7 de Septiembre de 2001


Serrat abre su corazón mediterráneo a todos los vecinos de Pradoluengo


El cantautor catalán recogió el galardón de manos de Antonio Sáez, presidente de ACRO, quien también entregó la Medalla Calcetín del año 2000 al montañero Pedro Arceredillo

Los pradoluenguinos llenaron la plaza Clemente Zaldo para recibir a Serrat quien agradeció tal atención firmando autógrafos por dóquier y cantando una jota.

ALMUDENA SANZ
Pradoluengo


     Se diría que no hay personaje, que sólo hay persona. Que componiendo en su casa de Girona o cantando en el escenario de Madrid, como ha hecho esta semana, Serrat debe ser el mismo tipo que vive en la calle, que da entrevistas, que viaja por ahí, que come y bebe: una máquina de hacer frases (o canciones) redondas, un tipo tranquilo y sonriente que no para de susurrar cosas (o estrofas) aparentemente sencillas que, cuando acaban de tomar forma en su cabeza y llegan al oído de los demás, se convierten, nadie sabe cómo, en titulares (o títulos) perfectos, en sentencias espléndidas, o quizá en verdades puras y duras, pero absolutamente carentes de pedantería y artificalidad y pretensión.

Joan Manuel Serrat recoge el Calcetín del Año

   Llegó y venció. Como si de uno de sus mejores conciertos se tratara, Joan Manuel Serrat se metió al público de Pradoluengo en el bolsillo. Los aplausos sonaron desde el momento en que entró en la plaza. Él sonreía a un lado y a otro y comenzaba a firmar los primeros autógrafos.

    Sentado en la primera fila flanqueado por Antonio Sáez, presidente de la Asociación Cultural Recreativa Oropesa, ACRO, y por Juan Rodríguez Acha, alcalde de la localidad, el cantautor catalán siguió atento la ceremonia. Ángel Olivares y Juan José Laborda completaron el grupo de autoridades que asistió a la entrega del Calcetín del Año 2000.

    Paco Peñacoba, periodista de la localidad, presentó el acto. Tras hacer un repaso al prestigioso galardón que se entregaba mandó subir al escenario a los homenajeados de la noche.

    Después de varias intentonas, Joan Manuel Serrat, por fin, iba a recoger el Calcetín del Año 2000. Se hacía esperar. Laura Mezgo, cantante burgalesa, introdujo el momento cantando un popurrí de temas del cantautor.

    Peñacoba tomó la palabra y repasó el largo currículum de Serrat. Él lo seguía atento desde su silla. Y al concluir explotaron los aplausos. Él no se movía y los recibía con una sonrisa. Finalmente subió con Antonio Sáez al escenario y agarró con fuerza la estatuilla diseñada por el escultor Salaguti.

    «El gusto es nuestro señor Tarrés», así cedía Antonio Sáez la palabra al protagonista de la tarde tras un largo discurso resaltando la gran personalidad de «Juanito» o «Nano», como llaman al compositor.

    Y Serrat tomó con gusto el micrófono. No quiso despegarse de su galardón. «Soy catalán y lo meu es meu», apostilló cuando quisieron cogerle la estatuilla para dejarle hablar.

    Pidió disculpas por el retraso. «El corazón es una víscera muy cabrona y tiene la sartén por el mango», apuntó refiriéndose a su reciente enfermedad.

    Con mucha gracia explicó como su familia pensó que estaba loco cuando dijo que le habían dado el calcetín del año. «Uno sabe el cariño con el que recibe estas cosas y lo agradezco. No es lo mismo ser nombrado Calcetín del Año en Pradoluengo que percebe en Lugo. Esto es distinto. El calcetín es una cosa más íntima», indicó arrancando las risas de la gente.

    «Dentro de lo que cabe, cuenten conmigo», así se despedía. Y cuando ya se iba... «¡Qué cante!, ¡Qué cante!», le pidió la gente y el se arrancó con una jota, sin soltar su Calcetín del Año. Y los pradoluenguinos luego se acercaron a saludarle.



«Fue una sorpresa ser ropa interior del año»

   — ¿Qué siente al recoger por fin el Calcetín del Año?

   — Una gran satisfacción al poder estar por fin con esta gente que ha sido tan amable conmigo y ha tenido la paciencia de esperar a que me repusiera.

   — ¿Es más cercano el cariño en un sitio tan pequeño?

   — Yo procuro no acostumbrarme nunca a ninguna situación. Ni a las buenas ni las malas. Intento que las cosas sean cada una la cosa que es. Y las gratificantes, como en este caso, trato de que no se salgan de un hecho individual, válido por lo que es en el mismo y sin necesidad de comparación con ninguno.

   — ¿Qué pensó cuando le comunicaron que había recibido este galardón?

   — Fue una sorpresa. Uno en su carrera profesional siempre ha sido elegido algo del año. Artista revelación, compositor del año... pero nunca ropa interior del año. Uno se siente reconfortado, es algo íntimo, cálido. La verdad es que es agradable pensar que la gente de un pueblo de la sierra de Burgos piensa en ti, que te quiere y que comparte contigo algo que para ellos es muy importante.

   — ¿Cuál es el secreto para mantenerse tantos años en lo alto del panorama musical?

   — No creo que exista otro secreto que el de la dedicación, trabajar, tener ilusión y lo que la naturaleza te pueda permitir. Que la salud te respete. Pero no existen manuales de comportamiento sino las normas generales de la vida y cuando alguien ama algo tiene más posibilidades de funcionar en ello que alguien que no lo ama. Cuando alguien trabaja tiene más posibilidades de funcionar que el que no trabaja.

   — En estos momentos, ¿tiene algún proyecto en mente que llevar a cabo?

   — Uno siempre está trabajando y planteándose cosas. Siempre está tratando de sacar para fuera cosas que te dan vueltas por dentro.

   — En qué piensa Joan Manuel Serrat cuando se pone, en estos momentos, a componer sus canciones y poemas.

   — Es difícil simplificar en unas palabras lo que uno pretende de la vida. Quiero expresarme, comunicarme y compartir con los demás. Expresar lo que siento y sin duda alguna participar de algo que es la vida, algo por lo que uno se despierta cada mañana y por lo que uno hace las cosas.

   — ¿Quién ha venido hasta Pradoluengo a recoger el Calcetín del Año, Serrat o Tarrés?

   — Serrat y Tarrés, los dos. Uno funciona siempre con su alter ego. Con todos los «alter egos» que cada uno tiene.

   — Ya sabe dónde va a a colocarlo.

   — De momento lo voy a poner entre las rodillas para llevarlo a casa y que no se rompa. Y luego lo que no haré será lo que no hago con nada que me interesa que es arrinconarla.

   — «Y póngase el calcetín, paloma mía», dice en una de sus canciones. Volverá a mencionar la prenda en otra canción.

   — Ya lo he hecho. Lo que he pensado que va a ser más dífícil es hacer rimar Pradoluengo, con abolengo tal vez.


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