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Nadals a la memória

Salvador Escamilla

Portic, Barcelona 1977


     Estamos a finales del mes de enero de 1976. Nos encontramos al otro lado de los Pirineos. Tiene un buen aspecto, como si hubiera descansado (como si ayer no hubiera tenido recital, ni hoy tampoco); éso tranquiliza. Está contento de reencontrarse con la familia y los amigos que vienen a verle, y éso siempre es importante para él. Sus padres le han traído a su hijo, Queco, que no sabe qué es lo que pasa.
    Hace poco se ha marchado Joan Baez, le ha traido rosas rojas, y se ha emocionado, han quedado en encontrarse en América. Joan Manuel Serrat continúa trabajando y esperando. Esperando que vengan tiempos y aires mejores.
    Se encuentra en la habitación del hotel. Las páginas de la prensa de todo el país se encuentran allá y preguntan cosas de aquí. Le pregunto:

A nivel artístico ¿Qué preparas para Europa y América?
— De momento voy a América una temporada a hacer una gira por diversos países. Daré una serie de conciertos en Estados Unidos, concretamente en Nueva York. El mes de mayo volveré a Estados Unidos, para hacer algunas cosas en California. Los meses de marzo, abril y mayo tengo una gira por México, una gira de tres meses. Volveré a Europa para hacer una serie de actuaciones en Francia, en junio. Después otra vez a Estados Unidos, en octubre y en octubre y noviembre otra vez en Europa. Hasta finales de año.

¿Qué recuerdas ahora de aquellos tiempos de tus primeros viajes a América?
— Yo recuerdo y recuerdo muchas cosas. Recuerdo la primera vez que llegué a tu programa con una guitarra en la mano y las trescientas pesetas que me ibas a pagar y que me iban a ser muy útiles. Y recuerdo el primer contrato que me ofreciste para venir a Andorra.

¿Fue tu primer viaje profesional al extranjero?
— Sí, y recuerdo que cobré mil pesetas por dos actuaciones. Nos encontramos tú, Joan Ramón Bonet y Marisín, todo un grupo de gente.

Y Guillermina Motta, creo.
— No, ella no vino aquella vez. Era la época en que veníamos a una sala de fiesta que ahora no recuerdo como se llama...

Ya... aquélla donde venía la gente de "Andorra de nit" y "Andorra de matinada"
— Conocí una gente estupenda.

Después de cada etapa de tiempos y circunstancias de todo tipo has sufrido un cambio muy notable, una transformación. ¿Y volverás ahora en pleno cambio?
— Creo que no he sido una persona de cambios y transformaciones brutales. Soy un hombre que se ha tenido que promocionar sólo y que aunque tuve acceso a la Universidad, éso me va a servir más para aprender agronomía y biología que para aprender literatura, música, política, información o para buscar una forma de entendimiento con el país al cual pertenezco o con la sociedad en la que estoy situado. Cuando comencé a cantar tenía unos veinte años y va a ser realmente cuando voy a entrar en un mundo de gente preocupada, inquieta, que buscaba unas nuevas formas de expresión en la canción y al mismo tiempo una forma muy importante de comunicación con su país. Yo he sido, quizá, un producto del contacto con esta gente que he conocido, y que me ha enseñado lo que pasa y cómo se han de hacer las cosas. A su lado voy a comenzar a aprender verdaderamente. Pero no ha habido transformaciones brutales, siempre una necesidad de ser coherente conmigo mismo. Que muchas veces no ha significado coherencia con lo que me rodeaba, pero ser coherente conmigo mismo me ayudaba cada vez más a ser coherente con mi entorno.

Cuando te alejas de tu gente y de tu entorno, ¿lo ves de una manera diferente y éso te hace cambiar?
— Solamente hay una perspectiva diferente. Más que producirse un cambio en mí o en la gente, lo que pasa es que entras en contacto con una serie de personas de otros países, con los mismos problemas o problemas en apariencia difererentes pero con la misma base, y éso hace que realmente aprendas muchas cosas. La comunicación es fundamental. Las oportunidades que da mi profesión, de viajar, de conocer gente, dificultades, me han hecho cada vez más coherente.

Joan Manuel, tienes las maletas preparadas para marchar, ¿a dónde vas?
— Soy un viajero crónico. Me voy a Paris, después a Frankfurt y a América.

Lees la prensa y estás al día de lo que pasa. ¿Qué te parecen los recitales de Raimon y Llach en Barcelona y de Raimon en Madrid? Por cierto, me han dicho que te manda un fuerte abrazo.
— Pienso que han sido muy importantes. El de Raimon ha sido un acto totalmente solidario, en unos momentos fundamentales ha aglutinado a mucha gente y demuestra que el camino se hace buscando gente. Y éso se ha visto ampliado con el de Llach, que ha reunido a más de vieinticuatro mil personas, es muy significativo de cara a muchas cosas. Éso, por un lado. Por otro, el hecho de que una persona pueda ejercer su profesión libremente, sin trabas, o con las mínimas posibilidades, es reconfortante.

Joan Manuel, alguna vez dijiste que un hombre y su obra son dos cosas diferentes, que había que separarles. ¿Hoy crees así?
— No, no en absoluto. Pienso que una obra y el hombre son lo mismo. No hay un artista y un hombre, hay un hombre que tiene una profesión determinada, una profesión maravillosa que consiste en la posibilidad de hacer música y cantarla y comunicarse con los otros. Lo que pasa es que muchas veces es el mundo exterior el que hace aparece las dos cosas divididas. Pero pienso que son absolutamente coherentes.

Tu obra es indiscutible, aunque es discutida algunas veces como todas las obras. El mundo, como el viento, espera que lleguen nuevos vientos y mejores. "Com el vent que és mou" es una frase que recuerdo de una de tus canciones de los primeros tiempos, "Com ho fa el vent". Dices en la canción: "Vull ser com el vent, que es mou i és lliure entre la gent" ("quiero ser como el viento que se mueve y es libre entre la gente") ¿Lo has conseguido?
— Me agradaría decir otra cosa. Yo espero que vengan mejores vientos, que se hagan las cosas para que éso suceda. Pienso que la única posibilidad para que vengan mejores vientos es que todos hagamos lo posible para conseguirlo. Nadie nos dará nada porque todo lo hemos de conseguir por nosotros mismos.

Espero que se haga como dices. Buen viaje y buena suerte.
— La misma suerte que me deseo yo cada mañana porque me hace falta, os la deseo a vosotros ya que también os hace falta.

Ahora le pregunto a Joan Manuel:

¿Cómo estás, cómo va la añoranza y cómo va el camino de cada día?
— Bien, yo esperando, como está esperando cualquier hombre de mi país que los acontecimientos que la prensa, sobre todo la prensa, anuncia, y los responsables del gobierno están pregonando, se produzcan de una forma concreta, con datos, que los primeros resultados comiencen a verse, que no se queden tan sólo en una hoja de papel, que indudablemente tienen una gran valía porque representan la valía de unos hombres de unos hombres que están ofreciendo por su boca y por su pluma todo lo que el pueblo quiere, pero que realmente se concrete porque éso no puede quedar tan sólo en una publicación o en lo que se comenta. Pienso que mientras no se haya logrado todo lo que la gente está demandando no vale decirlo. Ésta es mi esperanza y ésta es mi espera.

¿Y tu añoranza?
— Un esperar (sonríe). Una espera que es común a todos. La añoranza es un sentimiento que todos llevamos dentro y que en situaciones como ésta hay días que se manifiesta más y que te dejan colgado, pero desgraciadamente las cosas que pasan son mucho más importantes que la añoranza que uno puede tener. No deja demasiado tiempo para poderte dormir en sus brazos. Pienso en que estamos en una época en la que no hay nada que añorar, sino que podemos ser conscientes de todo lo que está pasando y procurar tener las ideas lo más claras posibles para evitar cualquier cosa desagradable.

¿Cómo estás de memoria?
— Bien, muy bien. Afortunadamente es una cosa que siempre he tenido bien, y la tengo buena para acordarme de la gente, de lo que han dicho, de lo que han hecho, de lo que han dicho que harán, para no dejarme enredar con demasiada facilidad, detrás de una aparente democracia que no resuelve en absoluto los problemas del pueblo y que sólo se limita a ser una cosa pseudoparlamentaria.

A propósito de la memoria y de enredar los asuntos. ¿Has leído la prensa de todos estos días? ¿Qué piensas? Si tuvieras que escoger algún diario o revista que estuviera más en la línea de la mejor información, según tu criterio ¿cuál sería?
— Pienso que no se trata de escoger algún diario o información. En estos momentos hay una gran cantidad de gente que se está manifestando públicamente y con un gran valor y diciendo las cosas, cumpliendo con su misión de periodistas que es la de informar al pueblo y éso acompañado de una serie de publicaciones que se están produciendo a nivel individual, y si he de escoger una, escogería "Por favor".

Y ahora, si quieres, ¿Qué piensas de los partidos que cada día son más y de las fuerzas políticas de Cataluña que han hecho declaraciones a los diarios y muestran sus programas?
— Yo no creo que los partidos sean cada día más numerosos. Creo que las ideas son las mismas que antes, que hace muchos años. Lo que pasa es que ahora hay mucha gente que intenta arrimarse a un buen árbol y pasarse a la bandera moderada con la cual está a gusto para llevarla por casa y que da una cierta apariencia al decir: "yo no estaba con aquellos" y cosas por el estilo. Éso se está produciendo cada día. Recuerdo perfectamente muchos diarios que publican mucho sobre declaraciones de tal o cual personaje diciendo unas cosas que no tienen nada de verdad. Sobre todo con el problema catalán. He leído unas declaraciones de amor a Cataluña y a su pueblo y a su gran figura y a su importancia histórica de una comunidad espa... ( se corrige) ibérica... De personajes que hace escasamente seis años estaban dando puntapiés a Cataluña. Éso, vuelve a lo de la memoria... Que ninguno se deje engañar en absoluto, que piense, que recuerde perfectamente, quien era quien, y no sé en estos momentos, quizá me viene a la memoria una viñeta de Perich que leí el otro día...

Él quiere saber...
— Él conoce perfectamente. Ha sido publicada en España. Uno que decía... "Pues dicen ser los mismos perros con distintos collares", y había uno que le decía: "¿Y quién te ha dicho que han cambiado los collares?".

Entrevista realizada en Enero de 1976, mientras Serrat estaba exilado




Personajes excitantes

Baltasar Porcel

Plaza y Janés, Madrid 1978

JOAN MANUEL SERRAT,
EN DEFENSA PROPIA

     Joan Manuel Serrat es un espécimen curioso, ha sabido conservar plenamente la naturalidad en medio del desenfrenado, bobo y absurdo mundo artístico-propagandístico que le ha tocado vivir. Continúa siendo aquel chico delgado, de mirada vivaz y un tanto dura, que anda con cazadora de piel y que merienda pan con tomate en el bar de la esquina. Esto es importante. Como también lo es que su labor como cantante —siempre digna y con notable frecuencia de auténtica calidad— se haya impuesto en el tejemaneje de la canción ligera ibérica, donde es uno de los escasos "grandes ídolos" de ejecutoria seria y presentable a nivel internacional.

— Ahora mi último disco es de canciones catalanas, mías. Pero no sé explicarte cómo son, porque así de unidad tampoco tienen entre sí. Pero, mira, me gustan. Es un disco que me interesa mucho, ya lo oirás...Y de los que llevo ya hechos, pues los que más me gustan son los poemas de Miguel Hernández y el "Serrat-4" en catalán. Ya lo veo con distancia y, tú, creo que se sostiene. El de Miguel Hernández que es anterior del que te decía al principio, pienso que refleja el buen momento en que me encuentro. Lo hice con muchas ganas.

Bueno yo salvaría una serie más de piezas tuyas, desde el primer disco grande que grabaste, y pese al quizá excesivo deje sentimental que tenía, hasta el de los poemas de Antonio Machado, pasando por el de "Cançons tradicionals". "Mediterráneo", en cambio, no me gustó: era demasiado facilón...
— No te diré que no, aunque puedes creerme si te digo que en cada canción pongo todo lo que puedo, e incluso las más flojas, pienso que algo tienen que puede servir o entretener a la gente, y que me es útil a mí para examinar mi trabajo e ir avanzando. Nada se pierde, oye. Ahora, claro, cada uno tiene su opinión y además las cosas te salen mejor o peor. Lo mismo te pasa a tí con tus artículos y tus novelas.

Hombre, desde luego.
— Pero, ves, al de Machado muchos me lo criticaron. Muchos amigos tuyos y míos, gente que teóricamente tiene una capacidad intelectual.

O debiera tenerla...
— Lo que pasa —y no me refiero ahora sólo con relación a mí— es que en este país hay una mala baba increible; como una obsesión para reventar lo que sea, todo, y cuánto más mejor. a mí no me gusta, no, tú.

¿Crees haber cambiado mucho del Serrat de antes del éxito al de ahora?
— Un individuo cambia cada día. Supongo que sí... Hay una serie de cosas fundamentales que se mantienen, y otras que evolucionan. Y esto es una suerte, pero sigues siendo el mismo, y vas siendo otro, no sé si me entiendes. Entre lo que queda están aquellos principios que te inculcaron en tu casa, de pequeño, del color y la personalidad que tiene la gente: aprender a conocerla y saber de qué pie o de qué idea calza. Y amores que has mamado prácticamente: formas de ver las cosas, costumbres, comportamientos... Lo que te ha cambiado, en cambio, son las relaciones externas con la gente, con la muchísima gente que llegas a tratar, que te rodea y de la que tienes que aprender a salirte, no dejarte engullir, y llegar a la gran gente, a todos: no perder el contacto con la realidad. Creo que tengo un conocimiento y unos criterios más claros que hace cinco o seis años, y he sabido distanciarme de aquello que es accesorio o nocivo.

¿Qué opinas del éxito?
— El éxito es un monstruo tremendo, una bestia que tienes que llevar bien atada, o te come. Cuando llegó, lo ví muy claro, y me lo tomé con precaución. Quizá por éso, cuando se vaya o desaparezca, no me afecte demasiado. He luchado para que mi persona no quede condicionada a él, y que sea yo siempre, con éxito o sin él.

Pero te alegra haberlo tenido ¿Verdad?
— Evidentemente. Me ha proporcionado muchas cosas que jamás hubiera tenido: conocer gente interesante, viajar, libertad para hacer lo que quieras, medios para poder comprar un piso o un coche y no tener que preocuparme por el dinero, etc. Estoy muy contento de haberlo tenido pero ¡ojo!, procuro que esté domesticado.

Si desaparece, ¿has pensado en dedicarte a otra cosa?
— Dejaría de cantar, pero no de hacer canciones. Las continuaría haciendo, al menos mientras creyera que esto tenía un sentido. Pienso que de momento lo tiene. Porque yo no canto por haber tenido éxito. Quizá antes me he expresado mal o ahora quiero matizar más: al margen del éxito, yo cantaré y haré canciones si esto me sirve a mí, me llena interiormente. Si no, pues no. En todo caso, no creo dejar nunca de trabajar en cosas relacionadas con el arte, con el sonido.

¿No escribías narraciones?
— Sigo haciéndolo. Pero de momento, no quiero publicar nada, ni en libros, ni como colaboración en una revista. Con los condicionamientos de este país que decíamos, con tanto tío que hay que sólo desea decapitar al vecino, que hace que las cosas no sean sencillas y claras, pues si yo publico un libro, pueden pasar dos cosas: que sea bueno o que sea malo. Pero en cualquiera de los dos casos, por ser mío se venderá, lo cual ya es malo. Que se venda porque es de un señor que es popular por otras cosas a mí no me interesa. Y suponiendo que sea bueno, que mi narrativa tenga validez, también pude pasar dos cosas: que me traten bien o que me maltraten. Pero la posibilidad de que me traten a estacazos, es muy grande. El país rezuma mala baba, ya lo sabes. Yo prefiero esperar, meter lo que escribo en un cajón, y esperar a no ser popular para publicarlo con tranquilidad de espíritu... En tu campo me parece que la crítica es mala, salvo excepciones, naturalmente. Pero en el mío es todavía peor. Hay sí, excepciones, y alguna conozco, gracias a Dios. Pero la inmensa mayoría de los que hacen crítica, ni música saben o son unos irresponsables, que ni se dan cuenta que su opinión puede repercutir y liar a mucha gente.

¿Pero crees que esa crítica influye?
— La gente tiene que hablar, tú, y se van a la barbería o al café a charlar de lo que sea. Y como tienen que tomar los temas de aquí y de allá, hablan de lo que leen. No, en serio, el mal que hace la crítica mala es horrible. Yo me lo tiro a la espalda, y listo. Y no me quejo sólo por mí: les ocurre a todos igual. Porque, además, cuando hablan bien de tí, muchas veces lo hacen por las mismas sinrazones y arbitrariedades de cuando lo hacen mal... Uf, y luego está lo de la venta: los tíos que extienden la mano y cobran de las casas de discos. Hay mucha venta en este país, mucha. La gente es pobre, y primero tiene que comer. Luego necesita el coche y las vacaciones. Como no se pueden ganar la vida escribiendo se la ganan de otra forma.

Eres universitario, ¿te ha servido de mucho?
— Qué quieres que te diga... ¿Sabes que no descubrí en serio, por ejemplo la literatura, la poesía, hasta muy tarde, a los veinte y pico de años? Amigos excelentes me abrieron a una serie de cosas, me proporcionaron un segundo aprendizaje que la Universidad no me dio...

Hablabas de poesía ¿qué poetas te interesan más?
— En principio me interesan todos aquellos que despiertan mi sensibilidad. Pero, para concretar nombres, te diré que los que siempre he sentido a mi lado son, entre los catalanes, Salvat-Papasseit, Foix, Gabriel Ferrater y Joan Vergés; entre los castellanos, la generación del veintitantos, que fue un gran grupo de gente, y los del Siglo de Oro.

¿Crees que la vieja idea del amor continúa actuando sobre la gente, sigue teniendo su antigua, y reciente, importancia?
— El amor no es monógamo, lo que es monógamo es el momento, el tiempo, en que estás enamorado de una persona determinada. Yo cuando he estado con una persona a la que quería, ni pensaba en que pudiera haber otras. ¡Me encontraba tan bien con ella! Lo que pasa es que a largo plazo, al menos en mi caso, la cosa siempre se ha roto.

¿Trabajas mejor estando enamorado, o feliz, o cuando tienes dificultades?
— Cuando más he producido ha sido en condiciones depresivas. Cuando he estado eufórico, en cambio, he sido más capaz de organizar, canalizar lo que tenía hecho en las etapas de abatimiento... Puede que el hombre, cuando se encuentra acogotado, sea más capaz de exprimirse con mucha más profundidad que cuando todo le funciona.

¿Qué te parece todo esto de la sociedad de consumo?
— Hay que distinguir. En el obrero, que necesita luchar de firme para conseguir unas cosas básicas, me parece muy bien que el tío quiera tener más cosas y tal. Pero en la clase media, que estas cosas básicas pues ya las tiene, y que ni tiempo le queda para gozar de ellas porque tiene que trabajar más para tener más cosas que nunca podrá disfrutar plenamente, me parece que el digamos consumismo es una necedad.

El panorama de la canción ¿cómo está en España?
— Bastante mal, tú. Y por las mismas razones de hace diez años. Primero, por las limitaciones que obligan a que escritores, gente del cine, músicos, cantantes, incluso nos autocensuremos, no podamos desenvolvernos lo que podríamos. Que hayan salido cuatro o cinco personas que hagan una música digna, como Paco Ibañez o Pau Riba, es casi un milagro. Y me refiero ahora a los que tienen una calidad, porque de la legión de los mediocres, ya no vale la pena ni hablar. Tampoco tenemos canalizadores, gente que monte negocios musicales bien; o ves tíos sin proyección, encerrados en su casa, pero con fuerza expresiva enorme, o tíos completamente huecos, lanzados a los cuatro vientos por los empresarios, casas de discos, managers. Porque estos últimos, con contadas excepciones, son catastróficos, entre otras razones porque muchas casas de discos, que ya ganan suficiente con su catálogo de extranjeros, ni se preocupan para estimular y difundir los de aquí que empiezan. La falta de profesionalismo del país es tremenda, tú, tremenda.

    Serrat continúa hablando. Sus palabras, en un tono notablemente inconformista, son positivas. Lo es su arte, de un modo muy considerable, y hasta , en su campo, excepcional en ocasiones. Sin embargo, temo que en sus ideas haya mucho de íntimo, de circunscrito a su persona estrictamente, individual, y que, en cambio, como ente público navegue como el que más en el maremágnum publicitario y sensacionalista. Basta ver las revistas dedicadas al género... No sé si esta dualidad a la larga hará trizas a Serrat como se ve y quiere continuar viéndose a sí mismo, no sé... Veo difícil la defensa propia cuando se es, además de atacado, autoagresor.

Entrevista fechada en 1973, poco antes de salir "Per al meu amic"



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