El oficio de cantar
Enrique Barreiro
Editora Nacional, Madrid 1973
JOAN MANUEL SERRAT
Joan Manuel Serrat, nacido en Barcelona y máximo exponente hasta el momento del término cantautor en nuestro país, debutó como profesional en 1964 y con una canción que ya atrajo la atención del público "Ara que tin vint anys". A raíz del conflicto tenido por negarse a acudir al festival de Eurovisión en 1968 su popularidad subió al máximo y empezó a cantar en castellano también. Sus discos en catalán son editados por Edigsa: "Per San Joan", "La tieta", "Cançó de Bressol". Y en castellano por Novola (Zafiro): "Penélope", "Manuel", "Poema de amor", "Tu nombre me sabe a yerba", (y así hasta cinco long plays).
¿Esto de cantar y componer fue para ti una vocación temprana o, por el contrario, una consecuencia de otro medio de expresión al que intentabas dedicarte, pero que, al no verlo demasiado claro, decidiste cambiarlo por la música?
Bueno, esto de cantar y componer, no se puede, no se puede plantear ahora como, como hace ocho años me lo pude plantear; son dos planteamientos totalmente diferentes. Yo empecé a escribir y a componer canciones... al mismo tiempo, simultáneamente cantaba también en un grupo. Las canciones mías realmente no las cantó nadie, no las quería nadie para cantar y entonces me decidí a cantarlas yo. Pero no fue un problema vocacional, yo no creo en las vocaciones, yo creo que las vocaciones se realizan, las vocaciones no aparecen. Entonces estaba esto... que se ha ido realizando en mí como una cadena... Cuando me dí cuenta de que esto era un medio de expresión muy importante para mí, al mismo tiempo de ser un medio de expresión era un medio de comunicación muy interesante, y que además de esto podía ser mi trabajo, algo tan simple y limitado como el trabajo, como la profesión de uno, entonces es cuando me lo planteé en serio, cuando tuve que abandonar una serie de cosas para dedicarme única y exclusivamente a esto. Esto no quiere decir que este planteamiento viniera cuando yo empecé a ganar dinero... O sea que las primeras épocas fueron bastante difíciles... El planteamiento no vino por un problema económico, sino vino por un problema podríamos llamar de profesionalización.
Han pasado algunos años desde tu conflicto con televisión a raíz de lo de Eurovisión. Me imagino que desde esta perspectiva puedes juzgar y analizar los hechos con mayor objetividad. ¿Qué fue lo que pasó en realidad? ¿Era tan importante el cantar en catalán, cuando al fin y al cabo fue en el momento en que empezaste a hacerlo en castellano?
Bueno, primero yo te aclararé que en estos momentos según palabras de un alto dirigente de Televisión Española, los problemas de Televisión Española conmigo no son problemas derivados de Eurovisión, sino problemas derivados de la Asamblea de Montserrat, cuando ocurrió el proceso de Burgos y cuando se hizo y se firmó un manifiesto pidiendo una serie de cosas que ya están bastante..., bastante en la mente de quien quiera tenerlas.
Entonces todas esas cosas que se especularon sobre si el capitalismo catalán os tenía condicionados, ¿no tienen nada que ver? En todo caso ¿hasta qué punto el capitalismo catalán os puede condicionar a vosotros los cantautores?
Creo que el capitalismo catalán (sonriendo) lo único que ha hecho siempre ha sido pactar con el capitalismo centralista. Porque el capitalismo tiene la gran virtud, por llamarle algo, de pactar con una facilidad extraordinaria... Nunca pacta con nadie que no sea de su mismo género y especie, por tanto nosotros nunca hemos tenido nada que ver con el capitalismo catalán. Nosotros, me refiero a todo aquel que lleva una guitarra en las manos, cante o no cante en catalán, con lo único que hemos tenido que ver siempre ha sido con el pueblo catalán.
¿Tienes estudios musicales?
Elementales.
¿El no ser más profundos, lo has echado en falta alguna vez a lo largo de tu vida profesional?
Muchas veces los he echado en falta. Pero me es muy difícil en estos momentos empezar a estudiar... esto por una parte y por otra pues no siento una necesidad de estudiar música... sí de dominar armonías, de dominar el dominio del instrumento... Que es un caso muy curioso... yo conozco mucho más, que es una contradicción tremenda esto, pero sé mucha más armonía, que por ejemplo, pueda saber solfeo... solfeo sabe mucho más un niño que yo..., que estudie (riendo) música..., armonía no en cambio... Esto es una contradicción tremenda porque son dos etapas totalmente... la armonía es una etapa posterior al solfeo, pero...
De todas formas, ¿piensas que a lo mejor el tener estos estudios te hubiese limitado o restado libertad?
Quizá... Esto es un poco elástico, ¿no? Decir, decir que si uno sabe música es que la imaginación queda, queda detrás de la técnica, es posible, pero... en fin hay casos en que ha ocurrido esto. Yo conozco gente que componía y eran mucho más frescos cuando, cuando su conocimiento musical era más limitado, y luego pues se vienen abajo, pero esto también puede ser consecuencia de que se hubieran venido abajo igual si no, si no hubieran estudiado.
¿Podrías autodefinirte como cantautor?
Yo me autodefino absolutamente así, con palabras, me defino cada día levantándome, saliendo a la calle, mirando las cosas, tocándolas y estando metido en las cosas, así me... Porque, no sé, para definir con palabras ya están aquellos que tienen mucho tiempo que perder y muy pocas cosas que hacer.
¿No crees que tu estilo musical tiene dos vertientes muy diferenciadas: una muy poética, como puede ser la de "Per Sant Joan", otra muy industrial como la de "Penélope"? ¿Te sientes verdaderamente comprometido con ambas?
Sí, sí, las dos son mías. Una puede ser mejor que la otra, esto no hay duda, pero las dos son mías. Y las dos responden a un momento mío. Puedo sentirme más a gusto ahora con una o con otra, pero lo que no puedo es renegar absolutamente de ninguna de las dos.
¿Cuando te encuentras más realizado musicalmente: al interpretar a Machado y Hernández, o haciendo esas canciones tuyas que hablan sobre tu experiencia, sobre tu origen humilde?
Estamos en un caso parecido a lo que hablábamos antes, digo parecido, porque aunque no tiene nada que ver, sí tiene una vertiente común, que es la que las dos son consecuencias de mi trabajo... uno es mucho más, mucho más yo, el otro es también muy yo a pesar de que lo haya escrito otro porque desde el momento en que he musicado aquello es porque he sentido hacia aquellas poesías, hacia aquellas obras, aquella sana envidia de haberlas querido escribir yo, y estar totalmente, comulgar totalmente, con lo que están diciendo.
¿No crees que las canciones escritas por ti a veces tienen muchos resabios de la época del subdesarrolo?
Bueno, cuidado, es que nosotros estamos viviendo una época de subdesarrollo total, es decir... lo que no podríamos, lo que no podemos tener es ese otro tipo de resabios... No son resabios. Yo no creo que hay ningún momento de resabios..., lo que hay son imágenes muy concretas.
Me imagino que cuando te planteas una nueva canción, lo que más te importa es la letra; nadie puede negar que eres un excelente letrista. Pero ¿no crees que das excesiva poca importancia a tu línea melódica?
Bueno, no sé esto ¿eh? Yo un día ví que se lo decían esto a Brassens también y yo me eché a reir porque Brassens aparentemente un hombre poco melódico tiene las melodías más hermosas que he oido nunca en canciones. Lo que pasa que es un problema de saber quién las oye. Muchas canciones mías están grabadas por cantantes extranjeros. Mina ha grabado varios temas. Richard Anthony grabó un tema..., no sé hay un grupo alemán que también está grabando cosas. En América me han grabado un montón de cosas..., y muchas traducidas del catalán que no tienen nada que ver a veces y que las entendían..., o sea que una cierta línea melódica sí tiene que haber... Se han hecho discos de melodías solo con mis canciones..., pues por ahí tiene que andar bien la cosa también.
¿Pero tú, como algunos otros cantautores, piensas que hacer canciones es otra cosa diferente a hacer música?
Hacer canciones es en parte hacer música, es en parte (y recalca en parte), pero no es únicamente hacer música: la canción es algo mucho más complejo, coño, es como si habláramos de pintura, de pintura o de carbón ¿no?... No sé, el carbón no tiene..., tiene... incluso en el carbón puede haber una diferencia de tonos de matices..., la música en fin viene a ser un poco el matiz, el tono, el color que das a la pintura, la línea..., el trazo es la letra... viene a ser ¿no? No puedes decirle a un pintor: ¿Oiga es que usted a qué da más importancia, al trazo o al color? Te dirá que a la pintura. ¿A mí a la letra o la música? Yo a la canción. Es muy complejo esto.
¿Has compuesto alguna vez una canción cuya letra no sea algo que hayas conocido o vivido con intensidad?
No lo sé. No sé... Yo vivo en esto de escribir canciones una serie de mundos; entonces uno de estos mundos es el que piso cada día y toco cada día, luego además el mundo que toqué y que pisé y luego el mundo de mis súeños, ¿no? Y a partir de ahí salen cosas..., o sea los personajes no tienen por qué ser retratos..., en algunos casos intento retratar también, pero el retrato puede ser más o menos afortunado.
¿Has hecho alguna vez alguna canción cuya letra pueda considerarse como autobiográfica?
Prácticamente todas las canciones tienen pedazos de autobiografía, todo lo que uno escribe es parte de uno, no sé. Oscar Wilde decía que uno escribe un poema en toda su vida, y todo los demás poemas giran alrededor de éste. Yo no sé si lo he escrito aún.
Esto que os sucede a los cantautores de no poder interpretar nada más que lo que componéis o componer sólo lo que váis a interpretar, ¿es exactamente una postura o una limitación de vuestras facultades como intérpretes y compositores?
No, no, yo canto cosas, otras cosas, si me apetece cantarlas. No sé, puedo cantar algo de Violeta Parra, como en otras épocas he cantado algún tema de Yupanqui, porque me ha apetecido, sencillamente... O puedo aceptar cualquier otra canción de un compañero mío que considere que está muy bien hecha y que me sienta totalmente identificado con ella. No me puedo autolimitar más, yo no... es decir..., no quiero más autolimitaciones; cantaré en cada momento lo que crea que tengo que cantar... al menos aquí es una de las cosas en las que nadie puede autolimitarme, aquí nadie puede limitarme, y menos me voy a autolimitar yo.
¿Qué metodo de trabajo empleas para componer una canción?
No hay, no tengo un método fijo, no. Puedo escribir aquí si me apeteciera, podría..., no necesito estar una hora en un bureau o mirando un paisaje, puedo escribir en un coche..., cuando voy en el aire ya escribo... Luego desarrollar la idea es otro proceso.
¿Una vez compuesta una canción qué tiempo inviertes en prepararla, montarla y dominarla?
Yo veintiocho años he tardado..., yo he tardado..., tardo en hacer una canción veitiocho años y el año que viene tardaré veintinueve y el que viene treinta. Es que es toda mi vida la que está ahí metida...No..., yo que sé cuando empecé a escribir una canción.
De todas las canciones que has compuesto, ¿cual fue la que más trabajo te dio para quedar exactamente como tú la querías que quedara?
Puedo decirte exactamente lo mismo..., volvemos a lo mismo..., nada es fácil, ¿no? Y además cuando algo aparece con excesiva facilidad yo me mosqueo mucho.
¿Qué tiempo tardas en poner voz a una grabación?
Yo tardo normalmente cinco días en grabar un long play.
¿Preparas tu voz de alguna forma especial para ir a grabar, para salir a actuar? ¿Necesitas de alguna predisposición psicológica para cualquiera de estas dos actividades?
No, nada, absolutamente ninguna. Puedo tener más o menos ganas, pero no necesito tomarme, no sé, un té con limón para salir a cantar, ¿no?, o cualquier otra cosa. Conozco de gente que sí, que necesita tomar algo o hacer algo antes de salir a cantar... de las cosas más extrañas del mundo te podría contar ahí, pero... (riendo), yo no necesito nada.
¿Cuando cantas mejor? ¿en momentos de tranquilidad o en aquellos de mucha tensión emocional?
No lo sé, supongo que..., nunca canto igual en... ¿cómo canto mejor?, no lo sé, seguramente... esto es muy personal, personal por mi parte y muy personal por parte de cada individuo que está oyéndome... No, no a todos, no todos, no todo el mundo acepta la misma forma de cantar, con las mismas ganas... hay días que estás más brillante, hay días que estás más, más encerrado, hay días que estás... como puedo estar más simpático o estar más huraño, y entonces por ese lado puedes cantar más, puedes romper más o puedes matizar más, no sé, depende de cada uno..., yo lo único que me interesa cuando estoy en el escenario es intentar sentirme lo más a gusto que pueda.
Mitología Pop Española
Jordi Sierra i Fabra y Martin J. Louis
Ediciones Marte, Madrid 1973
I
Hijo de un obrero y de una campesina aragonesa, nacido en la monumental Barcelona... pero en uno de sus barrios más humildes y populares, criado a fuerza de romper zapatos por la calle, Joan Manuel representa el triunfo de la sencillez, de la ingenuidad reflejada en sus primeras canciones, de la sinceridad y espontaneidad. Joan Manuel es el prototipo de gigante que se ha hecho a sí mismo., que se ha labrado cada recodo de sus manos y su rostro con el cincel de la vida y el martillo del corazón.
En su evolución natural, algo que comprende lo personal y lo humano, Joan Manuel ha ido creciendo, creciendo y creciendo desde el momento de su aparición, en cada uno de los pasos fundamentales de su vida... Palau, Eurovisión, Machado, Hernández, "el futuro Serrat", etc. Este crecimiento, interno y externo, le ha ido proyectando en cada momento de su carrera a esferas más y más absolutistas... pero tanto como sencillas, porque la carrera de Joan Manuel, si ha tenido un signo visible, ha sido el de la sencillez envuelta en humanidad, en calor, en amor...
Joan Manuel, a través de sus canciones, y con ellas de sus giros, nacidos en una normal evolución, le ha cantado siempre al hombre del hombre, a la tierra de la tierra, a la vida de la vida... Serrat ha usado dos léxicos ricos y cargados de historia: el catalán y el castellano, y lo ha hecho con una naturalidad tan impregnada de humanidad, que nadie, ninguna persona, se ha sentido fuera, al margen de sus canciones. Desde "Ara que tinc vint anys" a "Quasi una dona" pasando por "Poco antes de que den las diez", desde Machado a Hernández... en todas sus canciones ha habido algo de nosotros, de ti y de mí, de la sangre española que llevamos todos y de nuestro lado universal que proyecta al infinito. Serrat y su carga de sensibilidad. Serrat y su aspecto de hermano mayor.
Posiblemente uno de los mayores méritos de Joan Manuel haya sido lograr un lenguaje lleno de matices, delicado y libre, sin apartarse de los cánones históricos. Él no ha creado nuevas expresiones... y sin embargo ha dado una nueva pujanza a las viejas, precisamente cuando las nuevas generaciones buscaban la revalorización de los términos actuales para aplicarlos a la nueva problemática afín a nuestro tiempo, a los años 70. Joan Manuel ha llegado a ellos, a todos, partiendo de lo conocido. Ha sido capaz de hablar del presente con las mismas palabras de nuestros padres... algo que parecía imposible. Su poesía, su estilo ha sido tachado de eterno, de directo, de gráfico. Su música, la base, lo ha sido de perfecta, y aunque la expresión "armazón técnico" no parece la más adecuado, sí puede dársele porque ningún zapato ha calzado nunca mejor a un pie, o un guante a una mano, que las músicas y las poesías de Joan Manuel, que parecen fluir juntas de una fuente fértil, en lo alto de la montaña sagrada de la inspiración y de la sutileza, el lirismo y la calidad... el Olimpo de los elegidos.
Como hombre es uno de los pocos (tal vez el único) que no ofrece la habitual doble faceta artístico-personal. Joan Manuel resulta alegre, joven, loco, responsable, serio, intro-extro (vertido), juerguista, bromista, todo junto mezclado con la particularidad de saber siempre por donde pisa y lo que hace. Serrat, como todo buen catalán, tiene una increible firmeza de carácter y el don de saber emplearla.
Ciertamente para hablar de el noi haría falta algo más que estas páginas, porque en su entorno caben infinidad de consideraciones pequeñas y grandes, directas e indirtectas. Sobre él ya hay libros que han tratado de estudiar sus canciones, su problemática, su filosofía. Su persona, por ende, también ha atravesado hace ya mucho la barrera en la que un cantante o un autor supera sus propios valores artisticos, por ello es pan de cada día verle en revistas de chismes, en páginas frívolas, en entrevistas estúpidas, en fotos capciosas... en cualquier hecho o motivación asociable: Serrat... Joan Manuel Serrat es un mito que tampoco puede escapar a su propia sombra de gigante. Y es seguro que, si se hiciera un estudio de reportajes publicados en los últimos siete años, él se llevaría la palma con ventaja, aún sin haber tenido bodas ruidosas, haber sido padre o simplemente dejarse ver con una novia cada día.
Serrat es uno de los pocos españoles de hoy que ha merecido la especial atención de haber sido llamado alternativamente poeta e interesado, intelectual y formal, soñador y sensato, austero y negociante, idealista y egoista, serio y juerguista... ¿Quedan mayores incongruencias? ¿Hay términos más antagónicos?..., no, resulta evidente, y sin embargo, en ninguno hay una negativa o una simple mancha para la calidad, la firmeza, el valor, la sencillez, la honradez, la dignidad.
Pero es que estamos hablando de Joan Manuel Serrat, arquetipo nacional, peninsular, pre-pirenaico y latino de azada.
II
Muere 1943 cuando el 27 de diciembre nace Joan Manuel Serrat Teresa en la humildad del Poble Sec, en la falda de Montjuich, justo al pie de la montaña, en las últimas casas de la margen marina de la calle Poeta Cabanyes... una casa desde la cual, se divisan, se palpan y respiran, las miserias del barrio pobre de la ciudad, con sus chabolas blancas de yeso, sus pilluelos sucios y harapientos. Son apenas cincuenta metros, separados por el final de la calle asfaltada y el primer polvo pedregoso de la montaña.
Joan Manuel no conoce sedas, sino lana, como hijo de una familia obrera, pobre, aprende mejor que muchos el valor del estudio, desde su primera edad escolar, a los cuatro años, en su bachillerato del Estudio de Milá y Fontanals, y por fin, a los 13 años, cuando ingresa en la Universidad Laboral del Tarragona, donde recibe un título: el de tornero fresador, título que le parece exiguo, como si su ambición ya fuera aspecto importante de su formación humana, y tras trabajar unos pocos meses vuelve al estudio en forma de Peritaje Agricola. Y aunque parezca mentira, llegó a conseguir el Premio Extraordinario de su promoción.
Joan Manuel marcha a la tierra de sus mayores, al Norte, montaña adentro, en los ribazos pirenaicos. Trabaja duro, con el calor veraniego, y el frío invernal entre la primavera otoñal del verdor catalano-aragonés. A su vuelta vuelve al estudio e inicia Ciencias Biológicas.
Perteneció al grupo de atletismo "Linterna Roja", fue un buen boy-scout casi dos años en la agrupación "Folch i Torres", practicó pesca, natación y ciclismo... y, cómo no, formó un grupo en 1961 con Jordy, Tony y Manuel, todos peritos agricolas. Su primera actuación fue en San Cugat. José, lampista, y Maria Ángeles, aragonesa de Belchite, tendrán en la vida a un hijo, Carlos, trabajando de tornero en Alemania y a otro Joan Manuel trabajando de cantor en la vida.
El Serrat autor, cantante, nace en 1965, con una canción triste, melancólica, llena de regustos juveniles, titulada "Ella em deixa". Es el amor juvenil de todo muchacho, el primer dolor y la primera canción... ¿Quién no le ha escrito nunca un poema a la primera chiquilla de la vida?... Joan Manuel, tímido y valiente a la vez, se deja guiar por los amigos que le empujan y presenta sus canciones a una firma catalana, la cual le acepta tras la prueba de rigor.
Y Joan Manuel entra por la puerta grande en el primer movimiento importante de la música nacional: la cancó catalana, cuna de los distintos movimientos regionalistas que, en su mayor parte, darían a las principales figuras del futuro. Nace la generación de la guitarra al hombro y la bufanda al cuello, la generación de la sinceridad que canta canciones protesta, a la que llaman contestataria... es como el reflejo del movimiento hippie que nace en aquellos momentos a orillas de Pacífico, salvando distancias y mentalidades.
En el seno de la cancó catalana, que ya comienza a olvidar aquello de "nova", con la cual se la bautizó en los comienzos de 1962, cuando el padre Raimon hizo oír por primera vez su voz, surge un grupo claro y definido, un grupo que reúne a los 16 líderes, a los responsables: son llamados Els Setze Jutges, y sobre sus espaldas va a caer el peso de una responsabilidad que ellos se encargarán de hacer realidad. De todos ellos, posiblemente sea Joan Manuel Serrat el que haya reunido todas sus ambiciones, sus deseos, su ansia...
Un día 1 y 2 de abril, en el Palau barcelonés que ya había mitificado a Raimon, surge la voz fresca de Joan Manuel Serrat, "El noi del Poble Sec", él y su guitarra para conquistar a su ciudad, a sus gentes.
Y la gente comienza a cantar una canción con la que se indentifica, "Ara que tinc vint anys", curiosamente tenga la edad que tenga, porque todos tuvimos 20 años.
Pero Serrat es algo más que impetu, fuerza o vigor juvenil. También es la voz del romanticismo en "Paraules d'amor", de lo popular en "El drapaire", del tradicionalismo en "Mare Lola", de la espontaneidad en "Bon Dia, y por último de la calidad y la cadencia musical en "Cancó de matinada"... sin que por ello estas canciones tengan que ser representativas, sino simples ejemplos extensibles a toda su producción.
El mito Serrat crece y crece en Barcelona, en toda Cataluña... y logra lo que nunca logró nadie: pasar la frontera idiomática. Sus discos llegan a los hit-parades nacionales sólo con las ventas de la región catalana y gracias a ello son escuchados de Norte a Sur, de Este a Oeste, escuchados, valorados y también comprados. La cancó catalana se le ha hecho pequeña a "el noi", y la nacional, tras rendirse ante la evidencia de una calidad y una sensibilidad poética distintas a todo, también va a quedar muy pronto pequeñas.
1967 es el gran año de la expansión, el último año del Serrat infantil, de la bufanda y la guitarra, del pelo corto y la timidez. Casi sin darnos cuenta Serrat se ha hecho mayor, muy mayor. Canta en televisión sin vestuario, sin decorados, con su guitarra y en catalán... y el país entero se vuelca en alabanzas. Ya ha nacido el primer autor con personalidad en España.
Su candidatura para Eurovisión y el anuncio de que va a grabar también en castellano llegan casi al mismo tiempo. Un sector de su público le censurará su actitud por creerla imprudente y no apta. Una reacción primaria que él mismo se encargará de borrar más tarde con sus canciones. Pero hay algo más: Eurovisión. Joan Manuel no encaja en el fabuloso "tinglado" europeo, como no encaja tampoco cantando una canción tan comercial e inteligente, pero no brillante por su calidad y contexto, como el "La La La". Durante unas semanas la fiebre eurovisiva lo envuelve todo... hasta el "boom" de la primera explosión demoledora de nuestra música nacional: la negativa de Joan Manuel a ir a Londres en abril de aquel 68. Con su postura van a ocurrir muchas cosas, tan vez demasiadas como para enjuiciarlas en este breve libro y tal vez demasiado complejas también. Lo más inmediato va a ser el triunfo de Massiel dando a España su primera baza internacional desde el mazazo de Los Bravos en el 66. Lo segundo va a ser el veto a Serrat en radio y TV, y posteriormente tan solo en TV. Como tercer punto una serie de consideraciones un tanto dificiles, incluso politicas a nivel interno, consideraciones, que en su dia, tuvieron doctores en ley para razonarlas. Sólo es algo cierto que la carrera de Joan Manuel entra en su punto más critico... Hay quien le asegura y le augura una muerte rápida, otros predicen su caida lenta, algunos su éxito total, los que conocen su calidad y los que saben que esto es lo único importante. En este punto crítico aparece el primer disco de Serrat en castellano (descontando el La La La): "Poema de amor" y "El titiritero" y las últimas dudas se desvanecen. Joan Manuel Serrat es el viento, el vendaval, la lluvia, sus canciones impregan, envuelven. El triunfo de Serrat es, a la postre, el triunfo de la música., lo único importante por encima de politiquerías, de posturas, de engaños (la historia de la negativa jamás quedó clara por ninguna de las partes... ni falta que hizo después). Joan Manuel comienza a convertirse en el máximo vendedor del país, llega a la cima donde Raphael parecía estar solo, comienza a traspasar fronteras... Europa a través del MIDEM y Sudamérica a través de su primera gira.
Las grabaciones de Joan Manuel entre 1968 y 1969, su cambio físico, la formación humana. Todo es una pequeña duna que el viento cambia de lugar lentamente y también de configuración. Toda la vida de Serrat es un pozo merecedor de examen, pero lo importante es también su huella histórica y el murmullo de hojas que ha dejado al pasar por cada página de la vida. Ha pasado tan solo un año desde el affaire eurovisivo cuando Joan Manuel va a dar el álbum más importante de la música española, la joya más preciada de una débil música que lucha por una supervivencia digna y honrosa. Va a llegar la hora de que Serrat, desenterrador de perdidas glorias, levante la losa de un grande de nuestra literatura y en una tumba olvidada extraiga las raices del sentimiento popular español. Y muchos van a oir hablar por primera vez de Antonio Machado, poeta.
Treinta años después de su muerte Don Antonio va a ver cómo su obra, en forma de unas poesías escogidas, llega a toda España envuelta en música, cantada por el trovador español que probablemente él mismo hubiera deseado. El 22 de mayo de 1969, en el Tívoli de Barcelona, el público puesto en pie dice sí a mucho más que un cantante, una calidad o unas canciones.
"Dedicado a Antonio Machado, Poeta" va a estar un año consecutivo en el número 1 de la lista nacional de ventas, va a inaugurar la nueva década con el sabor especial del éxito para una música que día a día se va definiendo más, aún en su oscuro cromatismo. Serrat, actor de cine, líder de la música nacional, ídolo en el mundo latino de allende los mares va a conocer pronto la crisis post-cumbre, la misma que acusaron Los Beatles tras su "Sargent Peppers Hearts Lonely Club Band", aunque él es solo uno y no va a tener diferencias consigo mismo, sólo una revalorización de su madurez creadora. Machado sigue en el número 1, su nuevo Lp "Serrat 4" lo mismo... y se detiene. 1971 va a ser un año gris, con un Joan Manuel perdido y descentrado, un Joan Manuel que no cuida su voz, que se divierte y mina su categoria. En sus recitales ya canta uno o dos tonos más bajo que antes. Hay miedo en el futuro, porque el presente es como una muralla que impide llegar a él.
Joan Manuel va a darse cuenta justo a tiempo. Descansa una temporada, cambia su equipo y se queda solo, se toma unas vacaciones y poco a poco comienza a componer de nuevo, descubre la sensibilidad perdida, las fuerzas olvidadas, el ansia de vivir la música, del volver a crear. En el tibio sol costero, bajo el cielo azul, junto al mar de su niñez, nace "Mediterráneo", el álbum prometido.
Ha habido un cambio en la estilización de Serrat. Hay más detalles, menos espontaneidad, más metáforas, menos fuerza, más lirismo, menos juentud, más actualidad. Y diez canciones preciosistas, trazadas sobre un lienzo suave de hilos perfectamente trenzados, bosquejadas sobre imágenes concretas, indelebles, ceñidas y vivas. Es nuestro mar, nuestro Tío Alberto, nuestra Lucía, nuestras pequeñas cosas, nuestro vagabundear, nuestra mujer y nuestro pueblo blanco.
III
Posiblemente la diferencia más grande entre un artista, en el principio y la consagración de su carrera, sea la entrada de un mundo codicioso, ambicioso, dificil. De la sencillez humana en ese comienzo, cuando uno puede pasear por la calle confundido entre otros miles de personas, a la complejidad multipersonal de ser un triunfador., con el veto al término intimidad, va todo un universo extraño y a veces incongruente con oscilaciones en las que el protagonista no sabe a veces si es desgraciado o se siente afortunado.
El Serrat millonario, triunfador, líder, ¿Hasta que punto puede seguir siendo honesto en su faceta lírica, en su lado poético, en aquel humanismo natural de sus inicios? A esta pregunta han respondido muchos de formas diferentes. Por un lado Serrat el negociante, dueño de clubs y salas, propietario, inversionista... por el otro, el vagabundo que se cansa de "preguntar por qué y por qué al mundo", y sin embargo hay algo que nada puede borrar, y ello es una imagen, la suya, su aspecto de niño malo, de camarada al que se puede pedir la mitad de su único pitillo, de socarrón, su mirada burlesca y sincera, todo lo familiar que hay detrás del nombre de Joan Manuel Serrat.
Su punto más álgido de polémica llegó con la edición de otro Lp importante. Machado y su paisaje castellano han quedado atrás, ahora va a ser Miguel Hernández, precisamente un hombre polémico, de ácida poesía, de fuerte temática, el autor de unos "Vientos del pueblo" en 1937, año difícil en medio de nuestra guerra. Hernández, don Miguel, no es hombre fácil de musicar, no es apto para lirismos ni fragancias, sino para el ímpetu de la realidad, la crudeza de un lenguaje directo y la agudeza de su tiempo. Y Serrat acomete la tarea más difícil de su vida.
En realidad Joan Manuel llevaba la idea hernandiana desde muchos meses atrás, prácticamente desde que concluyó su álbum machadino. El tiempo y la etapa gris de su creatividad retardaron esa aparición, y cuando por fin llegó, Serrat fue censurado por los puristas de lineal, de haber tratado a Hernández sin el rigor que su obra y su figura merecía, pero ¿quién puede frenar el vendaval? El álbum retorna al número 1 y sienta sus reales allí por meses. Si la idea musical no es la acertada, por lo menos Hernández llega a todos los rincones patrios, y esto cuenta mucho. Algunas voces claman contra Serrat y sus caros trajes en los recitales, otros siguen silbando cuando canta en catalán, y otros más cuando lo hace en castellano... todavía, pero ¿a quién le importa? A nadie, porque Joan Manuel sigue siendo el vendaval infrenable, seguro y tenaz.
Y si con Serrat proliferan los cantantes regionales desde 1966 hasta hoy, con su investigación de los clásicos revitalizó de tal modo la temática de sus obras que muy pronto los mismos que clamaron contra Joan Manuel hubieron de hacerlo ante el afán borreguil de musicar a todas nuestras glorias. Sin embargo no hicieron falta demasiadas voces, porque los inflacionistas murieron lentamente, de forma natural.
Serrat quedó. Y queda.
IV
El perfil humano de Serrat se entremezcla mucho con el de su música, practicamente porque no hay demasiadas diferencias entre ambos, y sí un linealismo o paralelismo sorprendente. Joan Manuel emplea en sus canciones las mismas palabras que en la vida real, los mismos tacos en catalán que en castellano, la misma ideología para unas canciones y unos temas que no precisan de dobles sentidos ni falsos términos, ni siquiera de rebuscados montajes estéticos. Dentro de su peculiar sencillez, Joan Manuel incluso ha pulimentado el significado de esta expresión, adaptándolo a una cultura y a un movimiento como el nuestro que ha tratado de hallar una música y uns definición propia en la última década y aún sin conseguirlo plenamente ha logrado un buen nivel, precisamente con nombres como Joan Manuel Serrat, o incluso desde Joan Manuel Serrat.
En estos cauces, el perfil humano es ya moneda de una sola cara. Es el perfil de todos, la sencillez que todos desearíamos, hacer lo difícil fácil. Y precisamente esa moneda es lo que Joan Manuel ha hecho circular totalmente, porque su secreto también radica en la comunicación de su voz, y para comunicar a la gente, con la gente, no hay nada mejor que una moneda, lo que más corre y pasa de mano en mano.
Hay también dos rasgos que el mismo Serrat ha mostrado a lo largo de su trayectoria, y es más, ha insistido en más de una vez en que quedaran lo suficientemente claros: su honradez y su dignidad. La primera la ha manifestado siempre en su postura, su clara y definidad temática, sus mismas canciones honestas y limpias. La suya es una honradez simple, basada en cánones estrictos, pero elementales. A Joan Manuel le basta con ser justo y partir de una base clave: no engañarse a sí mismo para así no engañar a los demás. Al llegar a este punto también encontramos en segundo rasgo, la dignidad, un término que en él oscila entre la elegancia y la sinceridad. Hay dignidad en su obra, en su postura, en sus ideas, en su forma de actuar. Serrat hubiera llegado aún a más sin esa honradez y esa dignidad, le hubiera sido muy fácil porque todo lo tenía en la palma de la mano... le ha sido un poco más difícil llegar a su posición de líder, lo ha hecho con la conciencia muy limpia y tranquila, cuando más de uno que ha quedado atrás no la tiene tanto.
En Sudamerica, por ejemplo, como cualquier novato sin que nadie le conociera. Si aquí le costó tres años llegar, allí tuvo que hacerlo en tres meses, ante un público más difícil porque también tiene otra mentalidad, más revolucionaria, más radical, menos abierta. El triunfo de Serrat en la trampa sudamericana, trampa que ha sido la tumba de muchos (que no lo han reconocido) fue también el triunfo de esa honradez y esa dignidad, como bases de su calidad, sencillez, etc.
La doble vertiente mental de Joan Manuel, la catalana y la castellana, ha superado hoy todo tipo de problemática posible. El mismo Serrat dijo un día: "Canto en catalán las canciones que pienso en catalán y en castellano las que pienso en castellano", y luego aún agregó: "No creo que moleste ni haya molestado nunca a nadie, o por lo menos nunca lo he pretendido". Y así ha sido, muy al contrario, pocos cantantes hay que puedan ofrecer una doble faceta artística tan rica como la de El noi, algo que viene a ser el legado cultural de dos pueblos, unido con algo que en Joan Manuel ha pasado a ser nota característica de su personalidad: que es un hombre inteligente, imaginativo y hasta cerebral, pero con mil caminos que pasan siempre por un enclave común y decisivo: el corazón, de donde fluyen como última etapa hacia el exterior.
Serrat, su imagen y sus canciones, es probable que nacieran ya con el márchamo de la mitología, con la etiqueta del éxito, del artículo que no por ser de consumo deja de ser un lujo. El tiempo, posteriormente, no ha hecho más que perfeccionar, pulir y desde luego evolucionar. Hoy Joan Manuel ya no canta aquello de "Ara que tin vint anys" porque ya no sería honesto con aquel buen texto. Hoy es un artista de empuje y nervio, pero distinto, hay que cantar a los poetas muertos o hacer canciones de distinta configuración estética. Hay que hacer ligeras concesiones al amor y a la tierra, a la sangre y a la vida, y seguir adornándolo todo, mejor dicho, montándolo todo sobre correctos ensamblajes sonoros.
Joan Manuel subido a un escenario egregio, y hasta incluso en un club elegante y de buena nota, es el artista que luce su impecable (en su aparente descuido) traje de terciopelo rojizo, que se rodea de una perfecta estructura semiorquestal, casi de cámara, con su guitarra que toma tan sólo de vez en cuando, no porque le haga falta, sino porque todavía le espera la gente, con sus manos fibrosas que hacen trazos en el aire, su voz un tanto rota, su genio o su ímpetu que hace nacer el aplauso o la ovación. Es el Serrat del diálogo abierto con la señora de primera fila o el caballero de gallinero, el del comentario "¡Qué bonic!... ¡Está més prim!... ¡Qué bien canta!..." Es el Serrat que lleva a miles de fans al aeropuerto cuando regresa de sus singladuras sudamericanas, el Serrat familiar que gusta de la primera "escudella" en casa y del último whisky a las ocho de la mañana en casa de un amigo, el Serrat plácido de Cala d'or o el magnate de Platja d'Aro, el Serrat del "mini" y el teléfono prohibido, el Serrat ídolo, figura y mito, ese que gusta a la mayoría de cantantes en secreto, no porque aspiren a llegar donde él ha llegado, sino porque en el fondo y siendo también artistas, saben calibrar la calidad y la importancia de un verso medido en la boca de un autor genial.
Joan Manuel Serrat, grande de la música española, espejo, reflejo y luz, es ese amigo de todos, ya lo he dicho antes, el que nos canta a todos en sus canciones, a ti, y a mí, a nuestros defectos y a nuestras virtudes. Un Joan Manuel que probablemente se sienta identificado con una frase cualquiera de una de sus canciones, tal vez ésta:
Va a entrar al món per la porta de servei.
Duia un gran bagul i un pedac al cul.
Era un bagul de paper que va omplir el temps
les dones i el port, l'amor i la mort.
Era un bagul que s'endrecaba poc a poc...