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Entrevista en el Semanario «Magazine»
29 de Septiembre de 2002
Texto de Lluís Bonet Mojica Fotos de Àlex García
"Versos en la boca" es el nuevo trabajo discográfico de Joan Manuel Serrat, un disco en el que el cantautor reaparece en estado puro y vuelve a mostrar su capacidad de ser cronista de su tiempo. En esta entrevista, Serrat se muestra fiel a su espíritu inconformista y crítico, el mismo que le ha llevado a componer algunas de sus canciones inolvidables.
«Una de las cosas que más me alegran es no haber estado nunca de moda»
Hay un tipo, vayan con cuidado y tápense -si pueden- las orejas, que suena en las radios cantando "de cuando estuve loco aún conservo / el carné de majara en la cartera". No contento con ello, este reincidente en lo de cantar peligrosos textos sobre sentimientos y contradicciones añade: "De cuando estuve loco aún conservo / un par de gramos de delirio en rama, / por si atacan con su razón los cuerdos". No pierdan la cordura e intenten resistirse al delirio de semejante individuo, que también utiliza una canción para contarnos que África "se desangra y peregrina en patera". Es un personaje anacrónico, para quien la ética es la única estética posible en esta economía global que nos individualiza cada vez más.
Casi 37 años después de publicar su primer disco, y con una obra que ha hecho de él un cantautor de referencia, Joan Manuel Serrat lanza, el 7 de octubre, su nuevo trabajo discográfico. Luce un título tan contundente como las 11 canciones que contiene: "Versos en la boca". No es un disco para pazguatos ni acorde con los nuevos tiempos de euforias musicales cantarinas, diseñadas como operaciones triunfo donde la inmediatez deviene obviedad. Se trata de un disco esencialmente acústico, que nos devuelve a un Serrat en estado puro, dotado de la prodigiosa capacidad de ser cronista de su tiempo y de esas crisis humanas decididamente intemporales. Con "Versos en la boca", trabajo con el que reanuda su colaboración con el músico y arreglista Ricard Miralles, con quien grabó clásicos como "Cançó de matinada" y "Homenaje a Antonio Machado", Serrat reaparece tras un año obligadamente sabático.
Una leve cardiopatía sufrida tras el ensayo del concierto -junto a Joaquín Sabina y otros- en homenaje al músico, amigo y colaborador Josep Maria Bardagí, fallecido en febrero de 2001, le obligó a minimizar sus actividades. "Versos en la boca" supone su regreso y el pórtico de una dilatada gira, que a partir del 22 de octubre le llevará por toda España y países latinoamericanos. La autoría de los 11 temas es propia y en algunas canciones está compartida. Aparte de "De cuando estuve loco", en colaboración con Tito Muñoz, y que se ha convertido en estandarte promocional, el CD ofrece los siguientes títulos: "Es caprichoso el azar" (a dúo con la artista israelí Noa), "La mala racha" (sobre un cuento del escritor uruguayo Eduardo Galeano), "Señor de la noche" (sobre un poema de Luis García Montero), "Así en la guerra como en los celos", "Muñeca rusa" (Matryshka), "Sin piedad", "La bella y el metro", "África", "Los recuerdos" y "Qué sería de mí".
"Versos en la boca" es un CD para escuchar en soledad o, como máximo, en pareja. No son canciones de una sola audición: cabe degustarlas varias veces, algo que parece reñido con una época basada en la inmediatez, en el usar y tirar.
Me siento muy satisfecho de las 11 canciones de "Versos en la boca". Aunque a veces se lo calle, un autor sabe si ha alcanzado sus objetivos. Sabe si le ha salido bien. Toda obra de arte, grande o pequeña, o sencilla, como puede ser una canción, siempre está hecha para ser escuchada y contemplada en la intimidad. Pongamos el ejemplo del cine, donde estás solo entre la multitud, mientras ves la película en la penumbra. También los cuadros se contemplan en la intimidad, aunque te encuentres en un museo. Si uno quiere disfrutar de ciertas canciones, debe hacerlo, forzosamente, como si fuera un vicio solitario.
Pero ni su propio autor sabe lo que el destino reserva a sus canciones, y si algunas, como ha sucedido en su caso, ingresarán en la memoria y la sentimentalidad colectivas.
Es verdad. Algunas canciones crecen con el tiempo y hasta se escapan de las manos de su creador. Crecen a partir del conocimiento, porque también crece la complicidad que la gente crea con ellas. Hay canciones, y uno sabe siempre la razón, que se cuelan en las entretelas de las vidas de las personas.
Lo que entra en contradicción con el momento que vivimos: tiempos de banalización, incluyendo la música. Ahí está "Operación Triunfo". Usted, cantautor famoso y reconocido, reaparece con un producto que no parece ajustarse al gusto imperante.
Quienes creemos en la canción como una forma de expresión siempre hemos estado, no ya en contradicción, sino enfrentados con un cierto tipo de canción preponderante. Ese es otro mundo. El de la canción de una cierta consistencia suele estar en abierta confrontación con la moda puntual. Una de las cosas que más me alegran es no haber estado nunca de moda. Gracias a eso llevo más de 30 años en este oficio. No miento si afirmo que nunca en mi vida he buscado crear una sola canción que se adaptara a la moda de cada momento. ¡Y no me ha ido mal!
Pero nos encontramos en un momento delicado, ¿no cree?
Poder colocar un disco en condiciones en el mercado y que la gente pueda escucharlo, hoy, realmente, resulta bastante difícil. No sólo por el fenómeno concreto de "Operación Triunfo", sino porque nuestras canciones no entran en los canales de difusión masiva. Hay unos señores que seleccionan música para adolescentes, lo que llaman música para jóvenes. Lo que ocurre es que los jóvenes tampoco son gilipollas y no eligen un único tipo de música, aunque se pretenda uniformizar sus gustos.
Cabría preguntarse si hoy, al público, se le permite una libre elección.
Hay ciertos canales difusores para llegar a la gente, que están más cerca de "toma el dinero y corre" que de otra cosa. Pero esto viene sucediendo desde hace muchos años. Cuando yo empezaba, tal vez se valoraban más las calidades. Las listas de éxitos son trampolines que dan cancha a una serie de figuras fugaces a las que la gente no conocerá ni habrá conocido. Y si las recuerdan, dejarán de hacerlo al cabo de poco tiempo. Yo escribo canciones porque me divierto y así me comunico. Porque es mi oficio, me divierto, sufro con ello y me siento partícipe de un tiempo y de una sociedad. Pero, principalmente, porque así me siento vivo.
Este es un disco muy a flor de piel. Sus letras evidencian que usted se ha reunido consigo mismo durante muchas horas.
"Versos en la boca" deja aflorar todo el mundo de pasiones que uno tiene...
Pero las ve usted con una cierta perspectiva.
Pienso que es un disco en el cual no hay distancias. En estas canciones yo tomo partido. Me sumerjo en el laberinto de pasiones o de amores. Todo este mundo de glorias y miserias en el que vivimos y del que forman parte los sueños y las decepciones, la generosidad y los celos. El instinto de posesión, el miedo, la desconfianza y la locura también están presentes. De manera muy monográfica en algunas de las canciones.
En "Cansiones", su trabajo anterior, recurría usted a su otro yo, Tarrés, y de algún modo se parapetaba tras él. "Versos en la boca" muestra a un Serrat muy desnudo.
Aquí no tengo capote, ni cómplice, ni juego. Creo que "Cansiones" fue un disco totalmente insólito en mi carrera. Tengo el convencimiento de que "Versos en la boca" conectará con la gente. No por lo que el público aguarda de mí a estas alturas, sino porque descubrirán cosas que no esperan de mí. Es uno de mis trabajos cuyo resultado más se parece a lo que yo pretendía.
A sus 58 años, usted...
Resulta innecesario que me lo recuerde y que se lo recuerde a los demás. Aunque me siento muy satisfecho de tener estos años... sin haber sufrido demasiados daños.
Le decía que, a estas alturas, usted afirma, en la canción "Los recuerdos", que éstos "suelen contarte mentiras". ¿Hemos llegado a una edad en la que nos engañamos a nosotros mismos?
Si nosotros no manipuláramos nuestros recuerdos, las calles estarían llenas de gente colgada, y los ojos de los puentes estarían repletos de cadáveres de quienes se habrían arrojado para suicidarse...
¿Nos aceptaríamos a nosotros mismos de no ser infieles con la propia memoria?
Nos odiaríamos a nosotros mismos. Por fortuna, podemos manipular los recuerdos. Del mismo modo que los demás alterarán el recuerdo que tienen de nosotros. Manipular los recuerdos nos permite sobrevivir. Por eso son siempre parcialmente falsos. Para bien o para mal.
¿Los temas de "Versos en la boca" surgieron antes o después del aviso que le dio su corazón? Imagino que algo como eso también obliga a un reajuste personal.
La verdad es que no tengo el recuerdo de un antes y un después. Cuando sufrí el "aviso" del que habla, yo había dejado prácticamente todos mis vicios, exceptuando el buen vino. Había dejado de fumar y llevaba, por lo general, una vida bastante ordenada. No existe un antes y un después respecto a mi visión de las cosas y del mundo en general. Pero ahora formo parte del club de quienes llevan pastillas en los bolsillos. Bueno, tal vez me afecte más el comportamiento general de la sociedad que el de mi pobre víscera. Casi creo que no tuve nada... Bueno, tuve lo que tuve.
¿Qué es lo primero en lo que pensó al salir del hospital?
En que debía ponerme a trabajar. Era un día de verano, con un sol radiante, y pensé que esto de vivir es cojonudo. Que por fortuna no tenía ninguna lesión y debía dedicarme a lo mío. Todas las canciones de "Versos en la boca" fueron compuestas con posterioridad.
Ahora afrontará una nueva gira, y sería impensable que no actuara usted en América, ¿verdad?
En primer lugar, no he querido prescindir de Argentina, porque atraviesa por una situación sumamente delicada y difícil. Si siempre he tenido argumentos para actuar en Argentina, ahora los tengo todos. Ya he viajado allí un par de veces en los últimos meses, por motivos sentimentales.
Puede sonar a demagogia, pero Argentina se encuentra en manos del gran capital y del amigo americano...
¡Igual que nosotros! Pero es que a ellos ya no tienen de dónde quitarles... En manos del capital se encuentra todo el mundo. De un capital embustero y que está engañando a la pobre gente que confía en él y le aporta sus ahorros. Un capital, como estamos viendo en los escándalos financieros de Estados Unidos, que falsea sus propias cuentas mediante falsos auditores y grandes empresas tramposas. Ocurre que Argentina se ha convertido en símbolo de una situación dramática, pero toda América del Sur se encuentra en la misma situación.
¿El poder está fomentando que haya gente cada vez más insolidaria?
Esto siempre ha ocurrido. Toda esa insolidaridad es producto del miedo. La gente es insolidaria porque tiene miedo. Los gobiernos no se preocupan en crear un tejido social, y un país sólo crece si posee un tejido social. En España, por ejemplo, hay tan poco tejido social que una parte del país se cree que no hubo una huelga general. Y ya no digo nada del Gobierno, que la negó.
En una de sus nuevas canciones habla usted de "África, que se desangra y peregrina en patera".
Es una canción de tristeza y de impotencia, viendo que hoy parece como si África no existiera. Es nuestra vergüenza, y le damos la espalda. El África de las 200 guerras internas, diseñada y repartida por los europeos, pasándose las etnias por el sobaco. África es hoy el espejo de nuestras miserias, aunque sea bella por ella misma. África está por doquier: la que toca jazz, la que juega en la NBA y la semilla del rock and roll. Pero, al mismo tiempo, África es el albañil que está levantando una casa en Hamburgo, descargando soja en Copenhague o vendimiando en el Penedès catalán.
Y emerge una xenofobia de horizonte imprevisible.
Se utiliza el miedo. Se diría que al poder le interesa transmitir el mensaje de que el enemigo es quien puede venir aquí y quitarte el trabajo. Pero resulta que este inmigrante africano es el que va a tener hijos y hará posible que tú cobres la pensión el día de mañana. ¡Qué situación más paradójica! Resulta que los que me van a quitar el trabajo son, al mismo tiempo, quienes me van a dar de comer cuando yo sea pensionista. Se trata de explotar el miedo. Una sociedad con miedo es mucho más manejable y manipulable.
Para este reportaje, usted ha tomado el metro, al que dedica una canción, y ha paseado por la calle. A cada dos pasos era asaltado por alguien. ¿Le han robado la intimidad?
Pero yo puedo salir a la calle y hasta pasar inadvertido o ser considerado uno más de la familia. Otros no pueden hacerlo. A mí me saludan, me tocan, y las mujeres me dicen: "Hola, cariño". ¡Qué más quieres! Es como hablar con los vecinos de la escalera. Mi relación con la gente es de ese tipo. La gente me trata muy bien.
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