Página 8/9




La Gent Guapa de Barcelona

Mariàngel Alcázar y Ana Fontana

Colección Ramon Llull. Panorama. Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2002

    Libro en catalán que nos cuenta quién es quién en la sociedad barcelonesa, los hábitos y lugares que frecuentan. Se dice que en Catalunya los famosos son más discretos que en otros lugares, menos frívolos quizás y menos asiduos en las revistas del corazón.
    Desde la alta sociedad al mundo de la moda, la gente del espectáculo, deportistas, empresarios relevantes, personajes de oficio dudoso, la "gente guapa" de Barcelona queda retratada en este libro, quienes son, que hacen, donde se encuentran y en algunos casos como consiguen pasar desapercibidos.
    Pensado para dar respuesta a la curiosidad del público en general debido al gran interés que despiertan, las autoras nos aproximan de una manera amena y rigurosa retratando brillantemente la manera de ser, las costumbres y las personalidades de un grupo de la sociedad tan admirado como criticado.
    Y hablando de personajes de Barcelona no podía faltar Serrat, del que no nos dice nada que no sepamos, pero las periodistas le dedican una página con datos básicos de su biografía y alguna referencia más a lo largo del libro.
    "La gent guapa de Barcelona" se mueve en un estilo de crónica rosa cercano a la prensa del corazón, hay que recordar el currículum de sus autoras: Mariàngel Alcázar colabora actualmente en el programa de Antena 3 TV "Sabor a tí" de Ana Rosa Quintana, realiza la crónica de sociedad de El Periódico y es especialista en información de la Casa Real. Y Ana Fontana colabora ahora en el diario ABC, dirige el departamento de prensa de la agencia ADF de Relaciones Públicas y Comunicación y es delegada en catalunya de Nova One, revista de moda y decoración.

    Páginas 193 a 195:

    Joan Manuel Serrat i Teresa, el cantante catalán más famoso de todas las épocas es, también, uno de los más discretos. Han pasado los años y todavía conserva el espíritu del chaval que en los años cincuenta andaba por la calle Poeta Cabanyes del Poble Sec. Hijo de Josep Serrat, un catalán anarquista que trabajaba como electricista, y de Ángeles Teresa, una costurera aragonesa nacida en Belchite (Zaragoza). Estudió en el Instituto Milà y Fontanals y se trasladó a Tarragona para estudiar con beca el bachillerato laboral. A los dieciseis años empezó a estudiar peritaje agrícola y más adelante biología, carrera que abandonó con la guitarra al hombro, no sin haber ganado antes unos dinerillos como sexador de pollos.
    Serrat componía por amor al arte y cantaba para divertirse con un grupo de amigos. Su voz y su guitarra, además, eran la mejor manera de ligar, en aquella España reprimida que empezaba a despertar. El año 1964, Salvador Escamilla le hizo ir a cantar a su programa, "Radioscope", de Radio Barcelona, lo que le permitió grabar su primer disco en Edigsa. En la cara A del disco figuraba la canción "Una guitarra". El año 1965 se incorporó al grupo músicosocial "Els Setze Jutges" como miembro número trece. Cantó con este grupo en diversos conciertos conjuntos y el 1 de abril de 1966 realizó su primer recital en solitario en el Palau de la Música. "Ara que tinc vint anys" le lanzó a la fama en Cataluña y "Cançó de matinada" le llevó a los tocadiscos de los jóvenes de media España, la mitad que pedía poesía y libertad. "Ara jo canto de matinada, la vila és adormida encara" se coreó como canto de esperanza.
    A partir de entonces, el "noi del Poble Sec" se convirtió en un ídolo. Su rechazo a participar en el Festival de Eurovisión de 1968 por negársele la posibilidad de cantar en catalán le dió valor de símbolo. Serrat, hedonista y vividor, disfrutó de las ventajas de ser joven, famoso y de izquierdas en una Barcelona que lo adoraba. Amante deseado por las modelos más bellas, por las niñas bien que querían portarse mal y por las hijas de las vecinas de su mader, Serrat supo mantener en secreto la existencia de su hijo Queco, nacido en el año 1969 fruto de sus amores con la modelo Mercedes Doménech. El niño creció y ya le ha hecho abuelo dos veces. Recientemente, padre e hijo pasaron por la mala experiencia del asesinato de la abuela materna de Queco, una señora que se llamaba Nieves Ibáñez, encargada de una casa de citas en Lleida. No fue agradable, pero Serrat dió una lección de dignidad acompañando a su hijo en la tragedia y sin importarle nada el morbo que despertó la actividad de la señora y las circunstancias de su muerte.
    Artífice de la popularización de los poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández, Joan Manuel Serrat ha tenido una carrera coherente y llena de éxitos sin renunciar nunca a sus principios. Apasionado por el Barça y de los futbolistas románticos, como la mítica delantera formada por Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón, a los que dedicó la inolvidable "Temps era Temps", Serrat nunca ha perdido el afecto de la gente. Su identificación con el público le ha permitido superar las críticas que le ocasionó la traición, según opinan algunos sectores nacionalistas radicales, de grabar en castellano.
    Joan Manuel Serrat, que se califica de latinoamericano de Cataluña, se ha ganado el afecto del público desde México hasta Chile, donde aún es un cantante símbolo.
    En el año 1978, Joan Manuel Serrat se casó con Candela Tiffón, más conocida como Yuta, hija de José Antonio Tiffón, durante algunos años director de la antigua Feria de Muestras de Barcelona. La pareja ha tenido dos hijas, María y Candela, y vive entre Barcelona y una casa que tienen en Camprodón."

    Además de este apartado dedicado exclusivamente a su persona, aparecen otras referencias secundarias:
•   Se comenta en el libro que durante muchos años sólo Montserrat Caballé, Josep Carreras y Joan Manuel Serrat han sido conocidos durante muchos años más como cantantes que como catalanes en todo el mundo.
•   En otro momento habla de las sobrinas Puig, de la alta sociedad catalana, que eran sobrinas del famoso Albert Puig Palau, al que Serrat dedicó su canción "Tío Alberto".
•   Y en el apartado dedicado a Leopold Pomés, fotógrafo y publicista que está entre los cien principales, dice que: "Pomés tiene en su poder una cosa que muy pocos tienen: aparecer en una canción de Joan Manuel Serrat, concretamente en "Conillet de vellut", una canción dedicada a una modelo, en aquellos momentos amante del cantante, a quien le habría gustado ser Pomés para poderla fotografiar."




24 horas con la Gauche Divine

Ana María Moix

Editorial Lumen. Colección Palabra en el tiempo. Barcelona, 2002

    En esta obra, Serrat es entrevistado en 1971 a modo de epílogo junto a un conjunto de personajes de la cultura pertenecientes o cercanos a la “Gauche Divine”, para conocer su opinión sobre la Divina Izquierda que tenía su sede social en la Sala de Fiestas Bocaccio de Barcelona, donde tan bien se lo pasaban en la segunda mitad de los años sesenta.
    La propia autora explica que el texto que ahora publica fue escrito en 1971 para unas colaboraciones en el periódico Tele/eXprés de Barcelona, que consistían en publicar semanalmente una entrevista con un personaje público de la vida cultural barcelonesa, con fotos de la fotógrafo Colita, trabajo que realizó durante tres años y que después recogió en el volúmen titulado "24X24" (Editorial Península, 1973), con 24 entrevistas a otros tantos personajes, más las encuestas que publica ahora al final del presente libro. Es de suponer que en ese otro libro también se incluyó una entrevista en profundidad a Serrat, ya que aparece incluido en esa encuesta de cuatro preguntas sobre la Gauche Divine.

    Estas son las cuatro preguntas que Ana María Moix, autora del libro, hizo en 1971 a varios personajes y las respuestas que dió Serrat:

Definición de gauche divine.
Grupo de gente aglutinada bajo esta denominación inventada por un grupo de cretinos de la meseta al que se le añadieron otros cretinos de aquí, y ahí está.

Tres características personales imprescindibles para poder pertenecer a la gauche divine.
1. Montar una asociación de los gandules más trabajadores del país.
2. Despotricar contra la censura.
3. Ser socio del Barça.

Tres características personales que impiden pertenecer a la gauche divine.
1. No leer el Nouvel Observateur.
2. No reír con los chistes de Perich.
3. No gustarle a uno la mujer de su mejor amigo.

Los tres personajes más característicos de la gauche divine.
Yo (no se me ocurre nadie más importante) y Eugenio Calleja, maître de Bocaccio.




Cançons per a un temps de silenci

Enric Cirici

Colección "Cròniques de la memòria". Rúbrica Editorial. Barcelona, 2002

    En la obra su autor analiza en profundidad el fenómeno de la Nova Cançó, también habla de Serrat, dedicándole un capítulo entero para hablar del tema de Eurovisión. El novelista y cronista Enric Cirici, miembro fundador de la discográfica Edigsa, narra la historia como protagonista y testigo directo y hace un análisis político desde un punto de vista del nacionalismo, revisa también las circunstancias históricas que motivaron la Nova Cançó, y explica las bases de su creación y desarrollo, además de su objetivo principal, luchar contra la dictadura franquista y en favor de la lengua y la cultura catalanas.

    Página 75 - Capítulo: La cocina de la Nova Cançó

    (...) En un subterráneo húmedo y con luz artificial nos reuníamos a menudo para escuchar muchas cintas magnetofónicas que nos llegaban diariamente de todas partes. Muchísima gente entendió la jugada como un hecho político, artístico y cultural, y enviaban muchas cintas para ver si eran editables y promocionables. Se recibía de todo, muchas veces cintas sólo envueltas en buena fe pero sin nivel. Hacíamos una selección unos cuantos componentes del Consejo de Administración, posiblemente sería mejor llamarlo consejo de patriotas, reunidos con nuestros asesores musicales y literarios. La elección de trabajos a grabar se hacía bajo criterios de oportunidad política y cultural fundamentalmente. Y de calidad musical y literaria más que de interpretación, que también. Se tenía en cuenta si los registros tenían posibilidades económicas de no ser demasiado deficitarios, etc. Es apasionante recordar el día que escuchamos por primera vez a Raimon, Serrat, las canciones del Alguer, La Trinca, Núria Feliu, Magda... Alguien decía: ésta sí! Y se debatía intensamente y finalmente se decidía. La sala, dado su aislamiento del exterior, era muy buena para escuchar las grabaciones.
    Aquel habitáculo de las pruebas se encontraba bajando una escalera muy estrecha y oscura por donde se llegaba al subterráneo del despacho comercial. Bajo el nivel de la librería Ona.

    Páginas 76-77

    (...) Le dedicamos muchas horas a escuchar cintas grabadas de posibles cantantes de la Nova Cançó. Desde ese lugar de reuniones continuas de 7 a 10 de la noche - nadie se imaginaba la existencia de aquel espacio decisorio- se conducía gran parte del movimiento de la cançó catalana de los 60 y 70. Allí se decidía que preartistas se lanzaban a la fama, como se grababa y que promoción se les hacía. Allí se inventaron las famosas presentaciones en el Palau de la Música Catalana. Lo máximo para un artista era llegar a cantar en el Palau y el invento surgió del subterráneo. Y muchas colaboraciones de cualquier lugar de las tierras de cultura catalana y más allá, se decidieron en aquel cenáculo. Como la presentación de Raimon en el Palau, en el centro UNESCO de Madrid, que fue abortado por la policía, o el impresionante recital en la plaza mayor de Sant Jaume dels Domenys, con presencia de Raimon y de la Guardia Civil, que no intervino porque el pueblo entero estaba presente y con fervor... Aquel día había gente hasta en los tejados de las casas. Otro memorable fue el de Raimon en el IQS y su promoción en París. La presentación de Serrat en el Palau, ya en 1967, con motivo de la publicación de su primer disco de larga duración. Raimon era la representación de la protesta política y social y Serrat significaba la penetración en amplias capas de población no tan tocadas por ansias políticas.
    Seguramente sin aquel soporte discográfico y empresarial no se habrían conseguido los altos niveles de trascendencia colectiva, social y política que aportó el movimiento de la Nova Cançó.

    Página 103 - Capítulo: El camino de la profesionalización

    A medida que nuestros artistas se iban profesionalizando surgieron problemas económicos, contractuales y de “vedetismo”, normales y crecientes. Empezaron a aparecer representantes de los cantantes y de empresas más importantes que nosotros que, sin el espíritu militante de los principios, fueron planteando exigencias lógicas, en favor de sus representados, pero muchas veces desmedidas por la realidad de su valor y las posibilidades del editor para complacerlas. Además, en todos los actores del movimiento, editores, emisoras de radio, prensa... habíamos provocado una impresión importante en el público, y en los gremios de la discografía y el espectáculo se imaginaban un éxito económico que no se correspondía ni de lejos con la realidad comercial. Alguno de los más famosos -Raimon, La Trinca o Joan Manuel Serrat- tenían unos resultados económicos buenos pero sin comparación con los que obtenían las editoras españolas en su edición en otras lenguas con artistas de mucho menos renombre. Con todo, hay que decir que el mercado catalán discográfico de la época era el 60% del español y las ventas de Edigsa alcanzaban cifras relativamente espectaculares. “Al vent” o “Diguem no” de Raimon podían alcanzar las 30.000 copias; la “Cançó de matinada” de Serrat o La Trinca, después, hasta 80.000 copias. Imagino que “L´estaca” de Lluís Llach incluso más. En cifras absolutas la comparación con los registros internacionales no tenían color y, por el contrario, los costes de hacerlos eran casi los mismos. Las ediciones castellanas, además de su 40%, explotaban como propio el mercado catalán, por tanto sus ediciones eran más importantes que las nuestras. La venta de discos en lengua catalana fuera de Catalunya era mínima.

    Página 111

    (...) Lo cierto es que llevábamos tantos años de dictadura que habíamos convertido lo excepcional en normal. La gente no tenía la sensación de estar perseguida. Ni de vivir en un mercado pequeño y reducido por la reciente persecución cultural. La cançó catalana no podía soportar luchas entre cantantes, entre competidores y la presión de todos los agentes que intervenían en la campaña. A pesar del éxito del movimiento de la Nova Cançó, las empresas productoras y creadoras de la popularidad no podían salir de una economía precaria. El mercado cultural catalán empezaba a recuperarse después de haber recibido una persecución genocida durante décadas y más. El mercado de productos catalanes crecía pero era más pequeño que el que correspondería a los habitantes de cualquier país normal, independiente. Hasta cierto punto se podía entender que los profesionales quisieran equipararse a un mercado normal y que aparentemente funcionaba. Solamente unos cuantos sabíamos los juegos de manos que hacíamos para mantener económicamente el éxito político. La canción catalana sobrevivió en la anomalía de una cultura de un pueblo que se debatía entre la vida y la muerte. De todas formas, acabado el período de la campaña -diría que hacia 1976- ha quedado una semilla que sigue fructificando año tras año. Aquel esfuerzo no fue en vano.
    Ya sé que es casi imposible mantener libremente incondicionales durante décadas a cambio de casi nada. Pero la realidad era muy dura y sólo se podía caminar aceptando lo que éramos, no lo que figurábamos. Sin el uso y el hábito de vivir en catalán era muy difícil cualquier aventura cultural apoyada en una actividad comercial. Ayudamos a caminar en esta línea pero el franquismo nos había tocado demasiado la catalanidad diaria y no había suficiente con la buena voluntad y la entrega de muchos. Hacía falta un complemento político para devolver el catalán a la calle y la adhesión de las familias recién llegadas al país.
    Y mientras esto pasaba, en la calle la gente más sensibilizada seguía confundiendo los intérpretes con héroes nacionales. El símil podría ser el de los fichajes desorbitados de futbolistas años después, que finalmente no soportará ningún club. Hubo grandes errores por parte de muchos, algunos creyeron que su éxito era personal, y muchos de ellos -no todos- si no hubiera sido por la ayuda de una lengua perseguida y unas proclamas que la gente quería oír como en mítings, no habrían sido nada. Eso se vio claro cuando unos pocos pensaron -les hicieron pensar- que cantando en castellano tendrían mucha más difusión. Y cuando perdieron el apoyo de quien los había hecho - la lengua perseguida y la imagen de protesta- fracasaron. Era cierto que tenían todo el derecho, por razones profesionales, a utilizar cualquier lengua, pero eso no les garantizaba el éxito si no eran buenos. Tampoco eran absolutamente libres. De hecho, se debían al catalán que los había popularizado, y su deserción -explicable- la pagaron con el ostracismo entre los catalanes y, en algunos casos, en fracaso profesional. Cuando los artistas son buenos, no hacen falta estas defecciones. A los de categoría, no les hizo falta ni los tentó el paso a una lengua más difundida. Raimon, Maria del Mar Bonet, Lluís Llach y otros no tuvieron que claudicar... no lo necesitaban. Serrat, hace falta explicarlo. Aunque nunca había dicho que no cantaría en castellano, su gente no lo esperaba. En mi opinión, Serrat no lo necesitaba porque era bueno. La parte más buena es la de su primera época en catalán, y con aquellas magníficas composiciones habría podido tener éxito en todas partes. No lo hizo, era libre de escoger camino... aunque puede que se debiera un poco más a su público que lo quería. Fue una lástima. A Núria Feliu en 1966 le publicaron un anuncio en el diario ABC en que, bajo su foto, decía, más o menos: “la cantante catalana ahora lo hará en español y podremos entender todos sus bellas canciones”. Fue quien abrió la puerta al castellano. Ella debe saber el éxito obtenido. Tampoco necesitaba dar ese paso, era demasiado buena y popular, la imagen que quedará será la de una cantante que abrió el espacio popular al jazz y canciones para todo el mundo en cualquier rincón del país. El mismo caso de el Sisa (catalán) pasado a Solfa (castellano) y vuelto a Sisa otra vez. Al menos que estas experiencias sirvan en todos los terrenos.

    Página 123 - Capítulo: Salvador Escamilla

    (...) Tengo que decir que fue un gran amigo de la editora discográfica y también personal, y sobre todo, un gran patriota. Muchos artistas fueron descubiertos o lanzados a la fama por las ondas que él dominaba como nadie. Fue el primer valiente de la radiodifusión. La lista de jóvenes popularizados es larga, empezando por los Setze Jutges, mezclados con muchos otros, Jutges o no, como Joan Manuel Serrat, Queta y Teo, Maria del Mar Bonet, La Trinca, Tete Montoliu, Núria Feliu, Maria Cinta, Lluís Olivares, Magda, Glòria, Marina Rossell... casi todos.

    Página 125

    (...) Recuerdo haber acompañado a diferentes cantantes a la emisora de la calle Caspe. El público, muy sencillo, adoraba a Salvador. Con su forma de hablar llana tan característica se había metido al público en el bolsillo, al presente y al oyente, sin duda de barrio. Había traspasado la barrera de las minorías selectas y había llegado al pueblo. Aquella gente asidua al programa, poco sabía de antifranquismo cultural, pero sí de problemas humanos comunes a todo el mundo, más universales. Cuando Serrat cantaba la “Cançó de matinada” o “La tieta” cambiaban de cara. Porque hablaba de problemas que tiene o ha tenido cualquiera, pero explicados a través de una buena poesía. Puede que aquel público entendiese menos a Raimon pero sabía intuir que había algo importante en él. No era el público de Raimon, era otra cosa también importante.

    Página 129

    (...) Habíamos creado la edición discográfica para la promoción de nuestra cultura a través de la canción tradicional y moderna, como también de música clásica, rondallas infantiles o voces de poetas. El disco era el medio que daba salida a anhelos difíciles de expresar y explicitar por otros medios como la radio, la prensa o la televisión. La catalanidad, la modernidad, el gusto por la música, las letras poéticas y la adhesión a una tierra venían a través del sentimiento, y nosotros movíamos pasiones que se convertían en sentimientos de patria o de libertad, a la vez que cuidábamos que hubiera la máxima calidad en la producción. Las apoteosis de los recitales de Raimon para los más comprometidos o de Serrat para las multitudes tendían a mover voluntades hacia la democracia y el catalanismo, que eran removidos individualmente después, con la audición de las grabaciones.

    Páginas 131 a 141 - Capítulo: Eurovisión

    (...) Un día Serrat nos presentó a un tal Lasso de la Vega que, según dijo, se ocuparía de sus asuntos como representante. Propuesta normal para quien quería profesionalizarse. Hasta aquí la primera propuesta, pero poco después, para nuestra sorpresa, aunque relativa, nos enteramos de que Joan Manuel cantaría, además de hacerlo en catalán para Edigsa, en castellano para una editora de Madrid (Zafiro). Era el inicio del intento de las editoras estatales, en previsión de éxitos reales o supuestos, de proponer a los artistas de la Nova Cançó catalana el paso al castellano. Era lógico que pasase en vista del éxito creado, que era grande, pero no tanto como parecía en cifras concretas, como he dicho antes, y que ellos creyeron que eran extrapolables a su mercado. No sabían en concreto el nivel de edición discográfica ni el de ventas. Las imaginaban más grandes y en algunos casos verdaderamente eran muy buenas -la realidad era que la fama popular, en su conjunto, era mucho mayor que la realidad comercial- y aunque lo supiesen, pensaban que en español las posibilidades serían mucho mayores si en un mercado pequeño como el catalán tenían tanta aceptación. Creían que la categoría profesional de los intérpretes daba para mucho más de lo que se podía obtener en Catalunya en catalán. Pensaban que en castellano venderían en todo el área castellana con Catalunya incluida. Pero ignoraban que gran parte del éxito era debido a una situación política represiva y al testimonio catalanista. Como tantos, ignoraban que los productos venidos de Catalunya no despertaban ningún entusiasmo especial entre los españoles. Tampoco valoraban que entre el público y nosotros habíamos enaltecido la canción más allá de lo normal por el hecho de defender una lengua perseguida. Y los mismos artistas se confundieron hasta el extremo de que unos pocos se dejaron llevar por el canto de sirena del castellano. No todos, claro... los mejores no cayeron. También ciertos errores procedían del hecho que a veces teníamos que dar cifras de ventas más altas que las que eran en realidad para hacer destacar a determinados artistas en el ranking. Los problemas se derivaban después cuando teníamos que relacionarnos con la competencia, con Hacienda, etc.
    El gremio, entonces, creyó que la canción catalana era una realidad económica importante y quiso entrar en ella. Estaban en su derecho, aunque en la mayoría de casos se equivocaron completamente. Editar en catalán no era negocio, pero hacer cantar en castellano a un artista sobrevalorado por el hecho de su supuesto catalanismo era en algunos casos un fracaso económico brutal. Al público español no le gustaba el estilo, querían aquello a lo que estaban acostumbrados... y el plus patriótico catalán era más bien negativo, por mucho que lo quisieran esconder. Alguna propaganda española presentaba el hecho de cantar en castellano como una superación de aquel aire “aldeano”. Algunos cantantes también murieron en el intento, ya que perdieron el favor de los catalanes y no ganaron ningún otro más.
    Lasso, el mánager, nos confesó que Serrat sería escogido para representar a la “canción española” en el famoso festival de Eurovisión, y que además había muchas posibilidades de que ganase el premio la canción seleccionada, en concreto, el famoso “La, la, la”. Parecía que tenían la clave para presentarlo y hacer que ganara. Y que tranquilos... -afirmaba por una especie de miedo intuido de escándalo- que Joan Manuel continuaría siendo para la editora catalana en su producción en catalán. Lo que no midieron fue que Serrat no era de Edigsa sino de los catalanes.
    La operación TVE (Televisión Española), dirigida por Rosón, era de muchos millones, que los promotores madrileños invertirían con la intención de hacer de Serrat un importante cantante y en vistas, más tarde, de hacer un fuerte lanzamiento en toda el área de lengua española. Querían internacionalizar (latinizar) al artista. Para Serrat, la perspectiva de convertirse en un nuevo “Julio Iglesias” le mareaba, y así le “vendieron la moto”; sin duda era un espejismo más real y cierto que en otros personajes. Cuando nos lo dijeron ya era un hecho.
    Era un paso más hacia el español y en este caso con garantías de éxito, y por tanto quedaba abierta la puerta a la tentación del paso al castellano de más gente. Abriría un camino para otros, después de este ejemplo tan sonado. Se veía venir o lo temíamos.
    Era seguro y fuera de dudas que la categoría de nuestros cantantes era muy superior a los de lengua castellana del momento y, por tanto, para cualquier conocedor, la operación de ir detrás de los de más categoría para hacerles cantar en español u otras lenguas era inevitable. La internacionalización pasaba por un primer paso español. Ninguno pasó de ahí, quiero decir que ninguno llegó al inglés... por ejemplo. Ni Serrat.
    Los artistas y los mánagers sabían que nosotros no daríamos nunca este paso. Era impensable la renuncia a nuestros objetivos fundacionales y nuestra clara posición al respecto. El catalán era la razón de nuestra existencia. Antes de hacer eso lo hubiéramos dejado, pero además nos habría pasado lo mismo que a los otros: no habríamos triunfado económicamente. No era nuestro asunto, pero nos afectaba mucho. Los que lo hicieran echarían a perder su capital personal como gente que figuraba como patriotas, aunque algunos no se lo habían planteado nunca. Pero la gente les había hecho suyos como ídolos y no escuchaban ninguna argumentación profesional ni humana, y aquellas decisiones de algún ídolo les causaban frustración e indignación y además, injustamente, parecía que nosotros fuéramos cómplices de las supuestas defecciones. Algunos artistas lo aprovecharon para cargarse a los compañeros que iniciaban su producción en castellano, no siempre con sana intención, y eso creaba malestar.
    Las compañías discográficas existentes no iniciaron antes la producción catalana por falta de interés económico y porque no estaban dispuestas a correr riesgos políticos. Estaban en su derecho de una visión económica exclusiva. Nuestra acción obedecía a un voluntarismo político que ellos no podían entender. Con razón no habían visto negocio hasta aquel momento en el que el camino ya estaba, en parte, despejado. Y cuando creyeron, confundieron el ruido que hacíamos con la consistencia del mercado. Nuestro objetivo era otro que a ellos no les interesaba. Nosotros no habíamos montado Edigsa para favorecer a otras lenguas. No se podía ni plantear esta opción por nuestra parte, a pesar de la penuria económica que vivíamos de vez en cuando. Antes lo dejaríamos. Esta posición era difícil de mantener y de entender por parte de los artistas, que tenían legítimas ambiciones profesionales y estaban embobados por las ofertas que recibían. Muchas de ellas, puro espejismo porque creían que la magnitud de su fama correspondía con unas posibilidades mercantiles que no existían. Desgraciadamente la realidad no era así, nuestro mercado era pequeño y se podía mantener el movimiento basado en el sacrificio de unos cuantos. Si se consideraba una labor editorial normal, no tenía salida económica.
    Nuestro problema era atender las letras de cambio de los suministradores y, de vez en cuando, la aportación de dinero a fondo perdido era la única solución. Tengo que recordar aquí a mucha gente como Josep M. Puig Salellas, Amadeu Bagués, Raquel Martori... y un largo etcétera.
    Lasso de la Vega, con “artes” desconocidas para nosotros, pero imaginables dentro del mundillo madrileño, corrupto desde siempre, obtuvo del director general de TVE, el Sr. Rosón -que sería después ministro con la UCD- la decisión de apostar por Serrat, con el fin de hacerlo defensor de la canción española en el festival de Eurovisión. Esto comportaba automáticamente, si ganaba, fama internacional. Y por fuentes fidedignas sabíamos que aquel año tocaba ganar a la partitura española.
    Como había habido filtraciones en la prensa interesada en airear la noticia... las reacciones negativas de lo seguidores del movimiento de la Nova Cançó y en los ambientes catalanistas fueron muy fuertes. Fue un trauma ciudadano y, para la gente de Edigsa, un drama. También las envidias, mal disimuladas, de otros cantantes se pusieron de manifiesto. Era sencillo, por parte de muchos, ampararse en una posición íntegra y de supuesta fidelidad a una lengua, cuando muchos de ellos no tenían ninguna posibilidad profesional para entrar en la españolización. Las reacciones de indignación y críticas a Serrat, de ciertos artistas y gente vinculada a la Nova Cançó, fueron numerosas y algunos olvidaron, no mucho más tarde, su integridad catalanista en algunos intentos no salidos a la luz pública. Los mejores mantuvieron su independencia y no claudicaron y son los que todavía pesan más muchos años después. Raimon, Llach, Maria del Mar Bonet no tuvieron necesidad de abandonar su lengua de creación. Los que lo hicieron no eran las primeras figuras y el mercado español los juzgó olvidándolos bien pronto. Uno no crece utilizando una lengua de más difusión, si no es realmente bueno. Serrat en castellano tampoco ha llegado a la altura creativa de la calidad alcanzada en catalán. Y ha tenido siempre la inteligencia de no traducir la producción catalana, seguro que a él mismo no le gustaría el resultado.
    A nosotros, que no teníamos otro objetivo que la lucha por el catalán en todo, por tanto, nos creó un malestar enorme y, además, estábamos en medio de una tormenta popular contra Serrat a quien la gente consideraba su ídolo. De hecho, Joan Manuel, a pesar de sus éxitos en España y en América del Sur, y en la propia Catalunya, ya no volvió a ser el ídolo que nosotros y un gran número de seguidores habíamos forjado. Su valiente acto con la renuncia a la interpretación en castellano del “La, la, la” en Eurovisión, mezclado con el posterior paso parcial al castellano, distorsionó y desequilibró el movimiento de la cançó. El hecho de cantar en castellano en Catalunya, por parte de Serrat, a mí no me ha gustado. No lo esperaba.
    Por parte de alguien se nos alineaba injustamente con la decisión de Serrat. Además, éramos incapaces de evitar una nueva frustración colectiva y lo sabíamos. La gente se había hecho suya, con orgullo, la extraordinaria calidad de sus cantantes, entre ellos Joan Manuel Serrat. Los ídolos de un país maltratado por la Historia, hacen mucho daño. Y si bien es cierto que todo el mundo se gana la vida con la lengua que más le conviene, como en el negocio escrito que era y es mayoritariamente en castellano, no era exactamente lo mismo con los que utilizaban como materia prima la lengua; los protagonistas de la cançó catalana habían conseguido la fama de la mano del catalán... y de la política de la resistencia. Los comerciantes y otros profesionales no.
    Curiosamente Serrat en castellano, para mí, no es muy creativo, y para superar lo que yo creo que es un bajón de categoría, le hacía faltar recurrir a textos de Machado y de otros poetas importantes. La diferencia entre la producción catalana y la castellana de Serrat era abismal, en cuanto a calidad artística, a favor de la catalana.
    La comparación entre “Mediterráneo” y “Cançó de matinada” no tiene color. Ahora bien, como tenía y tiene más categoría que sus colegas castellanos, tuvo un gran éxito en España y América Latina. Sospecho, de todas formas, que en catalán también podía haber triunfado en el mundo castellano como lo hace cualquier cantante bueno, sin cambiar de lengua, y habría seguido produciendo maravillas. No ha sido así.
    Como he dicho, es cierto el argumento que todos, en nuestros asuntos, utilizamos el español cuando nos conviene para relacionarnos con el mercado español. Hay que aceptar entonces que un artista quiera introducirse en un mercado más grande en castellano. Es verdad también, como he dicho antes, que si el intérprete es muy bueno no le hace falta. Recuerdo una entrevista con una cantante francesa, Petula Clark, que quería promocionar a Raimon en el mercado francés, y que lo primero que nos dijo fue de la necesidad de cantar en francés. Con Raimon eso no era posible por muchas razones y se acabó la relación y el intento.
    El problema Serrat planteaba más cosas. La primera era que para Catalunya, entonces y ahora, el castellano es perturbador por el hecho de ser preponderante y sostenido por el poder político que jugaba y juega en contra del catalán. El francés también era perturbador en Catalunya Norte. Creo que es fácil de entender. Posiblemente si Serrat se hubiese propuesto cantar en inglés no habría habido tanto alboroto. Ni por nuestra parte ni por parte de sus incondicionales, su gente, como él los llamaba, puede que lo hubiera aceptado. Todo siguió adelante y el choque con la opinión pública fue muy fuerte. La frustración de la gente, inmensa. Para nosotros también. Lo queríamos entender pero no lo podíamos sentir. Nuestro éxito, y nuestro sacrificio personal y profesional en muchos casos, de todos aquellos años de campaña, acababa en una nueva frustración. De hecho, fue el inicio de la decadencia del movimiento de la Nova Cançó.
    Habíamos entrado en un nuevo período, en una normalización creativa, económica, cultural, antes de tiempo. No era el momento de dejar el catalán a la libre competencia. Hacía falta algún tipo de discriminación positiva a favor del catalán en la canción. Imposible políticamente en aquel momento, en cambio, la presión popular era fuerte y muy sensible. Y Serrat era consciente de ello. Sabía a quien se debía.
    La incidencia de la competencia de otras editoras nos iba poniendo contra las cuerdas y, si añadimos la competencia nacida en el propio país, llevaba a la ruina de los apoyos que la Nova Cançó había recibido hasta el momento. La edición con clase era difícil de mantener. No hay ninguna lengua europea, a excepción de la inglesa, que pueda estar desprotegida, y menos todavía la nuestra. El asunto Serrat provocó una importante inflexión en el movimiento musical: los buenos se mantendrían fieles, él trabajaría más fuera de Catalunya y los mediocres irían trampeando o desapareciendo, pidiendo ayudas de las instituciones para sobrevivir. Y éstos últimos atacarían a todos por distraer al personal del auténtico problema: su falta de calidad.
    El alboroto general, cuando se confirmó que Serrat iría a Eurovisión, fue de escándalo. Los ídolos crecidos a la sombra de posiciones sociales o patrióticas no son jamás libres del todo en sus decisiones. Serrat tampoco lo era. Cuando él, prescindiendo de la imagen que los seguidores se habían formado, tomó caminos por su propio y legítimo interés, obviando un cierto compromiso -no escrito- con los adictos, fue rechazado públicamente. Los incondicionales de Serrat se lo tomaron como una traición. Serrat estaba asustado de la reacción de su gente y su representante también. La procesión iba por dentro de las conciencias de todos los protagonistas y, además, ya hubo quien, dentro del gremio, echó leña al fuego. Las cosas nunca son claras del todo. Serrat se sentía mal y nosotros también. Y aquel salto a la fama comportaba un desmoronamiento entre los suyos. El dinero no compensa nunca una insatisfacción personal al ver una fama echada a perder. Pero el mito ya había hecho aguas.
    Alguien insinuó que con dinero puede que pudiéramos modificar la situación, al menos para la bofetada de Eurovisión. Evitar que cantase en castellano ya era más complicado. La carta española ya estaba firmada con Zafiro cuando llegó a nuestro conocimiento, y era del todo inevitable el mal paso. Pedir sacrificios importantes a Serrat todavía era posible, pero a Lasso, Zafiro o Rosón y a otra gente no catalana era impensable, ni tenían por qué. Pero la calle lo creía, lo esperaba, y sólo con algún gesto podíamos rebajar la tensión. No para recomponer el desperfecto. Era cierto que Serrat nunca había dicho que no cantaría en castellano... pero explícaselo a los fans.
    La única batalla posible era evitar que Serrat saliera en la pantalla de televisión representando a España en castellano y, por qué no decirlo: en aquel momento podíamos utilizar la desgracia para darle un mazazo al franquismo, como se vio posible en las reacciones posteriores. Aunque Serrat, quedó para siempre en la ambigüedad.
    ¿Qué valía en política y economía que Serrat dijese que no iba a Eurovisión, sino era cantando en catalán? En política caería en el ostracismo dentro del estado español. Como mínimo, le sería retirado el pasaporte, cosa corriente en la época, y cosas más fuertes profesionalmente: nada de festivales autorizados, censura de canciones más rígida, actuaciones en emisoras de radio y televisión prohibidas. Y peligros indefinidos que no se podían prever. Uno de ellos era que las dificultades que ya teníamos para publicar cualquier disco catalán se multiplicarían. Nosotros estábamos dispuestos a correr el riesgo y dar apoyo a las consecuencias que se produjeran, pero estaba Zafiro, con contrato, y todo el bloque castellano que luchaba en sentido contrario a lo que queríamos. Y el gran problema es que ya había dado la conformidad a TVE y, a partir de aquel momento, la situación era dramática, desesperada.
    Edigsa mantuvo unánimemente una posición: colaborar con todos los medios posibles a nuestro alcance para que Serrat, lleno de dudas, cambiara de idea. Dar la vuelta a la tortilla. El mismo Lasso de la Vega, hombre muy complejo, había visto el disparate, no ya por la reacción adversa popular sino por la misma integridad moral de Joan Manuel. Porque Serrat era una buena persona y muy sensible. Vivía una situación como la de Hamlet. Buscaba que alguna mano le sacara del pozo en que había caído.
    Finalmente se llegó a un acuerdo entre la editora y Lasso para ayudar a que el pacto con TVE se rompiera. La negociación no fue complicada. Asumíamos ciertas consecuencias... económicas y políticas... cosa a la que ya estábamos habituados.
    A resultas de la negociación y decisión de Serrat al decir no a TVE, se decidió que Joan Manuel se fuese a París y desde allí haría la declaración de renuncia a cantar el “La, la, la” si no le permitían cantar en el festival internacional en catalán. Impensable, claro. Eso de entrada comportaba una temporada en el exilio. También era verdad que la campanada le abriría muchas puertas fuera como rebelde a la dictadura.
    Habíamos tenido un consejo extraordinario en Barcelona para conducir este asunto, y una reunión con Lasso en el Hotel Manila de Barcelona, donde se redactó la carta exigiendo cantar en catalán en el festival. Serrat ya se había ido a Francia. Al día siguiente Josep Espar y yo mismo salíamos hacia París, llevábamos el proyecto de carta que Serrat enviaría a TVE y a los medios de comunicación.
    Josep Espar y yo, aquella mañana de marzo, habíamos paseado por París antes de la reunión con Serrat. Espar a veces tiene genialidades sorprendentes... Vimos las columnas de cartón piedra de la Madeleine, alocada copia de un templo griego. Entramos y volví a ver el interior neoclásico tan frío como los panteones de mármol de un cementerio. En un altar, muchas velas encendidas, en cada una de ellas seguro que había una historia dramática detrás. No sé si los que las habían puesto esperaban algo, el milagro, o seguramente nada, sólo una expansión humilde del problema que llevaban dentro. Nosotros encendimos una vela, entre todas las demás, a Santa Rita. Dicen que es la patrona de los imposibles. Todavía ahora, años después, no puedo dejar de visitar la Madeleine cuando voy a París.
    Por la tarde, en un hotel, tuvimos la reunión definitiva. Serrat ya lo tenía claro cuando dijo, refiriéndose a su posible renuncia a participar en Eurovisión: “Mi gente no quiere que lo haga”. Y firmó la carta. Qué poco le faltaba para llegar más lejos...
    Después de un fuerte abrazo de Joan Manuel, me llevé a Barcelona la trabajada carta dirigida a TVE, en la cual entre otras cosas, decía que él no podía representar a la canción española en Eurovisión sino era cantando en catalán. Incomprensible para los españoles... todavía ahora no lo entienden.
    El avión sobrevoló París, escandalosamente iluminado, aquella noche serena. Todos los monumentos desprendían luminosidad, en una noche clara, histórica y alegre. Aquella batalla se había ganado. Serrat se había regenerado, al menos aquel día, ante él mismo y había hecho un servicio extraordinario a la causa de la resistencia al franquismo.
    Así era la noche cuando salí con la carta hacia Barcelona. La bomba sería al día siguiente. La consecuencias imprevisibles. Efectivamente, al día siguiente le dimos curso. La pretensión de cantar en catalán era una locura, no la podían aceptar... como así fue.
    La reacción de los responsables políticos fue la esperada: fue vetado Serrat en todas partes, los insultos de la prensa y la radio ayudaron a que el escándalo fuese todavía mayor. Y sustituyeron al cantante por Massiel para defender ”el honor y la hombría española”, y la cantante sustituta de Serrat, en Eurovisión, fue calificada como la moderna “Agustina de Aragón” que, como todo el mundo sabe, fue una heroína de Zaragoza en el levantamiento de armas contra el invasor napoleónico.
    La estancia en París de Joan Manuel fue después muy complicada. Agentes de TVE, al mando del austriaco Artur Kapps, se dirigieron a París para hacer rectificar la decisión de Serrat. Josep Espar se había quedado en París para apoyar a Joan Manuel en un momento difícil para él y en previsión de presiones de toda clase.
    Hubo, efectivamente, un tira y afloja, entre Serrat y Kapps, hasta el punto de poner en peligro la primera decisión. Kapps llegó a obtener la rectificación verbal y con promesas muy tentadoras decidieron él y Joan Manuel tomar el camino del aeropuerto de Orly para tomar un vuelo con destino a Madrid. Era el final.
    Camino del aeropuerto, en taxi, Serrat -aprovechando un semáforo en rojo- bajó, dijo que no iba a Madrid y repitió: “mi gente no lo entendería”. Y se quedó en París salvando muchas cosas... Los de TVE no lo podían entender. Serrat no tenía culpa de haber nacido en un país que a veces no sabe qué es... pero que tiene sentimientos.

    Página 153 - Capítulo: La aparente normalización

    (...) No todos los cantantes estaban llamados a ser héroes ni todos podían sobrevivir sin la ayuda popular que daba el hecho político de la resistencia. Por eso, pasado el momento de lucha popular sólo quedaron los artistas de auténtica valía, y además, poco a poco, el bilingüismo se fue imponiendo, haciendo posible no solamente la popularidad de cantantes de otras tierras peninsulares sino que el propio Serrat pudiera cantar en castellano en Catalunya sin que pasara nada.



Pág. 1       Pág. 2       Pág. 3       Pág. 4       Pág. 5       Pág. 6       Pág. 7       Pág. 8       Pág. 9
principio de esta página