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Revista LECTURASCapítulo Tercero
Se descubre la existencia de Queco Serrat
Joan Manuel Serrat había conseguido algo casi imposible: hacerse famoso sin hacer pública su vida privada. Sin embargo, en 1974 estalló el "bombazo". LECTURAS ofrecía en portada la insólita imagen del cantante padre de un niño de cuatro años y medio. A las reacciones de estupor, sorpresa e incredulidad por parte del público se unió un tremendo despliegue por parte de la Prensa para obtener algún dato más sobre una paternidad tan bien resguardada.
Texto: Elvira Motta Documentación: Manoli Cuenca y Juan José Montoro Fotos: Montoro y Archivo
«Me voy a pie, / el camino es cuesta arriba». Con estos versos y algunos más, Serrat explicaba en 1967 su inalterable resolución de pelear un futuro que preveía plagado de dificultades.
1968 le constató no sólo que sus previsiones eran ciertas, sino que tal camino ni siquiera existía. Machado, que lo supo antes que él, ya lo había dejado escrito: «...No hay camino / se hace camino al andar». Afortunadamente, la advertencia le llegó cuando todavía era estudiante de Biológicas y el "descubrimiento" no alcanzó a sorprender y mucho menos a desanimarle.
Cierto que con su renuncia a Eurovisión había renunciado también al apoyo de los medios de difusión del Estado y que las presiones del sector más radical de la "cançó" no eran precisamente una ayuda. Pero tenía veinticuatro años, un montón de cosas que decir y millones de personas dispuestas a escucharlas. Contaba, además, con un "manager" que virtudes, defectos y alguna que otra decisión temeraria al margen, conocía como nadie los resortes del tinglado; y con un par de casas de discos, al menos, dispuestas a no perder lo que se perfilaba como un buen negocio. Porque el hecho irrefutable es que la gente creía en el "noi", le gustaba lo que decía y cómo lo decía, y en esas circunstancias sólo había dos formas de darse el gusto: comprar sus discos y asistir a sus recitales. Una tercera, aunque remota, era conectar la radio con la vaga esperanza de que alguna emisora privada se atreviera a "pinchar" lo último de Serrat.
EL «BOOM» INESPERADO DEL DISCO DE ANTONIO MACHADO
En 1969 Serrat se había pateado ya los escenarios de media Europa. La promoción realizada por TVE con motivo de Eurovisión, el escándalo de su posterior renuncia y el valor demostrado al enfrentarse contra un régimen político que despertaba las iras de los europeos constituían un reclamo más que suficiente para llenar una sala y dejar que el encanto del "noi" sobre el escenario hiciera el resto.
Se propuso entonces musicar a Machado, un viejo sueño...
«Yo tomé contacto con los poetas en la universidad. Primero fue Cernuda, luego Lorca, más tarde, Hernández... Y cuando llego a Machado, cuando descubro a Machado.. ¡Caigo de culo! Descubrí en él a un mago; un tío que coge las cosas más cotidianas, más difíciles de concretar en un verso y las sublimiza, y las cosas más sublimes para convertirlas en sencillas y cotidianas.»
Era un trabajo que le apetecía, a pesar de que «nadie creía en mi disco, nadie quería saber nada de él. Me dejaron porque yo entonces era un niño mimado».
Casualmente, el capricho vino a darle el espaldarazo definitivo. Un año después de su lanzamiento, el elepé "Dedicado a Antonio Machado, poeta" era el más vendido en la historia de la discografía española, un suceso que llevó más público a sus recitales y le introdujo por primera vez en las aulas; Machado, a través de Serrat, sirvió a no pocos profesores para hablar de poesía con un alumnado reacio al verso.
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| "Mediterráneo" alcanzó en una semana el número uno en las listas de superventas |
El boom inesperado de este álbum se completó más adelante a éxitos como y , pero fue "Mediterráneo" en el 71, el que obligó a expertos y profanos, seguidores y detractores a descubrirse ante su trabajo. Presentado como una honesta declaración de principios, alcanzó en una semana el número uno de las listas de súper ventas, acontecimiento insólito si tenemos en cuenta que cuatro años después del affaire de Eurovisión, Televisión mantenía su feroz veto sobre Serrat.
"Miguel Hernández", en 1972, constituyó un acierto discutible, pero un éxito incuestionable. Casi simultáneamente, "Per el meu amic" ampliaba de otro lado su producción en catalán y cuando en 1974 aparecía "Para vivir", Serrat disfruta de la incondicionalidad de un público que a uno y otro lado del "charco" todo lo que le pide es que evolucione, pero no cambie.
Vázquez Montalbán, brillante estudioso de la producción serratina, encontraba la raíz de su éxito en «su sabiduría para compartir frustración y esperanza con millares y millares de españoles. Su éxito se ha debido a que, enraizado biológica y socialmente en lo popular, estuvo en condición de encontrar palabras comunicantes para expresarse al nivel de miles y miles de personas. Su sentimentalidad y su lenguaje estaban organizados para abastecer la sentimentalidad deslenguada del hombre común con los atributos de expresión atrofiados. Y esto lo consiguió porque nada de lo común le era ajeno y en él sólo era excepción la posibilidad de expresarse y expresarles mediante la palabra, la música y la voz».
En 1974, sólo ocho años después de cambiar los libros de texto por la guitarra, había logrado ya «lo que todo buen hijo sueña, pero desgraciadamente pocos consiguen»: retirar a su padre del trabajo y comprarles un magnífico piso en una zona residencial de la ciudad. Entre paréntesis hay que decir que si bien el señor y la señora Serrat supieron apreciar el gesto en lo que valía, dos años después Joan Manuel tuvo que adquirir otra casa en el Poble Sec, para regresar a sus padres al punto de origen: «Sin darme cuenta los estaba desenraizando y conduciéndoles, así, hasta el límite del sacrificio".
Ya era entonces, dicho con sus propias palabras, «una máquina de hacer dinero para mucha gente». Incluido él mismo, eso es obvio, por más que el dinero nunca haya constituido el móvil de Serrat, que se remite a usarlo «para no tener que correr detrás de él».
SERRAT NO QUISO DAR EXPLICACIONES SOBRE QUECO
Por otra parte, había alcanzado lo que el montaje musical de la época consideraba imposible: situarse en la cresta de la ola sin hacer concesiones sobre su vida privada. Una vez se apagaban las luces del escenario Serrat se encerraba en los recintos herméticos de su intimidad, donde las filtraciones eran tan improbables como el acceso.
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| La foto que Lecturas publicó para informar de la existencia del pequeño |
Improbable, sin embargo, no significa imposible y en enero de 1974 LECTURAS ofrecía en portada la insólita imagen de Serrat padre de un niño de cuatro años y medio. A las reacciones de estupor, sorpresa e incredulidad por parte del público, se unió un tremendo despliegue por parte de la Prensa y de la Radio para tratar de obtener algún dato más sobre una paternidad tan bien resguardada durante tanto tiempo. Fue la presentación oficial y un tanto escandalosa de Queco Serrat, nacido el 8 de mayo de 1969, de su unión con la modelo catalana Mercedes Doménech, y cuya filiación con el cantautor se había mantenido hasta entonces en el más riguroso de los secretos.
El hermetismo se mantuvo a pesar de todo. Serrat, siguiendo su tónica de no dar explicaciones de asuntos que generalmente tienen lugar a puerta cerrada, tampoco las dio esta vez: fue su condición a cambio de permitir que le fotografiaran con el niño. Y una concesión sin precedente que hizo sólo presionado por las circunstancias, y, desde luego, por la Prensa nada predispuesta a callar el único descubrimiento que podía arrojar una mínima luz sobre la vida privada del hombre de moda.
«Un hijo se limitó a decir algún tiempo después es importante, es algo importante siempre, pero no por la prolongación que el hijo representa de uno, sino por lo que un niño representa en sí mismo, por haber nacido. A mí me importa el niño. Todo es muy sencillo y no quiero hablar más sobar el asunto porque "Ama Rosa" bajó el telón hace muchos años. Me interesan los problemas de la criatura. Y eso es todo».
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| Junto a Mercedes Doménech |
Disipó las dudas sobre una inminente boda con la madre de su hijo, asegurando que «Yo sigo soltero y soltero seguiré mucho tiempo. Porque es importante que exista algo que ande, pero también es importante cómo anda uno mismo. El hijo no puede ser para un padre ni un escudo ni un saco donde meter frustraciones y problemas».
Declaraciones así fueron interpretadas por los malintencionados como un reconocimiento tácito de graves divergencias con Mercedes Doménech. Interpretaciones que cortó de raíz afirmando que «En la actualidad (1974) nuestras relaciones amistosas son muy buenas. Primero porque pasaron muchas cosas y segundo porque una de esas "cosas" hoy ¡camina, habla, sonríe, y juega! Sería mentira si dijera que sólo somos amigos porque en realidad somos algo más que amigos».
«NO FUE UN NIÑO BUSCADO, PERO SÍ BIEN RECIBIDO»
Serrat intentó zanjar el tema lamentándose de que el niño se hubiera visto en las portadas de las revistas, «Y no por mí, sino por él. Queco es muy despierto, se da cuenta de todo... Ahora en el colegio le preguntarán cosas y habrá que explicárselas». Pero todavía le costó algún tiempo aclarar: primero, que aquella era una historia de amor concluida años atrás; que sus relaciones con Mercedes eran de respeto y amistad y se mantenían esencialmente por la existencia de Queco; tercero, que no habría boda sólo para resguardar al niño de presuntos traumas. Y cuarto, que el crío no estaba desatendido por su padre, ni lo estaría en el futuro».
El tiempo, su gran aliado, demostró una vez más que sus palabras nacían de planteamientos más profundos, y que fue sincero del todo al confesar que «Queco no fue un niño buscado, pero sí bien recibido».
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| Una simpática imagen de Joan Manuel con el pequeño Queco. A pesar de que vivía con su madre, el niño veía a su padre con bastante frecuencia |
Sin que nadie lo pretendiera, el acontecimiento marcó un antes y un después en la vida de Serrat. Se empezó a hablar de su "Primera aparición en público después de darse a conocer la existencia de su hijo", del "Primer recital...", etc. Perdió en buena parte su imagen de batallador solitario, pero como contrapartida dispuso de mayor libertad para disfrutar del pequeño. A partir de ese momento pudo pasear con su hijo por los parques sin temor a las sorpresas, llevarle a alguna actuación o divertirse con él en vacaciones. Por su parte, el público terminó asumiendo con naturalidad la imagen de papá Serrat.
Una imagen, dicho sea de paso, que saltaba las varillas del corsé moral de una época poco habituada a que las parejas tuvieran hijos, los cuidaran y los atendieran sin las previas y debidas bendiciones eclesiásticas. La sencillez con que tanto Serrat como la propia Mercedes supieron revestir el asunto constituyó un precedente y se tomó como la consecuencia de ese cambio vital que planteaba el "noi" desde los escenarios.
DISCRETO SILENCIO SOBRE SUS NOVIAS Y AMORES
La filtración que no gustó a Serrat ni poco ni mucho, fue sin embargo, el vehículo que le acercó a un público que, sin exigir, le apetecía saber... Porque lo cierto es que hasta que sus relaciones con Mercedes Doménech arrojaron a Queco como magnífico saldo, la vida amorosa del cantante era una incógnita sin despejar. Todo lo más que llegó a admitir Serrat fue su condición de mujeriego «si por eso entendemos que me gustan las mujeres». En el 68 confesó abiertamente su predilección por las extranjeras «porque se puede tratar con ellas mayor amplitud de temas». Nada más.
Ni un nombre, ni un dato, ni una descripción sobre las numerosas y volátiles musas de unas canciones de amor que hablaban e inducían a comportamientos menos ortodoxos y más auténticos en materia de sexo y sentimientos. ¿Quiénes eran? ¿Cómo se llamaban estas mujeres? ¿Cuánto duró el compartir "sueños, catre y macarrones"? ¿Cuándo y cómo colgaran el The End a la historia? Las preguntas estaban ahí, pero nadie daba nunca una respuesta.
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| Serrat y Guillermina Motta. En algún momento se habló de romance, pero en realidad, sólo hubo amistad entre ellos |
Existían, eso sí, especulaciones, rumores... Guillermina Motta, íntima amiga de Serrat y fiel a esa amistad en los momentos fáciles y difíciles por los que ha atravesado el «noi», fue el primer nombre de mujer que se asoció al de Joan Manuel Serrat. Siguió Massiel, inicialmente tan candidata a Eurovisión como él mismo, y más tarde su sustituta.
A mediados del 72 fueron algo más que rumores los que vincularon a Serrat y Marisol con lazos atados un paso más allá de la amistad. Marisol, recién separada de Carlos Goyanes, atravesaba una fuerte crisis y no pudo o no quiso pararse en desmentidos. Serrat sí: «Puedo pregonar afirmaba que quiero muchísimo a Marisol porque es un ser humano encantador y una excelente amiga. Cuando yo he tenido un problema y he hablado con ella, lo ha entendido y me ha comprendido a mí y cuando ella tiene un problema y me lo cuenta, trato de entenderla. Todo esto nada tiene que ver con idilios y no hay por qué buscarle cinco pies al gato cuando sólo tiene cuatro».
Puede que dijera la verdad o puede que no... En temas relacionados con su intimidad los rumores eran tan poco fiables como sus desmentidos. Y como si se tratara de un juego, la Prensa le atribuía novias aunque las circunstancias evidenciaran lo contrario y Serrat negaba por norma, aunque las circunstancias también evidenciaran lo contrario. A pesar de ello en el caso de Marisol más que rumores fueron gritos lo que hubo, y tan potentes que cruzaron "el charco" llegando hasta América.
Los gritos se convirtieron en susurros cuando el nombre de Joan Manuel Serrat se unió al de Lucía Bosé, con quien actualmente mantiene una buena amistad. Si fue siempre así o hubo más, es cosa del sumario secreto de ambos, pero aún hoy se asegura que fue ella la inspiradora del sensacional . ¹
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| Con Analía Gadé, en una escena de la película "Mi profesora particular" |
Hubo más nombres, desde luego. La modelo y actriz Ana Karina, Mónica Randall, nacida también en el Poble Sec y amiga y vecina, por tanto, del "noi"; Analía Gadé, su partenaire en el film "Mi profesora particular"; la modelo Arta... Y Lolita, la hija de la Faraona, por quien Joan Manuel Serrat ha confesado siempre un cariño especial. En este caso, sin embargo el de Lolita, parece que el amor fue sólo unilateral; era ella, según ha declarado no hace mucho en sus memorias, quien andaba "coladita" por el del Poble Sec, pero éste jamás dejó de considerarla «una buena amiga con la que me río muchísimo». En realidad, con quien de verdad ligó Serrat en el verano del 73 en Marbella, fue con Charo Vega, amiga íntima de Lolita y a la que conoció por mediación de ella. No alcanzó a ser su "gran amor" como se dijo, pero sí, con dieciséis años, uno de sus amores.
UNA GRAN DESILUSIÓN AMOROSA EN SU VIDA
Serrat, «cantor y embustero» ha sido siempre un señor a la hora de hablar de sus donas... O, mejor dicho, al no hablar de las donas que por una u otra razón pasaron por su corazón y su cama. Pero sí se entretuvo algo es algo en dibujarle a Maruja Torres un boceto de su vida amorosa hasta que el matrimonio le convirtió en el marido feliz de Candela Tiffón:
«Yo hacía el amor con putas cuando era joven y luego con las primeras novias que tuve en la universidad. Y más tarde, empecé a hacerlo gracias al rollo de la guitarra, que yo empecé a amar mi profesión cuando me di cuenta del alcance que tenía. A partir de aquí empecé a conocer a mucha gente, muchas tías que se te quieren tirar y se te tiran. Porque ellas son las que normalmente deciden, si no de una manera absoluta, deciden cómo, dónde y a qué hora se te tiran. Eso le hace a uno mucha gracia en una época. Todo esto y otras cosas, tal vez me han hecho perder tías cojonudas que he podido ir encontrando, pero también he tenido la suerte de conocer a otras tías estupendas con las que he tenido unas relaciones muy bonitas. En general, creo que he sido un hombre muy afortunado, lo que pasa es que la vida no es como esperábamos y el cine nos ha hecho mucho daño, y si te vas a una granja, la granjera no tiene las tetas como Mylène Demongeot, ni conoces en el tren a la mujer de tu vida...»
La mujer de su vida la encontró Serrat en los últimos años de la década prodigiosa, en una espectacular modelo sueca, llamada Susan Holmsquit. «Aquella muchada reconocería con el tiempo fue mi gran amor.» Amor, como apunta Montalbán, con derecho a canción, puesto que la bella sueca le inspiró a Serrat uno de sus temas en catalán más logrados. A ritmo de charlestón, Serrat describía así a su (Conejito de terciopelo): «Era suave como el terciopelo / y miedosa como un conejo pequeño. / Snoopy era su héroe / y le gustaba jugar como un chico / y de la mano / me llevaba arriba y abajo sin parar. / Como una cometa / dando volteretas por el cielo / (Es bonito el tiempo de amar) / y no fue aquel un tiempo perdido. / Conejito de terciopelo».
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| La modelo sueca Susan Holmsquit, a quien dedicó "Conillet de vellut" |
Se dijo que Serrat intentó lanzar como cantante a su modelo, que el amor le había convertido de golpe en productor discográfico... Si fue así, el asunto no funcionó, aunque lo más probable es que la idea misma no llegara a ponerse en marcha. Y puede que fuera ésta una de las cosas por las que su historia común terminó con saldo en contra de un Serrat todavía enamorado, pero dispuesto a aceptar con buen talante una derrota fraguada en la ambición de su amante. Con resignada ironía, la canción explicaba así aquel final y sus causas:
«Pero el conejito fuera del nido / me engañaba con cualquier objetivo / se me perdía en el agujero / de una Nikkon o una Hassenlblad... / Había que escoger: / o escaparse o hacer un 'ménage à trois'. / Pero esto es inmoral / cuando se es hombre como es debido / ibérico, macho y cristiano. / Y me quedé solo y jodido. / Conejito de terciopelo».
Serrat no perdió en mucho tiempo la pista de su linda sueca. "Solo y jodido" pudo contemplar su escalada hacia una fama que finalmente logró por méritos poco ortodoxos, pero de indiscutible eficacia:
«El Elle, el Vogue y el Harpers Bazaar / te fusilan en cada ejemplar. / Dicen que te ha dado un sitio / Richard Avedon en New York. / No te puedes quejar. / Lo que soñabas ya lo tienes en la mano. / Te conoce la gente / te ama un adolescente / y un abuelo te quiere adoptar. / ¿Eres feliz con tu nuevo amante? / Conejito de terciopelo».
Pero Serrat, que es hombre de acción, lejos de pararse a llorar por el amor perdido se hizo el firme propósito de recuperarlo colocándose en situación de satisfacer las ambiciones de su chica:
«Pero hoy he visto el cielo abierto / Dios que es bueno y sabe lo que he sufrido / me ha dejado sus consejos / en un escaparate de Castells / y me he comprado el libro "La fotografía es un arte". / Y antes de un mes / seré mejor que Pomés. / Ya sabes dónde me encontrarás... / 203 82 82 / Sin una excusa, ni un recibo. / Conejito de terciopelo».
Por cierto que, con intención o sin ella, la brillante idea de incluir en la canción su auténtico número de teléfono le costó el tener que cambiarlo nada más aparecer el álbum en el mercado ante la avalancha de llamadas, con ofertas y peticiones de toda índole.
Y aunque al escuchar , los que rodeaban a Serrat en aquel tiempo lo asocian inmediatamente a una preciosa nórdica que le plantó por un fotógrafo, pocos datos más hay sobre ella. Esta, como tantas otras, fue una historia que Serrat vivió mientras duró y la archivó una vez vivida, sin hablar de ella más que en sus versos.
Sus canciones de amor «fruto de experiencias que he vivido» que juntas forman un buen tomo, son sin duda las que más fielmente resumen su andadura sentimental desde que empezara «a hacer el amor con putas» hasta hoy. Y, así mismo, las que pueden aproximarnos, con un mínimo margen de error, al tajante amatorio del hombre que en palabras de Vázquez Montalbán, «contribuyó a que las hijas de buena familia pudieran llegar a su casa después de la diez».
¹ En realidad, Lucía era el nombre de una azafata de Iberia de la que Serrat estuvo enamorado. (Nota de P.M.)
FUENTES:
Entrevistas publicadas en: «Teleguía», «Triunfo», «Blanco y Negro», «Lecturas», «Hola», «Semana», «Diario 16», «Pueblo», «Arriba», «Informaciones», «Tele-Exprés», «La Vanguardia», «ABC» y «El Periódico».
Próximo capítulo: El gran salto a América
Índice
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