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Crónica cantada
de los silencios rotos (1963-1997)

Fernando Gonzalez Lucini

Alianza Editorial, Madrid 1998

    Joaquín Sabina, en una de sus últimas canciones, nos dice refiriéndose a Serrat: «Tengo yo un amigo que es un lujo para el alma y el oído (...), que saca, cuando menos te lo esperas, palomas de la paz de sus chistera. Y, cuando canta, le tiembla el corazón en la garganta».

    Cuando escuché, por primera vez, esta canción, me vinieron a la memoria unas hermosas palabras de Neruda: «La poesía es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina».
    Efectivamente, Joan Manuel Serrat es un sensible y extraordinario poeta de la vida y de la cotidianidad; un poeta que canta; un poeta al que le nacen las canciones 'rebuscando' y 'regustando', incansablemente, en su corazón, la paz y la ternura; y que, después, cuando las canta, es como si las echara a volar en libertad...
    Pero además Serrat, con su naturaleza consustancialmente lírica, es un poeta-cantor que pertenece a la estirpe de aquellos que, en unos de los momentos más críticos de nuestra historia, fue capaz de darle a la poesía -a la suya, y al de nuestros más grandes poetas- una profunda y liberadora utilidad pública.
    Alberto Cortez, años atrás, también decía en una de sus canciones: «Mientras quede una corriente de agua fresca y perduren las canciones de Serrat, ¡arriba la vida!, ¡que no muera la esperanza!».
    Efectivamente, Joan Manuel Serrat, cuando nos canta, se transforma en un sensible y extraordinario antídoto contra la desmoralización y la desesperanza...
    ...Serrat nos sabe ofrecer, con generosidad, fórmulas y conjuros para construir un bello sueño o, sencillamente, para curar las heridas que a veces nos duelen tanto en la aventura de vivir:

    Per construir un bell somni cal posar-s'hi a plena dedicació i estar pendent, a tota hora, de si riu, si dorm, si plora com si es tractés d'un nadó.

    «Saca de paseo tus instintos y ventílalos al sol; y no dosifiques los placeres; si puedes, derróchalos. Si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad... Pelea por lo que quieres y no desesperes».

    ...Serrat rescató en su día el valor de las paraules d'amor senzilles i tendres, y sabe descubrir y desvelarnos el valor de la presencia y del latido humano detrás de toda realidad, por pequeña e insignificante que sea:

    «Detrás -de todo- está la gente, con sus pequeños temas, con sus pequeños problemas, con sus pequeños amores. Detrás está la gente, con sus pequeños sueldos, sus pequeñas campañas, sus pequeñas hazañas y sus pequeños errores».

    ...Serrat sabe y siente mucho sobre la solidaridad y sobre el amor y, también, sobre la intolerancia, la injusticia y el desamor.
    Y sobre todo, ¡bendito sea Joan Manuel!, porque sigue creyendo y defendiendo esa utopía, que algunos quieren prenderla por rebelde y por subversiva, pero que, para él, para mí, y para tanta buena gente, sigue siendo «como el pan nuestro de cada día»....

    «¡Ay! Utopía, dulce como el pan nuestro de cada día. ¡Ay! Utopía, cómo te quiero porque les alborotas el gallinero. ¡Ay! Utopía, que alumbras los candiles del nuevo día».

    Y así fue, y así es, como este poeta-cantor imprescindible, va «contagiando a los cuatro vientos las risas y los lamentos de la sangre puesta en pie... Sol, La, Sol, Fa, Mi, Re, Do, Re...»
    Y así fue, y así es, como, escuchando el cantar y la música de Serrat, «mi corazón echa a volar como un cometa... Fa, Sol, Fa, Mi, Re, Mi, Fa...»




Partir de cero

Rosa Villacastín

Ediciones Temas de hoy, Madrid 1998

    Como seguramente les sucede a todas las personas, la memoria de Joan Manuel es voluble y caprichosa. Recuerda perfectamente algunos hechos remotísimos y, en cambio, tiene lagunas en etapas adultas de la vida (de los veinticinco a los treinta y cinco años sobre todo). «El primer recuerdo que conservo -dice- es en la cuna y es muy claro. Debía de tener unos once meses y apareció un fotógrafo en casa; me sentaron en el respaldo de un sillón, apoyado en las orejeras; todavía me parece estar viendo la vitrina esquinera de casa. El segundo no es muy posterior: debió ser en la primavera del 44, y me veo agarrado a los visillos del balcón, de esos pequeños de los entresuelos; es un recuerdo oscuro, de un día gris, casi tenebroso... A partir de los tres años conservo la visión de los primeros días del colegio, de la mano de mi maestra, que curiosamente era la hija de la lechera de mi calle; ella me enseñó las primeras letras en los rótulos que veíamos al pasar, en los anuncios de los flancos de los tranvías...»

    (...) La estructura familiar fue, como dice Joan Manuel, 'un lío': «Yo soy hijo de mi padre y de mi madre. Mi hermano (Eudaldo o Carlos, porque responde a los dos nombres: tuvo el privilegio de cambiárselo a los ocho años porque no le gustaba el antiguo) es hijo de mi padre, que lo tuvo de un anterior matrimonio con una mujer que falleció y a la que Carlos ni siquiera conoció; mi madre, al casarse, se hizo cargo del paquete completo y aportó también a la familia a dos sobrinas, María y Manuela, cuya madre había muerto de parto y cuyo padre había sido asesinado en la guerra. Yo diría que somos cuatro hermanos.»

    La infancia de Serrat, en el Poble Sec, fue de pobreza lindante con el hambre, estraperlo y persecución política. Para Serrat, el barrio desempeñó un papel esencial en su inserción posterior en la vida, en su temperamento, en su manera de orientar las ideas y la vida. «El barrio -dice- es la tercera pata del taburete en que uno se apoya para crecer. La primera es el núcleo familiar, los padres. La segunda es la escuela: los maestros que te toquen en suerte son decisivos a la hora de orientar tu vida de una forma o de otra. La tercera es el barrio, la vecindad, los amigos, la calle, los conocimientos que este ambiente urbano sea capaz de darte, los ejemplos que veas, el aprendizaje que extraigas y que finalmente termina moldeándote. En mi época, la calle era el lugar de la sociabilidad, de los juegos... Allí se pasaba mucho tiempo, mucho más que en casa, mucho más que en la escuela.»

    (...) También el cine, entonces una de las escasas evasiones de la prosaica realidad, tenía un carácter iniciático. Divaga Serrat por la imagen tópica del cine de barrio, de sesión continua, olor a zotal y rincones abruptos: «Al cine ibas siempre, echaran lo que echaran, bien porque te interesara la película, bien porque te interesara la compañía. O por las mil razones por las que el cine te vuelve loco.»

    Había privaciones, necesidades, escasez, pero el mundo era entonces de otra manera. Joan Manuel y sus amigos ni siquiera se planteaban la necesidad de muchas cosas que, por otra parte, para ellos eran totalmente inaccesibles. La vida se llenaba de otro modo, con cosas mucho más asequibles, «pero hoy uno se da cuenta de que el mercado ha sustituido tanto a la caricia que parece imposible que los niños de ahora tengan acceso a todo lo que nosotros sí conseguíamos». Sin embargo, esta filosofía vital, posibilista, tenía excepciones. Serrat confiesa una pasión que le era entonces completamente inalcanzable: una bicicleta. «La bicicleta fue mi primer amor -reconoce-. De lo primero que me enamoré en la vida fue de una bici. Evidentemente, para mi padre o para mi familia era imposible comprarme una, o al menos, aquella compra hubiera acarreado grandes dificultades. Por eso, nunca se planteó siquiera. Primero, porque no era un vehículo necesario para el transporte personal, y después, porque había un precedente desfavorable que hacía aún más descartable aquella idea: mi tío Juan, el hermano de mi padre, había tenido un accidente con la bicicleta, se había clavado los radios en la pierna y había quedado cojo para toda la vida... Pero aquella pasión tenía un sucedáneo: alquilar bicis. Unas bicis que estaban en estado deplorable y que devolvíamos después de usarlas en estado todavía más deplorable. Costaban una peseta el cuarto de hora, cuatro pesetas la hora (eran los primeros años de la década de 1950), y generalmente las usábamos más tiempo del concertado. Las devolvíamos por el procedimiento de dejarlas cerca de la tienda de alquiler y salir corriendo. Yo no tuve bicicleta hasta mucho después, hasta que pude comprármela.»

    (...) La infancia de Serrat, como la de la mayoría de los niños, está vinculada a la memoria de ciertos olores. «Uno de los que recuerdo con mayor cariño -explica- es el de las magdalenas recién hechas. El ritual de fabricarlas en aquellos primitivos hornos caseros de leña era una fiesta maravillosa, que comenzaba con el sabor de la pasta cruda (había que meter el dedo en ella a hurtadillas) y se colmaba al verlas salir del horno, esponjosas y calientes, tentadoras y peligrosas. Había también un olor urbano característico del arrabal en que vivíamos, de los espacios en los que jugábamos... Mi calle terminaba en una cuesta arriba pronunciada, a partir de la cual empezaban las chabolas, que no reunían obviamente ninguna condición higiénica. Y de ellas y de los desperdicios abandonados en los descampados emanaba un olor acre a podredumbre que se mezclaba con otro olor característico, el de las hierbas que nacían espontáneamente... Aquellos aromas se hacían aún más penetrantes al llegar el verano. También era característico el olor a zotal, el desinfectante de la posguerra; y el olor húmedo de los patios interiores, confundido con el olor a frito y a aceite caliente...»

    (...) Se aficionó tarde a la lectura. Durante la infancia y la adolescencia apenas si leía tebeos. Ni siquiera frecuentaba la que sus mayores llamaban pretenciosamente 'la biblioteca' (dos tablones con algunos libros de El Coyote de Mallorquí, Salgari, las novelas de Tarzán...). Comenzó a leer a los veinte o veintiún años, cuando se encontraba en Jaca (Huesca), trabajando con unos compañeros en el Centro Pirenaico de Biología Experimental. Un compañero, lector avezado (Puig de Fábregas, se llamaba), le contagió aquella pasión. «La lectura engancha, y cuando descubres la maravilla de leer te vas metiendo en el hábito. Supongo que todos tenemos un maestro de lectura, alguien que algún día nos descorre el velo y nos crea la obligación, que ya se convierte después en algo lúdico...» La Universidad contribuyó grandemente a crearle inquietud intelectual. Eran los tiempos de los libros semiclandestinos de Editorial Losada, que llegaban desde Buenos Aires con la poesía y el teatro de los grandes poetas proscritos; del existencialismo, de los ensayos franceses... La literatura rescatada y secreta contribuía a infundir aires de libertad.

    (...) Amigo de sus amigos, conserva «todos los que la vida me ha permitido guardar, los que la memoria me ha permitido conservar y los que la estupidez no me ha hecho perder.» En general, se considera afortunado por tener «un buen manojo de buenos amigos». Y piensa que, en su caso, el éxito no le ha aislado, le ha permitido conservarlos.

    El dinero no le atrae en exceso, lo aprecia porque «da unos márgenes de libertad que sin él no tendría; me ha permitido solucionar problemas que de otro modo no se hubieran resuelto». Sin embargo, está seguro de que «no se debe confundir el valor y el precio. Y yo no voy a confundir tampoco lo caro con lo que cuesta mucho dinero». Tiene muy desarrollado el sentido del equilibrio gracias a la gente que le rodea: «Uno no se equilibra o se desequilibra solo. Uno está equilibrado porque su entorno se lo permite. Yo se lo debo todo a la gente que he conocido, a los que han hecho algo por mí. Sin toda esta gente que me ha acompañado a lo largo de la vida, no me hubiera sido posible llegar hasta aquí.»




Cantautores en España

Jordi Turtós y Magda Bonet

Editorial Celeste, Madrid 1998

    No siempre los más populares son los mejores, aunque, en el caso Serrat, calidad y difusión anden cogiditas de la mano. Desde que comenzara su carrera artística como 'juez' de los Setze Jutges y hasta hoy, sólo él ha sabido mantener calidad poética con coherencia personal (sastres de tales virtudes absténganse de medir humanas contradicciones y sacar a bailar fantasmas).

    Así como en lo puramente musical Serrat no ha sido nunca un as, su forma de decir las cosas de la vida ha cristalizado en un mundo poético que, en muchos casos, ya no es sólo suyo.

    Serrat fue el primero en alcanzar los hit parades de la época con una de sus primeras canciones, 'Paraules d'amor', barriendo de un soplo los supuestos problemas idiomáticos en la canción.

    En tanto que popular, en la figura de este hombre, y en su obra, confluyen la Cataluña obrera y la Cataluña emigrante. Abierto de miras, la riqueza de sus orígenes le ha valido para cantar a Salvat-Papasseit o Antonio Machado con igual sensibilidad.

    Ha pasado de ser el yerno preferido de señoras de clase alta, media y baja, a convertirse en una persona responsable de su propia familia. Ha pasado de ser el 'xarnego' en Cataluña y el 'catalán' en España, a desenvolverse como en casa por muchos países del mundo, sin dejar de ser quien sea que se sienta.

    A pesar de pasar muchos momentos profesionales amargos, Serrat ha sabido seguir poniéndole nombre a las cosas y, partiendo siempre de su temple popular, ha logrado universalizar las emociones del ser humano. No es esta frase una contradicción en sí misma: si bien es una obviedad que las emociones son universales, también lo es que éstas sólo lo son en la medida en que alguien las hace ser, las pinta, las canta, las escribe, las fomenta... hay que reinventarlas continuamente, y esto es lo que ha hecho del 'Nano' uno de los 'gallegos' más queridos en Sudamérica y en su propio país.

    No hay en España otro cantautor de su talante, que no por falta de talento, aunque las comparaciones son siempre odiosas. Serrat ha sabido, seguramente sin proponérselo, dar a su mundo interior una dimensión que se extiende hasta muchos puntos de la superficie de una esfera. En el hecho de mostrarse, ha logrado toda su fortuna.

    La obra de Serrat, su forma de entenderla y darla a conocer, convierte en panegírico las opiniones de los más escépticos, menos los dañinos. ¿Qué decir entonces? ¿Que tras su imagen entre tierna y segura hay un hombre que muchas veces se levanta de mal humor y esgrime opiniones arbitrarias sobre el estado del tiempo?

    No canta como Sinatra ni es tan original como Tom Waits, más bien abusa de su particular falsete, y sus últimas obras han sido más discutidas que gozadas por los críticos. Claro que, después de grabar 'Mediterráneo', lo podían haber amordazado, pero eso es pasar por la vida haciendo esquí acuático. Ha llegado a tocar su cielo profesional, loado por todos; lo habréis podido ver en homenajes o aniversarios de Lola Flores, Juanito Valderrama, María del Mar Bonet o la Companyia Elèctrica Dharma. Sentirse tan querido (los opositores se anegan entre tantos distintos tintes y sudores de amor) no debe ser un peso muy llevadero. Pero nadie es perfecto, ni falta que hace. Ya es historia.




La música contada con sencillez

José Ramón Pardo

Maeva Ediciones, Madrid 1999

    Nacido en Barcelona en 1943, de padre catalán y madre aragonesa, sintetiza perfectamente ese mundo bilingüe presente en varias comunidades españolas. Y por eso es el mejor representante de ese tipo de artistas capaces de triunfar indistinta y alternativamente en más de un idioma. Digo lo de alternativamente porque Joan Manuel se ha preocupado, muy mucho, de no competir consigo mismo y espaciar sus lanzamientos en cada idioma hasta que el disco anterior está ya asentado en el corazón, y la estantería, de sus fans.

    Joan Manuel estudiaba formación profesional, pero como llevaba bien los estudios logró una beca para hacer un peritaje industrial. Como estudiante universitario, hizo el servicio militar durante los veranos, en los campamentos de las Milicias Universitarias. Ahí descubrió su capacidad como compositor y cantante. En un festival del campamento se presentaron algunos de los pioneros de la «nova cançó» catalana para mostrar los frutos, todavía más políticos que poéticos, del nuevo movimiento musical. Serrat pensó que él podía hacer lo mismo y lo demostró en muy poco tiempo.

    Pronto fue el más popular de los cantantes de la «nova cançó» y empezó a lograr auténticos éxitos que competían en las listas con los productos específicos para las radiofórmulas. 'Cançó de matinada' o 'Paraules d'amor' llamaron la atención de los cazatalentos, que le ofrecieron en 1967 un contrato para que cantara también en castellano. Aquello provocó un cisma en la «nova cançó», que había nacido con más intenciones sociológicas que crematísticas. Pero Serrat era bilingüe y aceptó el reto. Al año siguiente Televisión Española le seleccionó como representante para Eurovisión. Pero a falta de once días, Serrat, que había hecho toda la campaña promocional tradicional en estos casos, sucumbió a la presión y exigió a Televisión Española el uso del idioma catalán.

    Fue su primer encontronazo con las autoridades cuando aún existía la censura en radio y televisión, y Serrat fue prohibido en todos los medios de difusión. Con el franquismo en el poder aquello podía significar el fin. Pero la historia ha demostrado más de una vez que es casi imposible esconder el talento, y pese a las presiones de las autoridades, Serrat siguió adelante y en los cinco años siguiente editó los mejores discos de sus carrera. Entre ellos, el que tituló 'Dedicado a Antonio Machado Poeta' y el famoso 'Mediterráneo', para muchos el mejor disco español de todos los tiempos.

    Serrat alternaba entonces los discos en catalán y castellano con mucha generosidad, y dejó los últimos años sesenta y primeros setenta regados por grandes títulos como "La paloma", "Tu nombre me sabe a yerba", "Poco antes de que den las diez", "Cantares", "Pueblo blanco", "La tieta", "De mica en mica", "Penélope" o "Marta". Etapa absolutamente grandiosa que se completó con otro álbum de adaptaciones poéticas, consagrado a Miguel Hernández, y con canciones del calibre de "Romance de Curro el Palmo".

    La América de habla hispana cayó rendida también ante las canciones de Serrat, que realizó constantes giras por tierras hispanoamericanas. Estando en México en 1975 se enteró de las sentencias de muerte dictadas por el Gobierno, todavía bajo el mando de Franco, y realizó unas declaraciones contra el viejo general que le valieron nuevas prohibiciones en España, además de una orden de búsqueda y captura si volvía a pisar suelo nacional.

    A su regreso al país, tras la muerte de Franco, ya se atisbaba una apertura democrática. Joan Manuel siguió grabando con regularidad, pero sin el apresuramiento de sus primeros tiempos. Sus giras eran una síntesis de sencillez en la presentación e inspiración poética en la expresión. Durante los siguientes veinte años ha ido editando álbumes de madurez, sin la carga de inspiración melódica de sus primeros trabajos, pero con la sabiduría del veterano que sabe decir las cosas con serenidad y emoción.

    En los noventa dejó de ser el clásico superventas, aunque la aparición de cada uno de sus disco va seguida de dos o tres semanas de revuelo en las que se alza efímeramente a los primeros puestos de las listas. Y aunque no con la misma frecuencia de antes, sigue regalando alguna canción que pronto pasa al archivo mental de los españoles de su generación, caso de "Esos locos bajitos" y "Hoy puede ser un gran día". Su interés por el mundo cultural latinoamericano se puso de manifiesto cuando eligió al poeta uruguayo Mario Benedetti como coautor de su disco 'El Sur también existe', aunque la repercusión de estos poemas musicados fuera muy inferior a los trabajos realizados sobre Machado y Hernández.

    En sus últimos tiempos ha realizado un cierto trabajo de restauración histórica, sobre todo con el doble álbum 'D'un temps, d'un país', en el que pasaba revista a los primeros treinta años de «nova cançó» seleccionando y reviviendo en su voz las mejores canciones de sus compañeros de generación. 'Sombras de la China', su último álbum en los noventa, marcó una cierta recuperación de su entusiasmo por la música y le puso otra vez en gira, tras la que había realizado dos años antes junto a Miguel Ríos, Víctor Manuel y Ana Belén con el título de 'El gusto es nuestro'.




La Escuela de Barcelona.
El Cine de la "Gauche Divine"

Esteve Riambau y Casimiro Torreiro
Prólogo de Enrique Vila-Matas

Colección Crónicas. Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 1999

    "La década de los 60 marcó un trascendental punto de encuentro entre distintos campos del quehacer artístico -fotografía, diseño, literatura, arquitectura, moda-, bajo el impacto de las tendencias internacionales más vanguardistas, tal como se pudieron observar y vivir desde la España del franquismo funcionarial, represor y tenebroso. Fue un momento irrepetible en la historia de las industrias culturales en Cataluña. En esa confluencia, protagonizada por personajes que habrían de ser famosos en un futuro cercano -arquitectos, literatos, editores, fotógrafos- y que Joan de Sagarra definiera, con notable espíritu jocoso, como gauche divine, el cine y los cineastas de la autoproclamada Escuela de Barcelona desempeñaron un papel fundamental en lo que a provocación cultural y ruptura de los moldes establecidos se refiere.
    Influidos y fascinados por la Nouvelle Vague, y decididos a franquear los límites realistas por los que optaron sus homólogos del Nuevo Cine español, con quienes no obstante compartieron la voluntad de sobrepasar con imaginación los límites de la censura, los directores y promotores de la Escuela -Jacinto Esteva, Joaquín Jordá, José María Nunes, Ricardo Bofill, Ricardo Muñoz Suay, Pere Portabella, Carlos Durán, Gonzalo Suárez, Vicente Aranda, Jaime Camino, Jorge Grau-, que en muchos casos no desdeñaron el compromiso político, dejaron como herencia una impronta de modernidad que jamás antes, y nunca después, conoció un ejemplo similiar en la tortuosa historia de los cines producidos en España.
    Docentes universitarios, historiadores, críticos cinematográficos en activo y autores de un trabajo previo sobre el tema, publicado en catalán, "Temps era temps. El cinema de l'Escola de Barcelona i el seu entorn" (1993), del cual el presente libro se nutre sólo parcialmente, Esteve Riambau (Barcelona, 1955) y Casimiro Torreiro (Montevideo, 1953) han publicado, juntos o por separado, numerosos libros dedicados a diversos aspectos del quehacer cinematográfico, entre ellos una "Historia del cine español" (Venecia, 1995; Madrid, 1995, varios autores). Han firmado, con José Enrique Monterde, la primera aproximación global hecha en España al fenómeno de los cines jóvenes de los años 60 ("Los Nuevos Cines europeos. 1955-1970", Barcelona, 1987). Asimismo, y junto con Monterde, Riambau coordinó el Volumen XI de la "Historia general del Cine", justamente dedicado a los "nuevos cines", dentro del cual la Escuela de Barcelona fue la vertiente catalana del fenómeno, al tiempo que es autor de un libro sobre la Nouvelle Vague y sus secuelas ("El cine francés 1958-1998", Barcelona, 1998)."
    A continuación se incluyen las referencias a Serrat que aparecen en este libro:

    Páginas 43-44:
    "El fenómeno de la Nova Cançó, impulsado a partir de 1959 desde las transformaciones empresariales del mecenazgo de la cultura catalana, ejerció limitadas repercusiones sobre aquel movimiento pero obtuvo resonancias políticas muy superiores a las del cine. Vergara, Belter y, especialmente, EDIGSA fueron los sellos discográficos que, desde finales de los cincuenta, comenzaron a editar en catalán con tiradas de hasta 40.000 ejemplares para el primer disco de Raimon -protagonista de un cortometraje dirigido por Carlos Durán- y aún superiores cuando se trataba de los monólogos humorísticos de Capri. Ambos coincidieron en el film "Los felices sesenta", primer largometraje de Jaime Camino, pero esa vía de aproximación a la Escuela de Barcelona resultó meramente anecdótica. Más directa fue la relación que con algunos de sus miembros mantuvo Joan Manuel Serrat, situado en el ojo del huracán suscitado por su negativa a cantar en castellano en el festival de Eurovisión de 1968, como autor de la música de un film de Jacinto Esteva y protagonista previsto para otros proyectos de la productora Filmscontacto, además de su intervención en otros largometrajes más convencionales: "Palabras de amor" (1969), de Antoni Ribas, "La llarga agonia dels peixos" (1969), de Francesc Rovira Beleta, o "Mi profesora particular" (1972), de Jaime Camino."

    Página 46:
    "Un papel especialmente importante en la configuración cultural de la Barcelona que albergaría la Escuela cinematográfica fue, precisamente, el desempeñado por el sector editorial. A partir de la década de los sesenta, la financiación de actividades culturales sustituyó progresivamente los mecenazgos particulares para dar paso a estructuras más profesionalizadas. Ello no impidió excepciones ilustres, como el industrial textil Alberto Puig Palau¹, fundador de la editorial Barna, en la que Ángel Zúñiga -autor de una pionera "Historia del Cine"- publicaría "Una historia del cuplé" y "Barcelona y la noche", fue el descubridor del pintor Josep Guinovart y protector de las bailaoras La Chunga, Carmen Amaya o del cantante Joan Manuel Serrat, además de aparecer como actor en algunas películas de Gonzalo Suárez, Pere Portabella, Jacinto Esteva y Jaime Camino."

  ¹ Alberto Puig Palau es el personaje real en que Serrat se inspiró para su canción "Tío Alberto".

    Página 186:
    "... La llarga agonia dels peixos (1970), una adaptación de la novela "Vent de grop", de Aurora Bertrana, dirigida por Francesc Rovira Beleta y protagonizada por Joan Manuel Serrat, quien, por aquellas mismas fechas, había colaborado en la banda sonora de Después del diluvio."

    Página 197:
    "Tras haber recibido elogios de Umberto Eco, el director de La tía Tula (1964) Miguel Picazo permaneció en una órbita cercana a la de la Escuela. En 1967 siguió los consejos de Muñoz Suay para contratar a Amorós como director de fotografía de "Oscuros sueños de agosto", y dos años más tarde estuvo a punto de rodar "La tierra de Alvárgonzález", un romance de Antonio Machado, con producción de Procinsa y la presencia de Joan Manuel Serrat como protagonista -además de coproductor, mediante una participación económica de 100.000 pesetas, a través de un contrato firmado en febrero de 1969 con Filmscontacto-. Sometido el guión a la Comisión de Apreciación, ésta aplazó la concesión de los beneficios de Interés Especial al examen de la película realizada y, en lo que se refiere a censura, recibió la advertencia de que "el sueño de Alvargonzález se realice sin que se concrete ninguna simbología religiosa ni sexual, tal como se desprende del guión; lo que quiere decir que las cenefas no tengan santos y santas con pechos y falos puntiagudos ni que el vestuario de las hilanderas sea el de vírgenes y santos barrocos de pueblo con abundancia de escapularios, etc, etc. Asimismo los varones de los Alvargonzález no irán desnudos". Además de Serrat, el reparto previsto incluía la presencia de Enriqueta Carballeira, Julia Peña o Mª José Goyanes para el papel de "Asun", Milagros Leal, Aurora Redondo o Julia Caba Alba para el de la madre y Paco Martínez Soria para el de Alvargonzález. Sin embargo, el proyecto acabó cancelándose."

    Página 247:
    "... Los extras solían reclutarse entre los amigos de juergas, o se improvisaban según viniera a mano: en "Metamorfosis", por ejemplo, la llegada de Romy al aeropuerto de Barcelona aprovechó un regreso de Joan Manuel Serrat tras una gira para rodar a los enfervorecidos fans del cantante, que era, recordémoslo, también un amigo "de la casa"."




Diccionari de la Cançó:
D'Els Setze Jutges al Rock Catalá

Miquel Pujadó

Enciclopedia Catalana, Barcelona 2000

    Nace en el Poble Sec (Barcelona), hijo de catalán y aragonesa el 27 de diciembre de 1943. En 1960 obtiene el título de tornero fresador en la Universidad Laboral de Tarragona, y en 1964 acaba los estudios en la Escuela de Peritos Agrícolas de Barcelona. Después se matricula en la facultad de biológicas, pero la canción interrumpe sus estudios. La primera puerta para dar a conocer sus canciones se la abre Salvador Escamilla, que le invita al programa Radioscope. Allí conoce a Miquel Porter. Resultado: en 1965 entra en los Jutges (con el número 13) y registra para Edigsa su primer EP.

    Su éxito es rapidísimo y contundente, gracias a su encanto personal, su voz temblorosa pero clara, unas melodías rápidamente retenibles y unos textos sentimentales y todavía dignos. De hecho Serrat inaugura el fenómeno de los fans, desconocido hasta entonces en la canción catalana. El segundo EP (1966) confirma su línea ascendente.

    Antes de acabar el año publica un tercer EP, con una adaptación firmada por Delfí Abellá, de una canción de Guy Beart ("Les sabates"/"Les souliers") y tres temas propios que se convertirán en éxitos impresionantes: "Me'n vaig a peu", "Paraules d'amor" y "Cançó de matinada". Con esta última canción Serrat se convertirá también en una figura importante en el resto del Estado español.

    En 1967 Serrat es ya un intérprete consagrado que mueve multitudes, como lo demuestra de hecho su primer recital en el Palau de la Musica en solitario. Aquel mismo año gana diversos premios, entre ellos el Gran Premio del Disco Catalán, el Gran Premio del Disco y el título Importante del año, y publica un primer LP (Joan Manuel Serrat) con arreglos muy desnudos, que recoge cinco canciones ya registradas previamente y cinco más inéditas. Entre ellas, "Cançó de bressol" (en la que incluía una estrofa popular cantada en castellano, cosa que desencadenará primeras críticas en los sectores más linguisticamente puristas de la Cançó) y sobre todo, el incombustible tema "La tieta". El mismo año aparece Joan Manuel Serrat - Música Sola, un álbum con versiones instrumentales de diez canciones serratianas.

    1968 es un año decisivo en la carrera de Joan Manuel Serrat. De entrada anuncia su decisión de cantar también en castellano y esta opción provocará una crisis sin precedentes en las filas de la todavía temprana Cançó catalana. Se formarán dos frentes basados respectivamente en el monolingüismo militante (Raimon, Pi de la Serra, Maria del Mar Bonet...) y en defensa del bilingüismo (Guillermina Motta, Salvador Escamilla, Enric Barbat...) y habrán de pasar muchos años hasta que la relación entre cantantes, que ni tan sólo aceptaban compartir escenario, se restableciese. El caso es que el paso al castellano de Serrat no podía sino ser visto con buenos ojos por el régimen, que comenzaba a estar molesto por el hecho de que canciones de catalanes y en catalán pudiesen conseguir éxitos en la totalidad del Estado. Y la castellanización de Serrat va a tener su primer premio: será designado para representar a TVE en el sonado Festival de Eurovisión (que estaba ganado con antelación después de un pacto previo) con una tema de un interés muy limitado, escritos por los miembros del Dúo Dinámico: "La, la, la". Pero Serrat, concienciado y/o presionado desde Cataluña, va a destapar la caja de los truenos negándose a actuar en Eurovisión si no lo hacía en catalán. En medio del escándalo fue sustituido a toda prisa por Massiel que ganó el premio y fue presentada por los medios de comunicación del régimen (es decir, casi todos) como una nueva Agustina de Aragón, mientras el "antiespañol" Serrat comenzaba una larga etapa de prohibiciones y quedaba vetado en la televisión.

    A pesar de todo Serrat no queda inactivo: se estrena como actor (no lo hace bien, todo hay que decirlo) en la película de Antoni Ribas Palabras de amor y hace una gira por Europa y América Latina (a ésta última no dejará de viajar y se convertirá en un cantante popularísimo y muy estimado en tierras de América Latina, donde le dicen afectuosamente el Nano). De otro lado, después del disco sencillo con el "La la la", que aparece después de todo el embolado, publica dos discos en catalán, un SG (con "Per Sant Joan", escrita con la colaboración de J. Pardo y A. Morales, y "Marta", una bellísima canción de amor que incluirá en un próximo LP) y un LP (Cancons tradicionals) que recoge versiones arregladas por Antoni Ros Marbá, y no demasiado bien recibidas por los puristas del folklore, de diversas canciones del folclore catalán.

    El año 1969, además de tener una nueva experiencia cinematográfica (La larga agonía de los peces fuera del agua de Rovira Beleta), de cantar nuevamente en el Palau de la Musica y de hacer una tanda de recitales en el Teatro Tívoli, Serrat publica ni más ni menos que tres LP: uno en catalán sin título y dos en castellano. El disco en catalán incluye algunas canciones ya conocidas ("Paraules d'amor", "Marta", "Cançó de matinada") y siete más inéditas de una gran calidad. El arreglista del álbum Ricard Miralles será durante muchos años el creador de un "sónido Serrat" absolutamente original e identificable entre mil. Los discos en castellano son: un álbum con temas propios (donde destaca la musicación del poema de Rafael Alberti "La paloma") y un álbum monográfico, dedicado a la poesía de Antonio Machado. A partir de este momento Serrat alternará la producción en catalán y la producción en castellano, aunque con el tiempo será esta última la que tendrá un grueso más considerable: Serrat registrará un total de diez álbums en estudio en catalán y quince en castellano.

    En 1970 aparece uno de los mejores discos de Serrat, titulado sencillamente Serrat 4. Será presentado en público en el barcelonés Coliseum. Cuenta con diez canciones, casi todas magistrales. Sentimental y espabilado, hombre de barrio y universal, popular sin demagogias, Serrat llega a la madurez con este álbum. Y también a la cima de su inspiración melódica. A partir de aquí, aunque sus textos sean cada vez más interesantes y elaborados, las músicas con algunas excepciones partirán de una cierta reiteración.

    Durante los años siguientes Serrat no registra en catalán. Tiene alguna nueva experiencia cinematográfica, hace muchas actuaciones, y por fin en 1973 vuelve a aparecer en TVE, con un especial de la serie "A su aire" registrado en "L'Aliança del Poble Nou". El mismo año sale Per al meu amic, un álbum que contiene temas interesantes como "Helena" (claramente inspirado en el crescendo que Jacques Brel aplicaba a canciones como Ces gens-lá), la ecologista "Pare", una historia de una iniciación sexual con una prostituta ("La primera"), la descriptiva "Els falziots" y la tierna "Menuda", al lado de canciones sorprendentes como "Per al meu amic" –un tema sobre la amistad masculina que roza la sensualidad– y otros francamente menores.

    Pasan algunos años más sin discos en catalán. En 1975, después de unas declaraciones sobre los fusilamientos del mes de septiembre, Serrat se ve obligado a exiliarse. En Francia, en 1976, canta en el Bobino donde coincide con George Brassens. Cuando vuelve del exilio, el mismo 1976, hace una gira triunfal por barrios de Barcelona a beneficio de las asociaciones de vecinos, gira que culmina en un recital en el Palau d´Esports de Montjuic. Aquel mismo año podemos verle en un pequeño papel (un deficiente mental que baila con una momia de un convento de monjas saqueado durante la Semana Trágica en la película de Antoni Ribas "La ciutat cremada".

    Un nuevo disco en catalán (Res no és mesquí) aparece en 1977. Se trata de un trabajo de musicaciones de poemas de Joan Salvat Papasseit, poeta "de barrio", con el que Serrat siente una fuerte afinidad estética, ideológica y sentimental (ya en "Quasi una dona" decía: "Vull ser mestre d´amor, com en Salvat").

    El siguiente disco en catalán de Serrat, formado mayoritariamente por temas propios, llega en 1980. Se trata de Tal com raja, y cuenta con tres poemas musicados: de J. V. Foix, Josep Carner y Josep Palau i Fabre. Es el primer LP en catalán que Serrat publica con Ariola, una vez abandona Edigsa (hasta entonces Edigsa publicaba sus discos en catalán y Ariola los álbums en castellano). Edigsa, coincidiendo con la salida del nuevo álbum publica –jugada comercial que Serrat, indignado, denunciará– un LP titulado Encontre, que presentado por un texto de Maria Aurelia Capmany, recoge las doce canciones de los tres primeros EP y las dos del SG de 1968.

    Un nuevo disco en lengua catalana (Fa vint anys que tinc vint anys) aparece en 1984. Incluye una versión de "Ara que tinc vint anys" –rebautizada con el álbum para celebrar la cuarentena– y dos poemas musicados de Carner ("El falcó") y de Pere Quart ("Infants"). El mismo 1984, y después de una larga gira, Joan Manuel Serrat publica el único álbum registrado En directo (dejando de lado algún disco pirata de ínfima calidad) de su carrera. El doble álbum en directo incluye veintitrés temas, sólo cinco de los cuales son en catalán: "Seria fantastic", "Plany al mar", "Temps era temps", "La tieta" y "Paraules d'amor".

    Aunque en 1987 Serrat registra un par de temas, entre ellos "Paff, el drac màgic", en el disco aniversario de Falsterbo, el álbum siguiente de Serrat en catalán no aparece hasta 1989 y lleva un título (estrategia comercial?) que puede ser leido indistintamente en catalán y en castellano: Material sensible. Incluye nueve temas de calidad irregular: desde canciones tan bonitas como "Barcelona i jo", "La lluna", "Si no fos per tu", "La rosa de l´adeu", "Salam Rashid" –sobre la emigración africana– o "Per construir un bell somni", hasta alguna ambiciosa pero no del todo conseguida: "Malson per entregues" –confuso intento de canción narrativa donde el sueño se confunde con la realidad, escrita con la colaboración de Josep M. Bardagí–. Las dos canciones restantes resultan simpáticas por su falta de pretensiones: "En paus" –divertida sátira de la jet set– y "Kubala" –tema escrito en honor de uno de los mitos de juventud de un aficionado al fútbol y barcelonista irredente como Serrat.

    Y los años pasan: Serrat registra sobre todo en castellano y pasa largas meses de gira, sobre todo en América del Sur. Por fin en 1995 sorprende a todos con su proyecto de realizar un disco y espectáculo en homenaje a la Nova Cançó. El cantante incluye 34 temas, registrados originalmente entre 1962 y 1975 (cabe decir que es muy discutible hacer coincidir la muerte de la Nova Cançó con la muerte de Franco: la Nova Cançó como movimiento no supera la crisis interna y la disolución de los jueces, es decir no pasa del año 1968) y registra un doble CD (Banda sonora d'un temps, d'un país) que aparece a comienzos de 1996, y que presenta en dos recitales multitudinarios en el Palau Sant Jordi de Barcelona, por Sant Jordi del mismo año. El disco, de una excelente factura, plantea, no obstante, algunos interrogantes. El más grave: ¿Hasta que punto no ha sido utilizado para certificar una especie de acta de defunción de la Cançó, convirtiéndolo en un balance de clausura? En todo caso, Serrat ha salido beneficiado de ello: marginado tiempo atrás por una Cançó pura y monolingüe, ha llegado a ser el integrador y el reivindicador. El hombre bueno de la película, en definitiva. Las cosas, sin embargo, no son tan sencillas como parecen.

    A lo largo de 1997 y 1998 Serrat continúa sus giras estatales y americanas (actuando en compañía de Victor Manuel, Ana Belén y Miguel Rios) y sólo registra en catalán para Auvidis,el año 1997, tres cuentos sobre fondo orquestal (entre ellos la "Historia de Babar". En abril de 1999 estrena el flamante auditorio de Barcelona, donde presenta su nuevo CD Sombras de la China y recupera algunos de sus temas clásicos.

    Cabe decir que actualmente todos los álbums originales de Serrat están disponibles en formato CD, publicados por BMG/Ariola. Sin embargo resultan inencontrables algunos temas publicados solamente en discos SG o EP.
(Fragmento)




Miénteme mientras me besas:
Encuentro con la música

Javier Menéndez Flores

Plaza y Janés, Madrid 2001

JOAN MANUEL SERRAT:
CUANDO TODOS DICEN SÍ

    Pocas veces sucede que los méritos profesionales de alguien los celebre, como un solo hombre, la gran mayoría, ya sean dichos celebristas de izquierda o de derechas, del Madrid o del Barça, ateos o creyentes, liberales o conservadores, nacionalistas o universalistas. En el caso de Joan Manuel Serrat, que es ese alguien en cuestión, eso quizá se entienda porque sus canciones poseen un algo difícil de explicar que toca la fibra sensible del ser humano que se halla detrás de toda ideología o forma de pensar.

    Y es que a decir verdad en contadas ocasiones colegas, críticos y público se han mostrado de acuerdo a la hora de considerar a un artista vivo como intocable, por encima del bien y del mal, clásico. Condiciones cuasiextraterrenas que el propio Joan Manuel, como es natural niega a machamartillo que tengan que ver con él o con su obra. Pues otra de las cualidades que lo definen –y no hablo ahora del tópico inverosímil de la estrella que sigue siendo igual de auténtica, que cuando era tan sólo un proyecto– es la humildad. Una humildad, eso sí, que no le impide en absoluto sonreir con orgullo cuando se le recuerda el inmenso legado que ha dejado y lo mucho que le ama, venera e idolatra su público.

    Yo, que he tenido el honor de conversar con el susodicho acerca de su música, desmanes políticos y otros demonios al menos una vez al año desde noviembre de 1998, fecha en la que lo entrevisté por vez primera, doy fe de su sencillez no exenta de seguridad. Lo que quiero decir es que no debe resultar nada fácil de asumir el saberse referencia sentimental y estética de tres generaciones de españoles e iberoamericanos, de gente, insisto, de toda clase y condición que no duda (no dudamos) un instante que piezas musicales como "Cantares", "Mediterráneo", "Para la libertad", "Lucía", "Penélope", "Sinceramente tuyo", "No hago otra cosa que pensar en ti" o "Más que a nadie", por citar sólo algunas de sus numerosas canciones de consenso son monumentos sonoros que el mundo seguirá disfrutando –como "What a wonderful day", "Imagine", "Like a rolling stone" o "Alfonsina y el mar"– aún mucho tiempo después de que su inventor deje de ser corpóreo, constatando así que su esencia poética, libérrima y ética sigue teniendo la misma consistencia y vigencia de épocas más difíciles y, por fortuna para todos, ya superadas.

    Recuerdo con especial emoción un momento de la primera charla que mantuve con él en uno de los suntuosos salones del opulento hotel Arts de Barcelona cuando al hablar del bombardeo perpetrado por el golpista Pinochet al Palacio de la Moneda de Santiago de Chile sus ojos se llenaron de lágrimas. Lo que me sorprendió de aquello no fue ya el hecho de que se sensibilizara con un episodio histórico a todas luces ominoso sino el que, tratándose de alguien que tanto ha visto, escuchado y contado, no estuviese ya curado de espanto, y que lejos de hablar de forma desapasionada de un aciago suceso acaecido hace casi treinta años lo hiciese, sin embargo, con la vehemencia de un universitario idealista.

    Otro aspecto reseñable de su personalidad es que, a pesar de conocerte, en el momento de entrevistarle tarda un buen rato en soltarse, en sentirse a gusto y bromear, dando por sentado que la impudicia de sacar a la luz determinados aspectos de su propia vida no le hace demasiada gracia.

    Cuando le pregunté si pensaba retirarse en algún momento, él me contestó que mientras el cuerpo resistiera, permanecería en activo. Por ello creo que los versos de Miguel Hernández –debilidad mutua– que cito al final de estas líneas son inmejorables a la hora de situar a un cantaescritor ante el cual todos o casi todos decimos sin dudarlo sí:

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
(Miguel Hernández)

    Siguen las entrevistas completas aparecidas en Interviú en
Noviembre 1998, Septiembre 1999 y Octubre 2000.



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