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Entrevista en «MAN»
Número 193
Noviembre de 2003
Texto de Carlos G. Vela Fotos de Xavier Torres
Quedamos con el cantautor al finalizar la grabación de su último disco,’Serrat Sinfónico’; en el que aúna su cancionero con nuevos arreglos orquestales, interpretados por la Orquesta Sinfónica de Barcelona, en un ambicioso proyecto que le llevará de gira por España y Latinoamérica. Para no dejar de dar la cara.
BAJO LA BATUTA
 Tiene hipotecados los próximos dos años de su vida con un montaje que se nota que le hace vibrar. Serrat, autor de temas como Mediterráneo, grabados en la memoria colectiva, ha creado una versión sinfónica de su popular repertorio que estrenará, en compañía de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), los días 3 y 4 de diciembre en el Palau Sant Jordi, conmemorando el XXV aniversario de El Periódico de Catalunya.
Comencemos por el principio, ¿cómo surge la idea de orquestar tus canciones?
La idea viene de tiempo atrás, hace ya cuatro años. Hablando con Amargós se nos ocurrió este proyecto, iniciamos una primera selección de canciones y empezamos con los arreglos. Todo sin saber dónde ni cuándo se iba a hacer. Pero estaba claro que era un proyecto de largo recorrido, que ya debía empezar a prepararse, porque la calidad se consigue cuidando el detalle y con tiempo por delante. Más recientemente apareció la posibilidad de hacerlo con la OBC, cuando afortunadamente ya teníamos gran parte del trabajo avanzado, si no, habría sido inviable. Por otra parte, grabar el disco con esta orquesta tiene un plus sentimental. No es sólo que la OBC sea excelente y reconocida en el mundo, sino que es la orquesta de mi ciudad y eso me resulta muy emotivo. Supongo que ellos también debieron aceptar con un puntito sentimental, porque es evidente que han volcado todo su entusiasmo en la grabación. Se nota en cada pieza.
Supongo que debe agradarles tener acceso a temas tan populares como los tuyos...
La verdad es que buena parte de los componentes de la orquesta ya había tratado con mis canciones. Algunos incluso han tocado conmigo en los treinta y tantos años de oficio que llevo, compartiendo conciertos o temporadas. Otros artistas vienen de países en los que mi cancionero también les resulta propio. Y hay los que desconocían completamente mi repertorio, como algunos músicos eslavos, que también han tenido un comportamiento extraordinario y entusiasta. ¡Era muy emocionante oír al final de algunos de los ensayos cómo los arcos golpeaban contra los atriles en señal de satisfacción y reconocimiento!
La selección de canciones debe de haber sido dura...
Hombre, ha sido hasta divertido. Requería hacerlo con tiempo y así fue, con lo cual la angustia de la urgencia se desvaneció. Yo no busqué nunca hacer un disco antológico, ni de lo mejor de Serrat. He intentado lograr un disco muy panorámico en el que estuvieran representadas todas mis épocas musicales, si es que las ha habido. Quería que las canciones aún tuvieran vigencia, que no fueran éxitos del pasado a los que el tiempo y la realidad hubiesen quitado el sentido. Otra cualidad buscada ha sido que todas las canciones tuvieran armónicamente algo en común, que ligaran naturalmente. Y, por supuesto, que absorbieran bien los imperativos de una adaptación sinfónica.
Buscas revitalizarte con este proyecto?
Es algo que hago por gusto, porque me complace no sólo hacer el disco, sino porque me apetece tocar con orquestas sinfónicas. Quizá el disco es sólo la excusa para realizar una gira por el mundo a lo largo de 2004 y 2005, con diferentes orquestas, directores y músicos, donde cada nuevo lugar representará un renacimiento del proyecto. Va a ser una historia que tiene su riesgo y su complejidad, pero que es diferente a todos los riesgos y esfuerzos que he hecho hasta ahora, cuando he vivido la aventura de ir por el mundo.
Colegas como Miguel Ríos o Loquillo también han tenido sus affaires orquestales, en su caso con big bands y coqueteando más bien con el swing. ¿Qué referentes manejas tú en esta aproximación?
Creo que cada uno ha hecho las cosas en función de la meta que quería conseguir. Hay otras posibilidades, aparte de la que yo he escogido, y no renuncio a actuar con una big band en un momento dado, ni con una banda. Pero son esfuerzos muy importantes como para no planearlos bien. Espero que la vida me dé fuerza e ilusión para poder experimentar de diferentes maneras.
“SER HISTORIA VIVA DE LA MÚSICA SÓLO QUIERE DECIR DOS COSAS. PRIMERO, QUE LLEVAS MUCHOS AÑOS EN ELLO; SEGUNDO, QUE SOBREVIVES. YO CON ESTO, ESTOY SATISFECHO”
¿Glenn Miller, Sinatra o Jorge Negrete?
Es que los he escuchado a los tres. La orquesta de Tommy Dorsey con Sinatra me parece estupenda, y la de Glenn Miller también, aunque personalmente prefiera a Count Basie, pero es cuestión de buscar un determinado swing. Y también me gusta un buen mariachi, que suene afinado y con fuerza. Todo puede ser interesante.
Cuando actuaste en el Festival de Peralada, con el Orfeón Donostiarra y la Orquesta de Galicia, dijiste que te sentías muy arropado por todos los músicos, pero también “desnudo sin mi guitarra”...
En esta ocasión no creas que me siento del mismo modo porque estoy más entrenado. Lo que hicimos en Peralada apenas tuvimos tiempo para ensayarlo y, por tanto para mí fue una situación con demasiadas urgencias. Taimbién para todos los participantes, que no pudieron aprovechar todo su potencial. Así que lo de preparar algo con un orfeón es una experiencia también pendiente. ¡Añadámosla a la lista! Junto a los mariachis y la big band (risas).
Eres historia viva de la música, cuando menos de la española, y una figura respetada en muchos sectores. Personalmente, ¿te hubiera gustado que tu carrera tomara otro camino?
Ser historia viva de la música sólo quiere decir dos cosas. Primero, que llevas muchos años en ello y, segundo, que sobrevives (risas). Yo con esto me siento satisfecho, he tenido una vida artística y personal plena. Estoy a punto de cumplir cuarenta años en la profesión y me siento muy recompensado aún por el cariño de la gente. Me tratan todavía como algo vivo en un oficio en el que las cosas pasan muy deprisa. Y sentirse vivo y poder seguir con ilusión es algo que debo agradecer a la vida y a la gente. Así que, mientras me siga haciendo ilusión y la gente me soporte y aliente, seguiré adelante.
Perteneces a una generación que se rebeló contra el status quo para cambiar ciertas convenciones sociales. Pasado el tiempo, cómo sienta observar la evolución de esta sociedad?
En la vida, la sociedad siempre da pasos adelante y pasos atrás. Y ahora estamos en un momento de claro retroceso de todas las victorias sociales conseguidas. Parece que se olvida que cualquier progreso logrado debe mantenerse, porque no se queda fijo sin más. En cuanto te distraes, te la meten doblada. Y en estos momentos existe cierta dejadez en ese sentido. A la gente se le ha potenciado mucho la cultura del desengaño y ahí entran muchos camelos que acaban agujereando más el queso.
Qué te duele más al observar la actualidad?
Esa capacidad de convertir mentiras en verdades absolutas, la capacidad de pasarle la mierda a otro, de manera que aquellos que son nuestros representantes temporales en la Tierra no responden jamás de sus acciones. Me duele el cinismo con el que se actúa y sobre todo su voluntad de potenciar la crispación, porque eso impide el diálogo. No se conoce que nada haya avanzado a través del enfrentamiento o la violencia.
Esas acciones provocan reacciones: manifestaciones contra la guerra, voluntarios auque recogen chapapote, antiglobalizadores... ¿Vuelve el espíritu de los 60?
¡Ojalá! Esto ocurre puntualmente y es muy alentador. Lo que pasa es que un mes y medio más tarde hay unas elecciones municipales y autonómicas y se producen unos resultados que no dejan de ser desconcertantes.
“VIVIMOS UN CLARO RETROCESO DE TODAS LAS VICTORIAS SOCIALES CONSEGUIDAS, Y SE OLVIDA QUE LOS PROGRESOS LOGRADOS DEBEN MANTENERSE. SI TE DISTRAES UN POCO, TE LA METEN DOBLADA”
Mientras algunos demandan cambios en la Constitución, los gobiernos toman decisiones en contra de los deseos populares. Tú, que luchaste por nuestra democracia, ¿cómo valorarías la presente situación?
Insisto en que no hay un tiempo para luchar por la democracia o las libertades. Hay que hacerlo cada día, porque si no esas libertades menguan. Es una piedra que hay que ir empujando en un plano inclinado y que si la sueltas vuelve abajo. Lo que pasa es que hubo una época en que todo parecía más claro y el enemigo estaba más identificado. Ahora, los valores de ese enemigo están enmascarados, envueltos en papel de celofán y con lacito rosa, pero siguen ahí. Lo que ocurre ahora, al ver que la gente es capaz de salir a manifestarse a la calle, y el Gobierno actúa desoyendo estas voces, no deja de ser desalentador. Es comprobar que quien ha sido elegido para representarnos -aunque no haya sido yo uno de los que ha optado por él- está actuando para representarse a sí mismo. Y eso es perder los papeles, porque de la misma manera que un ciudadano debe controlar que el político a quien cede su representación sigue el camino correcto, un gobernante debe entender que no es más que un designado, que está al servicio de la gente y no para servirse de ella, como diría un viejo y conocido locutor deportivo.
Sólo alguien con años a sus espaldas puede repasar así la evolución de este país. Permíteme que te pregunte: ¿qué más se aprende con la edad?
Espero haber aprendido muchas cosas. El paso del tiempo tiene el inconveniente de conducir al deterioro. La vida es una combustión, en la que durante un tiempo creces, pero luego todo el mundo decrece. Ésa es la parte jodida de la vida, pero entre comillas, porque si no fuera así, no tendría sentido. Es lo que le da sentido a la vida. Quizá podamos decir que el final de la gente suele ser tremendamente duro y terriblemente injusto, pero no tanto porque el deterioro le lleve a la muerte, sino por el maltrato del entorno, a medida que el individuo deja de ser exprimible y rentable. Eso es lo jodido. Lo bueno es que, si de alguna manera, uno ha aprovechado un poco el tiempo, pues ha aprendido. Yo he aprendido primero que las cosas son así y luego que hay que saber llevar las cosas, ordenarlas de modo que su desorden natural no acabe contigo. Y aunque uno sabe que la experiencia es solo un peine que te regalan cuando ya estás calvo, hay que buscar la manera de aprovechar igualmente el peine de la experiencia... ¡Aunque sea para rascarse! (Risas).
¿Difiere mucho tu imagen externa de la idea que tienes de ti mismo?
Yo no creo que tenga una sola imagen, cada uno tiene una visión propia de los demás. Y esta imagen puede parecerse a la que uno tiene, pero siempre es distinta. Como es distinto el sentido que cada cual le da a una canción o las cosas a las que se le dan más importancia. Yo no sé qué puede pensar cada uno, pero me siento bastante bien tratado por la gente. Cuando camino por la calle y me cruzo con alguien a quien no conozco, me siento bien mirado, noto cariño en los ojos de la gente, como si vieran algo agradable, un verde distinto en primavera o un brillo en el mar. Tengo un moratón en el brazo de la de gente que me agarra y dice: "¡Hostia, Serrat!"
Seguro que muchos también te echan la culpa de que sus hijas se llamen Lucía o Penélope, como las protagonistas de tus canciones.
(Risas) Los que llamaron a sus hijas con nombres de mis canciones no me echan la culpa. En cambio hay los que me dicen: “Usted tiene la culpa de que me casara con mi mujer”, eso sí. Y, entonces, yo les pregunto qué tal les ha ido, y suelen responder que bien. Pero si dicen que no, tampoco me hago responsable, ¡que conste!
¿Cómo te presentarías a un adolescente que desconociera la figura de Serrat?
Pues si es de mi familia, con un beso (risas).
¿Y de no ser así?
En primer lugar lo trataría de usted y con mucho respeto, porque son muy sensibles. Y, después, cuando me cogiera confianza, ya hablaríamos de lo que hiciera falta.
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