Entrevista en EFE-EME

Octubre de 2002 - Número 42

Texto de Luis Lapuente

    "Las canciones de Serrat adolecen de reiteración musical y de textos pseudopoéticos, llenos de lirismo grandilocuente y de versos ripiosos. Por lo demás, su intencionalidad es más que discutible. No obstante cantadas con su magnífica voz, próxima, hacen olvidar tales vicios. La publicidad le ha presentado como un gran poeta, y Serrat tiene muy poco de poeta"
(Jesús Torbado en La Gran Enciclopedia de la Música Pop)"


LA PERSPECTIVA DEL SUPERVIVIENTE

    Hoy, Joan Manuel Serrat no puede evitar una sonrisa condescendiente al releer esta crítica publicada además en una de sus etapas más fructíferas desde el punto de vista artistico, justo después de la edición del mítico "Mediterráneo". El noi del Poble Sec se sabe, por encima de todo, un corredor de fondo y afronta la vida desde la perspectiva del superviviente, del que ha visto derrumbarse muchos mitos y ha encarado con dignidad personal las descalificaciones y los ataques más desaforados. También el que se ha ganado el cariño y el respeto de la inmensa mayoría de sus colegas de profesión, que identifican en su biografía la propia evolución del pop español. Ahora, Serrat regresa al ruedo con "Versos en la boca", quizás el más arriesgado de sus últimos discos, que le une de nuevo al arreglista y productor Ricard Miralles.

    Felizmente repuesto de sus problemas cardíacos del año pasado, Joan Manuel Serrat pasa unos días en Madrid presentando Versos en la boca, un álbum del que se siente especialmente satisfecho, porque le ha devuelto el gusto por los sonidos más orgánicos, un disco tranquilo, acústico y espontáneo que aspira a romper el tono previsible de sus producciones más recientes y a recordar aquellos días gloriosos en que sus canciones resplandecían entre nosotros como las de sus admirados Bob Dylan y Jacques Brel. Relajado y cordial, el autor de Ara que tinc vint anys hace un hueco en su agenda para charlar, sobre todo de música, un tema por el que curiosamente no suelen preguntarle en los suplementos dominicales de los periódicos ni en las mal llamadas revistas femeninas.

— No trabajas con Ricard Miralles desde 1989 y ahora decides recurrir de nuevo a sus servicios. Parece que te gusta moverte siempre en torno a un círculo muy reducido de productores y arreglistas.

— Sí, tanto que podríamos ordenarlos cronológicamente. En principio, trabajé con Ros Marbá, e hice algunas cosas con Burrull, un poco enmascarado. Luego vino una época más larga con Ricard Miralles, alternando ocasionalmente con Burrull -el disco de Miguel Hernández- y Josep Maria Bardagí -el de Joan Salvat Papasseit-. Ya en el 90 Bardagí hace "Material Sensible" y enseguida empiezo a colaborar con Kitflus, una etapa que dura cuatro o cinco años. Y ahora, otra vez con Miralles.

— ¿Por qué has recurrido precisamente ahora a Miralles?

— Pues no hay más razones que las estrictamente musicales. Cuando Miralles deja de trabajar como arreglista mío, se concentró en el desarrollo de su propio grupo, ya sabes que tiene una personalidad muy fuerte y es un magnífico pianista. Yo entonces me dediqué a buscar nuevas vías de expresión, por ejemplo, con la música electrónica, con ordenadores y samplers. Quería probar nuevos sonidos y trabajar de una manera distinta. Ahora vuelvo con Miralles porque pienso que esa época y ese sonido están agotados, no me divierte ni me interesa seguir por ese camino. Me gusta trabajar con sonidos más orgánicos, no sé, tal vez busque algo imposible: tener la facilidad de trabajo y de organización creativa que te proporcionan los ordenadores y la sonoridad y el corazón y la sensibilidad que te dan los sonidos acústicos. Pero eso es imposible, no se puede tener la mujer borracha y el vino en la bota. Por eso, el trabajo de preparación de este nuevo disco ha sido mucho más duro, más elaborado, con más ensayos y colaboración entre el productor, los músicos y yo.

— En un momento de tu carrera aparece en tus discos la firma de Taller 83. ¿Quién se esconde detrás de ese nombre?

Taller 83 es una productora que nace en el año 1983 y que apenas ha producido otra cosa que mis trabajos, probablemente por falta de tiempo. Es Joan Manuel Serrat y un grupo de amigos que también han apostado alguna vez por embarcarse en producciones de artistas ajenos muy interesantes, pero que tienen difícil salida comercial.

— ¿Cómo cuales?

— Pues, desde el anonimato, digamos que hemos hecho cosas con otras gentes. Prefiero no dar nombres, porque no creo que les haga ningún favor si los desvelo.

— Aparte de los citados hay dos productores más iconoclastas en tu carrera: Augusto Algueró y Juan Carlos Calderón

— Pero son ejemplos muy distintos. Algueró sólo aparece con "Penélope" que es una canción suya. Es de los pocos casos en que yo le he puesto la letra a una música. Habitualmente, trabajo con letras de otros o con las mías de una manera hilvanada, pero casi siempre partiendo del texto. En el caso de Algueró, tenía una música que él me pidió que llenara con una letra, con la intención específica de presentarla al Festival Internacional de Río de Janeiro. Ahí se acabó nuestra colaboración.

— Con Calderón, sin embargo, tuviste más relación.

— Sí, con él he hecho muchas más cosas. Por ejemplo, los primeros temas que grabé en castellano, "Poema de amor", El titiritero", "Poco antes de que den las diez"... Incluso volvimos a trabajar juntos en algunos temas del álbum "Mediterráneo", en el que no sé por qué coincidieron varios productores y arreglistas: él, Gian Piero Reverberi y Ros Marbá. Ese disco se grabó en Milán, igual que el de Machado y que algunos otros de mi catálogo. No recuerdo a qué se debió la ausencia de Ricard Miralles, supongo que alguna bronca tendríamos.

— Al contrario que otros trabajos tuyos de la época, "Mediterráneo" fue muy bien recibido por la crítica. Recuerdo un comentario laudatorio de José María Íñigo en la desaparecida Mundo Joven...

— Es que la perspectiva te la dan los años, pero ahí está lo dificil, en acertar con los juicios en su momento, no a toro pasado. En fin, supongo que a todos nos gustaría borrar cosas que hemos dicho o escrito. Lo que le ocurre a Íñigo es que tiene muchas de ésas...

— Volviendo a Algueró y a Calderón, imagino lo que habrían dado de sí algunas de tus piezas clásicas con unos arreglos más virados hacia el soul o el jazz, del estilo de lo que ellos hacían cuando les dejaban.

— Tanto Algueró como Juan Carlos son dos músicos excelentes, con mucha capacidad de trabajo. Juan Carlos creó todo un estilo a mediados-finales de los años 60. Muchos nos apoyamos en su sonoridad y, en cierto modo, creo que él sí contribuyó a enriquecer mis canciones con ese toque más cercano al jazz. Con Algueró no sé, porque sólo hice una canción, pero creo que es un arreglista muy reconocido en todo el mundo.

CAMINOS DIVERGENTES

— Hace unos meses Jaume Sisa recordaba en EFE EME su vieja amistad contigo.

— Claro, es que nos conocemos desde pequeños. Nacimos uno enfrente del otro. Él, en Poeta Cabanyes 82, y yo en el 95, que está justo enfrente. Él es más joven que yo, pero de algún modo crecimos juntos. Me acuerdo mucho de su madre, la señora Paquita, que era muy apreciada en el barrio.

— Me llaman la atención en este sentido, los caminos divergentes. Cómo en Cataluña, en determinado momento, surgen dos grupos de artistas muy definidos en sus tendencias musicales y, si me apuras, culturales. Por un lado el Grup de Folk, con Sisa, Pau Riba etc. Por otro Els Setze Jutges, donde estuvistéis, entre otros, María del Mar Bonet, Lluis Llach y tú. Simplificando, los que se arrimaban a Bob Dylan y los que apostaban más por George Brassens.

— Sí, pero no es tan extraño ¿no? Por una cuestión de edad, la influencia francesa es mucho más fuerte en mí, y en ellos la de Dylan. Lo cual no quiere decir que a ellos no les interesen Brassens y Brel y que a mí no me guste Dylan. Incluso me encanta el de ahora, por ejemplo el de "Amor y robo", que me parece un disco fantástico, de los mejores de su carrera.

— Quizás, en el fondo, no estaba tan clara la línea divisoria entre vosotros...

— Desde luego. Además fíjate en las circunstancias por la que ambos hemos pasado después. Sisa ha creado distintos personajes a los que luego ha renunciado, para volver más tarde a esos personajes, y ahora incluso volver a él mismo. También ha emprendido otras aventura: ha cantado boleros, ha grabado discos en castellano... Supongo que si yo hubiera empezado en la música cinco años más tarde...

— ¿Habrías girado hacia el rock?

— Probablemente. Mis influencias musicales son claramente francesas, pero también me he interesado mucho por Dylan, Los Doors, Los Eagles, Los Who... Y por Tom Paxton, a quien le tengo un gran cariño.

— Tengo entendido que tu primer grupo musical interpretaba rock & roll.

— Bueno, hacíamos de todo. En nuestra indefinición estuvo la principal causa de nuestro fracaso. Recuerdo que mezclábamos cosas de los primeros Beatles con piezas como "Ma vie" de Alain Barriére.

— ¿Cómo se llamaba el grupo?

— Ni siquiera tuvimos nombre, no llegamos a debutar. Sólo tocábamos en la Universidad, para nuestras groupies...

— ¡Vaya!, imagino que en aquella época tampoco serían groupies muy atrevidas sexualmente...

— No, qué van a ser. Si incluso uno de ellos se casó con su groupie, con la Montse, y aún siguen casados. Éramos tres agrónomos y un ingeniero industrial, y todos hemos seguido caminos distintos.

— Siguiendo con las conexiones con el pop, hay que hablar del cine, donde hiciste algunas cosas, sobre todo al principio de tu carrera; muchas menos que Patxi Andión o que Ovidi Montllor, en todo caso...

— Es que Patxi Andion es mucho mejor actor que yo. Y Ovidi, por encima de todo, era un grandísimo actor, un espléndido actor de cine y teatro.

— Una de tus películas, "La larga agonía de los peces", dirigida por Francesc Rovira-Beleta, incluía escenas del Festival de Wight. ¿Llegaste a estar allí?

— Sí, claro, en el primer festival, ví a Dylan, a Paxton... En el equipo de rodaje sólo estábamos dos españoles: Pacheco, el hijo de un cámara de televisión, a quien de repente me encontré por allí, desnudo de cintura para arriba y me dijo: "Hola, yo soy Pacheco, el hijo de Pacheco". No había más españoles...

— Sólo Pacheco y tú.

— Eso, Pacheco y yo. Lo más divertido es cuando se tuvieron que rodar escenas que evidentemente no pudieron grabarse allí, en las que yo subía al escenario de Wight para cantar. Recuerdo que nos juntamos toda la basca, el Pau, el Gato, el Sisa, todo el hipperío. Nos subimos a un escenario de Barcelona e imitamos la atmósfera de Wight.

— ¿Qué te supuso vivir la experiencia de Wight y volver a España donde la realidad era tan negra?

— Pues ni se me pasó por la cabeza que aquello pudiera repetirse aquí. Era todo tan tremendo que incluso era impensable pensar que pudiera producirse algo como Canet, y no te digo nada Benicasim o cualquiera de los grandes festivales de ahora.

EUROVISIÓN

— Hablemos del escándalo que se montó con tu negativa a acudir a Eurovisión cantando "La La La" en castellano.

— Fue esperpéntico. Llegaron a montarse auténticos autos de fe, se quemaron discos en la calle en varios lugares de España. Y para que veas lo brutos que eran, en las emisoras de radio no destruyeron mis discos: hicieron algo mucho más sibilino: ¡les pusieron papel de celo a los vinilos!

— Con Fraga como Ministro de Información y Turismo...

— Sí, el ranking era el siguiente: Fraga, ministro de Información y Turismo; Aparicio Bernal, director general, Adolfo Suárez, presidente de TVE; y por debajo de él, estaba Juan José Rosón. Un equipo completito.

— Y entre todos te hicieron la vida imposible.

— No, afirmar eso tal cual sería falso e ingrato por mi parte. Fui yo quién me presenté a esta historia por propia iniciativa. Para ser exactos, fue Lasso de la Vega, mi manager de entonces, quién me convenció. Yo le estoy muy agradecido, porque él me empujó a emprender aventuras que seguramente por mí mismo no habría probado, como las giras por Latinoamérica, entre otras. Lasso fue quien presentó la canción del Dúo Dinámico, conmigo como intérprete. Yo insistí mucho desde el principio en cantar en catalán y ellos aceptaron a regañadientes, supongo que pensando que acabarían convenciéndome de que la interpretara en castellano. Pero fueron pasando los meses e incluso grabé el single en catalán, así que un día Rosón me dijo: "Mire, Serrat, ¿usted qué quiere, ser un artista provinciano o un artista internacional?". Entonces yo me acordé de unas palabras maravillosas que había escuchado en boca de Gabriel de Ferrater, un poeta catalán magnífico que tuvo la mala ocurrencia de suicidarse. Dijo Ferratér: "La única forma que tiene un hombre de ser internacional es ser profundamente provinciano".

— Y abandonaste...

— Sí, de algún modo me dí cuenta de que aquello no iba a dejarme satisfecho, y a pesar de todos los problemas que imaginaba que iban a caerme encima, decidí que valía más la pena pasar miedo que pasar vergüenza. Y envié una carta a TVE y otra a los medios, anunciando mi renuncia a Eurovisión. Visto todo aquel problema con el paso del tiempo, te das cuenta de varias cosas. Por un lado, cuando se lo cuento a mis hijos, lo encuentran todo muy ridículo, se asombran de cómo una historia de tan pequeñas dimensiones pudo alcanzar aquella repercusión, hasta qué punto era penoso el sistema represivo en España. Por otro, creo que el gobierno franquista perdió una magnífica oportunidad para demostrar a los europeos que la España multicultural no estaba perseguida, permitiendo que yo cantara en catalán. Podían haberse lavado un poco la cara y fueron tan estúpidos... Yo creo que las dictaduras cometen con frecuencias estas estupideces por su soberbia, aquello que tiene la derecha de "por mis huevos".

— Sin embargo, curiosamente a continuación grabaste tu primer single en castellano, con "Manuel" y "Poco antes de que den las diez".

— Sí, claro, pero es que yo no pensaba modificar mi esquema de trabajo, sólo quería encontrarme a gusto con mis decisiones. Yo tenía ya pensado de antemano grabar en castellano.

— ¿Quién te apoyó en aquellos momentos?

— La verdad es que conseguí recuperar mi imagen comercial gracias a los esfuerzos de gente como Carlos Tena o Balbín, que hizo un especial de televisión y me colocó de nuevo en la normalidad. Y antes, recuerdo a algunos que se jugaron el bigote poniendo de vez en cuando algún disco mío. Por ejemplo, Salvador Escamilla, de Radio Barcelona, o Luis del Olmo que entoces estaba en Radio Peninsular. Y muchos otros.

LOS POETAS Y LOS MALDITOS

— Poco después, apareció el legendario disco con textos de Machado. ¿Cómo se te ocurrió la idea? ¿Sigues algún criterio específico para elegir a determinados poetas frente a otros?

— La verdad es que aquí hay que hablar del primero que se atrevió con este tipo de proyectos, que fue Paco Ibáñez, con aquel disco maravilloso sobre poesías de Góngora, Quevedo y Lorca. Luego vino Raimon con las "Cancons de la roda del temps". Y también me impulsó mi propia inclinación a llevar la contraria, siempre he sido un poco Contreras: Alberto Cortez acababa de grabar algunas canciones con poemas de Machado, que le supusieron unas críticas terribles, así que me animé a seguir su ejemplo y a trabajar el disco de Machado.

— Que fue un rotundo éxito comercial.

— Sí, para mi sorpresa. Yo no esperaba demasiado a priori, pero los resultados superaron en mucho las expectativas de todos. Por descontado, la compañía discográfica no tenía la más mínima confianza, lo que pasa es que se lo tomaron como un álbum de transición, porque ellos apostaban por canciones del disco siguiente, el de Señora, Fiesta, Como un gorrión, etc. que también funcionó muy bien. Con los años, sigo encantado de la repercusión de aquel trabajo. Por ejemplo, cuando voy a Sevilla y escucho "La Saeta" acompañando la entrada de la procesión del Cachorro. Yo no soy religioso, pero como buen mediterráneo, me gustan mucho las fallas, las procesiones y todas esas ceremonias absolutamente paganas y me emociona ver al Cristo de los gitanos acompañado de "La saeta".

— Muchos sostuvieron entonces que la música no era adecuada, que era excesivamente blanda para la intensidad de los poemas. Y con el álbum de Miguel Hernández aún te atacaron más, ¿Cómo te afectaron aquellas críticas?

— Yo a todo eso le concedo una importancia muy relativa. El crítico, con el debido respeto, representa tan sólo la opinión de un ser humano, cuya formación siempre es, por fuerza, absolutamente limitada. No hay nadie capaz de profundizar mucho en todos los géneros. Además muchos críticos están cargados de prejuicios, y si un día sostienen una opinión, luego no tienen los cojones de defender la contraria. Se empiezan a cagar en tus muertos en el año 75 y siguen así hasta el final. Y yo creo que uno en la vida ha hecho de todo, unas veces mejor y otras peor, no sé de nadie a quién pueda juzgarse siempre aplicando el mismo rasero.

ATLÁNTICO Y MEDITERRÁNEO

— ¿Por qué grabaste "Mediterráneo" en Italia?

— Igual se enfadan conmigo o me meten una querella por decir esto, pero fue una decisión de la compañía discográfica que igual quería ahorrarse dinero en impuestos o invertir dinero negro. Fue una decisión estrictamente económica, sin ninguna implicación artística. En todo caso, yo creo que influye más en el acabado de un disco con quién lo grabes que dónde lo grabes.

— ¿Trabajaste en Milán con músicos italianos?

— Sí, y muy buenos. Grababan a toda velocidad, eran muy competentes.

— ¿Llegaste a conocer entonces a Paolo Conte?

— No, en aquel momento, sino mucho más tarde. Paolo es impresionante, un tipo magnífico y un gran artista. Creo que Miralles a veces le ha dado ese tono cercano al jazz antiguo a mis canciones, especialmente en las sesiones de "Versos en la boca".

— En algún sitio he leido que poco después de grabar "Mediterráneo" estuviste en Chile, los días previos al golpe de Pinochet.

— He estado allí muchas veces, pero no aquellos días precisamente. Al que sí pilló allí fue a Camilo Sesto, en un hotel justo enfrente del Palacio de la Moneda.

— ¿Y te ha contado algunas de sus experiencias?

— Bueno, es que desde el suelo, debajo de la ventana del hotel, no se ven muchas cosas. Lo que es terrible es que los chilenos no han podido ver una sola imagen del golpe hasta mucho tiempo después, ni siquiera las vieron con Alwin ni con Frei. ¿Sabes que el régimen de Pinochet prohibió a Machado porque era letrista mío? Debió ser una orden directa del ministro de Cultura, militar, por supuesto. Ya dicen que la información y la cultura militar es a la música y a la cultura como la música militar a la música.

— Tú mismo pudiste comprobarlo dos años después cuando te viste forzado a buscar refugio en el exilio de México.

— Sí, me enteré de que Franco había confirmado las cinco penas de muerte en el aeropuerto de Camagüey, camino de México. Al llegar allí hice unas declaraciones que me costaron que el Tribunal de Orden Público me acusara de injurias al Jefe del Estado y tuve que quedarme allí hasta el 20 de agosto de 1976. Y volví sólo gracias a que Franco murió.

— Antes de tu regreso llegaron a distribuirse clandestinamente en España algunos cientos de copias del Lp "Para piel de manzana".

— Sí, fue mi primer álbum con Ariola, creo que les hice una promoción un poco extraña. ''Muchos críticos están cargados de prejuicios, y si un día sostienen una opinión, luego no tienen los cojones de defender la contraria. Se empiezan a cagar en tus muertos en el año 75 y siguen así hasta el final''

— Porque antes habías trabajado al mismo tiempo para dos compañías distintas. Los discos en catalán los editaba Edigsa y los discos en castellano Novola/Zafiro. ¿Fue muy complicado mantener esa situación tanto tiempo?

— No, porque así lo tenía estipulado en contrato y ellos no tenían más remedio que aceptarlo.

— ¿Te costó mucho rescatar los derechos sobre todo aquel material para que pudiera reeditarlo BMG hace unos meses?

— Sí, el camino ha sido muy largo. Ha habido por medio varias reclamaciones judiciales, pleitos de muchos años, de esos que no le deseas a nadie porque en España no había ningún precedente.

— En 1981 publicaste "En tránsito", un álbum que muchos consideran que imprime un giro a tu manera de cantar.

— Sí, pero yo creo que lo modifica sobre todo mi manera de enfocar la realidad. De algún modo, consigo que desaparezca mi censura interior, me vuelvo quizás más satírico, busco un lenguaje más duro. Se produce un cambio que produce algunas canciones interesantes que ahora canto poco en directo -y no sé por qué-, especialmente de "En tránsito" y de "Cada loco con su tema". Hay también cosas de esa época de las que no me siento tan orgulloso.

SERRAT, ERES ÚNICO

— ¿Cómo se te ocurrió grabar en 1986 el álbum "Sinceramente teu", con temas en portugués?

— Era una deuda que tenía con algunos de mis amigos y con una música que me encanta. Me acompañaron, entre otros, Caetano, Gal Costa, Maria Bethania, Toquinho... El único que falta es Chico Buarque, que trabajaba entonces en un proyecto propio y no pudo acercarse a grabar conmigo.

— ¿Te proponías hacer algo similiar a "Fina Estampa" de Caetano Veloso?

— No exactamente. Caetano es uno de los artistas con más sensibilidad que conozco. Él es capaz en ese disco de rozar la gloria con temas que otros habrían convertido en una cursilada insoportable. Es muy jodido cantar así "Fina Estampa" o "La flor de la canela", con tanta elegancia. ¿Te acuerdas de ese otro disco que publicó hace poco rindiendo homenaje a Fellini, con temas italianos? Una maravilla. Caetano es un genio.

— Y todo el mundo le respeta. Más o menos como a ti: desde los flamencos (El Pelé, Ketama, Rosario Flores, Lole y Manuel) hasta los rockeros (Los Enemigos, Loquillo, Antonio Vega, Tahúres Zurdos), pasando por los cantautores más o menos ortodoxos (Sabina, Kiko Veneno, Juan Perro). Nadie quiso quedarse fuera de aquel disco homenaje titulado "Serrat, eres único" (1995).

— Bueno, es un orgullo. Me quieren mucho, está bien. Me gusta haber conseguido después de tantos años esa buena relación con casi todo el mundo. No formo parte del mundo del rock, pero me siento muy feliz de contar con el afecto de todos esos artistas que citas y de otros muchos más.

— ¿Tus hijos también te admiran? ¿Escuchan tus discos o les gusta otro tipo de música?

— Mis hijos me dan muchas alegrías. El otro día, mi hija mayor me dijo que tenía que comprarle la antología que acaba de salir de Chicago. Y la pequeña, que también a ella le gusta. Me encanta que les guste Chicago. Sin embargo una de las cosas que no entiendo es cómo están más cerca de Dire Straits que de Dylan. Yo les digo que deben seguir el camino correcto: primero, Dylan, luego si quieres, Dire Straits, y después Bruce Springteen, pero siempre por ese orden. Y si escuchan uno de Springteen, que sea "Nebraska".

— A lo mejor están esperando que su padre grabe un álbum con canciones de Dylan.

— No, no. A mí me gustaría, como me gustaría hacer un disco de Brel, claro, pero a estas alturas ya es muy difícil. Prefiero cantarlas en casa y grabar discos como el que acabo de hacer.

— Sólo he podido escuchar tres temas de "Versos en la boca". Me ha gustado especialmente "La mala rach"a, con ese fantástico texto de Eduardo Galeano.

— Yo creo que es el mejor disco que he hecho.

— El dueto con Noa ("Es caprichoso el azar") me recuerda a la historia de aquella película de Leo McCarey titulada "Tú y yo", donde dos amantes se pierden la pista durante años por un capricho de destino.

— Pero yo no creo nada en el destino. Creo que la vida está hecha de casualidades. El destino no lleva a ningún lado: el azar sí hace que cambien las circunstancias de tu vida, que de repente un semáforo se ponga rojo cuando vas a cruzar la calle, que empiece a llover, que te refugies en una marquesina...

— ¿Te influye la música que escuchas en tu manera de componer?

— Supongo que ahora ya no. Además, escucho de todo, incluso los 40 principales, cuando acompaño a mi hija pequeña en el coche y sé que va a obligarme a sintonizar esa emisora...

— Ten cuidado que se van a enfadar si llega a sus oidos...

— Pues yo creo que no tienen derecho a enfadarse, porque ellos son perfectamente conscientes de lo que programan y apoyan. Y si no están de acuerdo, que pongan la música buena que se hace por ahí, que hay mucha, y que colaboren a que la gente joven pueda escuchar otro tipo de discos, en lugar de toda esa mierda que ellos ponen sin parar. Ellos no ponen efemérides, sino efimérides. Bueno, pues incluso yo escucho esto y de vez en cuando me sorprendo con algún tema rescatable. Y aún sigo pensando que la música del siglo XVIII es lo más hermoso que se ha escrito nunca. Las tres B, Bach, Beethoven y Brahms, a partir de las que gira todo lo demás.

— Y la cuarta B en tu imaginario particular sería la del Barca, supongo.

— Bueno, en esta vida hay que bregar con lo que se tiene, qué le vamos a hacer.

— Tú le dedicaste una canción a Kubala. ¿Quién sería el Kubala de ahora? ¿O uno sólo hace mitos en la infancia?

— Nadie, porque hace tiempo que perdí mi álbum de cromos, allí donde estaba Kubala en lugar preferente. Ahora ya no podría tener el mismo álbum de cromos, porque el fútbol está lleno de mercenarios. Kubala y Di Stefano terminaron en el Espanyol, sólo porque en sus respectivas casas ya no les querían, pero hoy los mercenarios cambian de chaqueta sólo por el dinero. ¿Qué puede esperarse de un mundo como ése?


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