«La Actualidad Española»

Número 1236

15 de Septiembre de 1975

Texto de Paola Arnaldo

Fotos de Julio Guerra





SERRAT,  SINCERO

    Si un día perdiera la voz, continuaría llenando escenarios, porque he comprobado, una vez más, que los españolitos van a escuchar lo que dice y cómo lo dice. No he visto a nadie traspasar la barrera de un. escenario como él. Las cuatro mil personas que le escuchan acaban por apellidarse igual. Es un apretado diálogo entre Serrat y Serrat.

    Fuera del escenario, siempre se espera que diga la frase oportuna, incisiva y valiente. Él acaba diciendo la frase oportuna, incisiva y valiente, y a partir de ese momento se convierte en “progre” para unos y “retro” para otros.

— ¿Por qué?

— Supongo que. todo el que me escucha tiene una imagen subjetiva de Serrat. Pero a este fenómeno no hay que darle muchas vueltas. Soy un ejemplo más del tío que en este país funciona en algo, por ejemplo, como un Íñigo, o como un José María García. A ellos les pasa igual: o te quieren, o te rechazan, o te toman como ejemplo o como todo lo contrario. Atavismos del país...

“Ser un intelectual es ya un privilegio de tal calibre, que te quita el derecho a que te llamen 'pobret'”

— ¿Te exigen demasiado?

— Mira, eso nos pasa a casi todos los artistas. Mucha gente nos escoge para que actuemos en la forma en que ellos actuarían si pudieran o si se atrevieran, y, qué duda cabe, el público te espolea. Gran parte de las cosas que yo he hecho las he hecho porque me han exigido mucho, y me parece muy bien. Han agilizado mi responsabilidad. Pero tampoco hay que pensar que somos unos pobrecitos desgraciados. Mucho más desgraciado es un tornero fresador que cualquier intelectual de este país. Ser un intelectual es ya un privilegio de tal calibre, que te quita el derecho a que te llamen •pobret•.

«DOLCE VITA»

    Hace tres años que no le entrevistaba. En aquel entonces anidaban en sus palabras e! cansancio, el fastidio y el desinterés. As¡ lo escribí. En aquel entonces vestía como un vagabundo limpio y daba la impresión de no desmontarse en todo el día del vaso de •whisKy•. En aquel entonces, los •enterados­• hablaban con cierta sonrisa de la •dolce vita• de Serrat.

— Mira: Serrat no ha hecho nunca •dolce vita•, lo que ha hecho Serrat mucho tiempo es el animal, y por eso desde hace tres años no salgo. Hacer una vida así te destroza y te aburre.

— ¿Te costó dejar el whisky?

— No; pero decirlo me parece una canallada, porque sé que hay a mucha gente que sí le cuesta. En cierta ocasión se pensó ofrecer en Mallorca un homenaje a Bonet de San Pedro. De repente, alguien se levantó y pretendió echar abajo el proyecto porque afirmó que Bonet de San Pedro bebía demasiado, y entonces Emilio Santamaría le dejó callado con una frase: “Bebe porque tiene sed...”

¿DEMAGOGIA?

    El espectáculo Serrat en el madrileño Parque de Atracciones debe empezar a las ocho y media de la tarde. Jóvenes y mayores, familias enteras, madrileños, catalanes o andaluces han empezado a llenar las gradas a las seis y cuarto. Serrat lo sabe, y Serrat no se atreve a dejar el escenario. Les va regalando una canción tras otra. Después soy testigo de que cierto empresario del Parque le llama la atención porque eso es restar tiempo para que la gente se suba en las •maquinitas...•.

— Este público que ha pagado tres duros por verme y que ha sufrido todo tipo de incomodidades, me destroza. Es un público que escucha con tal respeto, que si no eres un canalla, tienes que entregarte y pisar a fondo el acelerador. Hace dos años, en este mismo lugar, empezó a llover de una manera impresionante. En las gradas no se movió un alma, y nosotros tuvimos que aguantar mecha y continuar la actuación.

“No quiero ser una bestia que está allí en el fondo de un escenario”

    Entre canción y canción, entre poema y poema, Joan Manuel habla a su público, le cuenta historias, le propone o te ofrece pequeñas moralejas que a mí, personalmente, me suenan a demagogia, y así se lo comento.

— Si existiera demagogia y yo fuera consciente, no lo iba a reconocer, y si es demagogia inconsciente, yo no lo sé. Lo que sí puedo decir es que intento comunicarme con la gente. No quiero ser una bestia que está allí en el fondo de un escenario. Quiero que entiendan las letras de mis canciones en el sentido en que yo las he compuesto. Cuando les explico quién era, “Piel de manzana”, les estoy explicando quién es mi “Piel de manzana”, y cuando les hablo de los problemas de la educación en este país, es porque creo que a través de la enseñanza se pueden apoyar diversos cambios que yo creo necesarios.

NACER POETA

— El público aplaude con auténtica pasión ciertas canciones de Machado y Hernández. ¿Continuarás musicando a poetas?

— No lo sé. Yo siempre trabajo sobre algún poeta determinado, pero no para grabar un disco, sino para formarme, aprender, enriquecerme; luego, al cabo de mucho tiempo, si lo que he hecho me gusta, lo grabo.

    Sobre la mesa del camerino hay un libro viejo y arrugado. Me lo enseña:

— ¿Quién es ahora tu poeta?

— Es Salvat Papasseit. Nació en mi barrio. Lo mejor de mi trabajo es aquello que sabe resumir y matizar el estilo callejero. Así es mi próximo disco. Es el único de mis discos que me atrevo a escuchar y que, en vez de ponerme de mal humor, me hace sonreír. Tengo muchos trabajos escritos en prosa y poesía, todos tienen ese aire.

— ¿Los publicarás?

— Ahora, no. Se venderían porque soy cantante, y tendrían muy mala crítica porque soy cantante. Para publicarlos esperaré a ser una vieja gloria. Si son válidos ahora, seguirán siendo válidos entonces...

CENSURA Y RTVE

    Alguien irrumpe en el camerino y le cuenta a Joan Manuel ciertos problemas de censura... La conversación deriva hacia ese punto.

— Últimamente vengo diciendo y se ha publicado que yo prefiero la censura previa a la libertad no codificada o llena de vaguedades. Estoy dispuesto a seguir las reglas de juego y no cantar aquello que me prohíban, pero no quiero que me dejen libre para elegir mi repertorio y que al bajarme del escenario me “trinquen”.

“Lo mejor de mi trabajo es aquello que sabe resumir y matizar el estilo callejero”

— ¿Suelen censurarte muchas canciones?

— Depende de los sitios. Sólo hay una canción que últimamente me prohíben siempre: “Edurne».

    Joan Manuel Serrat habla en un semitono lleno de sexy. No hay amargura ni retranca. Tampoco cambia su expresión cuando hablamos de sus relaciones con RTVE.

— Mañana graban mi actuación en el Parque de Atracciones para televisión. ¿Ha pasado algo nuevo y diferente?... No: Televisión me ha ofrecido un contrato porque le debía interesar, y yo he aceptado porque me interesa entrar en miles y miles de hogares españoles. Pero eso no cambia nada. Hay muchos compañeros míos que están vetados. Que nadie le dé más vueltas: nada ha cambiado.

    Dentro de muy pocos días, Serrat y sus doce (son doce los músicos que le acompañan) volarán una vez más a diversos países hispanoamericanos. Cuando habla de Hispanoamérica, Serrat se transforma:

— Son pueblos con una fuerza increíble. Tenemos mucho que aprender de ellos. Siempre encuentro algo renovador.

— ¿Conociste a Víctor Jara?

— Sí. No sabría qué decir de él, porque Víctor Jara ya no es Víctor Jara, sino lo que representa. Por otra parte, he conocido ya a muchos Víctor Jara. Lo de Chile no fue una guerra, sino un genocidio que duró tres días.

FUTURO

— ¿Hasta cuándo Serrat vivirá de la música?

— Hasta que me dure la cuerda. Dicen que podré cantar hasta los cincuenta años, pero el problema no está en la voz. El problema está en hasta cuándo podré aguantar estas tensiones, la responsabilidad de mantener a doce familias, la vida de hotel en hotel, lejos de la familia... Además, la gente olvida fácilmente a cualquiera; un día me olvidarán a mí, de eso estoy seguro. Lo que sí puedo garantizar es que el primer día que note que he perdido el sentido de lo que estoy haciendo, “plegaré”...

    Las gradas vuelven a estar abarrotadas. Son las diez y media de la noche. Serrat me pide cinco minutos para concentrarse. Una última pregunta:

— ¿Qué sentido tiene para ti el dialogar con un periodista?

— La casi imposibilidad de que me entienda; no por mala voluntad, sino porque para conocer a una persona hace falta convivir mucho con ella. Cuando veo delante a algún periodista inteligente, siempre pienso que me encantaría soltarle todos los rollos que llevo dentro, pero luego siempre me quedo con algo, porque le queda a uno la duda de que te la pueden jugar.

    Y tiene razón. Nos despedimos con una promesa. Me reservo el derecho de silenciar alguna declaración, pero todo cuanto escriba de Joan Manuel Serrat serán sus palabras exactas. En el escenario se le oye cantar un poema de Miguel Hernández: “Para la libertad”...


principio de esta página