Texto en el interior:
Tanto en su vida como en su arte, Serrat proviene de una doble fuente
(padre obrero y catalán, madre campesina y aragonesa); también, al componer canciones en catalán
y en castellano, o sobre el campo y la ciudad, apela a un doble destinatario. Asimismo, al
abarcar en sus amplios recorridos las expectativas de España y América Latina, ha multiplicado
su audiencia a fuerza de calidad.
Todo eso explica, aunque solo en parte, que cada uno de sus recitales sea un
encuentro de generaciones: comparecen ahora los veteranos que lo acompañan desde hace varios
lustros, pero también los muchachos y muchachas que hoy ostentan la edad que tenía Joan Manuel
cuando editó su primer disco. Digo que solo en parte, porque además del timbre inconfundible de
su voz y la capacidad comunicativa de sus letras, existe un vínculo entrañable que normalmente
se establece entre el cantante y su público, algo así como un intercambio osmótico de afectos.
Los tiempos cambian, las modas se integran y desintegran, pero el toque sensible
no conoce edades; sencillamente da y recibe. Por otra parte, el amor es un territorio por el
que el cantante de Poble Sec transita con calidad y llaneza, logrando siempre que el humor lo
salve de la retórica y la naturalidad lo defienda de lo frívolo.
Así como en Cataluña lo escuchan con oídos catalanes y en el resto de España
con oídos castellanos, en la otra parte del Atlántico lo escuchamos con oídos latinoamericanos
y siempre (no en castellano o en catalán) nos ha parecido uno de los nuestros. Como tal lo
aplaudimos y lo queremos. Y lo seguiremos aplaudiendo y queriendo, aún después del lejano día
en que edite un disco que se titule "Fa quaranta anys que tinc vint anys".