te deprimes tú?

Casi nunca.

— ¡Qué suerte tienes! No, no es suerte. Es como cuando duele la cabeza, uno siente la diferencia.

    Terminó de beber la leche y el vaso de cartón rodó en la mesa y lo aguantó pero volvió a rodar hasta caer en el suelo. Se agachó a recogerlo. "Vaya", dijo colocándolo en la mesa de nuevo y sonrió, "No acostumbro a dormir de tarde y me levanto malhumorado", agregó. Pero no se veía su malhumor por ninguna parte. Se había roto el hielo en el curso de la conversación y Joan Manuel Serrat alzó la pierna derecha y la colgó en el asiento, moviéndola suavemente, cómodo, accesible, con la dialéctica y la brusquedad tiradas al olvido. La flor predominaba. Le pregunté qué significaba para él, en estos momentos, la religión y Dios.

— Podría dar una respuesta muy amplia. Yo también fui educado en un país católico y luego cuando empecé a estudiar en un colegio de sacerdotes me obligaban a ir a misa y también durante mi niñez y después quise ser sacerdote, todos los chicos quieren ser sacerdotes y las chicas monjas y enfermeras.

En Latinoamérica no creo que todas las chicas quieran ser monjas.

— Pero enfermeras… cuando juegan, de pequeñas.

Sí.

— Fui al Instituto y allí empecé a cambiar, a pensar en las cosas. Fue más o menos allí cuando pensé en el grado de religiosidad que tenía. Al tiempo me he dado cuenta de que no soy católico practicante y que la idea de Dios me interesa muy poco y me rebelo contra la religión que está metida en grandes injusticias, pero en mi forma de ser, mis cimientos religiosos están ahí. Me doy cuenta de que en todo lo que hago, en todo lo que escribo, en mis canciones, hay un trasfondo cristiano, lo cual no es malo. Y en cuanto al mundo… en principio vamos a levantar escuelas, hacer maestros, que el maestro represente una de las profesiones más dignas y quien quiera estudiar que no se vea impedido de hacerlo porque no tenga dinero para pagar los estudios. Y dentro de veinte años nos veremos para hacernos la pregunta de cómo va el mundo.

¿Y de los poetas? ¿Qué piensas de Yevtusshenko?

— Creo que es un buen poeta, quizás no es un maestro de la poesía. Para el gobierno ruso Yevtushenko es un símbolo de sport. Mucha gente no me convence. Le respeto como poeta, pero al nivel humano me violenta, me entristece que un hombre sea utilizado. De los americanos: el viejo Whitman, un tipo al cual adoro. Y Poe. Mi primera experiencia con Poe fue leyendo un libro de sus cuentos cuando era niño y lo mismo me pasó con los Marx Brothers. Conversando con mis amigos les digo que vi a los Marx Brothers de niño y me gustaron ya, como nunca me gustaron Abbot y Costello. Y con Poe, de niño. Y Kerouac me gusta. Pero a Withman le llevo de cabecera, viajo siempre con él. De los españoles me quedo con la generación del 29, la más grande, la más extraordinaria desde el Siglo de Oro hasta ahora: Juan Ramón Jiménez, Lorca, Machado, Hernández, Don Ramón del Valle-Inclán, el gran monstruo de la literatura contemporánea. Le leo y me hace feliz.

Y en la poesía ¿te interesa más la técnica que el proceso espontáneo de la creación?

— No, por una razón. Me doy cuenta que técnicamente he avanzado una barbaridad en ocho años. La técnica es un aditamento, pero si la utilizas como base de creación, no hay fondo. Kerouac tiene un "Prontuario" precioso. "Cuando escribas piensa siempre que eres genio", dice. Si utilizara la técnica como base y no como aditamento no podría creer ni a mí mismo. Cuando yo escribo algo, digo: "esto me gusta, creo que es genial". Para mí lo es. No escribo para comer. Nunca escribí para comer. Cuando cantaba al principio y no ganaba dinero trabajaba dando clases, después, cuando me gradué, trabajé de ingeniero, siempre me gané la vida de otra manera. Pero tengo que irme a cantar en la Universidad –dijo poniéndose de pie, y agregó lentamente– ahora quiero decir… Para asegurarte mi decencia como escritor, que tengo muchas cosas terminadas, poesías, cuentos, relatos, y no los publico. Novelas no, no escribo largo, me gusta el relato corto y se lee más rápido. No publico mis cosas terminadas porque si las publico se venderían muchísimo, pero no por la calidad literaria, sino por la publicidad que gira alrededor de mi nombre. No quiero eso. Soy honesto.


¹ Hay un error en lo que cuenta: los lunares los tiene –mejor dicho, tenía– en la mejilla derecha. (Nota de P.M.)




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