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Revista Interviú
Número 1.434
20 de Octubre de 2003
Texto: Guillem Martínez
Fotos: Jordi Parra
«La crispación sólo conduce a la confrontación, la radicalización y la ceguera»
Los actos de celebración del XXV aniversario de ‘El Periódico de Catalunya’ culminarán en un concierto sinfónico de Serrat, que actuará junto a la Orquestra Ciutat de Barcelona ante un público compuesto por lectores del diario. Los diarios y los cantantes que vienen de lejos nos hacen compañía. Serrat, ese señor que nos hace compañía, y que esta semana publica su disco ‘Serrat sinfónico’, nos habla de sus últimas percepciones del mundo.
Usted va a estar muy vinculado con el XXV aniversario de ‘El Periódico’. Una de las razones del éxito de este diario es su apuesta natural por el bilingüismo. Como pionero del bilingüismo en tiempos difíciles, ¿le fue difícil no ser catalogado como ‘catalanufo’ o como españolero?
Lo natural nunca es difícil. Soy el resultado de mi herencia, de madre aragonesa y de padre catalán. Soy un charnego y, como tal, me reconozco catalán. Además, tengo la suerte de vivir en Barcelona, lo cual no me crea las dudas que podría tener en otro sitio. Hay un hecho y es natural. Llevarlo de forma natural te conlleva problemas de intolerancia sólo con intolerantes. Con nadie más.
En Buenos Aires o en Sevilla me han cantado canciones suyas en catalán, con absoluta simpatía hacia esa lengua. ¿En qué ha fallado Pujol y en qué ha triunfado usted?
No creo que eso se pueda plantear así. Para juzgarme a mí mismo prefiero decir en qué he acertado y en qué la cagué. No me gusta coger el rol del que acierta para dejarle al otro el rol del que se equivoca. Respecto a mantener viva, pongamos que en Buenos Aires, la llama de la existencia de un pequeño país de la península Ibérica que se llama Catalunya, creo que la Generalitat no hizo una intervención directa hace 20 años. Lo que pretende hacer ahora con embajadas y esas coñas tendría que haberlo hecho en los 80 y con los ‘casals’ catalanes, donde aún había exiliados catalanes vivos, con su espíritu progresista. Valoro el reconocimiento a mi obra en catalán en España con agradecimiento. Siempre que he ido a Sevilla he ido a enterarme de cómo era Sevilla y a participar de Sevilla. Necesito amar y que me amen. Y eso acelera mi interés por entender a los demás, por participar de los demás. Lo que uno ve raro en los demás es desconocimiento personal. Cuando desaparece, deja de ser raro y puedes participar.
Coincidí con usted en una gira en Buenos Aires y allí me di cuenta de que usted era Elvis. El cantautor en los países del Sur ¿es lo que el intelectual en Francia o el político de izquierdas en Suecia?
El trato a un artista es diferente en España que en Argentina. Allí son más italianos. Recuerdo que una vez participé en el Festival de San Remo. No me conocía nadie. Canté y luego me fui a un restaurante a cenar. Y me quedé acojonado. Al entrar en el restaurante, la gente, que me había visto en la tele, se puso de pie y empezó a aplaudir. El amor de los italianos por sus artistas es impresionante. Los franceses también respetan a los artistas veteranos. España es otra cosa.
“Después de lo del 'Prestige' y de la guerra ves el resultado de las municipales y autonómicas y sientes una gran estupefacción”
La sociedad está contra la guerra y le gustan mucho sus canciones, y luego va y vota PP a gogó. ¿Tiene alguna valoración al respecto?
La sorpresa fue mi reacción. Después de lo del ‘Prestige’ y de la guerra, con la gente en la calle masivamente y recibiendo el desprecio del Gobierno, ves el resultado de las municipales y autonómicas y sientes una gran sorpresa y estupefacción. No es raro que este Gobierno pueda después rechazar, con toda tranquilidad, una comisión de la UE que pretende investigar el ‘Prestige’, sin que le dé vergüenza seguir pidiendo ayudas. O que se quede tan tranquilo cuando su jefe dice que se ha de combatir el terrorismo sin importar qué lo genera.
Vázquez Montalbán me dijo una vez una frase muy pesimista: “El periodista de opinión no crea opinión, acompaña al lector”. ¿Sucede lo mismo con los cantautores?
Es una frase pesimista para ti, que eres periodista. Yo, como cantante, tengo suficiente con acompañar. El escribidor de canciones no va delante de la gente, va a su lado.
Los personajes de la prensa rosa también acompañan a la gente. ¿Esos son los antípodas de los cantautores?
No creo que signifiquen nada. Para un cantante, un escritor, un pintor, un poeta, no son nada. No son nada de lo que quiero hablar. Atravesamos una época en la que quizá no es suficiente tomarnos ese fenómeno a coña. Ha llegado el momento de pensar qué está pasando aquí para que se produzca este tipo de cosas, a qué nivel está llegando una sociedad que se contenta con que se planteen estas cosas, qué está pasando con unos creativos que crean monstruos que acaban siendo referencias. Los payasos siempre me han divertido, pero la coña desaparece cuando todo el mundo se convierte en payaso.
¿Lo políticamente correcto es un límite para un cantautor? ¿Haría hoy día una canción de amor a una fumadora?
Claro. No hay ningún tema no tratable. Como no creo que no haya nada indiscutible. Sólo discutiendo las cosas se pueden encontrar caminos de luz. La discusión siempre camina hacia la concordia; la crispación sólo conduce a la confrontación, la radicalización y la ceguera.
Si tuviera 20 años, ¿se ve comenzando en ‘OT’, es decir, en una ETT?
Ya tengo 20 años, je, je. Y no, no me veo. Y no porque tenga algo contra esos chicos. Al contrario. Tienen mi solidaridad profesional ante quien elige un oficio que me ha dado muchas satisfacciones y donde me he sentido muy a gusto. Llegué a la canción porque las condiciones fueron otras. Preveía, después de finalizar perito agrícola, dedicarme a trabajar en algo tranquilo que no fuera vender maquinaria o insecticidas. Me incorporé a la canción porque me divertía y porque había cosas que me ayudaron. Como el grupo de la Nova Cançó, que hacía algo más que cantar. O mi interés por escribir canciones. Fue un cúmulo de coincidencias. La canción era un elemento subversivo. Aunque fueran de amor, el hecho de hacerlas en catalán era un elemento de combate contra el régimen. Un chico de 20 años se calentaba con todo eso. Decidí hacerme profesional en el 67 por coincidencias, pero con parámetros diferentes a los que conducen a participar en ‘Operación Triunfo’, un título que define bastante las aspiraciones de los participantes. No tengo nada contra ellos, pero he estado en contra de los monopolios. Y TVE y ese programa ejercen el monopolio de la canción.
Usted y el Barça fueron el caballo de enganche de la inmigración en una sociedad y en una época determinadas. A usted le veo bien, pero ¿el Barça aún existe?
Estoy esperando los tiempos que vienen para poder definir al Barça. El Barça siempre ha sido, en tiempos de represión, algo más que un club, donde algunos sentimientos han encontrado refugio. En tiempos de libertad, el ciudadano ha tenido otros sitios donde colocar esos sentimientos. Y eso es bueno. El Barça es una institución interracial, intersocial, interlingüística e internacional. Es una casa donde cabe todo el mundo.
“TVE y 'Operación Triunfo' ejercen el monopolio de la canción”
Tuvo el honor de cantar el ‘Cant’ del Barça ante Núñez...
No me sea usted marrullero. Yo tuve el gran honor de cantar el himno el día del Centenari. Y, aunque mis relaciones con Núñez nunca fueron afectuosas, Núñez no tuvo inconveniente en que yo cantara ese día. Lo cual agradezco públicamente. Y lo cual demuestra un carácter poco sectario en él.
Le iba a decir que, igual que ha cantando ante Núñez, ha cantando también ante otros grandes ideólogos. Si le parece, le preguntaré su percepción, a través de posibles contactos laborales, con algunos de ellos. Por ejemplo, Pujol. ¿Qué tal cliente suyo es?
No sé si ha asistido desde que es ‘president’ a un espectáculo mío. No le recuerdo entrando en camerinos a saludarme. A su señora sí que la he visto en la sala alguna vez.
¿Maragall?
Nos hemos visto muchas veces y en muchas circunstancias: actos privados y festivos, actos políticos y actuaciones profesionales en diversos lugares del mundo.
¿Josemari?
No, ése sólo me escucha, si me escucha, en la intimidad.
¿Felipe?
Con él ha habido mucha relación, incluso antes de ser presidente.
¿Zapatero?
Sólo ha venido una vez. La temporada pasada, en el Albéniz de Madrid. Es muy amable. Cuando acabó el concierto, tuve que irme pitando y no le pude recibir. Le llamé para disculparme.
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