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Revista LECTURAS

Capítulo Noveno



“Más de veinte años
en el mundo de la música”

Joan Manuel Serrat siempre ha dicho que no hay nada que le guste más que hacer canciones y por eso sigue en la brecha, componiendo y cantando con el mismo entusiasmo que el primer día. Cuando alguien le pregunta si piensa retirarse; contesta invariablemente: «Para retirarme tendría que suceder algo sumamente brutal que no deseo que ocurra».


Texto: Elvira Motta
Documentación: Manoli Cuenca y Juan José Montoro
Fotos: Montoro y Archivo


    El 27 de diciembre de 1983 Joan Manuel Serrat cumplía cuarenta años. O mejor «veinte años de tener veinte años». Lo dijo él. La renovación del "Ara que tinc vint anys" que le dio a conocer fue la definición más clara de su estado de ánimo tras esas dos décadas repartidas entre la música y el apasionante deporte de «vivir para vivir».

NUNCA HA SENTIDO QUE LA MÚSICA FUERA UN TRABAJO

    Serrat, con pretensiones de «llegar a viejo sin ser adulto jamás» no pensaba en la retirada, por más que los consumidores de ídolos de usar y tirar consideraran que veinte años de tener veinte años eran demasiados para seguir enfervorizando a las masas desde un escenario.

    La réplica a la pregunta «¿Piensas en el adiós?» fue siempre la misma, tanto si la provocaba el anhelo o el temor de una respuesta afirmativa: «No pienso en la retirada. Para retirarme tendría que ocurrir algo sumamente brutal que no deseo que ocurra».

    Y es que a Serrat, nada le gusta más que hacer canciones... Es el tema favorito de este loco irrepetible que se siente un profesional de la música sin haber sentido nunca que la música fuera un trabajo: «Jamás me he sentido en la obligación de hacer lo que hago. Sé que mi vida sería una tragedia si tuviera que limitarme a componer canciones y subir a un escenario, pero si me quitan de subir a un escenario y me impiden escribir, sería una putada inmensa que me haría sufrir más de lo que con toda probabilidad merezco... Pero estoy preparado para sobrevivir...»

Serrat continúa llenando los locales cuando actúa en directo. Aquí vemos el teatro Tívoli, de Barcelona, donde presentó su "Fa 20 anys que tinc 20 anys".
    Lo haría, qué duda cabe, pero nada sería lo mismo prescindiendo del escenario o del disco que le permite establecer una comunicación simultánea con millones de personas. Porque para Serrat eso es lo importante: «Busco una comunicación a través de mi trabajo. ¿Con quién? No lo sé a priori... Con quien me escuche, con quien me entienda, con quien quiera que esté al otro lado de la palabra. Mi papel es el de resumir la información que cotidianamente me envuelve, reunirla, catalizarla, ordenarla y transmitirla. Entonces a quien me escuche corresponderá entenderla, clasificarla y juzgarla... Por mi parte, sólo sé que haciéndolo así, yo me siento vivo y me siento útil... Al menos útil a mí mismo».

    Porque componer para el noi no es sentarse a rimar versos, es «como tomar un purgante. Es sacarlo todo fuera... Una de las cosas más bonitas que tiene el hacer canción popular, al menos en mi caso, es que dentro de lo que es una exposición personal, cada vez que cuento cosas, lo hago basándome en historias compartidas. Es decir, a partir de un hecho personal explicado como un hecho colectivo, con el fin de multiplicarlo desde mi dimensión. Eso está bien porque te obliga a analizar profundamente todo lo que está ocurriendo y en qué forma te afecta».

    Lo que mal que le pese conduce a crear estados de opinión muy concretos en quien escucha, responsabilidad que prefiere no asumir: «Yo creo más bien que el asunto es a la inversa, que lo que yo escribo es consecuencia de una opinión creada. Si soy capaz de escribir alguna cosa es porque esa cosa ocurre a mi alrededor... Evidentemente bajo mi óptica. Pero yo no provoco ni precipito las cosas, son ellas las que están ahí».

    Él se limita a decir que existen y cómo le afectan, universalizando la «historia menuda» y personalizando La Historia... Es decir, involucrándonos a todos, el que le escucha, en la tarea de vivir.

LAS FILAS DE SUS SEGUIDORES AUMENTAN DÍA A DÍA

    Porque Serrat involucra, complica a su auditorio. Ya lo ha dicho Antonio Gala: «Es un francotirador contagiando a otros» que «resulta ejemplar porque lleva la vida entre los dientes, como un cuchillo y como un beso». Y es como si el sentimiento que todo eso genera fuese hereditario y se trasmitiera de padres a hijos, de abuelos a nietos, de hermanos mayores a hermanos menores..

    Bajo el punto de vista de Serrat son muchas las causas que convergen en el hecho de que nuevas generaciones vayan engrosando las filas de sus seguidores y de tres o cuatro más que, como él, se mantienen en candelero después de veinte años: «Creo que una de ellas, fundamental, es la preparación. Este es un oficio como cualquier otro que antes de pasar por las emisoras de radio y las casas de discos debes pasar por los escenarios y eso nos ha dado una educación muy directa a los que llevamos tantos años funcionando. Otras causas pueden ser... pues lo que contamos, la manera en que lo contamos y posiblemente existe un tercero, más definitivo: que a lo mejor, con relación al público, hemos pasado la prueba del nueve...»

    Nunca la del diez, que implicaría poner punto final a la búsqueda que genera la obra de un artista: «Yo ando buscando desde el principio una canción, cantar algo en concreto, creo que es ahí hacia dónde voy e iré acercándome como en una espiral, pero no la encontraré nunca».

    Posiblemente porque esa canción que él busca sólo resultará de la conclusión final de toda su obra, de tal manera que hasta que la producción serratiana no haya cerrado definitivamente su ciclo, no podrá hablarse de «La canción de Serrat».
"La música es lo más parecido a los olores. Ambas cosas pueden transportarse en un momento determinado a los sitios más inverosímiles".


    Entretanto hay que limitarse a hablar de canciones, más de un centenar de músicas y letras, sobre las que su autor jamás ha mostrado preferencias: «Que una canción te diga algo especial depende de muchas cosas. Cada una está hecha con unos materiales, con unas sensaciones diferentes, que cuando vuelven a aparecer hacen que te sientas más a gusto en esa envoltura que en otra cualquiera». Y la sensación es tan personal que le resulta imposible conocer las preferencias de su público: «La idea que cada uno tiene de mis canciones está en función de sus necesidades. Por mi parte, el mejor mensaje que puedo dirigir es potenciar la imaginación de los demás. A cada uno le afecta en algo mis canciones porque corresponden a un tiempo determinado, a unas vivencias... Son como los olores, un viaje increíble... Porque en este sentido, la música es lo más parecido a los olores; no es la música sola, son unas vivencias, unos recuerdos... incluso recuerdos inconcretos que al igual que los olores, te transportan en un momento determinado a los sitios más inverosímiles».

    Cuando se trata de decir cosas, una canción es un espacio mínimo donde desde la primera palabra hasta el último acento no pueden tener una ubicación casual, por eso el proceso de creación de cada tema para Serrat resulta «largo, lento, duro y complicado... Pero llega un momento en que la canción se dispara y empieza a darme vuelta como si fuera una cinta magnetofónica sin fin. En la cama, en los paseos, en las conversaciones... Entre las páginas de un libro abierto en el que he buscado relajarme, la canción aparece una y otra vez. Es una fase neurótica en la que lo único que me relaja es el acto sexual».

    Y todas ellas son canciones que «dependen casi siempre de vivencias e intereses del momento. No se trata de nada premeditado, sino de algo que en unos momentos te sale.. De eso soy más consciente viéndolo con una cierta distancia. Observo que se dan épocas con unas preocupaciones determinadas y ocasiones en que aparecen otras diferentes: nunca contrapuestas, pero sí distintas».

    Lo 'mes fotut', sin embargo, es quedarte colgao en las alturas sin que las musas interrumpan sus vacaciones para echar un cable... «Cuando una canción no me sale... ¡Lloro! ¡Lloro, pataleo, grito, insulto, rompo cosas...! Procuro ser perseverante, pero hay días en que lo cuelgo todo y me voy a pasear por ahí porque me consta que sería inútil continuar. Lo único quo lograría en esas situaciones es cabrearme mucho conmigo y presentarme la dimisión».

    A cambio, cuando el tema sale y sale bien, tal y como había sido concebido en su imaginación, la sensación de placer «sólo es comparable al orgasmo... Y es que es eso, un orgasmo creativo». Aún diríamos más: cada canción, desde que nace hasta que se escucha en el escenario, cierra un ciclo de amor completo que se inicia en la entraña misma del cantautor para terminar disparándose, derramándose sobre el cuerpo de su auditorio, tan preparado para recibir como predispuesto a dar. Ese erotismo latente en la relación de Serrat con su público es la que hace de él un ser mágico en cuanto pisa un escenario... «Cuando subo a un escenario se incorpora conmigo todo el hombre, pero hay aspectos fisiológicos que quedan abajo: nunca he sentido dolor de cabeza, ni hambre, ni ganas de orinar, ni sed... Todo lo más que me ha ocurrido ha sido saltarme estrofas de una canción, los músicos no se han dado cuenca y he tenido que arreglarlo sobre la marcha... Pero el público no ha llegado a enterarse».

«NUNCA ME SIENTO SEGURO. NI CUANDO TRABAJO, NI NUNCA»

    Será que el público está menos pendiente de versos que ya conoce que de la sensación que les produce el modo de transmitirlos por parte de autor. Una prueba de incondicionalidad que el noi ha aprendido a valorar: «Poco a poco yo me he ido dando cuenta de que además de gustarles lo que cantaba, la gente me quería. Lo que ocurre es que yo siempre he sido desconfiado en este sentido, siempre he tenido un mecanismo de defensa, y lo sigo teniendo. Y las veces en que he perdido esta referencia, me han pegado una hostia en los morros que ha hecho que me diera cuenta de mi error... Entonces dices "¡Augh!" y vuelves a colocarte en la maroma como puedes... Y es que todo esto halaga mucho, es muy goloso, hay muchas tentaciones, unas son muy agradables y otras de muy mal despertar, de muy difícil control, y yo sigo peleándome por esto, porque las cosas a los cuarenta son muy distintas, el envase es muy otro».

    A los cuarenta, igual que a los veinte, la cuestión sigue siendo la misma: conseguir que el éxito sea el resultado de la labor del artista, o caer en la trampa de que el artista acabe siendo el resultado de la labor del éxito Y si Serrat parece haber sorteado definitivamente este escollo es porque, como apunta Gala: «Se ha resistido a acomodarse en la poltrona del éxito, de la consagración, o el estrellato: el laurel de oro que acaba por vaciar las sienes del creador. No se alinea en ningún batallón; ni de los instalados, ni de los destructores. No se proclama defensor del orden, pero tampoco del desorden. Su constante posición es la de "romper filas"».
"En el escenario nunca he sentido dolor de cabeza, ni hambre, ni sed, ni ganas de orinar".


    Para Serrat cada canción es como empezar de nuevo y necesita recurrir a sus jueces particulares para que den su veredicto al trabajo: «Lo cierto es que nunca me siento seguro. Ni cuando trabajo ni nunca. Necesito consultar mucho con la gente que respeto. Les hago escuchar las canciones en un momento determinado de su elaboración, antes de acabarlas si es que llego a acabarlas».

    Quizá, la explicación a tanta duda a estas alturas de su carrera, habría que buscarla en el hecho simple de que el noi ha llegado a donde está, sin que ese lugar que hoy ocupa le preocupara antes de acceder a él. El único propósito de Serrat desde el primer momento, fue vivir de la música, lo que implicaba ser un profesional y dedicarse a ello en cuerpo y alma... Pero sin apostar porque el futuro no le cambiaría el rumbo de sus pasos a la vuelta de cualquier canción. Empezó a cantar sin plantearse bajo ningún concepto «cubrir un espacio diferente. No había en mí un propósito deliberado ni en ésta ni en ninguna otra dirección. Mi actitud y mis canciones respondían a una cuestión de fondo intuitivo... Fue con "Paraules d'amor", "Cançó de matinada" y los éxitos del 67 cuando me di cuenta de que lo que estaba haciendo movía mucha gente, y que en cierto modo, todo aquello lo estábamos haciendo juntos, conmigo, la gente que me rodeaba, que me seguía, que me escuchaba... Era algo importante que se movilizaba a mi alrededor y que me dio la clara conciencia de mi responsabilidad . Y fue entonces cuando decidí emprender esta actividad seriamente, totalmente, profesionalmente...»

    Y la seriedad, totalidad y profesionalidad llevaban implícito no sólo cantar en catalán, sino también en castellano. Esto inició una polémica –a la que ya nos referimos ampliamente en el segundo capitulo–, que todavía hoy no se ha zanjado del todo.

    Serrat ha tratado siempre de complacer a su auditorio de ambas lenguas. Primeramente, no mezclando en sus álbumes temas en catalán con temas en castellano; y en segundo lugar, seleccionando rigurosamente las canciones de sus conciertos para ofrecer a los suyos los temas que esa historia compartida han generado, y no atiborrar a los castellano parlantes con unos contenidos difíciles de asimilar fuera del entorno que las inspiraron. El doble album de Ariola "Serrat, en directo", editado en 1984 fue el pretexto para cubrir una laguna que nunca debió existir.

SE MANEJA INDISTINTAMENTE EN CASTELLANO Y EN CATALÁN

    Esa mezcla mayoritariamente bien cogida, tanto en disco como en directo, motivó sin embargo el que pequeños grupos protestaran en los conciertos de Madrid, ahogando el inicio de un tema en catalán. Serrat tranquilo interrumpió su actuación para decir que: «Esto de los idiomas tiene una ventaja y un inconveniente. La primera es que me permite expresarme en mi lengua y, por tanto sentirme un ser humano; el problema es que no se me entienda lo que quiero comunicar y para evitarlo, explico en castellano las palabras que canto. Si a pesar de ello no se me entiende, pienso que el problema no es de idioma, sino que está muy dentro de la persona y es lo que impide entender».

    La doble vertiente lingüística del noi hace que se maneje bien con los dos idiomas indistintamente y que le gusta cantar en ambos, «porque musicalmente hay una diferencia de acentuación de las palabras: el castellano es rico en acentuaciones graves y el catalán por su parte, en agudas».

    Y aunque pequeños grupos de vez en cuando protesten, él cree que «ahora las cosas están claras. Yo empecé a cantar en catalán, pero nunca dije que no fuera a hacerlo en castellano. Y desde 1969 vengo cantando en los dos idiomas. Cantar en castellano no supone renunciar a cantar en catalán y mucho menos renunciar a mi cultura, pues cuando a uno le aprietan y hay que decidirse, yo tengo bien claro donde está mi pueblo, mi casa, mis cosas. Quizá porque son más pequeños, más necesitados de defender y reivindicar».
Aquí le vemos con dos compañeros de profesión: El Fary y Manolo Escobar. A Joan Manuel le preocupa la desprotección legal que sufren los artistas.


    Serrat, hoy y siempre se ha manifestado como un tipo agradecido con su oficio «por la posibilidad que me brinda de vivir la vida en directo, de conocer sitios, gentes...» Le gusta lo que hace, ya lo hemos dicho, y precisamente por eso le molesta que los planteamientos musicales actuales estén cerrando el paso con sus montajes a gente que empieza, que también le gusta lo que hace y que sabe hacerlo bien: «El mundo de la canción está sembrando su ruina y lo hace a partir de una inoperancia y de una falta de imaginación enormes. Los elementos que forman parte de las empresas discográficas suelen ser mucho más burócratas que creadores y, en cambio, pretenden desempeñar un papel más de creativos que de funcionarios. Viven de la importación siguiendo directrices de multinacionales alemanas, británicas, o norteamericanas, introduciendo un tipo de música que en este país a ningún hijo de vecino se le ocurriría escuchar a no ser porque nos la meten con calzador. No se hace caso a los creadores españoles y es lamentable ver cómo matan la creatividad».

    Pero a Serrat no sólo le gusta lo que hace, sino que le apetece hacerlo muy bien, de ahí que en más de una ocasión haya denunciado las condiciones en que tienen que trabajar... «Es cierto que las cosas van cambiando muy lentamente. La acción de los Ayuntamientos y de las Diputaciones ha sido muy positiva porque ha puesto al servido de la canción unos espacios amplios en los que se puede cantar y abaratan el precio de la entrada. Pero es lamentable que todavía tengamos que seguir actuando en plazas de toros, en escenarios pequeños, sin condiciones, que no exista una infraestructura de locales adecuados organizados por el Estado. Y ya es hora de que se vayan creando para que permitan cantar en buenas condiciones a todo el mundo, en lugar de gastarse el dinero en grandes festivales que pasan y no dejan nada».

LA ESTRECHA UNIÓN QUE TIENE CON SUS MÚSICOS

    A pesar de todo, esto no es el único ni el principal problema que preocupa al noi, hay otros más graves como la desprotección legal que sufren los artistas en general y los cantantes en particular: «El cantante está en una indefensión absoluta. No hay ningún tipo de organismo que nos defienda, porque la Sociedad de Autores es sólo un organismo administrativo. Se nos persigue a la hora de los impuestos, pero no se nos protege, lo que sería su obligación. No hay seguridad social, ni retiros, ni nada...»

    Él está en ese saco, y con él, sus músicos y todos ellos, otros cantantes y otros músicos con destinos menos afortunados.

Joan Manuel con sus músicos: "A ellos le debo todo lo que me han enseñado, que es mucho, y lo que me han aguantado, que es bastante".
    Por cierto, que no se puede hablar de Serrat sin mencionar a sus músicos, sin hablar de historia cotidiana, de fidelidades mutuas. Josep Mas «Kitflus», Jordi Clua, Francésc Rabassa, Albert Cubero y desde luego Ricard Miralles, que sabe de la carrera musical de Serrat tanto como él mismo. Músicos que junto al noi forman un cuerpo compacto y con los que hay tal simbiosis que cuando Serrat sube a un escenario, no sube a cantar sino a tocar. Y es que no sólo es cantante, también es músico, de ahí que no tenga que realizar el más mínimo esfuerzo para entenderse con su grupo.

    «Los músicos tenemos unas claves especiales, no sólo en cuanto a contenido, sino en cuanto a la utilización del lenguaje. Empleamos vocablos que la gente que no está en la historia no puede entender. E imagino que eso se produce porque en el mundo de los músicos se dan unas características determinadas y unas soledades muy específicas. Es un mundo tremendamente solidario, por lo tanto, supongo que como los que se pinchan, inventamos un lenguaje, unas normas de comportamiento, unos mecanismos... Y todo esto lo hacemos para crear una barrera de protección contra toda agresión que pueda venir de fuera. Porque esto es un mundo puteado por todo lo que son sistemas de consumo, por el mal trato de los ignorantes que viven de la música. Ignorantes con corbata y traje 'blazer', todo ese personal lamentable que rodea este mundo, que opinan, que dan sus criterios estéticos como fórmulas de avance cultural. Y ¡madre mía! si la cultura musical tuviera que avanzar por ellos...»

    Esa guerra en común genera unas relaciones «guapas y fuertes».

    «A los músicos les debo todo lo que me han enseñado, que es mucho; todo lo que me han aguantado, que es bastante y les debo toda la compañía que me han hecho y todo lo que han potenciado la comunicación de mis canciones con la gente. Cuando viajamos no mantenemos una relación de cinco a uno, sino que vivimos los seis juntos. Y cuando uno se pone enfermo, otro tiene que ir a buscar al médico o a subir la comida de régimen que necesita en aquel momento. La relación es muy sólida y no hay duda de que a algunos los quiero profundamente».

    Más aún, los mima, consciente como es, de que sin ellos el mensaje llegaría incompleto al receptor. Y Serrat necesita que ese mensaje suyo continúe su vuelo sin interferencias porque solo así puede lograrse ese milagro de comunicación que va camino de cumplir el cuarto de siglo sin interrumpirse.


FUENTES:
    Entrevistas publicadas en:
«Teleguía», «Triunfo», «Blanco y Negro», «Lecturas», «Hola», «Semana», «Diario 16», «Pueblo», «Arriba», «Informaciones», «Tele-Exprés», «La Vanguardia», «ABC» y «El Periódico».



Próximo capítulo: “Serrat visto por algunos de sus amigos”


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