3 de Febrero de 2002

Bailando a Serrat



Una velada coreográfica sobre temas del cantautor abrió el Espai Lliure

Los once bailarines mostraron un conjunto de interpretaciones de muy alta calidad, que sorprendió a Serrat


SANTIAGO FONDEVILA
Barcelona


    Joan Manuel Serrat, copa de cava en mano y departiendo con Joan Font, aseguraba sentirse "agradecido, satisfecho, halagado" y, sin querer precisar nombres, confesaba que algunas de las coreografías le habían "emocionado". Serrat asistió el viernes por la noche al bautizo escénico del Espai Lliure, en el Palau de l'Agricultura, con un espectáculo de título explícito, "Dotze ballen Serrat". En realidad, fueron once por una baja médica. Pero qué más da si la velada constató la injusticia que padece la cenicienta de las artes escénicas de este país. Con la lógica irregularidad de un espectáculo de aluvión, los bailarines mostraron un conjunto de coreografías de alta calidad que ofreció variedad de estilos, ligados a la personalidad artística de cada uno de ellos.

    Y, la verdad, no era tarea fácil asumir el reto de llevar al territorio de la danza contemporánea las baladas del Noi del Poble Sec sin caer en la mera ilustración. El magnetismo de Marta Carrasco abrió la sesión. Una larga cabellera de unos cuatro metros, un miriñaque y una energía repleta de sensualidad para "Una vieja canción". Avelina Argüelles revoloteó con "Com ho fa el vent" y Andrés Corchero nos deleitó, una vez más, con su precisión, su dominio absoluto del cuerpo desde la punta de los pies a esa sonrisa con la que cerraba "Retrato". Toni Mira refrendó su deje de humor con una intervención muy imaginativa: se calzó unos cascos y "vivió" "Hoy puede ser un gran día" de forma íntima y personal. Teresa Navavarete llevó la propuesta a su territorio sin complejos. Sobre una música que para nada recordaba el original, desgranó una coreografía abierta y expresiva acompañada de la voz de Miryam Swanson que cantaba fragmentos de "Lucía".

    En un repertorio tan extenso como el de Serrat hubo hasta coincidencias. Y así asistimos a dos versiones de "Aquellas pequeñas cosas". La primera a cargo de Montse Sánchez y su baile aflamencado en la versión de Ketama y la original a cargo de una Lipi Hernández mucho más íntima y recogida. Sol Picó no pudo participar directamente en la velada, pero Maribel Martínez bailó una creación de ella sobre "Romance de Curro el Palmo". Magnífico el juego del cuerpo de la bailarina "atada" a un "palet" por unas botas de esquiar. Inspiradísma Rosa Muñoz -le gritaron "guapa"- con su contenido y seductoramente esencialista "Llanto y coplas". Vestida de negro para evocar la fortuna de Don Guido en una coreografía de gran belleza y fuerza expresiva. Enérgico y expansivo Damián Muñoz en "Decir amigo", con un hábil juego de lámparas, y emotivo, con un elocuente juego de manos, Emili Gutiérrez con esa tremenda, magnífica canción de hace ya bastantes años pero de una gran vigencia, "Pare".

    Sólo dos de los temas escogidos por los bailarines fueron en catalán, algo que el cantautor atribuía a la "casualidad" ya que ni siquiera la cuestión generacional -se trata de creadores alrededor de los treinta años- podía explicarlo: "Fíjate que ha habido dos canciones del álbum de Machado, que tiene más de veinte años". Fue, además, una noche íntima en la que el cantautor, que en mayo comenzará a grabar nuevas canciones, descubrió aspectos de sus temas "que no podía imaginar".


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