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Revista LECTURASCapítulo Quinto
Regreso de América y compromiso político
La amnistía concedida en agosto de 1976 por la Corona situó a Joan Manuel Serrat en disposición de volver. No se lo pensó dos veces: cumplió con sus contratos pendientes, arregló sus papeles y el 20 de agosto pisaba suelo catalán tras once meses de obligada ausencia. Empezó entonces para él una nueva época llena de esperanza y de activa militancia política.
Texto: Elvira Motta Documentación: Manoli Cuenca y Juan José Montoro Fotos: Montoro y Archivo
Las declaraciones que le costaron el exilio llegaron desde México, pero podrían haberlo hecho desde cualquier otro punto de Sudamérica. Hacía ya mucho tiempo que la gente le pedía a cada paso una clarificación definitiva de su postura política, clarificación que, por razones obvias, Serrat se resistía a dar de una manera demasiado directa.
La repercusión internacional de los fusilamientos de septiembre no permitían, sin embargo, muchas ambigüedades. Y a la necesidad de su público de saber, se unió la del propia Serrat de decir lo que llevaba años callando: que era un hombre de izquierdas por tradición y vocación.
«Mi madre fue militante de UGT y mi padre de CNT-FAI. Y sin duda, estos son elementos educativos muy fuertes para un niño que se cría en la postguerra... Recuerdo que veía llorar a mi madre cuando me levantaba para ir al colegio y le preguntaba: «Madre, ¿por qué lloras?» y ella me decía: «Porque hoy hace tantos años que mataron a tu abuelo». Otro día: «Hoy hace tantos años que mataron a tu abuela». Este fue parte de mi patrimonio de información y me aclaró rápidamente que aquello que me hacían cantar en el colegio, lo de "Cara al Sol", no era bueno. Recuerdo también las manifestaciones de huelga de tranvías en 1952, como un hecho muy fuerte, impactante para aquel niño que volvía del colegio con su carterita.
La memoria de Serrat se detiene también en las «discusiones que tenía con mi padre acerca de la CNT y sus relaciones en determinado momento, con los frentes armados... Mi padre era cenetista, pero desconocía cantidad de cosas del poder de la FAI dentro de la organización, murió sin reconocerlas nunca y se enfadaba mucho conmigo, se enfadaba con aquel niño aparentemente brillante, que hablaba retóricamente con un hombre que aportaba su corazón y su vida. Entonces, su hijo pequeño yo, se avergonzaba y se levantaba de la mesa e iba a buscar la petaca, el papel de fumar y el mechero para traérselo y hacer las paces. En la vida hemos tenido un conflicto porque en casa siempre hubo una cosa muy clara: la integridad de la izquierda, aunque no sabíamos muy bien qué era ni dónde estaba.»
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| Cuando llegó a Barcelona, procedente de América, se reunió con la Prensa que le esperaba, respondió a sus preguntas, pero fundamentalmente preguntó él. |
Una «experiencia fortísima, a la que siempre me he sentido absolutamente fiel» la constituye el hecho de que su madre, en Belchite, tuviera que sufrir por el fusilamiento de «treinta y dos de nuestra familia», desde viejos a niños. Ella pasó meses evacuando a los niños por aquellas carreteras de Dios y bajo los bombardeos sistemáticos.
La Universidad y su paso por la nova cançó le ayudaron a dilucidar conceptos poco claros hasta entonces... «Pero el mayor descubrimiento en cuanto a actitudes políticas se produce con los incidentes que me han ocurrido en América. Coincido en 1968 justo después de la matanza de Tlatelolco (plaza de las Tres Culturas), en México; con los tupamaros en Uruguay; con todo el movimiento, desde el ERP hasta las montoneros, en Argentina; con la Unidad Popular en Chile... Y toda esa coincidencia lo que ha creado ha sido relación, hábito, han sido muchos afectos, ha sido perder muchos compañeros y ha sido la obligación de que un hombre tiene que aclarar continuamente la que está pasando. Creo que mi educación política más seria viene de todo este revulsivo con el cual me siento plenamente comprometido, porque ha creado espacios en los que he dejado parte de mí; ahí es donde he notado la caña más amarga.»
LLEGA POR FIN EL MOMENTO DE VOLVER
La Amnistía concedida el cuatro de Agosto de 1976 por la Corona, situó a Serrat en disposición de volver. No se lo pensó dos veces: cumplió con sus contratos pendientes, arregló sus papeles y el veinte de Agosto pisaba nuevamente suelo catalán tras once meses de obligada ausencia. Plazo que pudo ver reducido puesto que ya en Diciembre se le abrió una puerta para el regreso y en Mayo hubiera podido hacerlo con ciertas garantías, pero «rehuí la posibilidad de soluciones individuales y consideré que mi problema tenía que plantearse dentro de un contexto de Amnistía total».
Bajó del avión acompañado de su amigo Oriol Regas y de Claudi Martí y Ramón Segura, directivos de sus dos casas de discos. En el Prat, para recibirle, un puñado de amigos íntimos Guillermina Motta y Mónica Randall, entre ellos y un nutrido grupo de fans entre los dieciocho y los setenta años que se arremolinaba para darle al noi su abrazo de bienvenida. A Serrat le costó no llorar cuando dos yayas así denomina él a las abuelas se le acercaron para decirle: «Te hemos añorado mucho».
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| Al aeropuerto fueron a recibirle un puñado de amigos íntimos y un nutrido grupo de «fans» entre los dieciocho y los setenta años. |
Y por toda representación familiar, su hermano Carlos y su tío Antonio, menos duchos que él en el arte de disimular emociones. Serrat, sabiendo que su proceso el número 1432/75 no estaba definitivamente cerrado y que la orden de caza y captura podría seguir vigente, no tenía la seguridad de no ser detenido nada más pisar suelo español. «Podrían haberlo hecho y por si acaso preferí no avisar a mis padres. Quiero ser yo quien vaya a verles a ellos sin la emoción de la llegada».
Los políticos brillaron por su ausencia en la recepción, ilocalizables como suele estar media España en el mes de Agosto, pero esto a Serrat no le importó ni poco ni mucho. No figuraba en su ánimo colgarse medallas con la historia del exilio: «cuando a cualquier hombre de los que caminan por la calle puede colgarse más medallas que yo por motivos mucho más importantes».
Se reunió con la prensa que le esperaba, respondió a sus preguntas, pero fundamentalmente preguntó él. Su principal proyecto en cartera subrayado con tinta roja de prioridad era el de preguntar y lanzarse a la calle para vivir in situ lo que durante casi un año le había tocado presenciar desde la barrera... Porque contra todo pronósticos no fue la familia lo que más añoró: «Ellos han estado conmigo casi siempre. Con mi chico pasamos dos meses juntos. Y con mis padres y mi hermano he tenido contactos normalmente o bien han estado conmigo». Así pues, su gran necesidad en aquellos momentos era «contactar con la gente, porque he de readaptarme al país. Necesito escuchar, escuchar mucho...»
«ESTA HA SIDO UNA EXPERIENCIA AMARGA»
El exilio, según palabras de Maruja Torres, nos devolvió a un Serrat «Socialista, convergente y con arrugas (...) Un Serrat con mayor sosiego. Sabiendo o pareciendo saber por dónde van a venir los tiros y en qué campo hay que alinearse».
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| Serrat con su hermano Carlos. Cuando el cantante volvió de su exilio americano, él estaba en el aeropuerto. |
Un Serrat que resumía su experiencia en una sola palabra: «Amarga. Ha sido una experiencia amarga. A nivel personal me ha servido para hablar mucho conmigo mismo, porque los descalabros cuando no son totales pueden resultar muy positivos». El noi confesaba abiertamente que en ese tiempo «yo no lo he pasado bien en ningún momento. Porque el exilio es como si te expulsan de un partido de fútbol. Te expulsan, te sientas en el banquillo y no puedes salir. Estas allí, pero no puedes hacer nada por mejorar la jugada». Y calificaba esa sensación de «extraña, rara, como si de una pérdida se tratase; una pérdida de esas que a veces te hacen sentir colgado... Que no tiene demasiado sentido el hecho de que tengas un problema y que no puedes volver, que estés fuera». De otro lado estaba la soledad y «la soledad te marca mucho, te hace ver claro».
Ante la prensa no dudó en ratificarse en «Las declaraciones que han motivado mi exilio. Estaba tan claro como puede estarlo ahora». Y no dio mayor importancia a las graves amenazas recibidas por parte de los sectores políticos más radicales porque «esto es general, yo no soy un caso aislado y no ha sido sólo durante este tiempo. Hace mucho que me amenaza la extrema derecha, ahora todo ha sido un poco más fuerte, pero «aixó no es lo més fotut»...
Pero si hubo amenazas, hubo también pruebas de solidaridad de las que no se olvidan fácilmente: «Yo no podré olvidar nunca el maravilloso comportamiento de compañeros míos, particularmente de cantantes, artistas y actores de Madrid que, cuando se propuso mi expulsión del sindicato, me expresaron su total solidaridad». Para él con estas cosas siempre sucede lo mismo «El que vale, vale, y el que no... ¡a Infantería!»
Lo que no quita que los desengaños, cuando suceden, duelan. Y de eso también hubo: «Durante mi ausencia han desaparecido personas de mi entorno y han quedado otras. Ha sido bastante duro. En total recibí doce cartas: tres de una persona, dos de otra y las restantes de otras tantas personas. Doce cartas... No es que la correspondencia tenga tanta importancia, pero a veces se necesita mucho».
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| Con Raimon que se portó muy bien con su familia durante su exilio. |
La parte más positiva estaba encabezada por «mi muy querida Guillermina, con la que siempre he podido contar, un par de compañeros y la actitud de Raimon el "Dátil" para los amigos, que se ha portado de una forma muy amable con mi familia cuando ha habido problemas y esto siempre es algo que hay que agradecer». Especialmente si pasadas divergencias, planteadas en el marco de la cançó, propiciaban el que Raimon pudiera quedarse al margen de la cuestión en lugar de prestar su apoyo.
Joan Manuel Serrat llegó también dispuesto a jugar en su país «un papel político y social, como todo el mundo», desde las filas de Convergencia Socialista de Catalunya, partido con el que tomó contacto en el exilio. Sobre este punto fue claro y concreto: «Estoy en la línea del C.S.C. Me encuentro a su servicio en el empeño de crear un partido socialista de Cataluña hoy por hoy inexistente. Amo a Cataluña y soy partidario del Socialismo. No hay ninguna contradicción entre ambas ideas. Hemos de impedir que el capitalismo catalán traicione a nuestro pueblo como tantas veces lo ha hecho... Pese a todas las divergencias, estamos viviendo en Cataluña según he empezado a comprobar un momento lleno de esperanza. El pueblo está muy politizado, más que nunca, y cuanta más politización haya, mejor».
UNA ETAPA DE GRAN ACTIVIDAD POLÍTICA
Corriente que no le arrastró porque «siempre he tenido mis convicciones políticas y no creo estar ahora más politizado que antes, aunque quizá sí más decidido a actuar en este terreno, sin que ello signifique olvidar mi condición básica y determinante: el ser cantante».
Que contra la opinión del Sindicato, ni Serrat ni nadie puede considerar incompatible porque «política lo es todo, hasta el punto de que los apolíticos me dan miedo porque siempre creo que esconden algo. Es imposible ser apolítico».
Este compromiso adquirido ha motivado el que desde entonces se le requiera tanto o más para hablar de política que de música. Ha protestado alguna vez, pero con la boca pequeña, en el fondo «no me molesta que la mayor parte de las veces busquen mi definición política y se aparten de la musical. Si la buscan es porque la necesitan».
Hoy es normal que los análisis críticos que Serrat hace de realidades presentes y pasadas tengan un lugar destacado en los periódicos. Y con ellos la denuncia o el apoyo a lo que considera injusto o justo, depende de la cuestión; cuando quedan dudas, su música cumple la misión de disiparlas respaldando sus planteamientos. Serrat cantando para el Frente Polisario, haciendo campaña a favor del partido socialista, solidarizándose con las víctimas de la colza o con vecinos de Marinaleda, son imágenes que no extrañan a nadie: es una parte de esa lucha cotidiana por mejorar el país que predicaba en el exilio.
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| Serrat con miembros del Polisario. Este cantó ante los saharauis en el V Aniversario de la fundación de la República Árabe Saharaui Democrática. |
Y para que esa lucha se aparte de sus objetivos es fundamental que «no se pierda la memoria colectiva, porque la memoria es una llave y sin ella no se pueden abrir puertas». Y dentro de esa memoria él salvaría para siempre «el inventario general del franquismo».
Por descontado, los planteamientos políticos y sociales de Joan Manuel Serrat son tan discutibles como cualquier otros. Si se respetan más que otros es simplemente porque resuman una honestidad derivada de la coherencia casi enfermiza que ha demostrado desde sus inicios hasta hoy. En Serrat no hay diferencias sustanciales entre dicho y hecho, todo en él es una unidad compacta y consciente de que «cada uno es lo que es y anda siempre con lo puesto».
No es raro pues, que la misma actitud que le mantuvo fuera de España durante once meses, le haya cerrado las puertas de Chile, le mantuviera censurado durante mucho tiempo en Argentina y llevara al coronel Washington Varela a impedirle la entrada en Uruguay debido a la «militancia y actividad política de Serrat en ese concierto internacional que orquesta una sistemática campaña de difamaciones contra nuestro país y que integran todos aquellos que quieren ver franjas rojas en nuestra bandera».
La respuesta en estos casos no se ha hecho esperar nunca. En el 81, por poner un ejemplo, Serrat envió un manifiesto para que fuera difundido en Argentina en el que textualmente decía que «si actuara en Argentina a pesar de la censura (tenía censuradas dos canciones de su último álbum) contribuiría a dar a este país una imagen de normalidad democrática en la que no creo». Llevaba seis años sin cantar en la capital bonaerense y tanto él como los argentinos tuvieron que soportar dos más. Pero nadie le olvidó en el intervalo. Cuando en el ochenta y tres se presentó de nuevo, después de tan dilatada ausencia, sencillamente arrasó y todos los titulares de los periódicos coincidieron en lo mismo: «Serrat es Gardel».
Fue precisamente en el primer concierto ofrecido en Buenos Aires, donde unas manifestaciones contra la Junta Militar Chilena le cerraron las puertas de la frontera hasta hoy.
El pretexto para impedir su libre acceso a tal o cual país viene muchas veces de la mano de sus canciones, pero a Serrat, por experiencia propia, le consta que «las dictaduras no prohíben canciones, sino a quienes las interpretan. Y aún más, a veces ni siquiera al intérprete sino lo que éste representa, lo que él mismo despierta o genera entre las gentes. En fin, lo que les molesta es la realidad en que se inspira el autor; esa realidad que ellos tienen prohibida y que de repente se le aparece en forma de canción o poesía. Porque una composición es siempre un hecho colectivo y social, no existiría si no existiera una realidad que la rodea y la alimenta. De modo que los dictadores prohíben la brizna de aire libre que va por ahí y les joroba».
Pero si pensar en voz alta hace pasar malos tragos, también tiene su cara amable que se traduce en el renacimiento argentino, después de ocho años de ausencia, la invitación expresa de los sandinistas para actuar en Nicaragua o el cariño con que siempre se le recibe en Cuba, un país por el que Serrat siente una predilección muy especial. Y a los veinticinco años aseguraba que «para mí el nuevo humanismo es Cuba». Quince años después lo ratificaba añadiendo: «Yo siempre estaré con Cuba, porque Cuba es desde la llegada del castrismo, una forma distinta de lo que es estar vivo en América Latina. El colegio gratuito para todos los niños, la comida para todos los habitantes, el trabajo digno, la credibilidad, son cosas que existen en Cuba y no existen en otros pueblos latinoamericanos. Nunca entraré en una discusión dando armas a los enemigos del Régimen de la Habana. Dicho éste también digo que me gustaría que un día la cultura y el debate estuvieran presentes en los periódicos cubanos y en las calles de sus ciudades, además de estar presentes en sus libros. La frase no es mía, es de Cortázar, pero la suscribo».
Serrat ha estado siempre con Latinoamérica de una manera activa y directa. Ha peleado por sus libertades, ha prestado su ayuda en las catástrofes, ha celebrado sus pequeños y grandes logros: «Mi relación con Latinoamérica es muy intensa y ya no podría ser de otro modo. Para mí, Latinoamérica ha sido una escuela de vida muy valiosa».
Todo eso era preciso reflejarlo y fue así como nació "El Sur también existe". Música de Serrat para poemas del uruguayo Mario Benedetti: «Me tentaba mucho realizar un trabajo semejante a lo que hice con Machado, Hernández o Papasseit, pero con un poeta vivo». Benedetti fue idóneo: sesenta y cinco años, exiliado de Uruguay durante doce, autor de una vasta obra poética, de cuentos y novelas y portavoz en el mundo entero de los problemas de América Latina.
UN ÁLBUM REDONDO POR DENTRO Y POR FUERA
Serrat y Benedetti partían de realidades sociales diferentes, pero el camino hasta alcanzar el grito reivindicativo de que «El Sur también existe» estaba lleno de paisajes comunes. Ninguno de los dos conocía al otro más allá de su obra, pero habían firmado juntos los mismos manifiestos, las mismas protestas y eso ya constituía un mínimo aval. Por otra parte, ni Serrat era novato en el arte de musitar poemas, ni Benedetti profano en el arte de escribir canciones: Soledad Bravo, Nacha Guevara o Daniel Viglieti, por mencionar algunos, han paseado sus temas por medio mundo.
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| Joan Manuel junto a Mario Benedetti, con cuyos poemas hizo el disco "El Sur también existe". Con ellos, en la foto, la esposa de Serrat y Angeles Caso. |
El álbum salió al mercado a finales del ochenta y cinco, redondo por fuera y por dentro. La ideología del contenido la explicaba Benedetti con esas palabras: «Hemos cambiado un poco el eje de los puntos cardinales. Siempre se habla de la oposición entre el Este y el Oeste. Nosotros consideramos que es más importante la de Norte y Sur. Pero resulta complicado. Tanto Serrat como yo entendemos que en el Sur hay gente con actitudes nórdicas y en el Norte gente con mentalidad sureña».
«Para entendernos aclaraba Serrat, Pinochet sería el Norte y los chilenos, el Sur».
Y en ese Sur, el noi incluye a España y a todos los países del Mediterráneo porque «yo no creo que exista demasiada diferencia entre Latinoamérica y España en este caso concreto. Si Latinoamérica es un territorio que los Estados Unidos consideran como suyo y lo defienden, no hay duda de que también España está incluida en esto. El drama nuestro, el que vive nuestro gobierno y sus dificultades, pueden explicarlo. Nosotros, evidentemente, somos la parte trasera de un territorio que ellos consideran suyo».
Algo más que un simple elepé, se presentó y se ha aceptado como lo que desde un principio quiso ser: una denuncia y un homenaje llevado a cabo por dos vertientes de una misma cultura. Benedetti le puso las palabras y Serrat, las alas.
FUENTES:
Entrevistas publicadas en: «Teleguía», «Triunfo», «Blanco y Negro», «Lecturas», «Hola», «Semana», «Diario 16», «Pueblo», «Arriba», «Informaciones», «Tele-Exprés», «La Vanguardia», «ABC» y «El Periódico».
Próximo capítulo: El cine, una experiencia poco afortunada
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