Revista Interviú
Número 1.378
23 de Septiembre de 2002

Texto: Javier Menéndez Flores
Fotos: Victoria Iglesias

«La boda de la hija de Aznar fue un sainete fallero»


    Son ya 37 años los que Joan Manuel Serrat (Barcelona, 1943) lleva en el tajo musical, poniéndole voz y verso –y qué verso– al vuelo de un pájaro, al rumor del mar, al pasar de los días, al oprobio de la soledad y, por encima de cualesquiera otras cosas, a ese licor a base de miel y fuego que todo ser humano alguna vez probó y que se llama amor. De ese sentimiento habla profusamente en su nuevo disco, Versos en la boca, como en esta entrevista lo hace del azar, de la pasión por el trabajo, de la televisión y de la política.



— El juego de palabras Versos en la boca recuerda al Versos de tornillo de Krahe. ¿Es una reivindicación del amor en estos tiempos de guerras e incertidumbres?

— La canción con la que se inicia el disco, "De cuando estuve loco", dice: “Voy hacia el sur buscando tus besos espirales”. Los versos de tornillo también son versos espirales. Pues yo, encantado [añade entre risas]. De rendirle homenajes a Krahe siempre estaré encantado. Éste es un disco, respondiendo a tu pregunta, de amor, en el sentido absoluto de la palabra. De amor desesperado, de amor posesivo, de declaración de amor… O de declaración de amor casual; de que los caminos que escoge el amor tienen más que ver con el azar que con el destino; que existe mucho más de uno que de otro…

— Luego usted cree más en el azar que en el destino…

— Sí. Yo no creo mucho en el destino. El destino es algo que nosotros nos estamos forjando constantemente. Cada cosa que hacemos y destruimos, cada movimiento, pensamiento o cosa que nos mueve y que movemos construye nuestro futuro. Y no está preestablecido que hagamos algo determinado. Me parecería terrible que todo estuviera preestablecido y que solamente nos limitáramos a seguir las reglas de algo o alguien. En cambio, lo que sí que ocurre es que, de pronto, se cambia un semáforo, se pone en rojo y empieza a llover, y casualmente te encuentras con alguien debajo de una marquesina que puede cambiar tu vida. Y si el semáforo hubiera estado en verde habrías cruzado, y si no hubiera llovido habrías esperado en el semáforo…

— Ha colaborado con el poeta Luis García Montero y con el escritor Eduardo Galeano en dos de las canciones del disco. ¿Cómo se entiende un escritor con otro a la hora de trabajar en una canción?

— En tres de las 11 canciones del disco hay colaboraciones. En el caso de Tito Muñoz, "De cuando estuve loco" parte de una historia que empezó escribiendo Tito, una spanish-movie que a mí me gustó mucho y que seguimos desarrollando juntos, aportando cada uno versos y uniéndolos como un rompecabezas que llevaba a esto que ha terminado siendo una lolailo-road-movie, una canción con mucho aire mediterráneo. La colaboración con Galeano parte de un relato muy corto, "La mala racha", incluido en "El libro de los abrazos". De alguna forma modifico la prosa del relato y se la envío a Galeano, porque con él no se puede trabajar si no es a partir de un gran rigor. Y trabajamos en ella así, mandándonos faxes de ida y vuelta porque lo del e-mail nosotros lo practicamos muy poco. Y la tercera canción, "El señor de la noche", es prácticamente un poema de Luis García Montero que si no me equivoco se titula "Canción de brujería", y que está trasladado directamente a una canción, añadiéndole fragmentos determinados para construir un estribillo que refuerce la imagen de ese señor de la noche, un solitario que quiere que vuelva hacia él sus ojos azules aquella que no quiere mirarle.

— ¿El Tito Muñoz con el que ha colaborado es el mismo al que se conoce como el cantante de la jet, quien se encargó de amenizar la boda de la hija del presidente del Gobierno?

— No, no, pobre, le han jodido mucho con eso, ja, ja.

— Un amigo me comentó que parecía mentira que quien años ha se negó a representar a España en Eurovisión [por no poder cantar en catalán], firmase ahora una canción con el ‘músico de cámara’ de Aznar.

— Que agarre la guía telefónica y verá los Muñoz que existen… Yo no conozco al otro Tito Muñoz, y no sería por tanto nada ejemplar que criticara o tuviera un prejuicio respecto de alguien que desconozco cómo es. Vete tú a saber si es un tío de puta madre. Al Tito Muñoz con el que he colaborado ya lo conocía desde mucho antes de saber de la existencia del otro. Es un gran amigo y coincido mucho ideológicamente con él.

— Aprovecho para decirle que no se han hecho esperar las críticas de algunos partidos políticos por la exagerada movilización de efectivos policiales y otros servicios públicos llevada a cabo por el PP con motivo de la celebración de una boda de carácter privado. ¿Qué opina usted al respecto?

— Hombre, yo me reí mucho. Fue un desfile digno de las mejores ocasiones en que ha habido desfiles en este país. Un sainete fallero. Exactamente eso. Pero no quisiera dejar pasar esta oportunidad para desearles a los novios todo tipo de felicidades y que coman perdices.

— En la canción "Así en la guerra como en los celos", describe dicho sentimiento como un “eclipse total de la razón”. El mismo que cada día vemos en las páginas de sucesos y que nos habla de mujeres maltratadas y asesinadas. ¿Es un peculiar homenaje a ellas?

— El título hay que agradecérselo a Mario Benedetti. Él tiene una serie de pequeños poemas en los que hace juegos de palabras. Y yo se lo he robado. Pero con su consentimiento, ¿eh? Los celos son una de las cosas más vergonzosas y humillantes con las que te puedes encontrar. Es una venda en los ojos que no te deja ver; es, sí, un eclipse total de la razón… Los celos se dan por propia inseguridad. Yo, honradamente, no he buscado hacer un homenaje a nadie, sino describir unos mundos de sensaciones a los que no soy ajeno, en los que me he visto, me veo o me puedo ver, y quizá el hecho de plantearlo conlleva una compañía implícita. El tema del maltrato es preocupante, y lo acompaña una cultura nacional bastante deficitaria, en el sentido del respeto al sexo distinto, y también una sociedad que es brutal en sus funcionamientos, y en la que la gente se encuentra despedida a los 40 años y sin posibilidades de una nueva contratación, y evidentemente eso es un pozo de fermentación de lo peor de cada uno en el que pueden aparecer muchas cosas.

— Reproduzco el diálogo de dos personajes de Forges de una viñeta aparecida en El País hace unos días: “Para ir top fashion me he depilado”; “¿el pecho?”; “no; las meninges”; “¿a la cera?”; “no: a la tele”. ¿Lo suscribe?

— Ja, ja, lo leí, lo leí. Bueno, de eso hace ya muchos años, ¿no? No en vano se le llama la ‘caja tonta’. Pero es verdad que está sublimándose. Los que eligen los contenidos tienen su responsabilidad, pero también quienes los reciben tienen la suya. Porque en el acto sexual homosexual hacen falta dos: uno que dé y otro que tome...

— En el acto sexual homosexual y heterosexual…

— Sí, pero yo me refiero a cuando te dan por culo, pero no quería ser brutal ni que nadie pudiera sentirse violentado... Entonces hace falta uno que esté allí, puesto, y otro que le suelte todo aquello…

— ¿Y qué tal televidente es usted?

— Bueno, yo soy un televidente selectivo, que puede ver cosas que seguramente a otro le pueden causar horror, como por ejemplo el Tour de Francia.


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