Santiago de Chile, Lunes 21 de Junio de 1999

Serrat no se cansa de volver


Desde Buenos Aires, a pocas horas de llegar a Chile para iniciar sus conciertos en Santiago y Concepción, el cantante español anunció que lo primero que hará en el país será "abrazar a mis amigos y recuperar sensaciones y personas".



    Desde Buenos Aires, ciudad que visitó en plan personal después de ofrecer dos conciertos en Uruguay, Joan Manuel Serrat se comunicó con Santiago, adonde estaba previsto que llegara esta mañana para realizar una serie de conciertos en el Teatro Teletón, una función el sábado en el Estadio Chile y un recital en Concepción.

    Lo precedieron 15 personas de su equipo, que incluye a los cuatro músicos que lo acompañarán sobre el escenario (Toni Carmona en guitarra, Carlos Benavent en bajo, Carlos Núñez en flauta y el percusionista Tino di Geraldo), para recrear los temas de su último disco, "Sombras de la China" y algunas canciones antiguas, de aquellas que el público, en Chile, Latinoamérica y Europa, no se cansa de volver a oír y cantar.

— Ha sido un extenso tour el de "Sombras de la China", que ya suma más de 100 conciertos, ¿le ha resultado algo pesado este ritmo de actuaciones?
— No, al contrario, es muy agradable. Es difícil saber si las giras se me van haciendo cada vez más fácil o más difíciles, porque yo no mido el tiempo por años, sino por días. Pero creo que una de las cosas que he aprendido con el tiempo, es a gozar tocando en público, a conservar en la gente el mismo disfrute que siempre tuve en privado con la música.

— ¿Cómo afecta a su familia este ritmo de vida suyo?
— Mire, mi familia creció cuando yo ya tenía este oficio. Así que el tema no es cómo mi oficio se adecuó a mi familia, sino al revés. Sinceramente, no sé cómo han sido capaces de soportarme después de tantos años, en los que además mi trabajo ha sido algo tan importante para mí y para otra gente. No debe ir mal de todas formas, porque yo sólo me he casado una vez.

— Todavía son muy famosas los poemas que usted musicalizó de Miguel Hernández o Antonio Machado. ¿Hay algún escritor contemporáneo que le inspire hoy tanto como le inspiraron ellos?
— Eduardo Galeano es responsable de acción de "Secreta mujer", una de mis últimas canciones. Evidentemente que los hay, pero son tantos que me es imposible decir cuáles. No podría mencionarle una docena sin pensar que me estaba olvidando de otros.

— ¿Hay algo que le parezca especialmente interesante en la música actual?
— Con la música me pasa como con casi todas las cosas de la vida: como de todo y repito de lo que me gusta. Afortundamente, hoy en día hay tanta gente haciendo cosas interesantes como hubo hace cien años y como la habrá en el futuro. Lo importante es no andar en esta vida con anteojeras, limitándose. Hay que tratar de descubrir en todo aquello que a uno le resulta emocionante o interesante.

— ¿Podría hablar algo de una de sus últimas canciones, "Fe de vida", que es toda una declaración de confianza hacia la existencia?
— Nosotros, los humanos, no tenemos otra cosa que la vida. Ella es muestra mayor riqueza y es a partir de ella que somos capaces de incorporar las cosas y los casos. La vida es algo maravilloso e irrepetible, respetable e intocable: por eso hay que pelear tanto por ella y defender tanto el derecho de la gente a la vida.

— Precisamente por su defensa de los derechos del hombre es que la universidad argentina de Comahue le acaba de entregar un doctor honoris causa. ¿Cómo recibe usted una distinción como esa?
— Lo primero que siento es agradecimiento por el cariño que encierra una distinción de este tipo, pero mire: defender el derecho de las personas a pensar, sentir o disentir me parece a mí algo tan natural, como que crezcan las uñas. Es lo más humano que existe. Lo agradezco, pero como les dije a ellos: sentí lo que sentiría un niño si lo premiaran por comer caramelos.

— Usted es uno de los músicos extranjeros que más se presenta en Chile, ¿cuál es la peculiaridad de su su relación con este país?
— Yo no me he presentado en Chile tanto como he querido presentarme. Estuve 17 años sin poder tocar allá, lo que puede haber limitado mi relación y contacto natural con los chilenos. Y si he podido hacerlo ahora no ha sido por otra razón sino porque la gente me quiere y yo la quiero a ella. Existe una relación de amor y confianza, que afortundamente es mutua y correspondida.

— Su último disco ha tenido mucho éxito aquí, pero usted sabe que las audiencias siempre desean escuchar sus canciones antiguas, ¿cuáles ofrecerá y con qué arreglos?
— No podría entregarle una lista, pero el espectáculo va a girar alrededor de "Sombras de la China", aunque habrá también las canciones que la gente espera que toquemos y que seguramente va cantar más que nosotros. Habrá también otras más inesperadas. De cualquier manera, yo entiendo de una forma muy natural y muy agradecida el que la gente reclame las canciones de hace tiempo. No sólo me parece bien, sino muy agradable que las canciones de uno formen parte de la vida y las experiencias de los demás. ¿Sabe? Sino tuviera material nuevo para defenderme me podría sentir mal, pero "Sombras de la China" está muy bien recibido y eso me permite ir tranquilo de la mano de mis viejas canciones.

— Usted llega a Chile dos días antes de su primer concierto, ¿qué actividades tiene programadas durante esos días?
— Nada original. No tengo planeado nada más que abrazar a mis amigos, recuperar sensaciones y personas y hacerlo de la manera más rápida posible, para situarme lo antes posible en el lugar donde estoy.

— Usted siempre ha sido un hombre de opinión, ¿cómo ha observado la detención del General (r) Pinochet, encargada, precisamente, por un juez español?
— No esperará usted una respuesta breve para esa pregunta. Pero pienso que las miles de personas que durante años han estado peleando por la justicia, por la claridad... pues en estos momentos se han de sentir reconfortadas, viendo que se les pone una mano en el hombro y se les dice que no están solos.


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