Semanario 'Búsqueda'
Número 1.000
16 de Junio de 1999

Texto: Mariana Mactas

«Acostumbrarse siempre es triste»


    Hincha del Barça, de Boca Juniors y de Progreso (por los colores y por el progreso) -aquí yo agrego que es un club uruguayo de segunda de ascenso, que presidió su amigo personal el ex-intendente de Montevideo Tabaré Vazquez, hombre del partido socialista- caminador de Barcelona y generoso amante de las buenas amistades. Joan Manuel Serrat es quizá uno de los hombres más queridos en el Río de la Plata. Probablemente es también uno de los "progres" famosos más simpáticos y con sentido del humor que existen. Los medios de prensa argentinos lo tratan como local cada vez que se presenta en un teatro porteño. Así sucede en estos días mientras presenta su disco "Sombras de la China", en un viaje que lo llevará al Palacio Peñarol de Montevideo el 17 y 18 de junio a las 21 hs. Entre ambas ciudades JMS va a recorrer el interior argentino. Luego irá a Chile, antes de emprender una gira de verano por toda España. Pero no parece cansado.

— ¿Acostumbrado?
— Jamás. Acostumbrarse siempre es triste. Detrás de las costumbres hay una tristeza. Las costumbres son, para usar una palabra muy argentina, chatas. Me interesan más los hábitos y los vicios, que por lo menos encierran momentos gloriosos.

— ¿Cantar es un vicio?
— Cantar es una manera de expresarte, de comunicarte, es un oficio. Una forma también de soltar cantidad de cosas que te dan vueltas por dentro, de sensibilidades que echas fuera. Cantar me da placer, pero no siempre. Ocurre como cualquier cosa que puede llegar a darte placer: hay veces que se queda en el camino, otras en que es incluso un sacrificio. Hay veces en que tienes que sobreponerte a tí mismo. Basta con estar enfermo y tener que cantar: es muy difícil encontrar placer cuando abres la boca y el cuello te arde o te duele la cabeza. Lo que para cualquier mortal no es más que un simple resfriado, para un cantante es una hecatombe. De todas formas, cuando tengo trabajo, lo hago. Tiene que ser muy grave para que yo suspenda. También hay días en que no tengo ganas y tengo que inventarlas. Por suerte, a menudo todo suele ir bastante bien y salgo a trabajar con ganas. Esencialmente se trata de pensar en la gente, en que reservó ese día para ir al teatro, hizo una cola para comprar los boletos, dejó a la beba con la mamá. Valoro y agradezco eso. Me sirve para tapar cualquier falta de entusiasmo que pueda eventualmente tener.

— ¿Qué tiene de especial el público rioplatense, con el que establece una relación tan cálida y permanente?
— Es muy especial. El público de los dos lados, el uruguayo y el argentino, tiene esta herencia "tana" que es muy cercana al mundo de sus artistas, de sus representantes en el arte. Y eso hace que sea un público especialmente entusiasta y cómplice. Hay sensibles diferencias entre uruguayos y argentinos en el comportamiento cotidiano, pero un entusiamo similar frente a un espectáculo.

— Usted tiene además una vinculación muy fuerte y personal con los porteños, una barra de amigos íntimos a los que frecuenta. ¿Siente que hay algún tipo de código de relación diferente aquí que el que puede encontrar entre los catalanes?
— Sí. Mis amigos aquí son el resultado de muchos años de relación. Pero creo que responden a códigos diferentes. Una persona que está muy vinculada a Argentina y aquí quieren mucho es Miguel Gila. El está viviendo en Barcelona, se encuentra muy bien allí. Pero echa de menos esa relación afectuosa que podía tener aquí con los amigos. Si tu un día sales a caminar por Buenos Aires y pasas por lo de un amigo, puedes subir a tomar un café con él. Eso es insólito en Barcelona, a nadie se le ocurre pasar a tomar un café, piensan que van a joderte y que estás ocupado. Acá la relación es más cercana, la soltura con la que llamas y te atienden el teléfono es diferente. Hay códigos distintos. Es una de las cosas que más se echa de menos allá con respecto aquí.

— Por la manera en que cierran sus palabras, el catalán parece especialmente apto para ser cantado, ¿usted siente particular placer al cantar en catalán?
— Sí, pero también en castellano, porque esencialmente ambos idiomas son latín mal hablado. Y la diferencia entre uno y otro es que el catalán se fundamenta en monosílabos y terminaciones agudas y el castellano tiene escasos monosilabos y normalmente suelen ser acentuaciones llanas sus palabras. Y eso da una sonoridad absolutamente distinta.

— Como usted, los Rolling Stones o Bob Dylan han atravesado las distintas generaciones con invariable éxito y hoy asisten a sus conciertos tanto los adolescentes como los cincuentones. ¿Siente puntos en común con ellos?
— Bueno, Bob Dylan es más viejo que yo. Pero se trata en ambos casos de fenómenos de lato nivel de calidad. Como Pink Floyd, bandas que han creado generaciones de hijos, desde Dire Straits a Springsteen; hay listas de gente que canta "a la manera de", sobre todo en el caso de Dylan, que ha marcado caminos en ese sentido. Y me parece bien que gente como ellos, que sigue con ganas de trabajar, continúe aportando al mundo de la música. La prueba evidente es que gozan de un soporte mayoritario. De todas formas no creo que la música se divida en generaciones. Eso siempre me pareció una manipulación tremenda. Coño, ¿por qué no ocurre con la literatura? ¿por qué no ocurre con el cine o la pintura? En cambio con la música sí que ocurre. Claro que hay una cuestión de volúmenes del sonido que quizá los más jovatos no están acostumbrados, pero pienso que esto es una manipulación donde se busca devocionar a unas generaciones con un tipo de música, crear siervos de una música, de unas cadenas de televisión determinadas que se dedican a estos quehaceres. Esto puede más que la información: hay músicas que parece que ya no existen, han desaparecido de los medios de comunicación por la sencilla razón de que las compuso gente a la que esta generación debe rechazar por decreto. A mi siempre me pareció que andar con anteojeras, incluso para los burros, era una mala jugada.

— En una entrevista reciente, Tom Waits decía que las canciones tienen el deber de ser, necesariamente, simples...
— Creo que esta es exactamente la búsqueda, la de cualquier autor. Y es lo difícil. Estoy de acuerdo, las canciones deben ser siempre simples y el poeta hace muchos años busca contar lo grande con un epigrama. Pero normalmente uno no es capaz de hacer esta extracción sintética y dejar en un tubito lo que necesitas en una botella de litro y medio.

— En "Sombras de la China" hay canciones con una mirada irónica sobre la realidad y también otras de amor muy sensuales, con un tono relativamente nuevo en sus letras. ¿Pertenecen a distintas etapas creativas o fueron concebidas simultaneamente como una obra total?
— No, no. Se trabajó todo al mismo tiempo. Pero fundamentalmente hay dos cosas que destacan: es una visión mucho más hacia adentro, más que el observador que cuenta lo que ve y pretende que así la gente reacciones con su propio aporte. Hay una visión introspectiva en la que el tipo está soltando cosas que lleva adentro. Por eso, quizá es un disco donde hay más mujer, seguramente en lo que se llamam canciones de amor, que han calado mucho en la gente y tal. Pero no soy un escritor de la cancion amorosa. Y en este disco hay mucha mujer y muchos modelos de mujer, un verdadero catálogo de mujeres.

— Algunas tratadas bastante mal, como en "Me gusta todo de tí (pero tu no)"...
— Pero no la estoy tratando mal, sino reconociendo que me gusta el personaje en lo que muestra, y eso lo reconozco con admiración , incluso con deseo y con lascivia. Pero no me interesa, es como un paquete muy bello y dentro algo muy cercano a lo repugnante o lo vacío. Pero este tema de la mujer del disco tampoco fue una búsqueda deliberada. Simplemente me senté un día frente al ordenador -porque ahora ya trabajo en un ordenador que me va muy bien, y tiene solitario, buscaminas y otros juegos que me encantan-, y me puse a pelear con las palabras. Después del primer mes horrible, donde no sale absolutamente nada, comienza a hacerse una luz, y sigues escribiendo y allá vas. Luego, en la musicalización , trabajo solo. Cuando llego al estudio con los otros musicos, ya la tengo más o menos en la cabeza. Llevo una melodía y trabajo, con otro músico, el desarrollo de toda la idea.

— Lo sensual parece un género difícil para los músicos y en general lo explotan cantantes con letras de dudoso gusto, de un erotismo casi "porno"...
— Sí, elementalmente porno.

— Parece difícil encontrar la canción sensual de alguna manera más "fina"...
— Yo la verdad es que no trato de escribir fino, pero cada uno usa el lenguaje en el que se siente cómodo expresándose y las palabras dicen lo que uno quiere decir. Pero no tengo ningún pudor en usar las palabras del lenguaje más grosero si lo que estoy pretendiendo es mostrar esta faceta. A mi el erotismo y la pornografía me parecen muy bien ambos. No creo que la pornografía supere al erotismo ni creo que el erotismo sea la cara maquillada de la pornografía. Cada uno es un espacio que está ahí y que forma parte de un gran paquete que es la sensualidad. Pero te prometo que voy a seguir insistiendo por este lado.

— Quizá Serge Gainsbourg exploró cierto camino de la canción sensual diferente, una canción "prohibida para menores"...
— Sí, aunque no era para tanto. Él trabajaba mucho los juegos de palabras, tanto en el sentido como en la propia construcción . Pero a mi, por encima de Gainsbourg, me interesan Jacques Brel, George Brassens y Charles Aznavour. Incluyo siempre a Aznavour porque el éxito le jugó a él la mala pasada de separarlo del alto standing de calidad. Esto a veces ocurre y es tremendamente injusto. Triunfar implica que el comité de empresa de la cátedra decida que uno es digno de pertenecer al club. Para pertenecer al club hay que ser un fracasado o estar en vías de ello. Y el pobre Aznavour triunfó, tuvo éxito, vendió muchos millones de discos y esto le costó el desprecio de la cátedra. Y yo defiendo a Aznavour.


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