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Artículo en el Semanario «Magazine»
2 de Febrero de 2003
Texto de Lluís Bonet Mojica Fotos de Clemente Bernard
Su "historia de amor con Argentina", como él la denomina, viene de lejos y se ha mantenido en tiempos felices, en el horror de la dictadura militar que él denunció y también ahora que reina el infortunio entre atisbos de esperanza. La reaparición de Joan Manuel Serrat en Buenos Aires, inicio de una gira que volvió a cerrarse en la capital poreña, ha propiciado momentos de emoción y felicidad a unas gentes que se debaten en una profunda crisis económica. Con manifestaciones en cada esquina de piqueteros y ahorristas, Serrat volvió a la Argentina que le adora y que ve en él a un cantautor y un referente cívico, cuyos temas actúan a modo de bálsamo.
Serrat
AMOR DE ARGENTINA
El mismo 13 de enero en que el general Galtieri, responsable del disparate bélico de las Malvinas que precipitó el fin de la dictadura militar, era enterrado con (todavía) discretos honores militares, Joan Manuel Serrat daba el primero de sus ocho conciertos en el Gran Rex, el teatro de mayor aforo de Buenos Aires. El periódico "Página/12" lucía aquella jornada un mordaz titular de portada sobre el "ex dictador etiqueta negra, viejo amigo del whisky y la tortura". Decía así: "A Galtieri sólo le llora Johnnie Walker". Con heridas aún sin cicatrizar y una crisis económica galopante que -según estadísticas oficiales- sitúa a un 53 por ciento de la población argentina en el umbral de la pobreza, el paro en ese país latinoamericano ha alcanzado el máximo histórico del 21,5 por ciento, y la inflación, un 40 por ciento.
En Argentina, Serrat es "el Nano". Un amigo fiel desde que arribó allí por vez primera, en 1969, que fue luego testigo de la agitada historia contemporánea del país. Poco antes de la llegada el pasado enero del cantautor a un Buenos Aires cuya temperatura estival superaba los 30 grados, Juan José Campanella, el director de la celebrada "El hijo de la novia", le comentaba a este cronista: "A pesar de la situación, aquí siempre quedará plata para ir a ver al 'Nano'. Se le adora". No se equivocaba: Serrat agotó las localidades en sus actuaciones en la capital y también las realizadas en ciudades del interior, como Mar del Plata, Córdoba, Mendoza o Neuquén. Alternaba sobre el escenario los temas de su último disco, "Versos en la boca", que ya es disco de oro en Argentina, y los que allí denominan sus "clásicos inoxidables". Para que esta gira fuera realidad, Serrat ha percibido (en pesos) el mismo caché que tres años atrás. En todas sus actuaciones, o en plena calle, le gritan: "Gracias por venir, Nano". El delirio provocado por "el catalán", como también se le conoce, resulta insospechado en España, donde Serrat es una figura consagrada a la que también se respeta por su doble trayectoria artística y cívica.
Pero, en Argentina, su comunicación con el público rebasa cualquier medida. Se le aplaude en la calle o cuando entra en un restaurante. Si viaja en automóvil y se detiene en un semáforo, los otros conductores y sus acompañantes abren la ventanilla y le aplauden.
El público se pone en pie cuando sale al escenario, y el estruendoso tramo final de cada concierto es indescriptible. Cada actuación suya supera de largo las dos horas: "iUna más, una más, Nano, y no jodemos más". Las propinas serratianas se alargan muy generosamente y suelen terminar con "Penélope" o "Lucía", cantadas con el único acompañamiento al piano de Ricard Miralles, arreglista y director musical cuyo feliz reencuentro con Serrat ha dado como resultado estos "Versos en la boca", uno de los mejores y más completos trabajos del cantautor en los últimos años.
Serrat lo ha dejado bien claro ante los propios argentinos: "Nadie es ajeno a los motivos que conducen a cualquier situación". Así lo contó en una multitudinaria rueda de prensa. "La ciudadanía debe intervenir si desea modificar la actual situación", manifestó en un país donde se escuchan con respeto sus opiniones y que se halla ante un próximo e incierto futuro electoral. Según una encuesta, la desocupación, la miseria, la recesión, la poca credibilidad de los políticos, la inseguridad y la corrupción son -por ese orden- los problemas que más preocupan en la actualidad a los ciudadanos argentinos.
Buen conocedor de la problemática del país, Serrat también habló en Buenos Aires con el Magazine sobre " la globalización económica, con capitales golondrina que no tienen patria ni bandera y aprovecharon la paridad del peso con el dólar para realizar inversiones que luego sacaron de Argentina para colocarlas en otros lugares. Este es el libre mercado que desde algunos años vienen preconizando algunos políticos y economistas. Es lo de toma el dinero y corre, sin aceptar ninguna responsabilidad. En el caso de empresas españolas, sin embargo, nadie puede pedirle al Banco Bilbao Vizcaya, a Telefónica o al Santander que vengan aquí para actuar como una ONG, claro. En realidad son argentinos, que se llenan la boca con su argentinismo, quienes privatizaron empresas como Aerolíneas Argentinas".
En su repaso de los daños infligidos -con total impunidad- a una población cada vez más castigada, añade: "Después ha existido la terrible historia del 'corralito'. La gente tenía el dinero en los bancos, éstos habían hecho unos préstamos al Estado, que no devuelve el dinero, y -en consecuencia- los bancos cierran y la gente se queda sin su dinero. Un fraude institucional realmente espantoso. Esta es la terrible situación de Argentina, donde los más desfavorecidos y la clase trabajadora ya estaban muy castigados".
En esta Argentina de tan dura supervivencia, la solidaridad surge entre los más desfavorecidos. Es el caso de los cartoneros: ejército fantasmal, tolerado oficialmente, de gente sin trabajo que por las noches llega a Buenos Aires para hurgar en las bolsas de basura, separando cartones y papel que luego venden para su reciclaje. Fueron precisamente estos cartoneros quienes la primera semana de enero enviaron hacia Tucumán un tren cargado de alimentos para paliar los graves casos de desnutrición infantil. En un canal de televisión, una cartonera, responsable de este tren solidario para la esperanza, lo dejó muy claro: "Los pobres nos entendemos". Serrat lo sitúa en una lacerante realidad: "Esto ha ocurrido siempre. Si la solidaridad partiera de la oligarquía, Argentina, claro, no tendría ningún problema". También existen una creciente inseguridad ciudadana y el simple pillaje. Noticia publicada hace unas semanas en un periódico norteño: "Los ladrones dejaron al Club Español de Buenos Aires, que el pasado 5 de septiembre cumplió 150 años de existencia, sin una balaustrada de bronce macizo que desde 1911 adornaba la fachada del edificio".
El Buenos Aires reencontrado por Serrat está sacudido por toda clase de manifestaciones: piqueteros, jubilados que ven desvanecerse sus ingresos o los llamados ahorristas, que tres veces por semana embadurnan con pintadas (una entre cien: "Promo del día. deposite dólares y le devuelven mierda") y martillean las cristaleras de los bancos, protegidas con mamparas metálicas, mientras los policías -con chalecos antibalas y armados hasta los dientes- suelen intervenir mínimamente. Los ahorristas exigen la devolución de los dólares que ahorraron para ver luego cómo se volatilizaban. Aunque haya acabado el "corralito", las restituciones se realizan lentamente, sólo en pesos y a un cambio muy desfavorable. "iCleptócratas! ¡Chorros! (ladrones)..." Otro dato: Buenos Aires ha pasado del puesto 22 al 130 en la lista de ciudades más caras del mundo y ahora figura como una de las capitales más baratas (para los turistas, claro), después de... Teherán y Nueva Delhi.
Muchos problemas para una nación, explica Serrat, "que en su día fue ejemplar y envidiable, mientras ahora debe arrastrarse por el suelo y mendigar. La enseñanza, la sanidad pública y todo lo que de algún modo tiene que ver con el Estado del bienestar se ha visto afectado en Argentina, convertida más bien en un terrible Estado del malestar". Para Serrat, si "la dolarización de Menem fue una mentira tremenda que esquilmó todavía más el país", el retorno de este ex presidente a la política, cara a las próximas elecciones, resulta alarmante. "Hay una insistencia de determinados políticos, absolutamente desprestigiados e inoperantes, lo cual da miedo. El cartel de candidatos a las elecciones, realmente, no está para ninguna feria. Y Menem, a la expectativa. Yo también estoy muy sorprendido de volver a verle postulándose para una nueva elección, teniendo en cuenta lo poco presentable que es su pasado. Pero también hay otros políticos que están ahí y no tienen nada que envidiarle a Menem. Pero aquí se postula cualquiera a la presidencia, incluso lo hizo Cavalho, el nefasto ministro de Economía. Veo mal el panorama, y confuso, porque partimos de un país profundamente desengañado de todo aquello que huele a político y con pocas alternativas. Además, no creo que el poder internacional permitiese que en Argentina surgiera otro Lula. De todos modos, aquí tampoco existe ningún personaje como Lula, capaz de integrar sueños, aspiraciones y -sobre todo- hacerlo a partir de la credibilidad.” Así lo expresaba el titular de un diario bonaerense: "En el país de la incertidumbre es lo mismo confundir que gobernar".
Fiel a un pasado en el que él también desafió -con su presencia y sus denuncias- la represión de la dictadura militar, Serrat realizaba el pasado 15 de enero una visita privada a las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, una escisión de las "madres" que se produjo en 1986, motivada por sus diferentes criterios de metodología en la lucha bajo un gobierno constitucional. Esta Línea Fundadora, llamada así porque en ella se integra la mayoría de las fundadoras de aquel movimiento iniciado en 1976, recibió al artista en su sede. Querían darle las gracias y enseñarle el piso del que disponen, conseguido en buena medida gracias a la recaudación obtenida en el macroconcierto que, en marzo de 2001, ofrecieron los cantantes Pablo Milanés, Víctor Heredia, Jaime Roos y Joan Manuel Serrat.
Ya en el interior de la sede -"es magnífico estar aquí, les doy las gracias", dijo Serrat-, el discurso de bienvenida de las madres que prosiguen su lucha contra el olvido y la larga estela de "desaparecidos" contenía fragmentos como este: "Joan,'Nano', esta casa está enlazada a tu canto, a tu'Verso a verso'. Ella es testigo y continente de esta tenaz ronda diaria en el círculo de la plaza de Mayo. Los represores pensaron 'que los mató el tiempo y la ausencia', pero no imaginaron 'que su tren vendió billetes de ida y vuelta'. Y a ese tren nos hemos subido desde hace 25 años. Y hemos recorrido el camino que soñaron nuestros hijos. Siempre la memoria y la esperanza, Joan". Esta carta, leída ante el cantante, escrita por las madres con citas del propio Serrat y redactada con la colaboración de varios hermanos de desaparecidos, que también estaban allí para recibirle, da idea de la extraordinaria dimensión adquirida por Serrat en Argentina.
Apenas una hora más tarde, ya en el escenario del Gran Rex, el artista, con versos, esperanzas y verdades en la boca, volvía a escuchar el clamor de quienes le gritaban: "Gracias por venir, Nano".
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