Letras de las canciones: Joan Manuel Serrat, excepto «Epitafio para Joaquín Pasos», poema de Ernesto Cardenal
Música de las canciones: Joan Manuel Serrat
Arreglos y Dirección musical: Ricard Miralles
Cuarteto Ritmo:
- Piano: Ricard Miralles
- Guitarras: Gabriel Rosales y Josep Maria Bardagí
- Bajo y contrabajo: Enrique Ponsa
- Batería: Juan José Tudurí
Compañía Discográfica: Ariola
Referencia del LP: 89.398 I - Dep. Legal B. 36.236/1975
Grabación: En los Estudios EMI-Odeón de Barcelona y Kirios de Madrid
durante el verano del 75
Técnico de Grabación: J.J. Moreno
Texto de Joan Manuel Serrat para una edición mexicana del disco:
«Tal vez sea la cosa más natural del mundo, pero no deja de resultarme curioso que
cada vez que, por una u otra razón, "Para Piel de manzana" cae en mis manos, la memoria da un
salto en el tiempo y aterriza en el otoño de 1975 para revivir las andanzas que aquellos días me
depararon abundantemente.
Empecemos por decir que "Para Piel de manzana" es mi último trabajo contemporáneo
con el general Franco. Después de este disco yo seguí escribiendo canciones, pero el dictador ya estaba
debidamente instalado en el Valle de los Caídos. Ya era parte de la historia y del olvido.
Pero antes de dejarnos para nunca más volver, aún dio sus últimos y terribles coletazos.
Este disco, que los sufrió directamente junto a su autor, sabe de ellos.
Otoño de 1975. Tiempos duros y contradictorios en donde la vida me dio todo. Miedo, indignación,
desolación, pero también me regalo afecto y alegría.
Otoño de condenas a muerte, de ejecuciones, de preguntas comprometidas y respuestas peligrosas.
Otoño de exilio y la prohibición de volver a casa. Otoño del veto en cualquier medio de comunicación español
si no era para desollarme.
Pero al tiempo, mientras mis discos se quemaban en la calle como en un auto de fe resucitado,
México me abrió las puertas de su casa y de su corazón y me invitó a pasar. Igual que lo había hecho 36 años
antes con miles de mis compatriotas, me ofreció su asilo, me dio la oportunidad de incorporarme a esta tierra
y me hizo sentir desde entonces como un mexicano más.
Fueron días de mucho dolor y también de grandes descubrimientos. Días en los que se consagró una
historia de amor que hoy perdura. Sólo la olla sabe cómo hierve la sopa. Gracias.»