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Entrevista en «A.R.»
Número 13 - Noviembre de 2002
Texto de Ana Rosa Quintana Fotos de Mario Sierra
De cuando estuvo loco, aún conserva "el carnet de majara en la cartera". Y nos lo canta y nos lo cuenta en su último disco, "Versos en la boca", un álbum lleno de canciones de amor comprometidas.
“Entre seguridad y libertad, voto libertad”
En las distancias largas, parece un hombre coherente, comprometido con la sociedad y con su tiempo, trabajador, marido entrañable y romántico, padre y abuelo ejemplar. En las distancias cortas, aun mejora.
ANA ROSA: Hace poco más de un año, el corazón te dio un aviso.,.
JOAN MANUEL SERRAT: Sí y, curiosamente, tres meses antes había dejado de fumar, quizás me dio por eso (risas). Llevaba una vida lo suficientemente ordenada y normalita, con pocos excesos, pero sin amuermarme.
Cuando te pasó aquello todos recordamos el susto que nos dio también Joaquín Sabina. Como él, ¿has visto las orejas al lobo y te has vuelto más existencial?
Uno cambia de hábitos según los hábitos que tenga. Yo te aseguro que no he tenido ninguna revelación espiritual ni tampoco he reflexionado demasiado. Yo me llevaba muy bien conmigo en junio de 2001 y ahora, en septiembre de 2002, lo sigo haciendo.
¿Ya formas parte del club de los que llevan siempre encima un par de pastillas de cafinitrina, por si las moscas...?
Sí, la llevo porque todos los que pasamos por estos trances la tenemos de aliada. Pero la debo tener negra... (risas). No la he cambiado, llevo un año con la misma en el bolsillo.
Pues estará caducada.
Pues seguramente. Mira, mira qué negra está ya... ¡Hijaputa!, no te tomaré(risas).
Fuera de bromas, tienes que cuidarte. ¿Cuál es tu mejor forma de descansar?
De entrada, no haciendo nada. También me relaja mucho pescar porque me permite pensar. Limpio mucho el cerebro pensando y pescando.
Tienes un hijo de tu primer matrimonio que ya te ha hecho abuelo de dos nietas, y dos hijas con Candela que han cumplido 22 y 15 años...
Sí, aunque la pequeña, para mí sigue siendo muy pequeña pero, cuando la miro, ya no la veo tan niña... Es tremendo, verdad?
En la relación con tus hijos, ¿distingues entre chicos y chicas? ¿Se te cae la baba con alguno en concreto?
Cada hijo es diferente. Yo no diría que tengo preferencias, pero siempre hay uno que se parece más a ti, y otro a quien puedes contarle más cosas, y otro con el que puedes mantener una relación diferente...
¿Cómo te sienta ser abuelo?
Estupendamente, es una cosa de mis hijos, yo no tengo nada que ver. Yo no he hecho nada. A mí me vino un señor y me dijo un día: "Papá me caso". Y yo dije: "Cojonudo". Y vino otro día aquel mismo señor con aquella señora y me dijeron: "Vamos a tener un niño, vas a ser abuelo". Y yo dije de nuevo: "¡Vale! me parece muy bien". No creo que sea ni un epílogo de nada, ni me parece haber alcanzado ningún estatus. Estoy encantado y tengo unas nietas preciosas, simpáticas y magníficas.
¿Te llaman abuelo?
No, no me llaman, pero no tengo ningún problema con que me llamen como quieran. Una no habla todavía y la otra, con que me llame de tú ya tengo bastante. A mí sólo me importa que esto les sirva a mis hijos como una consolidación de sus vidas en común.
¿Te pesa el paso del tiempo?
El tiempo es magnífico porque tiene la capacidad de permitir a la gente modificarse y hay gente que se modifica para progresar y para crecer.
¿Has cambiado mucho?
Espero que sí, espero que la vida me haya servido para ir cambiando. Pero el esqueleto quiero mantenerlo porque con él he crecido, y mi esqueleto lo sostiene la formación que he tenido de mi padre, de mi madre, de mis maestros y de todos los que en el camino me han enseñado cosas.
Tu madre era costurera.
Costurera no, mi madre hacía pijamas, cosía pijamas... y ella es una pieza fundamental de este esqueleto lleno de nobleza con el que voy muy a gusto por la vida y del que me siento orgulloso.
Recuérdame un consejo muy práctico que te diera tu madre.
Mi madre siempre me dijo que no comiera albóndigas fuera de casa (risas), ni albóndigas ni canelones. Y yo lo cumplo a rajatabla.
Es un buen consejo. Por cierto, fuiste a la Universidad pero colgaste los estudios por la guitarra.
Siempre me dieron muchas posibilidades de desarrollarme. Me permitieron ir a la Universidad, cosa que para ellos suponía un gran esfuerzo. Pero un día empecé a cantar y a escribir canciones, y una cosa fue detrás de la otra.
¿Te has imaginado cómo hubiese sido tu vida de perito agrícola?
No sé, pero la vida que he llevado no se la cambio a ninguno de mis compañeros. Estoy encantado de cómo me han ido las cosas y de lo que he hecho. Lo que me ha dado este oficio ha sido enorme en todos los sentidos: desarrollo personal, conocimiento de mundo, relación con el sexo distinto... Mi horizonte me lo ha ampliado y ha sido muy satisfactorio.
Hace 25 años tú luchabas por las libertades; hoy, después de los atentados del 11 de septiembre, parece que hay que seguir luchando por ellas.
Es que yo creo que por la libertad hay que luchar cada día. La libertad no la regala nunca nadie. La libertad es una conquista y las conquistas hay que conservarlas. Igual pasa con el amor al que antes aludíamos, hay que conservarlo, lavarle la cara cada mañana, darle brillo constantemente, ponerle ilusión cada día y defenderlo cada vez frente a ti mismo de tus propias miserias. Solamente nos daremos cuenta de la liberad que estamos perdiendo el día que no la tengamos. Yo, frente al dilema que se está planteando constantemente -seguridad frente a libertad-, voto por la libertad; aunque tiene sus costos y quizá uno de ellos es la inseguridad. Pero ganar seguridad a costa de perder libertad no me interesa.
Tú estuviste muy comprometido en cuestiones políticas y sociales...
(Me interrumpe) Sí, y sigo estándolo, sigo luchando por muchas cosas. Pero quiero decir que no me gusta hablar en pasado de esto porque parecería o bien que me hubiera muerto o bien que estuviéramos viviendo en el paraíso, y ninguna de las dos cosas son ciertas. Esto, desde luego, no es el paraíso, ni mucho menos.
Acabas de sacar un nuevo disco y me ha llamado mucho la atención una canción en la que hablas de África.
Es que África es una zona oscura de la memoria occidental, es el cuerpo del delito, es una muchacha violada abandonada; África es un indigno guerrero encadenado y exilado en su propia tierra. África es una vergüenza para todos, es un lugar del mundo donde nadie mira. África se nos está subiendo por la espalda porque está buscando un lugar donde meter la vida. África está desangrándose y el mundo occidental lo mira con un cinismo...
Y la cumbre de Johannesburgo se cerró sin la asistencia, de nuevo, de países como Estados Unidos.
Después de la cumbre tendríamos que reflexionar mucho sobre quién nos gobierna, sobre quién gobierna el mundo cuando se está hablando de miseria... Una cumbre a la que los poderosos no van y en la que algunos ni siquiera hablan; y los que lo hacen hablan para decir que los pobres son ladrones, hablan para decir que los pobres son responsables de cualquier duda que nos asalte, son los responsables de nuestra inseguridad... Para eso sí hablan, pero no dan la cara cuando se plantean los problemas y se quieren buscar soluciones a la miseria.
El amor es el hilo conductor de tus nuevas canciones. Hablas del amor destructivo, de los celos, del azar...
Los celos son el eje que mueve algunas relaciones enfermizas. Son fruto de la inseguridad de uno mismo, en el fondo es miedo de uno.
¿Tú eres celoso?
Supongo que sí, pero de la forma que habla la canción, no. Yo soy celoso como para poder entender los celos, pero lo suficientemente reflexivo para sobreponerme a ellos.
¿Crees en el destino?
No, prefiero hablar de azar. Hay mucho de azar en una relación amorosa. Hay muchas casualidades y coincidencias: un semáforo que se pone en rojo, el autobús que de pronto se detiene... Me parecería una gran pobreza que la vida del ser humano esté guiada por el destino. Si uno no puede modificar su vida, si está en manos del destino, apaga y vámonos. El azar, en cambio, sí lo está, pero el azar es otra cosa. Por ejemplo, un día giras por una calle y te cae un piano encima, eso es el azar.
¿Yo a eso le llamo el destino?
No, qué va a ser eso el destino, eso es un cabrón que tenía la cuerda floja.
¿Tú cómo entiendes el amor?
Entiendo el amor como el romanticismo de Larra, no como la idea romántica de Corín Tellado, que a mí realmente nunca me ha parecido seria. Cuánto más inteligente, el amor es más sensible; la inteligencia te ayuda a hacer mejor el amor. Yo necesito la cabeza y el corazón porque el corazón es muy bruto, pero el instinto va bien para ciertas cosas.
¿Dónde sitúas el sexo dentro de este panorama?
El sexo es otra cosa, el sexo es una parte de la historia del amor, pero
creo que el sexo puede funcionar sin necesidad de profundizar. Fíjate, hay quien llama hacer el amor simplemente a fornicar. Yo creo que el que fornica, fornica; y el que hace el amor, hace el amor. Yo estoy a favor de las dos opciones, porque los que fornican se divierten, se lo pasan estupendamente, todo este rollo de exigir que se quieran y que se enamoren, ¿para qué? en cuestiones de sexo sólo estoy en contra de las violaciones.
¿Tú crees que el amor no existe y que es un invento de la literatura?
Puede ser, pero como resulta un buen invento que está ahí...
Los matrimonios antes tenían otra forma de entender el amor...
Antes el matrimonio también funcionaba de otra manera, era más sensato. La relación no se basaba en esta maroma que es el amor, tan acojonante y difícil de manejar. Antes, el matrimonio se basaba en cosas más sólidas: los ricos, en el patrimonio; los pobres, en necesidades inmediatas.
Y no se rompía nunca.
Quizás porque no existía nunca el amor y mantenían las relaciones porque estaban basadas en ese otro tipo de cosas. Tampoco había divorcio. Un cómico catalán que se llamaba Capri decía: "El amor se va, pero ella queda". Y Gila tenía otra magnífica que decía: "En España no hay divorcio pero existe el “ahí te quedas”, y es verdad.
Sin embargo, tu matrimonio es duradero, tranquilo...
Discretamente, no es que tranquilo, es que tengo una relación estable que me va muy bien.
Porque existe la media naranja.
Yo creo que existen dos naranjas que se llevan bien, lo importante de una relación es el respeto.
Y sentir cosquillas en el estómago.
Claro, pero hay que reconocer que lo de las cosquillas en el estómago es un invento moderno que está muy bien y, sin embargo, siempre han existido relaciones muy duraderas. Las cosquillas no sirven de nada si no hay un respeto hacia el otro individuo, a las ideas del otro, al pensamiento del otro, si no hay una admiración; tiene que haber intercambio de fluidos que, afortunadamente, es mucho más cerebral que puro instinto animal.
¿Sueles hacer regalos de vez en cuando a tu mujer, a tus hijos y a tus amigos o sólo en determinadas fechas, si es las recuerdas?
Por ambas cosas, porque hay fechas que no se pueden olvidar a no ser que uno quiera correr el riesgo de ser duramente represaliado. Hay tres fechas que uno no debe olvidar anualmente con su mujer. Pero también es muy bonito llegar a casa un día cualquiera con algún objeto.
¿Eres de esos románticos que se niegan a usar el correo electrónico y reivindican la carta escrita a mano?
Me temo que no. No me gusta mucho escribir cartas, pero es que además el correo electrónico tampoco lo manejo aunque estoy dado de alta.
¿No me digas que también eres uno de esos privilegiados que se ha negado a llevar un teléfono móvil encima?
Tengo uno que apenas uso. Además no me sé ni el número, con lo que me evito la tentación de dárselo a nadie. De todas formas, aunque lo diera sería un chasco porque lo llevo siempre apagado. Sólo lo uso para hacer alguna llamada.
En este número de AR, hablamos de relaciones entre hombres y mujeres. ¿Cómo ves tu el panorama?
Esa relación me parece un gran invento. El invento del sexo me parece estupendo y la evolución que está experimentando la mujer está muy bien, creo que incluso tiene que cambiar todavía más, no existe todavía una igualdad, hay mujeres que la han conseguido porque se la han ganado a pulso. Creo que la mujer tiene todavía mucho que avanzar, tiene mucho que enseñarle al hombre y tiene muchas cosas que hacer... Para mí, hombre y mujer son complementarios y a la hora de entendernos no hay problema.
Te veo un gran defensor de la mujer.
Es que el hombre tiene que progresar en este sentido y tiene que espabilarse, creo que las mujeres están trabajando muy bien afortunadamente, han podido acceder a la Universidad y su respuesta es espléndida; si hablas con cualquier catedrático, te dirá que las notas más altas las tienen ellas. Las mujeres en las facultades están dando unos resultados estupendos.
Cuéntame cómo es tu casa, el estudio donde trabajas y compones.
Mi estudio es un desorden completo. Deben sobrar cantidad de cosas pero es que yo soy incapaz de ponerme a hacer limpieza. Está tremendo.
¿Es cierto que siempre cantas en directo, que rechazas el play back hasta cuando vas a televisión?
Es que no hay otra manera de cantar. El play back me parece, sinceramente, una trampa, un engaño a la gente. Está bien que José Luis Moreno haga hablar al pato, porque el pato es de madera, pero los profesionales que se dedican a cantar, normalmente, no lo son.
¿Crees que el espacio que ocupa Operación Triunfo os deja muy poco hueco a los demás artistas?
Cualquier momento es difícil y la cantidad de lugares donde tocar en España no es infinita. La gente escoge en función de lo que le ofrecen y lo preocupante es que el escaparate se llene solamente con una porción muy limitada de lo que es el mundo musical de este país.
Ya ha empezado la segunda edición de este programa y...
(Me interrumpe) Yo no tengo nada en contra de un programa concreto, incluso me alegra que un grupo de jóvenes hayan pegado así el braguetazo y tengan su tiempo de gloria, aunque unos lo tendrán más largo que otros; pero rechazo cualquier dictadura, cualquier imposición porque, además de empobrecer a la sociedad, suponen un agravio comparativo terrible; más aun cuando esto nace a partir de la televisión pública. Todo este tiempo para unos determinados artistas impide la presencia de otros. Y no es cuestión de envidias, pero es lamentable que hayan copado el escaparate, que sean el expositor de la música en este país.
¿Qué música oyes en casa?
Yo como de todo... (risas). Es la única posibilidad que tengo para saber lo que hay, lo que, pasa es que luego repito de lo que me gusta, pero comer, como de todo. Cuando quiero llorar, pongo evidentemente todas las músicas que están ligadas a mis recuerdos.
¿Lloras escuchando música?
Alguna vez, sí; sí no, sería triste. Todo el mundo tiene unas músicas determinadas que le hacen llorar por lo que va pegado a ellas. Te hace llorar ese hilo que se va soltando y que es tu vida.
¿Eres fiel a los amigos también en tus gustos musicales? ¿Escuchas en casa a Ana Belén, a Víctor, a Sabina, a Bosé...?
Sí; y, además, tengo el privilegio de escucharlos normalmente antes de que salgan a la venta, antes de que los tengan los manteros. Y, por cierto, el que piense que está colaborando a que alguien pueda tener una forma de ganarse la vida, se equivoca; porque está colaborando a quitar puestos de trabajo a mucha gente.
¿Te preocupa que tu disco ya esté en las mantas?
No. Aun en contra de los piratas, lo que realmente me preocuparía es que mi disco no estuviese ahí, que no lo vendieran ni los manteros.
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