Página 9/9




Bon dia, Catalunya.
Salvador Escamilla, 40 anys d'ofici

David Escamilla

Rosa dels Vents. Random House Mondadori S. L., Barcelona, 2002


    El título del volumen hace referencia al saludo con el que Salvador Escamilla daba la bienvenida a su audiencia cada mañana en su programa de radio Radioscope. A lo largo de todo el libro aparecen múltiples referencias a Serrat, que conoce a Escamilla en 1965, aquí se refleja lo que implica directamente al cantautor.


    CAPÍTULO 7: CUARENTA AÑOS REPARTIENDO ILUSIÓN

    Como encabezamiento de este capítulo aparece una estrofa de la canción de Serrat “Com ho fa el vent”:

“Jo vaig néixer com neix la brisa a la vora del mar.
Amic del sol i de la pluja, vaig aprendre a volar.
Com ho fa el vent. I és així com jo vull viure.
Com ho fa el vent,
El vent que es mou i que és lliure entre la gent.”


    Y en este mismo capítulo aparecen la palabras de Serrat en el Homenaje que se le brindó a Salvador Escamilla en el concierto del Palau de la Música de Barcelona el 13 de Junio de 2002, día en que Serrat reapareció tras su problema de corazón cantando "Paraules d´amor" en honor a su amigo y descubridor:

    "Buenas noches y gracias por estar aquí. Gracias por hacernos compañía a todos, y nosotros contentos de haceros compañía a vosotros, desde esta fiesta en la que todos estamos diciéndole a Salvador gracias. Gracias por todos los años que nos ha dado trabajo (él, que ha trabajado tanto).
    A mí me ha hecho mucho trabajo, me ha ayudado mucho en este oficio. Si esta noche estoy aquí, sin duda él es un responsable directo. Pero lo más importante que me ha dado Salvador no ha sido la posibilidad de poder tomar el camino de esta profesión que tantas alegrías me ha dado en la vida, lo más grande que me ha dado Salvador no ha sido la posibilidad de grabar discos (porque él me llevó de la mano a Edigsa para hacer posible aquel primer disco), ni tampoco lo más importante que ha hecho por mí Salvador fue pagarme (porque fue el primero que me pagó un bolo bien pagado). Sí, claro, eso también es de mucho agradecer en la vida!
    Pero la cosa más importante que ha hecho Salvador es regalarme su amistad y abrirme, de par en par, las puertas de su corazón y de su casa.
    Gracias a Salvador, gracias a Elena (su esposa) y gracias a toda la familia Escamilla".


    CAPÍTULO 8: EL EFECTO BOOMERANG

    Capítulo compuesto por una serie de dedicatorias a Salvador Escamilla escritas por sus amigos, lo que el autor del libro denomina “el efecto boomerang”. La siguiente está escrita por Joan Manuel Serrat, y en ella describe como fueron sus primeros pasos en el mundo de la música:

    ¿QUIÉN SOY?

 — ¿...Y cómo se hace ésto...? Yo no conozco a nadie del rollo de la canción, tío...
    Pero Jordi, siempre insumergible, convencido de que yo apuntaba ciertas posibilidades, insistía:
 — Podemos ir a ver a Escamilla a Radio Barcelona... Hace un programa por la mañana donde presenta gente nueva, incluso si cantan en catalán. No te acojones, hombre. ¿A tí te gusta, no? Además, sirves para ésto, te lo digo yo. Piensa en el éxito, la pasta y la esperanza de una vida sexual más satisfactoria.
    Hay que reconocer que Jordi Romeva utilizaba argumentos sólidos y animosos. Más de una vez la solidez de sus convicciones le han llevado al desastre a lo largo de su vida, pero en este caso a mí ya me iba bien su seguridad. ¿Por qué no...?
    Vamos a la radio. De manera que entonando el patriótico: Zapador, minador, valeroso..., cargados con una guitarra y magníficas fantasías, nos plantamos en la calle de Caspe y después de saludar al buey del vestíbulo y a Maite, la de la centralita telefónica, pedimos a un conserje, ligeramente bizco y vestido de azul, audiencia con el señor Escamilla.

    Nota 1
    El año 1965 estrenaba primavera, y como cada mañana de lunes a viernes desde las diez y media hasta el mediodía, Salvador Escamilla levantaba en EAJ-1 Radio Barcelona el telón de Radioscope, y mientras trataba de pintar las ondas de colores, pasaba de contrabando suspiros de país robado: “Buenos días, Catalunya, y una canción...” («Bon dia, Catalunya, i una cançó.»)
    Nos encaminanos hacia el bar de Fayos para tomar una cerveza mañanera esperando que el señor Escamilla despidiese el programa para recibirnos -pero que no nos preocupáramos que al acabar nos esperaba- y mi cabeza no paraba de pensar y pensar... Qué coño estaba haciendo allí, con el sonado de Romeva, esperando que un descubridor de talentos me lanzase al estrellato, en lugar de estar en la facultad haciendo compañía al pobre doctor Ponz, que inútilmente debía estar tratando de hacer entender a un grupo de descerebrados sin interés el ciclo de Krebs del ácido cítrico!

    DE DÓNDE VENGO

    Aclaramos que Romeva, que ya ha sido presentado, juntamente con Anoro y Nogués, que no aparecen en esta historia, y yo, éramos los restos de lo que se denominaba un conjunto.
    Cuatro amigos que por necesidades humanas de desfogarse de alguna manera más creativa que las habituales en la postadolescencia formamos uno de aquellos típicos cuartetos musicales de guitarra solista, guitarra rítmica y voz (servidor), batería y bajo, que en los años sesenta eran el no va más de la modernidad juvenil musical.
    Nos animaba la afición y nada más, sin ninguna esperanza ni propósito de triunfar los domingos por la tarde en el Pinar, prestigioso local del Poble Sec donde grupos como Los Sirex o Los Mustang dieron sus primeros pasos, ni de lucir en las fiestas del paso del ecuador de la Facultad de Letras, que era donde estaban las tías más buenas, y que miraban a Los Gatos Negros o a Los Catinos de aquella manera melancólica y húmeda que queda tan bien en los ojos de las señoritas y que irremediablemente provoca perversos temblores en la regatera de la espalda y en las ingles de los jóvenes machos necesitados.
    La verdad es que nos lo pasábamos de miedo ensayando en el local de la calle Olzinelles. Cada uno tenía su “groupie” personal e intransferible -algunos fueron más allá, como Romeva y Montse, que acabaron casados- y nos daba igual el futuro de aquella aventura musical. Eramos conscientes de que nuestro conjunto por lo que respecta al futuro había nacido herido de muerte y que nuestra historia de amor con la música era más que nada una aventura.
    No se podía ir a ningún sitio con guitarras acústicas empastilladas, amplificadores de estar por casa, un repertorio heterogéneo todo terreno y poco definido que iba del «Ma vie» al «Twist and Shout» y pocas ganas de trabajar y muchas de divertirse. Todo presagiaba que aquel pastiche se iría a hacer gárgaras a la primera de cambio. Por eso, cuando el grupo se deshizo antes de debutar, ninguno de nosotros resultó herido. Cada uno se llevó lo suyo y tan amigos.

    Nota 2
    Yo también lo habría dejado como los demás y no me hubiera sumergido en el mundo de la música si no hubiera sido por Romeva, que, además de ser muy catalanista y tradicional, es insumergible, y convencido como estaba de mis posibilidades nunca se hubiera quedado tranquilo sin intentarlo.

    ¿QUÉ ESTOY HACIENDO AQUÍ?

    Antes de que acabase el programa y después de la segunda cerveza, el conserje bizco desde la puerta del bar nos hizo una señal invitándonos a seguirle por las tripas de la emisora. Un laberinto de pasillos, locutorios y escaleras que llevaban a una pequeña habitación donde no había más mobiliario que un par de sillas, al lado del escenario del Estudio Toreski, y donde los artistas y los invitados esperaban su turno para saltar a las ondas, como se decía. Desde allí, de refilón, tuvimos tiempo de ver como Salvador Escamilla se despedía, medio cantando, medio hablando, de un público fervoroso, que en pie le decía hasta manaña.
 — ¿Queréis hablar conmigo...? -nos dijo sin perder el paso, mientras se secaba el sudor-. Pues venga, venid...
    Y para arriba otra vez Romeva, la guitarra y yo, volviendo a andar el laberinto, pero ahora a toda velocidad, persiguiendo al conejo de Alicia. Aquel hombre caminaba por delante nuestro a paso ligero, casi a saltos, los brazos arriba y abajo, aireando la radio con un fajo de papeles, restos del programa. Hablador, simpático, curioso. Satisfecho de la última hora y media delante del micrófono, que siempre se le hacía corta.
 — Este tío lleva el motor trucado, hostia... -mascullaba Romeva resoplando asmático.
 — Ya hemos llegado. Pasad.
    Escamilla tenía un despacho pequeño pero polivalente, delante de los lavabos, en el primer subterráneo de Radio Barcelona, desde donde preparaba su programa diario y todo lo que hiciera falta preparar.
    Aquella mañana seguramente vestía con un traje gris perla, de alpaca, como el que puede llevar ahora mismo, camisa clara, corbata de punto, zapatos italianos de punta y calcetines a juego. Los cabellos, cortados a la navaja, parecían acabados de salir de la peluquería.
 — Demasiado elegante... Este tío va demasiado elegante -pensé-. No sé si nos entenderemos.
    Demasiado elegante para ser miércoles, y ésto, para tipos como Jordi y como yo, pequeños “révoltés” que íbamos por la vida con tejanos, suéters de cuello alto con coderas y cabellos largos, limpios, eso sí, pero con desprecio por las apariencias, ir demasiado elegante era sospechoso de qué sé yo que colaboración burguesa como mínimo.
    La verdad es que si hubiese llevado harapos o uniforme de empleado de tranvía habría dado igual. Yo quería irme con el doctor Ponz y el ciclo de Krebs y los compañeros de la facultad, porque, más que el éxito que Romeva pronosticaba y sus espléndidas perspectivas, me vencía el pánico de tenerle que cantar mis canciones, enfocadas en principio a conmover féminas, a un señor que no conocía de nada. Pero era demasiado tarde para huir.
    Se quitó la chaqueta y se sentó a un lado de la mesa.
    Romeva, la guitarra y yo, al otro lado.

    Nota 3
    A Salvador, le gusta ir elegante y gustar, y aunque quisiera no podría evitar dar esa sensación de ir hecho un maniquí. Hasta cuando pasea en albornoz por la arena del Club Natación Barcelona parece que vaya bien vestido.
    Mientras un secretario pequeño y gordito entraba y salía del despacho, trajinando arriba y abajo un poco acelerado, le expliqué quien era, o mejor le conté a qué me dedicaba y que me habían dicho que... Y que me gustaría si... Y esto y lo otro, aunque la verdad, era él quien no paraba de hablar.

    Otra nota
    Este es un tema en que nunca estamos de acuerdo.
    Yo le digo que él nunca calla y él me responde que una “calla” es una calle y que soy yo quien no le deja hablar:
    Sólo descansó para dejarme cantar. Lo hizo con atención, sopesando mi voz, midiendo las palabras mientras yo, temeroso, no me atrevía a alzar la vista del mango de la guitarra, controlando los acordes que de vez en cuando se escapaban de su lugar. Sentía clavados en mí sus ojos claros, descarados, despiertos e inquietantes, como si quisiese desnudar mis pensamientos.

    Una nota más y basta
    Aquella mañana conocí la fuerza de la famosa mirada tenebrosa que Salvador siempre tiene a punto, no fuera que todo aquello lo pillara distraído.
    Hice todo mi repertorio. Empezando por «El mocador», después «Ella em deixa», «La mort de l'avi» y al final «Una guitarra».
    A la mañana siguiente cantaba por la radio. Mi madre lo dijo a todo el vecindario. Más o menos así empezó todo.

    POSTDATA
    Gracias, amigo.
    Por darme la primera, la segunda y la tercera oportunidad de cantar en público. Por ayudarme a aprender el oficio de cantar.
    Por llevarme a Edigsa para firmar mi primer contrato discográfico.
    Por subir el sueldo base, de mil pesetas por bolo, que Els Setze Jutges igualitariamente compartíamos.
    Por confiar en mí.
    Por reconocerme cuando me han negado.
    Por defenderme cuando me han proscrito.
    Por tu fuerza, que aún me hace caminar.
    Por ser mi amigo.
    Amigo en todos los puntos cardinales.
    Amigo a lo largo del tiempo y los caminos compartidos.
    A pie por las horas malas o a caballo del Supermirafiori, aquel coche que siempre perdía gasolina y nunca encontrábamos por donde y a bordo del cuál escapábamos al Maresme para hacer de soldados por los pasillos de los hoteles. ¡Me cago en todo y en la mierda que nos persigue...!
    Todo a la vez, serio, dramático, indiferente, nostálgico, feliz... ¡Que no escapase ninguna!
    Se estaba bien, joder, en aquellos territorios.
    Ahora, más tristes, más ariscos, aún intercambiamos miradas en la niebla y agradecemos la propina de una risa nueva empapada en el recuerdo.
    Con la vista cansada nos acariciamos el alma y recordamos los días en los que el cielo era nuestro.
    Buenos días, Salvador, y una canción.
Joan Manuel Serrat




El Papa dijo no

Gomaespuma

Temas de hoy, 2003

15 entrevistas de amor con dos desesperados

    En el momento de la entrevista Joan Manuel Serrat tenía cincuenta y cuatro años y habían pasado treinta y tres desde su primer trabajo. Llevaba cuatro años sin publicar un disco con canciones propias, así que su visita para presentar Sombras de la China tenía una especial importancia.

— FESSER: Todo el mundo de rodillas, entra el Monstruo. A nosotros cuando nos llamó Polanco a la oficina para darnos la ropa usada que nos suele dar los jueves, y nos propuso que si podíamos hacer este programa, que no quería hacer nadie a cambio de una mandarina y de una barra de pan...

— CANO: Bueno, y un poquito más, la lata de sardinas que a veces sabe a gloria.

— FESSER: Bueno, nosotros aceptamos por si un día conocíamos a Serrat. Ése fue el objetivo. Mira tú por donde que hoy Joan Manuel Serrat se sienta aquí, a la vera verita nuestra.

— SERRAT: Y muy a gustito.

— CANO: Te puedo asegurar que hoy es un día muy especial para Guillermo y para mí, así que muchísimas gracias por venir y...Pues nada, hasta luego.

— FESSER: Nada, a seguir bien, y muchas gracias por estas declaraciones.

— SERRAT: No, yo no me voy de aquí después del madrugón que me he dado.

— CANO: Qué orgullo y, sobre todo, qué maravilla volver a escuchar a Serrat con canciones nuevas.

— FESSER: Te ha apetecido volver a componer y eso es bonito, volver a tener ganas de seguir pa' lante y no continuar cantando lo mismo una y otra vez.

— SERRAT: Primero, uno tiene ganas de seguir escribiendo y es muy saludable, muy higiénico, echas pa' fuera todo lo que tienes dentro. Luego, tienes que someterte a la disciplina del trabajo, y por fin, la compensación maravillosa para tu familia, que no para ti, que haces la maleta y te vas de casa una temporada, mientras la familia se despide desde el balcón.

— FESSER: Tú vas notando las indirectas: "Papá, que el chándal te lo dejo aquí en la entrada."

— SERRAT: Así es. "Papá, el albornoz te lo meto en la maleta."

— CANO: Todos en el balcón diciendo adiós compungidos y cuando se da la vuelta el taxi: "!Bien!, ya se fue."

— FESSER: Y cuando vuelves, ¿te han cambiado los cuartos?

— SERRAT: Los cuartos no, pero algunas cosas sí. Aparte, esto es por comodidad mía, porque mi esposa aprovecha siempre para hacer las obras cuando yo no estoy. Se agradece no encontrarte al las ocho de la mañana vis- à- vis con los albañiles en plena faena.

— FESSER: Comentarios tipo: "Pero, hombre!, menuda chapuza le habían hecho aquí, señor Serrat, en la junta de las canaletas."

— CANO: Cuando uno coge un disco al azar de cualquier artista, se pueden hacer dos cosas escucharlo, y otra, coger el cuadernillo y leer las letras. En la mayoría de las ocasiones, la segunda opción es muy aburrida porque es muy difícil pasarlo bien leyendo "dorondondó, dorondondó", o algo parecido. Sin embargo con Serrat uno lo pasa tan bien leyendo como escuchando. ¿Serrat es un poeta que se puso a cantar sus poemas?

— SERRAT: Yo es que no le he dejado sitio a nadie, he pillado lo del que escribe, lo del que compone, lo del que canta, todo pa' mí.

— CANO: Pero tú cuando te pones a escribir una canción te pones a escribir un poema y directamente la música, ¿ o qué?

— SERRAT: No, yo escribo la canción con técnica de escribir canción. La canción y la música tienen formas diferentes de composición, sobre todo ahora que la poesía es mucho más libre y no está sujeta a los corsés de la rima.

— FESSER: Oye, Joan Manuel, tú has sido un hombre valiente en tu vida, tienes una biografía larguísima de sobra conocida. Ahora que España ha cambiado toda, que está mucho más cómoda, que en Latinoamérica la mayoría de los dictadores se han ido de excursión y han dado paso a unas democracias, que, como pueden, pero van yendo...¿Queda hueco todavía para ser valiente? ¿Qué huecos quedan en la sociedad para rellenar?

— SERRAT: La democracia es de los sistemas políticos conocidos el menos malo, pero tampoco creo que sea algo que funcione automáticamente, ni que una vez constituida sea algo que no se deba salvaguardar. La democracia es algo que se pelea cada día, es tener la posibilidad de poder expresar cosas sin que por el hecho de hacerlo acabes en la cárcel o en un barranco. Pero la democracia puede ser muy tramposa si simplemente es una democracia política. Tiene que haber una justicia democrática, una educación democrática, una economía democrática, unos salarios democráticos, un nivel de vida democrático...Si no la cosa se quedaría en una lavada de cara.

— FESSER: Y en esto que ves tú ahora, ¿dónde pondrías tus rabias a la hora de cantar? ¿Dónde pondrías el recado como cuando mi madre me mandaba a comprar el Mistol?

— SERRAT: Bueno, yo creo que si nos ceñimos a España, nuestra trayectoria democrática es muy corta. Estos veinte años de demovcracia ininterrumpida es el primer caso que se produce en nuestra historia y tenemos mucho que avanzar. Tenemos que llegar a tener un instinto democrático; hoy hay que seguir reivindicando cosas que todavía no son naturales, cuando ya tendrían que serlo completamente.

— CANO: Eso durará hasta que desaparezcamos los que hemos sido educados con la herencia de la guerra civil.

— SERRAT: Seguramente, lo siento, me sabe mal porque os tengo aprecio pero...

— CANO: Sí, nosotros estamos ya mayores, cuando fuimos a ver Parque Jurásico nos pidieron autógrafos a la salida.

— FESSER: Aquí estamos el Juan Luis y el Guillermo haciendo unas entrevistas variadas. tocando techo profesionalmente. Traíamos unas preguntas preparadas de mucho interés como. ¿Carne o pescado?, o ¿qué te llevaráis a una isla desierta? pero, claro, a ver ahora qué preguntamos. Nosostros insistiendo: "¡Que venga Serrat, que venga Serrat!", sí ha venido, y ahora qué.

— CANO: Es que a nosotros nos ha venido muy grande este programa. Voy a hacer una de las buenas: ¿A ti, de verdad, no te da pereza sacar nuevo disco y, ¡ale!, coge el petate y a salir de gira?

— SERRAT: Hoy sí me apetece, pero dentro de tres meses me lo vuelves a preguntar.

— CANO: Pero tú has hecho, no hace mucho, una gira con Ana Belén, Victor Manuel y Miguel Ríos.

— SERRAT: He tenido un año para reponerme, aparte era una gira muy descansada.

— FESSER: Con un horario muy arregladito.

— CANO: Y entre vosotros no teniáis piques, " me han aplaudido más a mí" o "déjame salir a mí antes".

— FESSER: ¿No salía Miguel Ríos con alzas para parecer más alto?

— SERRAT: Sí, con aplausómetro. No, yo tenía miedo al principio, de verdad, a pesar de que la elección de la gente era muy segura. Ya comenté en la rueda de prensa que tenía miedo de que dos meses de gira fuera capaz de hundir una amistad de treinta años, pero la verdad es que hubo grandes dósis de respeto y de generosidad, y fue muy agradable. Vosotros, que trabajáis en pareja, lo sabréis.

— CANO: Bueno. Guillermo es mi equipo, yo tenía que fichar un equipo y lo fiché a él...

— SERRAT: Lo cierto en nuestro caso es que la amistad ha salido muy reforzada.

— FESSER: Es una buena cura de humildad y, además, la compañía, tienes con quien comentar en el camerino. Es como en el colegio, es muy triste no tener pandilla.

— SERRAT: Y cenar solo, que es muy triste y ahí, pues cenábamos todos juntos.

— FESSER: Es como en el fútbol, van todos en el autobús cantando: "Para ser conductor de primera, acelera...", y el torero, en cambio, siempre está solo.

— SERRAT: Fíjate si estará solo el torero, que tiene hasta un peón de confianza.

— CANO: Así es, Guillermo es mi peón de confianza aunque por el formato es más peonza o pirindola. En realidad, yo aquí no pinto nada, aunque mi madre no lo sabe. ¡Oye" ¿No estás un poco harto de Mediterráneo? ¿No le estás cogiendo asco a la canción?

— FESSER: En los conciertos no piensas "Ya me están pidiendo el puto Mediterráneo."

— SERRAT: No, porque gracias a Mediterráneo he podido escribir otras muchas canciones, yo soy muy agradecido.

— CANO: En Hispanoamérica es impresionante, en Argentina es Carlos Gardel y Joan Manuel Serrat. Pero es que en el resto es igual. Este año hemos estado en Guatemala, en Nicaragua, en Cuba, todo el mundo conoce tus canciones.

— SERRAT: Son muchos años de relación. Llevamos muchos años queriéndonos y soportándonos y necesitándonos.

— CANO: Hace doce años que estuve en Buenos Aires y me llevaron a un garito donde se cantaban tangos en directo. Me presentaron: "Aquí un gallego", y el cantante enseguida: "Ah, vos sos gallego", y a partir de ahí no cantó otra cosa que Serrat. Yo diciendo que estaba encantado pero claro...

— SERRAT: Esto lo tengo en casa.

— FESSER: Joan Manuel Serrat fue sexador de pollos, según la enciclopedia que tengo yo de sexadores de pollos del maestro sexador Takahashi. Ahí vienes tú en la página 315 como experto sexador de pollos ¿Llegaste a ejercer?

— SERRAT: Estuve todo un verano examinando los culos a los pollos. Lo hacíamos en Barcelona, en la escuela de agricultura, con un calor tremendo y venga de pollos, por la mañana, por la tarde.

— FESSER: ¿Y eso cómo se hace? ¿Se les pregunta el nombre?

— SERRAT: No, yo lo pensaba también. Al animal te lo traen ¿se puede contar? "¿Han desayunado? (Dirigiéndose a los oyentes) Si están desayunando dejen el bollo" Tú estás trabajando sentado...

— FESSER: Un momento, esto no vale para gatos, ¿no? Siempre hay gente que sigue el ejemplo en casa. No vale ¿no? Sólo para pollos.

— SERRAT: Sólo para pollos. Primero, le haces cagar apretando la cavidad abdominal y ¡paff!, apuntas a un pote que hay, no al vecino, todo esto con mucha rapidez. Lo sujetas de una forma especial, de modo que el ano quede accesible, le abres una cavidad anal y con el pulgar de la mano derecha si eres diestro o de la izquierda si eres zurdo, cuya uña te has dejado crecer previamente a lo largo de unos meses para hacerle el menor daño posible al animal - aunque imagínate el daño que le hará al pobrecico-, le sacas fuera la parte baja y observas con atención y según la forma que tiene sabes si es macho o hembra. El macho tiene como un grano con unas alitas pequeñas que lo bordean, muy bonito, como un escudo nobiliario.

— CANO: Y no será más fácil ponerle un calzoncillo al animal y luego al que tenga el goterón ése es el macho. Es que siempre queda, aunque te sacudas.

— FESSER: Es el teorema de Juanillo. "La última gota del pinganillo siempre va al calzoncillo."

— CANO: Y no sólo has sido sexador de pollos, sino que también has sido tornero fresador.

— SERRAT: Esto es por el bachillerato. Porque hice el bachillerato laboral, la especialidad industrial minera, modalidad tornero fresador.

— FESSER: ¿Hiciste bachillerato laboral? ¿No te tocaría salir con un maillot en esas demostraciones que se hacian delante de Franco?

— SERRAT: No, no yo estaba en Tarragona y de allí no cogían. Pero también he vendido bicicletas, he trabajado en Correos, en eiqueta verde.

— FESSER: Hay que ver como han cambiado las bicicletas ahora, con esas marchas que puedes subir casi sin peladear.

— CANO: Mucho Indurain, Indurain, pero ya me gustaría a mí verle con la Orbea que yo tenía de pequeño subiendo esos puertos.

— SERRAT: Yo me arrodillo ante el maestro Indurain. Un orgullo para el deporte de este país que todavía no ha sido reconocido lo suficiente.

— CANO: A ti también te gustaba mucho la copla, si no me equivoco.

— SERRAT: Hombre, y tanto, hasta he estudiado copla.

— CANO: También has estudiado eso, eres tornero- coplero- fresador.

— SERRAT: Siempre digo que una de las cosas que más me ha ayudado a escribir canciones ha sido el haber estudiado las coplas de Rafael de León, es un buen ejemplo de escribir bien canciones. Es intemporal, el problema es que ha quedado arraigado en un tiempo muy duro, el de la posguerra española, y se ha quedado ahí sufriendo.

— FESSER: Pero la copla antigua ha tenido mucha salida en los coches de choque. Yo la he oído mucho. Luego con la sirena se cortaba, pero entre ficha y ficha...

  Y como no podía ser de otra manera Juan Luis se marcó la copla "La lirio" y Serrat se arrancó con él.

— FESSER Y CANO: Gracias Serrat, hasta siempre.



Pág. 1       Pág. 2       Pág. 3       Pág. 4       Pág. 5       Pág. 6       Pág. 7       Pág. 8       Pág. 9
principio de esta página